Lo natural no significa seguridad

Cada vez aumenta más la cantidad de gente que se vuelca hacia los remedios basados en plantas y hierbas para controlar afecciones crónicas o favorecer su salud.
Sin embargo, muchos suplementos populares hoy, como la hierba de San Juan o hipericina, el gingko biloba y el jugo de ajo o hasta de toronja, pueden conllevar graves riesgos para quienes toman medicamentos para enfermedades cardíacas, según una revisión en la edición de la revista del Colegio Americano de Cardiología.
Para los autores el consumo de estos productos es preocupante, sobre todo entre los ancianos, quienes normalmente presentan co-morbilidades, toman varios medicamentos y ya están expuestos a más riesgo de sangrado.
Como estos productos parecen ‘naturales, mucha gente desarrolla un falso sentido de seguridad frente a ellos”, comenta Arshad Jahangir, cardiólogo de Mayo Clinic en Arizona y autor experto del estudio.
Solo en Estados Unidos, más de 15 millones de personas informan que consumen remedios herbarios o altas dosis de vitaminas.
Olvidan que… lo natural no siempre es seguro.
Todo componente consumido ejerce algún efecto sobre el organismo. Por eso los toman, pero también puede haber interacción con los medicamentos empleados para tratar enfermedades cardíacas, ya sea disminuyendo su eficacia o aumentando su potencia, cosa que puede derivar en un sangrado o en mayor riesgo de arritmias cardíacas graves.
“Se puede ver el efecto de la interacción entre productos herbarios y fármacos en análisis de la coagulación sanguínea, enzimas hepáticas y, con ciertos medicamentos, en el electrocardiograma”, explica Jahangir.
Una de las principales preocupaciones es que los pacientes no avisan oportunamente que consumen productos herbarios y los proveedores de atención médica tal vez no siempre lo preguntan. Además, debido al trato como alimentos de los productos herbarios, no están sujetos al mismo escrutinio y regulaciones que los medicamentos normales.
“Cuando los pacientes no están satisfechos con la atención médica actual, muchos se vuelcan hacia los productos herbarios bajo la creencia de que pueden ayudarlos a controlar afecciones crónicas o mejorar su salud y evitar futuras enfermedades. En realidad, los pacientes están dispuestos a gastar de su propio bolsillo casi lo mismo o más en remedios herbarios que en la atención médica normal.
Dos encuestas a nivel nacional realizadas en 1990 y 1997 descubrieron que la cantidad de consultas a proveedores de atención complementaria y alternativa aumentó de 427 millones a 629 millones, mientras que la cantidad de consultas a médicos de atención primaria permaneció básicamente igual.
Algunos ejemplos de productos herbarios y sus efectos adversos sobre el control de enfermedades cardíacas son los siguientes:
La hierba de San Juan o hipericina, que se usa para tratar la depresión, ansiedad y trastornos del sueño, entre otros problemas, disminuye la eficacia de los medicamentos y contribuye así a la recurrencia de arritmias, hipertensión o aumento en los niveles de colesterol y riesgo de futuros problemas cardíacos.
La ginkgo biloba, que supuestamente mejora la circulación o agudiza la mente, aumenta el riesgo de sangrado en quienes toman warfarina o aspirina.
El ajo, que supuestamente favorece el sistema inmunológico y generalmente se usa por sus propiedades para bajar el colesterol y presión sanguínea, también puede aumentar el riesgo de sangrado entre quienes toman warfarina.
Si bien estos productos herbarios se han utilizado durante siglos, mucho antes de que existieran medicamentos cardiovasculares, y si bien pueden ofrecer ventajas, también es necesario estudiarlos científicamente para definir mejor su utilidad e identificar sus posibles daños al tomarlos conjuntamente con medicamentos de beneficio comprobado para pacientes con enfermedades cardiovasculares.

Por su salud, aligere el peso de ciertos metales

Que no lo dobleguen ni el hierro ni el cobre. Un tema que por lo general se ignora: Altos niveles de estos metales están ligados a la enfermedad de Alzheimer, problemas del corazón y otros desórdenes relacionados con la edad, recordó un informe en el Chemical Research in Toxicology.
Por eso, se debería evitar la acumulación, que se ha convertido en un asunto de salud pública de acuerdo con el investigador George Brewer.
El cobre y el hierro son nutrientes esenciales para la vida y los niveles altos son benéficos para la salud reproductiva de los jóvenes, pero al llegar a los 50, el asunto cambia y las concentraciones altas de esos metales pueden dañar las células y provocar la aparición de diferentes enfermedades.
Algunas de las medidas sugeridas, incluyen:
Evitar el consumo de pastillas de minerales y vitaminas que contengan hierro y cobre; reducir el consumo de carne, no consumir agua de llaves de cobre, donar sangre regularmente para reducir el hierro y consumir suplementos de zinc para reducir el cobre.

A, B, C, D…¿qué es lo que sirve?

Hace poco mirábamos que la vitamina D no tendría los beneficios que se le otorgan. Ahora se dice que reducir los niveles de la homocisteína aminoácida con ácido fólico y vitaminas B no evitó las complicaciones serias en pacientes con enfermedades cardíacas.
Una investigación había encontrado un vínculo entre altas concentraciones de homocisteína en la sangre y los ataques y paros cardíacos.
Los investigadores detallaron que los fracasos en su estudio y otros como ese sugieren que la homocisteína podría ser un indicador de riesgos cardíacos, y no una causa.
Los hallazgos no apoyan el uso de vitaminas B como prevención secundaria en pacientes con enfermedad coronaria arterial”, según Marta Ebbing del Hospital Universitario de Haukeland en Bergen, Noruega, y colegas en el Journal of the American Medical Association.