Se encoge la gran mancha roja de Júpiter

Como el ojo de un cíclope, la gran mancha roja de Júpiter ha intrigado desde hace centurias a los astrónomos.

Es como un ojo en medio de capas onduladas de un amarillo pálido, naranja y blanco. Dentro de la mancha, una verdadera tormenta, vientos corren a cientos de kilómetros por hora.

Mediciones hechas a fines de los 1800 indicaban que este impresionante rasgo, que es considerado una antitormenta que gira contrario a las manecillas del reloj en el hemisferio sur joviano, medía unos 41.000 kilómetros, lo suficiente para que cupieran tres Tierras una al lado de la otra.

En 1979 y 1980, en sus vuelos la nave Voyager realizó una nueva medición: 23.335 kilómetros.

Ahora, es la hora del telescopio Hubble.

“Recientes observacioens del telescopio espacial confirman que la mancha es de 16.500 kilóemtros de lago, el diámetro más pequeño medido hasta ahora”, informó Amy Simon, del Centro Goddard de Vuelos Espaciales de la Nasa en Maryland, Estados Unidos.

Observaciones de aficionados en 2012 revelaron un notable aumento en la tasa de encogimiento. La ‘cintura’ de la mancha se está encogiendo unos 1.000 kilómetros por años por una causa no precisada aun.

“En nuestras nuevas observaciones parecen pequeños remolinos que se estarían alimentando de la tormenta”. Así, la hipótesis es que pueden ser responsables del acelerado cambio al alterar las dinámicas internas de la gran mancha.

De la mancha se tienen noticias desde los años 1800, pero podría haber algunas referencias desde los 1600 aunque no se sabe si a esa mancha en concreto.

La foto fue tomada el 21 de abril pasado. Cortesía Nasa/ESA

Tormenta mató 500.000 árboles

No fue la ira de Dios ni una segunda versión del diluvio universal, pero lo que sucedió en la Amazonia no tiene precedentes y muestra una vez más el poder de la naturaleza.
Una tormenta de dos días, entre enero 16 y 18 de 2005, con vientos verticales con velocidades de 145 kilómetros hora, cubrió una región de 1.000 kilómetros de longitud por 200 de ancho.
No sólo cobró varias vidas humanas, sino, lo más aterrador, tumbó entre 300.000 y 500.000 árboles en la región de Manaos, equivalente al 30 por ciento de la deforestación anual en ese estado brasileño, cercano a Colombia.
En algunos casos, árboles dentro de la espesa selva, fueron derribados por otros que sucumbieron ante la fuerte tormenta.
Las tormentas son consideradas una fuente de pérdida de árboles en la Amazonia, pero es la primera vez que se mide el efecto real
Se creía que la elevada pérdida de árboles en 2005, que o había sido cuantificada, se había debido a una severa sequía, pero ahora queda demostrado que no fue así, sugiriendo que las tormentas desempeñan un papel más intenso en las dinámicas de la región amazónica.
La caída de árboles genera una liberación de carbono a la atmósfera.
El estudio fue publicado en Geophysical Research Letters.
Jeffrey Chambers, ecólogo forestal de Tulane University, uno de los autores del estudio, aclaró que “no podemos atribuir el incremento de la mortalidad a la sequía en ciertas áreas de la cuenca. Tenemos evidencias de que una fuerte tormenta mató muchísimos árboles”.
La pérdida de árboles, según estudio previo de Niro Higuchi del Instituto Nacional de Investigaciones Amazónicas del Brasil, fue la segunda más grande desde 1989.
Los investigadores usaron una combinación de imágenes de satélite Landsat y modelaron para determinar el número de árboles fulminados.
En la imagen, troncos de árboles dos años después de la tormenta, cortesía AGU

Esta mancha no desaparece con jabón

Con un telescopio no muy potente se puede observar Júpiter y su gran mancha roja, que aparece en las más popualres fotos de la web sobre el gran planeta del Sistema Solar. ¿Qué pasa en ese gran rasgo, que lleva centenares de años como inmutable?
Pues bien, innovadoras imágenes térmicas obtenidas con el Very Large Telescope de ESO y otros telescopios en Tierra revelan remolinos de aire más cálidos y regiones más frías nunca antes vistas dentro de esa gran mancha. Esto ha permitido a los científicos realizar el primer mapa detallado del clima dentro del sistema de tormentas gigantes, conectando su temperatura, vientos, presión y composición con su color.
Es nuestra primera mirada detallada dentro de la mayor tormenta del Sistema Solar, dijo Glenn Orton, quien lideró al equipo de astrónomos que realizó el estudio.
“Creímos que la Gran Mancha Roja era un óvalo plano y viejo sin mayor estructura, pero estos nuevos resultados muestran que, en realidad, es extremadamente complicada”.
El mayor color rojizo corresponde a un centro cálido dentro del -por el contrario- frío sistema de tormentas. Las imágenes muestran oscuras sendas en el borde de la tormenta donde los gases están descendiendo hacia zonas más profundas del planeta. Las observaciones, detalladas en un artículo de la publicación Icarus, da a los científicos una idea de los patrones de circulación dentro del sistema de tormentas más conocido del sistema solar.
Los observadores de estrellas han estado escudriñando la Gran Mancha Roja de una forma u otra por cientos de años, con observaciones continuas a su forma actual desde el siglo 19. La mancha, que corresponde a una región fría que promedia unos -160 grados Celsius, es tan amplia que unas tres Tierras podrían caber dentro de sus márgenes.
“Uno de los hallazgos más intrigantes muestra que la parte central de la mancha, de un color rojo-anaranjado más intenso, es unos 3 a 4 grados más cálida que el ambiente que lo rodea”, dice el autor principal Leigh Fletcher. Esta diferencia de temperatura puede no parecer mucho, pero es suficiente para permitir que la circulación de la tormenta, que normalmente va en el sentido contrario de las agujas del reloj, en el preciso centro de la tormenta cambie hacia una débil circulación en el sentido de las agujas del reloj. No sólo eso, en otras partes de Júpiter, el cambio de temperatura es suficiente para alterar las velocidades del viento y afectar los patrones de nubes en los cinturones y zonas.
“Esta es la primera vez que podemos decir que hay una estrecha conexión entre las condiciones ambientales -temperatura, vientos, presión y composición- y el color mismo de la Gran Mancha Roja”, señala Fletcher.
Los científicos no saben zaún qué elementos químicos o procesos causan el color rojo profundo, pero ahora se sabe que tiene relación con los cambios en las condiciones ambientales en el corazón de la famosa tormenta. La foto es cortesía de ESO.

¿Dónde se acaba la Tierra?

Los límites de la Tierra. Si le preguntaran, dónde termina la atmósfera terrestre y dónde comienza el espacio, ¿qué diría?
Científicos de la Universidad de Calgary en Canadá se preguntaron eso. Y mediante un nuevo instrumento capaz de rastrear la transición entre los vientos relativamente suaves de la atmósfera terrestre y los más violentos cargados de partículas en el espacio, flujos que pueden alcanzar los 1.000 kilómetros por hora, hallaron la respuesta.
Los datos recibidos del instrumento lanzado en una nave de la Nasa hace dos años desde Alaska, revelan dónde comienza el espacio: a 118 kilómetros encima de nuestras cabezas y así fue publicado en el Journal of Geophysical Research.
¿Para qué conocer esta información? Es importante para conocer los efectos del espacio exterior sobre el medio ambiente y el clima en la Tierra.