Qué pequeña montaña

Kawio Barat no es nombre común. Así se llama un volcán submarino al norte de Sulawesi en Indonesia, una estructura geológica muy particular.
Sí, quién lo creyera: este volcán tiene 3.800 metros de altura desde el piso marino, de acuerdo con las imágenes de sonar tomadas por el Okeanos Explorer, un submarino explorador de la National Oceanographic and Atmospheric Administration (NOAA) de Estados Unidos.
Este volcán fue elegido para ser estudiado tras imágenes satelitales de un proyecto australiano-indonesio en 2004.
Este volcán es más alto que al menos tres de las montañas más elevadas de Indonesia y se encuentra en un área que alcanza los 5.500 metros de profundidad, dijo Jim Holden, jefe de científicos de la operación desde Yakarta.
La idea es obtener información de todas las estructuras submarinas para entender mejor y manejar los recursos oceánicos.
Durante la expedición, se tomaron imágenes de una larga fumarola submarina emergiendo desde las profundidades.
La foto en sonar es cortesía de Index-2010

600 millones de años del semen

El estudio es una evidencia de que la producción de esperma es muy antigua, quizás desde el amanecer de la evolución animal hace 600 millones de años, indicó Eugene Xu, profesor de esa universidad.
El descubrimiento del rol de Boule en la perpetuación de las especies animales ofrece un entendimiento mejor de la infertilidad.
Es sorprendente, dijo, porque la producción de semen se ve moldeada por la selección natural. Tiende a cambiar debido a las fuertes presiones selectivas para la evolución de genes específicos del esperma. Existe una presión extra para ser un supermacho y mejorar el éxito reproductivo. Pero este es el único elemento específico del sexo que no cambia entre especies. Debe ser muy importante, agregó,
El gen fue descubierto por Boule en 2001 y es probablemente el gen más antiguo relacionado con el esperma humano.
En la foto, semen humano.

No crean que la jaula no estresa

Qué cosas: investigadores del campus médico de la Universidad de Colorado encontraron que los cerebros de los ratones usados en experimentos de laboratorio en todo el mundo, pueden ser afectados profundamente por el tipo de jaula en la que son mantenidos, lo que podría implicar la revaluación de la manera como se conducen los experimentos.
“Asumimos que los ratones usados en laboratorios son los mismos, pero no”, dijo Diego Restrepo, director del Programa de Neurociencias, cuyo paper fue publicado a fines de junio. “Cuando usted cambia las jaulas, cambia los cerebros y eso afecta el resultado de la investigación”.
Los ratones son líderes en estudios de laboratorio y algunos de los logros más promisorios en cáncer, genética y neurociencias provienen de ellos.
Restrepo descubrió que los cerebros de los ratones son muy sensibles a su ambiente y cambian físicamente cuando son movidos de un sitio donde circula el aire a otro donde no.

Vuelve y juega: ¿Quién llegó primero a América?

Alce la mano quien sepa por dónde llegó el hombre al continente americano. Sí, por el estrecho de Bering. Quién dijo que no…
La evidencia genética sostiene esa ruta, pero alguien se opone: un esqueleto. Sí, el más detallado análisis de calaveras americanas sugiere que hubo dos olas diferentes de colonizadores de Asia, indicando que otros llegaron primero.
Un equipo de paleoantropólogos comparó las calaveras de varias docenas de paleoamericanos de hace 11.000 años, con otras de más de 300 amerindios de hace 1.000 años. Los restos de los primeros provenían de cuatro sitios en Centro y Suramérica, y los investigadores también los compararon con más de 500 calaveras de Asia oriental. En todos, el equipo encontró claras diferencias en la forma y el tamaño de los paleoamericanos y los amerindios. Esto sugiere que más de u grupo de individuos emigró de Asia a América, reportó el equipo en Plos One. Y dada la edad de los esqueletos, los investigadores dicen, el otro grupo de individuos arribó primero que el ancestro primario de los norteamericanos.
Katerina Harvati, de la Universidad alemana de Tübingen y miembro del equipo, dijo que aunque el estudio no descarta una sola migración, demuestra que la historia del poblamiento del Nuevo Mundo fue quizás más complejo de lo que se ha creído.
El trabajo es sólido y quizás el más sofisticado análisis de rasgos craneofaciales tomados a la fecha, según Theodore Schurr, antropólogo de la Universidad de Pensilvania. Su más reciente trabajo sobre el ADN de personas vivas, lo lleva hacia una sola migración, pero, indicó, “acepto que hubo pulsos de migración a las Américas del nordeste de Asia en diferentes momentos.
Schurr cree que ante la falta de un mayor número de cráneos paleoamericanos se hace difícil progresar en esta materia. Dennis Stanford, arqueólogo de la Smithsonian Institution en Washington, cree que hubo al menos tres o cuatro grandes migraciones.
En la foto de LEEH-IB-USP, una calavera de Lagoa Santa, Brasil, de hace 11.000 años.

