La sorprendente ave que reconoce las personas por el rostro

Yo te conozco, chico malo

Quienes estén familiarizados con los animales domésticos y algunos otros en las fincas saben que ellos los pueden reconocer. Y distinguen bien quién los trata mal.

Reconocen nuestras caras, nuestra voz y nuestro olor. Una mascota responde distinto frente a su amigo que frente a un extraño.

Pero son más. Diversos estudios han demostrado que las abejas, los pollos, las palomas, las ovejas, las llamas, los pingüinos, las focas, conejos, caballos, lagartos y hasta los pulpos reconocen personas individualmente.

Y hay algo en común con estos animales: están expuestos de una manera u otra a los humanos. Pero, ¿pueden los animales salvajes reconocernos?

Anécdotas sobre el tema existen muchas, pero evidencias científicas pocas. No hace mucho, se ha mostrado que los pájaros mímidos y los cuervos americanos reconocen las personas que amenazan sus nidos o los han capturado.

A la lista se debe sumar una nueva especie: la urraca de pico negro.

Cada primavera, investigadores de la Universidad Nacional de Seúl y la Universidad Ewha Womans llevan una rutina, una encuesta anual de las crías exitosas de urracas en el campus. En 2009 notaron algo extraño. Won Young Lee, estudiante de doctorado, que siempre trepaba a los árboles para tomar huevos y polluelos y contarlos, y principal autor del estudio en Animal Cognition, comenzó a ser seguido y atacado por los dueños de los nidos.

Aunque estaba con una persona la primera vez y le entregó la gorra para que no lo reconocieran y siguió luego camino aparte, no tuvo escapatoria: los cuervos siempre lo seguían a él.

Las aves de los nidos que no tocaba, no se molestaban con él.

Con base en ese hecho casual, diseñaron un experimento para verificar si los cuervos reconocían a las personas, encontrándose que sólo atacaban a quienes subían a los nidos.

“Fue algo inusual”, dijo Sang-im Lee, líder del grupo de encuestadores,. Durante 15 años habían hecho el sondeo anual, pero no los habían seguido. ¿Qué había de especial esta vez?

Que Lee fue el único que subió a los nidos a colocar cámaras, pues en las otras ocasiones lo habían todos. Así, las aves comenzaron a reconocerlo como el chico malo que usurpaba su nido y sus polluelos.

La distinción la hicieron pese a que en el experimento otras personas usaban la misma ropa. No se cree que distingan por el olor, pues no son buenos para ello y la distancia siempre fue de más de 10 metros. Es más posible que usen su visión y reconozcan la cara.

Para Piotr Jablonski, quien diseñó el experimento “es sorprendente cómo las urracas pueden reconocer un individuo entre 20.000 presentes en el campus”.

¿Se pueden autorreconocer los perros?

No es nada difícil preguntarse, al mirar nuestros perros o gatos, ¿tendrán conciencia? Es lo que quisiéramos. Es decir: ¿saben quiénes son?

Mediante distintos experimentos se ha tratado de determinar qué animales tienen conciencia de sí. El más común: se les presenta ante un espejo y luego se les coloca una mancha en la cara, para ver si tratan de quitársela.

Pocos animales pasan la prueba. El chimpancé es uno de ellos. También orangutanes, gorilas, bonobos. Los micos no. Pero sí el elefante, que trata de quitársela con la trompa. El delfín también. La urraca la pasa, no así parientes como el cuervo.

¿Bueno, pero animales domésticos como el perro?

Marc Bekoff, de la Universidad de Colorado se ideó una prueba diferente para este animal. Como depende más de su olfato, siendo su cerebro mucho mejor con el olor que incluso los grandes simios, se ideó esta prueba: poner a oler un perro el orín de otros perros y el suyo en un recorrido. Le movió luego el propio, para que se lo encontrara después. Si lo considerara ajeno, lo olería más. Pero no le prestó tanta atención como al rastro dejado por otros perros y perras.

Esto, según el investigador, diría que se autorreconoce. No todos están de acuerdo, pues consideran más exigente la prueba del espejo.

¿Qué opina?

Durmiendo con mi enemigo

Quedarse y pelear o escapar. ¿Hay alguna otra alternativa cuando una víctima es atacada por un enemigo? Quizás sí, de acuerdo con investigadores de Lund University en Suecia.
Dos científicos recogieron y discutieron varios ejemplos del mundo animal donde la víctima usa otra estrategia.
“Puede permitir al enemigo permanecer e intentar vivir con las consecuencias”, dijo Erik Svensson, profesor de Ecología Animal. El artículo fue publicado en Trends in Ecology & Evolution.
Y, no lo crea, hay varios ejemplos de coevolución, en la cual el enemigo y la víctima influencia el desarrollo mutuo en cercana relación, como en el caso de un parásito y su hospedera, una planta.
Uno de los casos más reconocidos es el del pájaro tramposo. El críalo europeo manchado pone sus huevos en el nido de la urraca europea, que responde tratando de reconocer los huevos ajenos para rechazarlos, pero como existe el riesgo de que rechace uno de los propios, lo cual es costoso en términos reproductivos, fuera de que la urraca que los rechace puede recibir la visita del críalo europeo para destruir el nido, entonces opta por otra estrategia: existen evidencias de que las urracas que viven en áreas donde existen críalos ponen más huevos que aquellas en donde no está el enemigo presente.. Una manera de compensar los huevos del riesgo de ser destruidos. Una táctica llamada tolerancia, en la que la víctima trata de vivir con la presencia de su enemigo en vez de resistirse.
Otro caso, las libélulas damselflies, estudiadas or Svensson. Acá se da la relación víctima-enemigo dentro de la misma especie. Cuando el macho se aparea, chuza el tórax de la hembra. Tras la fertilización, ella pone sus huevos. En ese estado incluso, las hembras son acosadas por machos que intentan aparearse, lo que sería costoso porque debería reducir el número de huevos. Ellas, sin embargo, desarrollaron una alta tolerancia a ese acoso, siendo capaces de capear los efectos negativos sobre la puesta de huevos.
En ratones, demostró Lars Raberg, el otro investigador, que han sido infectados con la malaria en la misma proporción, se encontró que no todos se enferman de la misma manera, lo cual demuestra que la tolerancia en este caso refleja la sensibilidad de una víctima a su enemigo.