Funcionó vacuna contra cáncer cerebral

Una dosis de su propia medicina. Mejorada, eso está claro. Sí: una nueva vacuna contra el cáncer cerebral que emplea material del tumor de cada individuo ha sido efectiva en un ensayo clínico en fase 2, extendiendo la vida de los pacientes 47 semanas e incluso hasta más del año.

Los pacientes padecían de glioblastoma multiforme recurrente, que mata decenas de miles de personas cada año.

Los resultados alentadores fueron revelados en el encuentro de la American Association of Neurological Surgeons (AANS) en Miami.

El ensayo mostró que la vacuna podía extender la supervivencia de las personas varios meses en comparación con 80 pacientes que recibieron terapia estándar –47 frente a 32 semanas. Varios de quienes recibieron la vacuna pasaron del año.

“Los resultados sugieren que los médicos pueden extender la supervivencia combinando la vacuna con otras drogas que aumentan la respuesta inmunitaria”, dijo Andrew Parsa, quien dirigió la investigación por la Universidad de California en San Francisco.

El próximo paso será un ensayo con mayor número de pacientes para mirar la efectividad de la vacuna en combinación con la droga Avastin.

En Estados Unidos apenas 2% de quienes padecen este tipo de cáncer sobreviven más de 5 años, incluso con tratamiento. El cáncer casi siempre reaparece: solo es asunto de cuándo.

El tratamiento comienza por lo general con una resección quirúrgica, para remover el tejido canceroso del cerebro. Luego se procede a terapia de radiación y quimioterapia para matar cualquier célula remanente. Muchos se someten al tratamiento pero el cáncer reaparece luego.

Las vacunas contra el cáncer son un tratamiento que apareció en la última década. La Food and Drug Administration aprobó la primera vacuna terapéutica contra el cáncer de próstata y varias más están en experimentación.

El concepto básico es el mismo que una vacuna contra paperas o sarampión: una inyección en el brazo que induce una respuesta inmunitaria que ayuda a combatir el patógeno, en este caso el cáncer. Una respuesta efectiva encoge el tumor y extiende la vida.

En el pasado, las vacunas contra el cáncer no funcionaban porque no producían una respuesta inmunitaria efectiva: o no mataban las células cancerosas o no funcionaban en todos los pacientes.

En este caso, se usan ciertos contenidos moleculares del tumor removido en el paciente. Agenus Inc preparó una vacuna específica para cada uno. Los médicos las inyectaron en el brazo de los pacientes varias veces al año.

Nuevas aspirinas contra el cáncer

Una nueva clase de aspirina puede reducir el crecimiento de cánceres de colon, páncreas, seno, pulmón y próstata, así como ciertas clases de leucemia, dijeron científicos en Nueva York.

Los investigadores de la Escuela de Medicina de la City University of New York crearon cuatro formas nuevas de aspirina que liberan óxido nítrico y sulfuro de hidrógeno que, reportaron en un paper en medical Chemistry Letter, tienen propiedades anticancerígenas.

Aunque la aspirina regular y otras drogas antiinflamatorias no esteroides se han mostrado promisorias para detener el crecimiento de tumores al atacar la inflamación, producen efectos indeseados, como el sangrado cerebral y gastrointestinal, así como toxicidad hepática.

Las llamadas aspirinas NOSH no parecen afectar los tejidos adyacentes al tumor. Uno de los cuatro tipos examinados parece ser más de 100.000 veces más efectivo contra el cáncer que la aspirina normal.

El oro ayuda contra tumores cerebrales

Conscientes de que una cirugía de cerebro para extirpar un tumor podría desencadenar en serios problemas para el paciente, científicos se idearon una manera de marcarlos: con nanopartículas de oro.

Tanto es el peligro que entre médicos no es raro escuchar “no es una cirugía de cerebro” cuando se quiere restarle importancia a una intervención.

Para ayudar a los cirujanos en situaciones en las que requieren extrema precisión, investigadores del grupo del profesor Adam Wax en el Instituto de Fotónica Fitzpatrick y del Departamento de Ingeniería Biomédica de Duke University propusieron una manera de explotar las propiedades ópticas únicas de esas nanopartículas para distinguir un tumor cerebral del tejido sano que lo rodea, tejido por demás vital para el paciente.