El primer insecto anfibio

No cabe duda: no nos conocemos todos los habitantes del planeta.
Hay insectos terrestres que se sumergen en el agua y otros acuáticos que sobreviven una salida al aire. Pero Daniel Rubinoff, de la Universidad de Hawai en Manoa y sus colegas, acaban de describir los hábitos anfibios de las larvas de 12 nuevas especies del género de mariposas nocturnas Hyposmocoma.
Los jóvenes de cada una de ellas pueden sobrevivir bajo el agua en arroyos y expuestos al aire en las rocas.
Estas mariposas sólo viven en las islas de Hawai y la mayoría de las especies del género pasan la edad de gusanos exclusivamente en tierra antes de crecer como mariposas
Análisis genéticos revelaron que al menos tres veces dentro del género, linajes ajenos al ambiente acuático han evolucionado gusanos anfibios, reportaron Rubinoff y Patrick Schmitz en Proceedings of the National Academy of Sciences.
En esta situación, las islas vuelven a desempeñar un papel importante en temas de evolución, pues mezclas aisladas de pocas clases de criaturas pueden salir con novedades desconocidas en otras partes.
Los dos científicos descubrieron que los gusanos de agua y tierra son parte de una diversidad de formas de vida de Hyposmocoma que evolucionó en Hawai. Al recolectar gusanos en rocas en los arroyos, aparentemente imperturbables a los cambios en el nivel de las aguas y estudiarlos en laboratorio, encontraron que no poseen mecanismos para atrapar el aire en burbujas y en vez de eso parece que toman el oxígeno directamente del agua. Para sobrevivir sumergidos requieren aguas rápidas, adhiriéndose a las rocas de los lados de la corriente.

Insólito: les ponen alas a las vacunas

No es noticia extraña: sobredosis de medicamentos que matan personas. Pues bien, ahora la ciencia ha llegado a un punto, el de la invención de estrategias que… no podrán usarse por esa misma razón.
¿Cómo así? Pues créalo o no, un grupo de investigadores japoneses desarrolló un mosquito que puede vacunar contra una enfermedad.
Desde hace mucho, la ciencia ha soñado con modificar el ADN de los insectos para combatir enfermedades que transmiten. Una opción es crear cepas de mosquitos que sean resistentes a las infecciones con parásitos o virus o que sean incapaces de transmitir los patógenos a los humanos.
Otra estrategia, muy cercana a ser realidad, es crear mosquitos transgénicos, que cuando se apareen con su contraparte, no produzcan descendencia alguna.
Pero el nuevo estudio es totalmente diferente: emplear mosquitos como vacunadores voladores. Vaya definición.
Normalmente, cuando un mosquito pica, inyecta una pequeña gota de saliva que previene que la sangre del picado coagule. Los japoneses, reveló Science, decidieron adicionarle un compuesto de un antígeno que desencadena una reacción inmunológica a la mezcla de proteínas en la saliva del insecto.
Shigeto Yoshida, genetista molecular en Jichi Medical University en Tochigi, Japón, y colegas, identificaron una región del genoma del Anopheles stephensia, transmisor de la malaria, llamado promotor, que activa genes en la saliva del mosquito. A este promotor le pegaron SP15, un candidato a vacuna contra la leishmaniasis. Los mosquitos produjeron SP15 en su saliva, reportaron en el número en circulación de Insect Molecular Biology.
Cuando se les permitió picar ratones, estos desarrollaron anticuerpos contra SP15.
Los niveles no fueron muy altos y falta aún examinar si protegían a los roedores contra la enfermedad. En el experimento los ratones fueron picados 1.500 veces en promedio, lo que parece muy alto, pero estudios muestran que en lugares donde la malaria cabalga, una persona puede ser picada más de 100 veces en una noche. Una maravilla. Para Jesús Valenzuela, del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas en Estados Unidos, creador del candidato SP15, “la ciencia es muy hermosa”.
Pero estas vacunas no volarán hacia su objetivo. ¿Por qué? Hay una gran variación en el número de veces que una persona es picada con respecto a otra, por lo que recibirían distintas dosis de la vacuna. Nadie aprobaría una vacuna así.
Y hay otro impedimento de tipo ético: personas serían vacunadas sin su consentimiento.
Una aproximación interesante y novedosa que, quizás, encuentre aplicación de otra manera.
La foto del insecto transmisor del dengue es cortesía PHIL.

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