Glaciares de todo el mundo se hacen agua

Sierra Nevada de Santa Marta también se derrite. Foto Donaldo Zuluaga

Se derrite el hielo, pero es el hielo de los glaciares. Pierden de medio metro a un metro de grosor cada año, dice un estudio en el Journal of Glaciology.

El World Glacier Monitoring Service, con sede en la Universidad de Zurich (Suiza) recopiló datos de cambios en los glaciares durante más de 120 años. Junto a sus corresponsales en más de 30 países, publicó un análisis comprensivo de las modificaciones . Las observaciones de la primera década de este siglo se compararon con todos los datos previos de observaciones in situ, aéreas y satelitales. También se hicieron reconstrucciones de fuentes escritas y fotográficas.

“Los glaciares observados pierden en la actualidad medio metro a un metro de su grosor cada año, es dos a tres veces más que el promedio del siglo 20”, explicó Michael Zemp, cabeza del estudio.

“Las medidas exactas de la pérdida de hielo se reportaron de unos pocos cientos glaciares solamente. Sin embargo los resultados se confirmaron cualitativamente mediante observaciones en campo y satélite para decenas de miles alrededor del mundo”.

La tasa actual de derretimiento no tiene precedentes según los autores, al menos para el tiempo analizado y quizás en todos los registros históricos.

El estudio mostró además que el fenómeno de retraimiento de los glaciares es global. Los períodos intermitentes de avance en los planos regional y decadal están restringidos a una submuestra de glaciares y no están cerca de las posiciones máximas de la Pequeña Edad de Hielo entre los siglos 16 y 19. Así, algunas lenguas de glaciares en Noruega se han retraído varios kilómetros con respecto a la extensión en el siglo 19. Las ganancias intermitentes en los 90 estuvieron restringidas a glaciares en el área costera y a unos pocos cientos de metros de área.

La intensa pérdida de hielo en las dos últimas décadas produjo un desbalance en muchas regiones. “perderán más hielo, aún si el clima permanece estable”, dijo Zemp.

Cómo ratas paralizadas volvieron a caminar

Mantener el cerebro y activo y la estimulación nerviosa parecen funcionar juntas para ayudar a ratas paralizadas a caminar de nuevo. Sí, comprometerlas en tareas específicas, como obtener una recompensa mientras se estimula la médula espinal y forzando los animales a imitar movimientos como los que se hacen al caminar, fue como científicos suizos y colegas de otros países lograron restaurar el movimiento voluntario, según un estudio publicado en Science.

El desarrollo permite una mirada sobre cómo el sistema nervioso se reorganiza para compensar las lesiones serias de la médica y señala futuras estrategias para tratar pacientes con extremidades paralizadas.

“El punto central del estudio es que si usted rehabilita correctamente, puede restaurar el control voluntario mediante nuevos circuitos nerviosos”, explicó Michael Beattie, neurocientífico del Brain and Spinal Injury Center en Universidad de California, San Francisco, citado por The Scientist, quien no participó en la investigación.

La combinación de entrenamiento y estimulación nerviosa ha sido demostrada útil apra restaurar funciones luego de una parálisis, según Reggie Edgerton, fisiólogo de la Universidad de California en Los Ángeles. Sus estudios en humanos demostraron que tal compromiso cerebral y la estimulación nerviosa actuaban sinérgicamente para permitirle al paciente obtener de nuevo cierto control en el movimiento de la pierna luego de una lesión paralizante.

Los resultados muestran que una sección afectada de la médula puede volver a actuar cuando su propia inteligencia innata y la capacidad regenerativa, que el investigador líder del estudio Grégoire Courtine del EPFL llama ‘el cerebro espinal’, son despertadas.

El estudio comenzó hace cinco años en la Universidad de Zurich y significa un cambio profundo en nuestro entendimiento del sistema nervioso central.

No se sabe sin embargo si técnicas similares funcionarían en humanos, pero el crecimiento de nervios observado sugiere nuevos métodos para tratar la parálisis.

“Tras un par de semanas de neurorrehabilitación con una combinación de un arnés robótico y estimulación electro-química, nuestras ratas no solo comenzaron voluntariamente a tratar de caminar, sino que pronto estaban corriendo, trepando escalas y evitando obstáculos”, dijo Courtine, quien dirige el International Paraplegic Foundation (IRP) Chair in Spinal Cord Repair en el EPFL.

Foto cortesía

Bacteria bucal que daña el corazón

Aunque calmada, la fauna que tenemos en la boca puede jugarnos malas pasadas.

Una nueva bacteria, que se piensa es un habitante habitual de la cavidad oral, tiene el potencial de causar serias enfermedades si ingresa a la corriente sanguínea, reveló un estudio en el International Journal of Systematic and Evolutionary Microbiology.

Identificada por científicos del Institute of Medical Microbiology de la Universidad de Zurich, ha sido llamada Streptococcus tigurinus en honor a la región de Zurich donde se reconoció.

S. tigurinus fue aislada en la sangre de pacientes que sufrían endocarditis, meningitis y espondilodiscitis (inflamación e infección de la columna). Presenta una semejanza cercana a otros Streptococcus que colonizan la boca. Las encías sangrantes son una posible ruta de ingreso de las bacterias en la corriente sanguínea.

La similitud con otras bacterias relacionadas sugiere que ha existido sin ser identificada. Su identificación es importante clínicamente “para rastrear su esparcimiento”, indicó Andrea Zbinden, cabeza del estudio.

Si bien el descubrimiento es importante, no es señal de alarma. Su riesgo debe ser evaluado.

“Esta bacteria parece tener un potencial natural para provocar enfermedad severa y por eso es importante que médicos y microbiólogos conozcan su existencia”, dijo.

El próximo paso, agregó, es ver cuán común es en la cavidad oral y qué riesgo supone. La inmunosupresión, válvulas cardiacas anormales, cirugías dentales y las enfermedades crónicas son factores de predisposición para las infecciones sanguíneas en este grupo de bacterias.

Los factores específicos para S. tigurinus tendrán que ser determinados.

Foto: colonias de S. tigurinus, Adnrea Zbinden

El gen que moldea los dientes

Un gen es el que los forma. Sí durante la formación de los dientes (odontogénesis) el gen Jagged2 es desactivado, las coronas de los dientes se mal formarán y carecerán del esmalte, según un estudio de científicos de la Universidad de Zurich.
Al desactivarse el gen, se interrumpe el canal de señales Notch, uno de los más importantes. Es a través de estos canales que las células reaccionan a las señales del medio ambiente. El Notch se ha conservado durante la evolución y está involucrado en el desarrollo de todos los órganos y tejidos en animales y6 humanos. Este canal posibilita a las células vecinas adoptar diferentes caminos o formas.
El grupo de Thimios Mitsiadis, profesor de Biología Oral, demostró que en ratones ese gen es fundamental para el desarrollo sano de los dientes. Cuando se inactiva, se interrumpe aquel canal, resultando en serias malformaciones de los dientes: las coronas de los molares deformes, se forman cúspides adicionales y en los incisivos se bloquea el crecimiento de las células y la formación del esmalte dental.