Pillado árbol cuando se defendía

Trabajo con los árboles. Foto B. Ohse

Trabajo con los árboles. Foto B. Ohse

Es primavera y los jóvenes, delicados vástagos de los árboles se iluminan y reverdecen. Ellos y las yemas son el futuro del bosque al permitir que crezcan los árboles, pero tienen un problema, una amenaza: los corzos que los tienen por dieta, en especial las yemas.

Si tienen suerte, necesitarán unos años más para crecer. En el pero caso, serán árboles atrofiados o tendrán que detener su crecimiento un tiempo.

Los corzos son una amenaza real y pueden obstaculizar la regeneración de muchas especies de árboles frondosos.

Pero los árboles no se quedan quietos, Desean sobrevivir y preparan la lucha contra su gran enemigo.

Al estudiar jóvenes hayas (Fagus sylvatica) y maples (Acer pseudoplatanus), biólogos de Leipzig University y el German Centre for Integrative Biodiversity Research (iDiv) encontraron que son capaces de reconocer cuándo una rama o yema ha sido comida por un corzo o solo se ha roto por el viento u otro mecanismos.

¿Cómo lo logran? La pista está en la saliva de los animales. Son la señal de alerta. Si el corzo se alimenta en el árbol y deja trazas de su saliva, el árbol incrementa la producción de ácido salicílico. Esta hormona, de hecho, avisa a la planta para aumentar la producción de taninos específicos, que inciden sobre el gusto de los corzos y entonces pierden su apetito por esas estructuras de la planta. Además, los arbolitos aumentan la concentración de otras hormonas, las del crecimiento en particular. Con ellas se alienta el crecimiento de los brotes que quedan para compensar los que fueron comidos.

Pero si una yema se quiebra sin la intervención del corzo, el árbol no estimula la producción de ácido ni de taninos. En vez de eso, genera hormonas para las heridas”, explicó Bettina Ohse, cabeza del estudio.

Los científicos llegaron a sus conclusiones al simular el ataque de un corzo y poniendo saliva recogida en el lugar de la herida. Luego analizaron las concentraciones de hormonas y taninos.

¿Funciona así con otras especies arbóreas? Esa es la pregunta que se hacen ahora los autores. El artículo apareció en Functional Ecology.

Hallan una de las flores más antiguas

La planta con sus flores. Foto David Dilcher

Que haya sido la primera, no. Pero que fue una de las primeras, sí. Paleobotánicos de Indiana University encabezados por David Dilcher identificaron una planta de agua dulce de hace 125 a 1330 millones de años que está entre las primeras que florecieron.

El hallazgo reportado en Proceedings of the National Academy of Sciences, significa un cambio grande en la forma presumida de las primeras flores del planeta, las angiospermas.

Para Dilcher, genera grandes inquietudes acerca de la historia evolutiva inicial de las plantas de flores, así como de su rol en la evolución de otras plantas y de la vida animal.

Se trata de Montsechia vidalii, acuática, que alguna vez fue abundante en lagos de agua dulce en lo que ahora son regiones montañosas en España. Los fósiles fueron descubiertos hace más de 100 años en depósitos del rango Iberia en centro de España y el rango Montsec en los Pirineos, cerca a la actual frontera con Francia.

Otra planta, hallada en China, Archaefructus sinensis, estaba propuesta como la primera planta de flores.

“La primera flor es un mito, como el primer humano”, dijo Dilcher. “Pero basados en este análisis sabemos ahora que Montsechia es contemporánea, sino es que es más antigua que Archaefructus.

El investigador es autoridad mundial en anatomía y morfología de las angiospermas que ha estudiado por décadas el surgimiento y diseminación de las plantas de flores.

El fósil, dijo, no fue bien entendido y fue malinterpretado en los análisis iniciales.

Las nuevas conclusiones se basan en un análisis de más de 1.000 restos fosilizados de Montsechia, cuyas estructuras de yemas y hojas fueron separadas de la roca aplicando ácido hidroclórico. Y la cúticula, esa capa protectora d ellas ho9jas que revelan su forma fueron también tratadas con una mezcla de ácido nítrico y clorato de potasio.

Para Donald H. Les, profesor de ecología y biología evolutiva de la University of Connecticut, el estudio ofrece una nueva perspectiva de un gran misterio en la biología de plantas.

La planta carnívora más extraña

La más sofisticada herramienta de caza acaba de ser detectada en una planta brasileña.

Sí: de caza. Mediante hojas pegajosas que permanecen enterradas, la planta captura y digiere gusanos, una forma desconocida de proveerse alimento en plantas carnívoras.

La planta, Philcoxia minensis, se encuentra en las llanuras tropicales de Brasil, y aunque algunas de sus pequeñas hojas crecen sobre la superficie, la mayoría yace debajo de la superficie de las arenas blancas donde crece.

El hallazgo fue presentado en Proceedings of the National Academy of Sciences.

Cuando la planta fue documentada por primera vez, los científicos notaron las hojas redondeadas soportadas por yemas y terminadas por glándulas que segregan una sustancia pegajosa. Todos esos son indicativos de una planta carnívora, pero nunca se le vio en acción.

“Por lo general pensamos que las hojas solo son órganos fotosintéticos, por lo que a primera vista luce extraño que una planta tenga hojas subterráneas, donde hay poca luz”, dijo Rafael Silva Oliveira, ecólogo de la Universidad de Campiñas en Brasil, a LiveScience. “¡Por qué favorecería la evolución la persistencia de este rasgo aparentemente desfavorable?”

Al sospechar que podría ser una planta carnívora los científicos examinaron si podía digerir y absorber nutrientes de varios nemátodos que terminan atrapados por el pegajoso aditivo.

Los análisis químicos de las hojas mostraron que descompone y absorbe los gusanos. Las hojas poseen igualmente actividad enzimática digestiva similar a la conocida en plantas carnívoras, lo que indica que los gusanos nos e descomponen naturalmente.

Los investigadores especulan que las hojas atrapan los gusanos y leugo secretan enzimas que digieren los gusanos.

Datos de Nature indican que apenas 0,2% de las plantas con flores son carnívoras, dato que podría estar subestimado.

Foto cortesía PNAS