Ya hay peces que prefieren comer plástico

Perca fluviatilis, foto Wikipedia commons

Perca fluviatilis, foto Wikipedia commons

Una nueva evidencia no solo de la alteración del paisaje por los humanos sino del comportamiento animal quedó expuesta en Science. Una evidencia dramática.

Investigadores de Uppsala University en Suecia encontraron que las larvas de las percas, Perca fluviatilis, expuestas a concentraciones altas de poliestireno en su ambiente preferían comer el plástico en vez de sus presas habituales. Eran menos activas y respondían menos ante las señales de los depredadores, siendo más probable que se las comieran y menos probable que prosperaran, según el artículo.

Es la primera vez que se encuentra que un animal se alimenta preferentemente con partículas de plástico y eso preocupa”, en palabras de Peter Eklöv, coautor, en declaraciones a The Guardian.

Todas tenían acceso al zooplancton pero se mostraban muy decididas a comer solo plástico. Parece que un químico o señal física que tiene el plástico activa la respuesta en el pez”, dijo a la BBC la coautora Oona Lönnstedt.

Pareciera que creen que es un recurso altamente energético que necesitan comer en abundancia. Eso los está perjudicando.

Parece que se han documentado, desde este descubrimiento, otros casos en peces damiselas, lucios y platijas.

Los investigadores apoyan una prohibición de partículas de microplásticos, que se hallan en algunos productos de cuidado personal y otros. Evitar que lleguen a los ambientes acuáticos ayudará a que sobrevivan las especies cada vez más afectadas.

La superviviencia del más brillante

Téngalo muy claro: no todo lo que brilla es oro, puede tratarse simplemente de bacteria buscando salir adelante en la vida. Y vaya que logra hacerlo de un modo muy particular.

Que criaturas marinas produzcan luz, un fenómeno llamado bioluminiscencia, no es nada raro. Algunas bacterias emiten una luz fija una vez han alcanzado cierto nivel de concentración (quorum sensing) en las partículas orgánicas de las aguas marinas. ¿Por qué?

En un artículo en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) científicos de la Universidad Hebrea de Jerusalén descifraron el misterio del resplandor de esa bacteria. Tendría que ver, para ser simples, “con la superviviencia del más brillante”.

El estudio de Margarita Zarubin, Amatzia Genin, Shimshon Belkin y Michael Ionescu mostró que la luz emitida por la bacteria atrae depredadores, generalmente zooplancton, que ingiere la bacteria pero no puede digerirla. Esta continúa brillando dentro del zooplancton, que son atacados por sus propios depredadores, los peces, que los pueden ubicar con facilidad en la oscuridad.

Los científicos mostraron que los peces no son atraídos por el zooplancton que se ha tragado una bacteria modificada para no resplandecer.

Una investigación posterior de los peces nocturnos que se han alimentado de zooplancton reveló que la bacteria luminosa sobrevivió el paso a través del intestino del pez. “En lo que tiene que ver con la bacteria, su acceso al sistema digestivo del pez es como alcanzar el paraíso, un sitio seguro, lleno de nutrientes y también significa un medio de transporte hacia el océano abierto”, explicó Genin.

Pero, ¿si ingerir la bacteria es un peligro para el zooplancton que se convierte en objetivo de los peces, por qué lo hace?

El fenómeno del quorum sensing que regula la bioluminiscencia bacteriana puede explicarlo. El zooplancton sabe que una luz en el agua indica la presencia de rica materia orgánica en la que crece la bacteria.

“En el oscuro océano la cantidad de alimento es limitada, por lo que es valioso para el zooplancton tomar el riesgo de resplandecer al consumir el material con las bacterias, desde que el beneficio de hallar alimento es mayor que el peligro de exponerse a la relativamente escasa presencia de depredadores”, dijo Genin.

Foto de la bacteria, cultivada en platos petri.