Los hallazgos serán presentados la próxima semana en el encuentro anual de la Sociedad Óptica en California.

Las técnicas actuales para marcar los tumores del cerebro varían, pero todas cuentan con sus limitaciones, como la imposibilidad de poseer imágenes en tiempo real sin equipos grandes y costosos o la toxicidad y reducido ciclo de vida a ciertos marcadores.

Las nanopartículas de oro –tan pequeñas que 500 de ellas unidas cabrían en un cabello humano- podrían aportar una mejor forma de marcar el tejido tumoral dado que no son tóxicas y su producción es relativamente barata.

¿Cómo funciona? Los científicos sintetizaron nanopartículas de oro con forma de bastones o palos con distinta relación longitud-ancho. Las partículas de distinto tamaño presentan propiedades ópticas diferentes, de modo que al controlar el crecimiento de los nanobastones el equipo pudo ajustar las partículas para reflejar una frecuencia específica de luz.

Luego unieron esas partículas a anticuerpos que se unen a ciertas proteínas del factor receptor del crecimiento que se hallan en altas concentraciones fuera de las células cancerosas. Cuando los anticuerpos se adhieren a las células con cáncer, las nanopartículas de oro marcan su presencia.

El desarrollo fue probado en pedazos de tumores con tejido cerebral de ratón.

En la imagen se aprecian soluciones con las nanopartículas y las correspondientes imágenes fantasma. Cortesía Kevin Seekell.

Hallan virus que se come el cáncer

Un virus de la familia del que causa la rabia, eliminaría ciertos tipos de cánceres, revelaron científicos en Yale University.

En un artículo en la edición de septiembre del Journal of Virology, reprotaron el hallazgo.

Los sarcomas de tejido blando son cánceres que se desarrollan en tejidos que conectan, soportan o rodean otras estructuras y órganos del cuerpo. Los músculos, tendones, tejidos fibrosos, grasa, los vasos sanguíneos, los nervios y los tejidos sinoviales son clases de esos tejidos blandos.

Mientras que relativamente escasos en adultos, los sarcomas representan cerca del 15 por ciento de las malignidades pediátricas, provocando la muerte de un tercio de los pacientes en los cinco años siguientes al diagnóstico.

El virus de la estomatitis vesicular es un rhabdovirus que es de la misma familia de los virus de la rabia y provoca una enfermedad similar en el ganado. Estudios recientes han descubierto que el virus es también oncolítico, os ea que busca y destruye los tumores cancerosos. Estudios previos han demostrado que el VSV es prometedor en el tratamiento de los tumores cerebrales en ratones.

En el estudio de Yale, conducido por J. C. Paglino y A. N. van den Pol, los científicos investigaron el potencial del virus así como una versión mejorada del virus (VSV-rp30a) para dirigirse y matar 13 sarcomas diferentes. Ambos virus infectaron eficientemente y aniquilaron 12 de los cánceres. La resistencia de uno que sobrevivió pudo deberse a tratamientos previos con compuestos que bloquean su acción.

Los investigadores analizaron además la capacidad de la versión mejorada para infectar y detener el crecimiento de un tumor en ratones.

“Una simple inyección intravenosa de VSV-rp30a infectó de manera selectiva los sarcomas humanos subcutáneos estudiados en ratones y detuvieron el crecimiento de los tumores que de otra manera hubieran crecido 11 veces”, dijeron los investigadores.

“En conclusión, hallamos que la eficacia potencial del VSV como agente oncolítico se extiende a tumores no hematológicos mesodermales y que una resistencia inusualmente fuerte al VSV se puede enfrentar con atenuadores de interferón”.

La temida metástasis se deja ver

Cuando se logra controlar un cáncer, una preocupación grande es que no se traslade a otro sitio, la temida metástasis, cuyo mecanismo no es bien entendido.

Encontrar entonces algo que brinde un indicio de una posible diseminación, sería una bendición.

