Libélulas mueren del susto al ver un depredador

El delincuente persigue a su víctima presuroso en medio de la oscuridad, parece darle alcance, se acerca… la libélula se desmaya y… muere. Pero no es una película, es la vida real, aunque en otro medio.

Como ocurre en la vida de los humanos, la sola presencia de un depredador provoca tal estrés que puede matar del susto una libélula, así su posible atacante no pueda obtener acceso a su presa.

El sorprendente hallazgo fue realizado por biólogos de la Universidad de Toronto, que lo publicaron en Ecology.

“Lo que encontramos fue inesperado: la mayoría de las libélulas mueren cuando los depredadores comparten su hábitat”, dijo Locke Rowe, jefe del Departamento de Ecología y Biología Evolutiva de esa institución.

Las larvas expuestas a peces depredadores o insectos acuáticos tenían una tasa de supervivencia 2,5 a 4,3 veces menor a la de aquellas no expuestas.

“Cómo responde la víctima al temor de ser comida es un tópico importante en ecología, y hemos aprendido mucho sobre cómo esas respuestas afectan las interacciones presa-depredador”, agregó.

El estudio fue hecho en la reserva científica Koffler de la universidad.

“A medida que aprendemos más de cómo los animales responden a condiciones estresantes –si se trata de la presencia del depredador o del estrés por otras intervenciones naturales o humanas- encontramos que el estrés significa un gran riesgo de muerte, presumiblemente por cosas como infecciones que normalmente no los matarían”.

Shannon McCauley, investigador en postdoctorado, y la profesora Marie-Josée Fortin, con Rowe, cultivaron larvas de Leucorrhinia intacta en acuarios o tanques junto con sus depredadores.

Los dos grupos fueron separados de modo que mientras las libélulas podían ver y oler a sus depredadores, estos no podían comérselas.

En un segundo experimento, 11 por ciento de las larvas expuestas a los peces murieron mientras intentaban hacer metamorfosis a su forma adulta, en comparación con solo 2 por ciento de las que crecieron en un ambiente sin depredadores.

“Dejamos que las libélulas jóvenes pasaran por la metamorfosis para convertirse en adultas y encontramos que aquellas que habían crecido cerca de los depredadores eran más dadas a no completar ron éxito la metamorfosis, muriendo más a menudo en el proceso”.

Los investigadores creen que sus hallazgos pueden aplicar a todos los organismos que enfrentan alguna clase de estrés y que el experimento podría ser usado como un modelo para estudios futuros sobre los efectos letales del estrés.

Foto cortesía S. McCauley

Durmiendo con mi enemigo

Quedarse y pelear o escapar. ¿Hay alguna otra alternativa cuando una víctima es atacada por un enemigo? Quizás sí, de acuerdo con investigadores de Lund University en Suecia.
Dos científicos recogieron y discutieron varios ejemplos del mundo animal donde la víctima usa otra estrategia.
“Puede permitir al enemigo permanecer e intentar vivir con las consecuencias”, dijo Erik Svensson, profesor de Ecología Animal. El artículo fue publicado en Trends in Ecology & Evolution.
Y, no lo crea, hay varios ejemplos de coevolución, en la cual el enemigo y la víctima influencia el desarrollo mutuo en cercana relación, como en el caso de un parásito y su hospedera, una planta.
Uno de los casos más reconocidos es el del pájaro tramposo. El críalo europeo manchado pone sus huevos en el nido de la urraca europea, que responde tratando de reconocer los huevos ajenos para rechazarlos, pero como existe el riesgo de que rechace uno de los propios, lo cual es costoso en términos reproductivos, fuera de que la urraca que los rechace puede recibir la visita del críalo europeo para destruir el nido, entonces opta por otra estrategia: existen evidencias de que las urracas que viven en áreas donde existen críalos ponen más huevos que aquellas en donde no está el enemigo presente.. Una manera de compensar los huevos del riesgo de ser destruidos. Una táctica llamada tolerancia, en la que la víctima trata de vivir con la presencia de su enemigo en vez de resistirse.
Otro caso, las libélulas damselflies, estudiadas or Svensson. Acá se da la relación víctima-enemigo dentro de la misma especie. Cuando el macho se aparea, chuza el tórax de la hembra. Tras la fertilización, ella pone sus huevos. En ese estado incluso, las hembras son acosadas por machos que intentan aparearse, lo que sería costoso porque debería reducir el número de huevos. Ellas, sin embargo, desarrollaron una alta tolerancia a ese acoso, siendo capaces de capear los efectos negativos sobre la puesta de huevos.
En ratones, demostró Lars Raberg, el otro investigador, que han sido infectados con la malaria en la misma proporción, se encontró que no todos se enferman de la misma manera, lo cual demuestra que la tolerancia en este caso refleja la sensibilidad de una víctima a su enemigo.