Una enana muy brillante

Cortesía Chuck Carter-Gregg Hallinan, Caltech

¿Ha escuchado hablar de las enanas café? Son difíciles de clasificar. Para muchos son como estrellas fallidas. Y difícil que es detectarlas porque son tan tenues luces en el universo.

Científicos acaban de revelar en Nature un rasgo desconocido.

Son muy masivas para ser planetas aunque poseen algunas características de estos. Y son muy pequeñas para permitir las reacciones de fusión del hidrógeno en sus núcleos, que es lo que define a las estrellas, aunque también tienen rasgos de… estrellas.

El caso, para acabar de ajustar, es que observando una enana café o marrón a 20 años luz mediante telescopios ópticos y de radio, el equipo dirigido por Gregg Hallinan, halló algo sorprendente: también se producen auroras cerca de sus polos magnéticos.

“Estamos descubriendo que esas enanas no son como pequeñas estrellas en cuanto a su actividad magnética; son como planetas gigantes con enormes auroras”, dijo Hallinan. “Si uno pudiera estar en la superficie de la enana marrón observada -algo que no se puede hacer debido a su elevada temperatura y alta gravedad superficial- a veces vería luces fantásticas, cortesía de auroras cientos de miles de veces más poderosas que las que tenemos en el Sistema Solar”.

A comienzos de los 2000 se detectaron ondas de radio en enanas, tal como las que emiten estrellas, pero estas enanas no generan grandes llamaradas ni emisiones de partículas cargadas, por lo que las emisiones de radio eran una sorpresa.

Eso fue lo que inquietó a Hallinan. Podría tratarse de auroras, que resultan cuando partículas cargadas llevadas por el viento estelar, por ejemplo, llegan a la magnetosfera de un planeta, región donde son influenciadas por el campo magnético del planeta, se aceleran hacia los polos, colisionan con átomos de gas en la atmósfera y producen las brillantes emisiones asociadas con auroras.

Así fue que se observó con el Very Large Telescope la enana LSRJ 1835+3259, que rota cada 2,84 horas, pudiéndose ver 3 rotaciones en una noche. Luego con el Hubble se vio que la enana variaba ópticamente en el mismo periodo de los pulsos de radio. El brillo variaba también periódicamente asociado con el hidrógeno excitado.

Y con el telescopio Keck midieron con precisión ese brillo estableciendo que esa señal del hidrógeno es la firma clara de la presencia de auroras.

Un trabajo complicado pero que sugiere un rasgo desconocido y sorprendente: auroras en la lejanía.

Me interesa y me gusta divulgar temas científicos y medioambientales como una forma de acrecentar el interés por estas temáticas. Espero hacerlo bien cada día.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>