Solo hay una forma de tapar un tiro penal

No queda otra alternativa: si usted quiere detener un penalti, tírese antes de tiempo. Eso revelan los cálculos del profesor de Física y columnista Rhett Allain en Wired.

El profesor de Southwestern Louisiana University se tomó el trabajo de calcular en la pantalla del televisor la velocidad de los tiros desde el punto penal en la definición Brasil-Chile y la reacción de los porteros.

Y aunque advierte que puede haber pequeñas diferencias dado a que en el televisor no se puede establecer el ángulo del disparo, las cifras son concluyentes.

Los tiros penal de esa definición oscilaron entre 17,9 metros/segundo en el tercer tiro hasta 39,18 del segundo. El último, por ejemplo, que rebotó en el palo, tenía una velocidad de 30,47 metros/segundo.

Los porteros, determinó, comienzan a moverse 0,2 segundos antes de que se patee el balón.

Parece haber una aceleración constante de unos 5,26 metros/segundo2. Si comienza en el centro de la línea de gol, ¿cuánto le tarda llegar a un costado? Respuesta: 1,18 segundos.

Si se considera una distancia de 12 yardas del balón a la portería (eso en línea recta) con la velocidad más baja observada, 17,9 m/s, tarda solo 0,61 segundos en llegar a la línea de gol.

¿Cómo detener entonces un penal? La respuesta es muy, pero muy sencilla: ¡adivine!

Adivine a qué lado irá el balón y muévase antes de que el pateador lance.

Si por ejemplo se dobla la aceleración del portero a 10,51 metros segundos, le tomará 0,83 segundos en llegar a un rincón, mientras el balón va más rápido.

El 85% de los tiros penal son goles. O sea, si detiene uno, podría considerarse un portero exitoso.

Mascar chicle aumenta el rendimiento

Él lo hace, tú lo haces, todos lo hacemos. Mascar chicle parece un hábito algo ridículo, pero se acá y se hacía en Grecia, donde los antiguos griegos mascaban la resina de un árbol para endulzar el aliento. (¿Será que Sócrates filosofaba mascando chicle?)

Estudios se han hecho sobre el tema en distintos momentos. Pareciera que existe un poderoso y muy racional motivo para mascar la goma: acrecienta el desempeño mental sin efectos colaterales.

Jonah Lehrer trae en Wired un recuento de las conclusiones obtenidas por algunas de las investigaciones.

El último trabajo proviene de investigadores de St. Lawrence University. Un experimento con 159 estudiantes les exigía cumplir algunas tareas. La mitad comía chicle, la mitad de ellos dulce la otra libre de azúcar. En 5 de 6 tests, los que mascaban goma tuvieron mejor desempeño. El azúcar no tuvo efecto alguno.

Ahora: la ventaja solo duró 20 minutos. Tras ese lapso, el rendimiento se emparejó. ¿Por qué?

O sea: si usted tiene que presentar una prueba en la universidad, guarde la goma de mascar para la parte más dura, sobre todo las preguntas más difíciles. Recuerde que el efecto es corto.

Hace varias semanas, científicos de Coventry University detectaron que quienes mascaban chicles de menta tenían menor sensación de sueño y también estaban menos exhaustos según el test pupilográfico. Cuando mascamos chicle ganamos en atención y alerta.

En otro estudio de Cardiff University con 133 voluntarios, algunos comienzo chicle otros no, se encontró que quienes lo mascaban tenían tiempos de reacción más cortos y parecían tener mejor humor. En pruebas de estrés tenían más nivel de cortisol y mayor frecuencia cardiaca. La respuesta era mejor.