Pues bien, ayer científicos publicaron en el Journal of Clinical Investigation un marcador que puede predecir la probabilidad de que dos tipos de cáncer se extiendan a otros tejidos del cuerpo: un cáncer de hígado y unos raros tumores neuroendocrinos.

“Es un gran reporte”, dijo Fahd Al-Mulla, de Kwait University, citado por The Scientist, quien no participó en el estudio.

“Si usted puede identificar un paciente en las etapas tempranas que está en alto riesgo de progresión de la enfermedad, uno puede modificar la terapia”, opinó Stephen Hewitt, del Nacional Cancer Institute de Estados Unidos.

El primer tumor en aparecer en un paciente, el tumor primario, raramente es la causa de muerte. Más a menudo, la enfermedad se torna seria cuando las células cancerosas se apartan del tumor inicial y se diseminan a través de los vasos linfáticos y sanguíneos para formar tumores secundarios en otra parte del organismo.

En los últimos años, se han identificado biomarcadores moleculares en un puñado de cánceres, como melanoma, próstata y pulmón, pero aunque parecen tener un potencial predictivo, falta realizar ensayos clínicos para probar su verdadera utilidad.

En la imagen, un carcinoma hepatocelular, la forma más común de cáncer primario del hígado.

Ratones presas de un microbio

Se sabe que algunos microbios modifican el comportamiento. En los humanos está más que demostrado. Un caso es el Toxoplasma gondii, cuando entra al cerebro.

Un estudio publicado esta semana en Proceedings of the Nacional Academy of Sciences muestra que ciertos microbios intestinales adquiridos temprano en la vida pueden impactar el desarrollo cerebral en ratones y subsecuentemente el comportamiento.

Infecciones microbianas nocivas han sido ligadas a desórdenes del desarrollo neuronal, incluyendo el autismo y la esquizofrenia. Y los roedores infectados con patógenos microbianos antes y después del nacimiento demostraron anormalidades del comportamiento, tal como una forma de ansiedad y una función cognitiva disminuida, llevando a Rochellys Diaz Heijtz, neurobiólogo del Instituto Karolinska en Suecia y sus colegas a preguntarse si la microbiota intestinal podría incidir también en el comportamiento.

Hallaron así que los ratones libres de gérmenes parecían explorar más que los que tenían microbiota normal, aventurándose a áreas más lejanas, a la vez que pasaban más tiempo a la luz y en actividades más riesgosas, indicando que padecían de menos ansiedad que los otros.

Al mirar más de cerca los efectos en el cerebro, encontraron que los ratones sin gérmenes tenían menos modificaciones en los niveles de ciertos neurotransmisores en el stratium, la parte del cerebro involucrada en la regulación de las funciones motriz y cognitiva.

Un poco de carne para el cáncer

Carne. A muchos no les gusta. Pero es la fuente de alimentación de buena parte de la humanidad. Ha sido, desde hace lustros, asociada a un mayor riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer. Y lo mismo sucede con los productos lácteos.
Pues bien, científicos de Escuela de Medicina de la Universidad de California en San Diego, mostraron nuevos mecanismos de cómo el consumo de carne roja y productos lácteos puede contribuir a aumentar el riesgo de algunos tumores.
Los hallazgos, que sugieren que la inflamación que resulta de una molécula que se introduce a través del consumo de esos alimentos, promovería el crecimiento de los tumores, fueron publicados en Proceedings of the Nacional Academy of Sciences.
Dirigidos por Ajit Varki, profesor de Medicina y Medicina Celular y Molecular, los científicos estudiaron una molécula no humana, Neu5Gc, molécula de azúcar, que los humanos no producen naturalmente pero que puede ser incorporada en los tejidos humanos como resultado de comer carne roja. El cuerpo, entonces, desarrolla anticuerpos, una respuesta inmune que podría potencialmente conducir a una inflamación crónica, como sugirió otro estudio de Varki en 2003.
Como se ha visto que los tejidos del tumor contienen mucho más Neu5Gc de lo que se encuentra por lo general en los tejidos humanos normales. se deduce que esa molécula debe, de alguna manera, beneficiar los tumores.

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