Señor odontólogo: con espray por favor

Si sentarse en la silla del odontólogo es de por sí toda una hazaña, más lo es cuando se acerca esa jeringa para colocar una anestesia.
Esa imagen podría ser parte del pasado, como para exponer en ferias de antigüedades.
Científicos reportaron evidencias de que un anestésico local común, al ser aplicado como espray nasal o gotas en la nariz, viajan a través del nervio principal de la cara y se establece en grandes cantidades en dientes, mandíbula y otras estructuras de la boca.
El descubrimiento podría conducir a una nueva generación de drogas intranasales para tratamientos no invasivos del dolor dental, la migraña y otras condiciones, reportaron los científicos en el journal bimestral Molecular Pharmaceutics.
William Frey II y colegas observaron que drogas administradas a través de la nariz se desplazan a lo largo de los nervios y van directamente al cerebro. Hasta ahora los científicos no habían examinado si ese tipo de drogas llegaban a los dientes, encías y otras áreas del rostro y la boca para reducir la sensación de dolor.
Neil Johnson, trabajando con Frey y Leah Hanson, encontró que la lidocaína o xilocaína, rociada en la nariz de ratas de laboratorio, viajaba rápido por el nervio trigénimo y se congregaba en sus dientes, mandíbulas y bocas a niveles 20 veces más altas que en la sangre o el cerebro.
Toda una novedad.