Te gusto yo, ¿o son mis bacterias las que te atraen?

Cada vez, parece, queda menos espacio para la libre determinación. Un parásito, el T. gondii, por ejemplo, está en el cerebro de cientos de millones de personas y les ha modificado su personalidad. Ahora llega lo que nadie esperaba.

Científicos parecen haber demostrado que podríamos tener sexo dirigidos por las bacterias: lo tendríamos con quienes tienen bacterias similares a las que poseemos en nuestros intestinos. Es decir: ¿te gusto yo o son mis bacterias las que te apetecen?

Eso se desprendería de un estudio publicado en Proceedings of the Nacional Academy of Sciences que halló que las moscas Drosophila prefieren aparearse con otras que se alimentan de la misma dieta como producto de las bacterias que viven en su sistema digestivo.

Estas aparentes preferencias, que surgen justo luego de una generación, sugieren que la microbiota de un organismo puede facilitar la rápida evolución y la especiación.

“Es un paper interesante”, dijo Patty Gowaty, de la Universidad de California, Los Ángeles, quien no tuvo que ver con el estudio. “Pensar que esas bacterias intestinales podrían estar asociadas con los eventos reproductivos de los individuos es fascinante”.

“Existe mucha investigación emergente hoy acerca de los efectos fisiológicos de la microbiota, y los cambios en ella en respuesta a las condiciones ambientales”, indicó a The Scientist el genetista evolutivo Paul Hohenlohe, de Oregon State University. “Este estudio agrega las preferencias de apareamiento”. Él no estuvo vinculado a la investigación.

Diane Dodd, de Yale University, crió hace años moscas Drosophila melanogaster en distintos medios por más de 25 generaciones y encontró que las criadas con residuos vegetales se apareaban con mayor probabilidad con las criadas en el mismo medio, así como las criadas con maltosa tendían a aparearse con las criadas en el mismo medio.

Para averiguar el porqué, Eugene Rosenberg, de Tel Aviv University, coautor del presente estudio, cultivó moscas en distintos dietas y confirmaron los hallazgos de Dodd. Al suministrarles antibióticos a las moscas para eliminar las bacterias, ellas se apareaban indistintamente, sin preferencias por un medio en especial.

Para Gowaty, esa es sólo una posibilidad, la otra es una interacción entre los sexos.

Al restablecer una bacteria en una de las moscas, Lactobacillus plantarum, las preferencias de apareamiento retornaron.

No se sabe en verdad cómo se da, pero podría ser por las feromonas sexuales, en las que se encontraron diferencias según la dieta, pero es sólo un indicio.

La mosca Drosophila melanogaster es uno de los animales más estudiados, por cierto parecido genético con los humanos. ¿Será que nuestras bacterias nos dicen con quién tener sexo?

Me interesa y me gusta divulgar temas científicos y medioambientales como una forma de acrecentar el interés por estas temáticas. Espero hacerlo bien cada día.

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