Qué avance: éxito en trasplante de tráquea sintética

¡Qué inventarán después! El 9 de junio cirujanos suecos implantaron la primera tráquea artificial. Este jueves, el paciente, un hombre joven de 36 años, fue dado de alta para continuar su recuperación en Islandia.

Esa persona tenía un tumo agresivo del tamaño de una bola de golf que bloqueaba sus vías respiratorias y había resistido quimioterapia y radiación. Sin el trasplanta habría muerto, según reporte de la BBC.

Fueron científicos del University College London quienes construyeron la tráquea de nanomaterial poroso, usando escáneres de 3D de alto detalle de la tráquea del paciente para crear una réplica exacta.

Luego la sumergieron en células madre del tuétano tomadas de la nariz del joven para reducir el riesgo de rechazo y la necesidad de drogas inmunosupresoras. Tras crecer por dos días en un biorreactor desarrollado por Harvard Bioscience, los millones de poros de la superficie sintética porosa fueron sembrados con células y luego la tráquea fue enviada a Suecia.

El desarrollo prueba el concepto de que las estructuras sintéticas pueden ser alimentadas con las propias células del paciente, lo que indica que esa clase de pacientes no tendrán que esperar un donante de tráquea, dijo David Green, de Harvard Biosciene en un comunicado.

Foto cortesía.

Lechudos: ¿cuándo nos tomamos la lechita?

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Alimenticia, intolerada por unos, la leche forma parte de la dieta actual. Pero, se ha preguntado cuándo comenzó el hombre a tomarla sin que le causara molestias?
Pues bien, un estudio publicado en Plos Computational Biology y ldierado por científicos del University College London, estableció que la capacidad de digerir la lactosa, ese dulce de la leche que enferma a muchos, evolucionó en comunidades lecheras de Europa Central hace unos 7.500 años y no en el norte europeo, como se pensaba.
Es más, los científicos situaron el avance dietario en una región entre los Balcanes centrales y Europa central.
Se había creído que la selección natural había favorecido los consumidores de leche más al norte, dada su gran necesidad de vitamina D en su dieta: la gente en la mayor parte del mundo elabora su vitamina D cuando la luz solar toca su piel, pero en las latitudes más septentrionales no hay suficiente luz solar durante la mayor parte del año.
El modelo empleado integró datos genéticos y arqueológicos usando nuevos desarrollos estadísticos.
Y vean qué curiosidad: el profesor Mark Thomas, de aquella universidad londinense, explicó que “la mayoría de los adultos en todo el mundo no producen la enzima lactasa y por eso son incapaces de digerir la lactosa de la leche. Sin embargo, la mayoría de los europeos producen lactosa durante toda su vida, una característica conocida como persistencia de la lactosa. En Europa, una sola modificación genética ha sido asociada con esa persistencia y parece haberle dado a las personas una gran ventaja para la supervivencia. Dado que el consumo de leche fresca por los adultos sólo fue posible tras la domesticación de los animales, es probable que esa persistencia haya co-evolucionado con la práctica cultural de la lechería, aunque no se sabía cuándo había surgido o qué había llevado a su rápida expansión”.