Estudio muestra que este es un mundo de hipertensos

Imagen Pixabay

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El mundo pobre se enferma: por primera vez las personas que viven en países de ingresos bajos y medios tienen mayor prevalencia de hipertensión que aquellos en países de altos ingresos según un estudio en Circulation, revista de la Asociación Americana del Corazón.

Un análisis de 2010 que involucra más de 968.000 participantes de 90 países reveló que más del 30 % de los adultos en todo el mundo viven con presión arterial alta y 75 % de esas personas viven en países de menores ingresos.

La hipertensión significa un riesgo mayor de enfermedad cardiovascular y de derrame, y la principal causa evitable de muerte prematura y discapacidad en el planeta.

Entre los hallazgos de la investigación figuran:

En 2010, 31,1 %, 1.390 millones de adultos del planeta tenían presión alta, 28,5, 349 millones, en países de ingresos altos y 31,5 % 1.040 millones de adultos en países de ingresos medios y bajos.

La prevalencia de presión alta decreció 2,6 % en países de altos ingresos y aumentó 7,7 % en los otros, entre 2000 y 2010.

En los países de ingresos medios y bajos los tratamientos aumentaron de 24,9 a 29 % entre esos años, pero el control empeoró al bajar de 8,4 a 7,7 %.

¿Por qué se han dado estos cambios?

Por envejecimiento de la población y la urbanización que derivan en hábitos de vida poco saludables, como alto consumo de sal, dieta alta en calorías y grasosa, y poca actividad física.

Y por la falta de atención y de recursos en países para tratar y controlar esa condición. Además, como la hipertensión no muestra síntomas, las personas no acuden al médico y existe un subdiagnóstico.

¿Perdemos inteligencia los humanos?

Los humanos estamos perdiendo inteligencia. Sí: eso sugiere un nuevo estudio publicado en Trends in Genetics y la razón parece simple: perdimos la presión evolutiva para ser listos una vez< comenzamos a vivir en asentamientos agrícolas densamente poblados hace unos miles de años.

“El desarrollo de nuestras capacidades intelectuales y la optimización de miles de genes de la inteligencia probablemente se dieron en grupos dispersos no verbales antes de que nuestros ancestros salieran de África”, indicó Gerald Crabtree, de Stanford University.

La inteligencia humana y el comportamiento requieren el óptimo funcionamiento de un gran número de genes, que necesitan mucha presión evolutiva para mantenerse.

Esa intricada red de genes que nos confiere el poder mental es muy susceptible a las mutaciones y estas no están siendo seleccionadas en la sociedad moderna.

En el ambiente de nuestros predecesores la inteligencia era crítica para la supervivencia y quizás hubo una inmensa presión selectiva sobre los genes requeridos para el desarrollo intelectual, derivando en un pico de la inteligencia humana.

Con la agricultura vino la urbanización, que pudo debilitar el poder de eliminar las mutaciones que derivan en discapacidades intelectuales.

Con base en cálculos de la frecuencia la cual aparecen mutaciones en el genoma humano y sobre la asunción de que se requieren entre 2.000 y 5.000 genes para la capacidad intelectual, Crabtree estima que en 3.000 años (unas 120 generaciones) todos hemos adquirido dos o más mutaciones nocivas para nuestra estabilidad intelectual o emocional.

Estudios de neurociencias sugieren que los genes envueltos en la función cerebral son muy susceptibles a las mutaciones. Crabtree argumenta que la combinación de una menor presión selectiva y el gran número de genes afectados está erosionando nuestras capacidades emocionales e intelectuales.

La pérdida, sin embargo, es lenta y juzgando por los rápidos avances en descubrimientos, las tecnologías futuras serán de gran utilidad para corregir las mutaciones, entonces el proceso de la selección natural no será necesario.