La reina de la excitación sexual

No pocos machos se las desearían: la reina de la excitación enloquecida, apareándose con todos los que encuentra a su paso.

Lo que bien podría ser tema de un escrito erótico, es común en la naturaleza. Bueno, al menos entre los tritones, esos animales acuáticos de la familia de las salamandras.

Las hembras podrían llamarse con sobrados méritos reinas de la excitación. Y no es para menos.

Un artículo aparecido en Plos One reveló que los machos de estos anfibios liberan unas feromonas tan potentes, que las hembras entran en una especie de desenfreno sexual, apareándose prácticamente con cualquier macho adulto de los alrededores e incluso con otras hembras de distintas especies de tritones.

“Reaccionan como si estuvieran bajo la influencia de las drogas”, dijo Franky Bossuyt, líder del grupo investigador, biólogo en Vrije Universiteit Brussel en Bélgica. “Estamos convencidos de que si colocáramos un juguete de plástico moviéndose a la velocidad indicada, ellas lo seguirían”.

Los tritones viven en tierra de adultos pero se aparean en el agua. Durante la temporada de apareamiento los machos adoptan colores intensos y les crecen extensiones de piel en sus patas, cola y cresta. Se cree que estos cambios los hacen más atractivos frente a ellas.

Cuando dos tritones se encuentran, el macho libera feromonas y ondea su cola, enviando señales químicas a la hembra. Luego se trenzan en una danza de apareamiento y en un juego corto. Para dejarle saber que está lista, la hembra toca la cola del macho con su nariz, incitándolo a colocar su espermatofora -una especie de gelatina con el esperma- en un sustrato en el agua, como una hoja, Finalmente, él conduce la hembra sobre ese paquete, que se adhiere a su cloaca, produciéndose la inseminación.

Tal parece que el movimiento de la cola actúa como ventilador para esparcir las feromonas para estimular la hembra.

En uno de los ensayos, los científicos colocaron hembras en agua con feromonas, si estas eran de la misma especie, trataban de cortejar la otra, hasta que se decepcionaban por la falta de respuesta a sus pretensiones.