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	<title>Cinéfagos &#187; cine e infancia</title>
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		<title>Monster, de Hirokazu Koreeda</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Jul 2025 14:11:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Cinefagos]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Crítica de cine]]></category>
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		<description><![CDATA[<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='https://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/monster-de-hirokazu-koreeda/4876' addthis:title='Monster, de Hirokazu Koreeda' ><a class="addthis_button_twitter"></a><a class="addthis_button_facebook"></a><a class="addthis_button_delicious"></a><a class="addthis_button_"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>Aproximaciones a la verdad Oswaldo Osorio La verdad es un determinante en la forma de percibir el mundo y para tomar decisiones. El problema es que la verdad puede ser un conocimiento inacabado, una verdad relativa o apenas una versión que compite con otras verdades. Los personajes, la historia y hasta la misma estructura narrativa<br /><a class="moretag" href="https://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/monster-de-hirokazu-koreeda/4876">Continuar leyendo</a><div class="addthis_toolbox addthis_default_style" addthis:url='https://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/monster-de-hirokazu-koreeda/4876' addthis:title='Monster, de Hirokazu Koreeda ' ><a class="addthis_button_google_plusone" g:plusone:size="medium" ></a><a class="addthis_counter addthis_pill_style"></a></div>]]></description>
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<p><strong>Oswaldo Osorio</strong></p>
<p>La verdad es un determinante en la forma de percibir el mundo y para tomar decisiones. El problema es que la verdad puede ser un conocimiento inacabado, una verdad relativa o apenas una versión que compite con otras verdades. Los personajes, la historia y hasta la misma estructura narrativa de esta película están definidos por la pregunta sobre qué es o cuál es la verdad. Con esta premisa como punto de partida, Koreeda de nuevo propone una reflexión sobre las relaciones humanas y la sociedad contemporánea, esta vez a partir de un relato que juega con la intriga y la manipulación de la información.</p>
<p>Y no es que el más destacado director japonés de este siglo (<em>Nuestra hermana pequeña, De tal padre tal hijo, Un asunto de familia</em>) haya hecho un thriller, aunque algo tiene de eso, pero lo que al final se impone es el drama familiar y social en el que se ven envueltos una madre, su hijo y un maestro. Todo empieza con una agresión del maestro al niño, pero ahí es donde inicia también la engañosa percepción de lo que es la verdad y el juego del relato por mirar desde distintos puntos de vista y develarnos verdades relativas de lo que podría ser la verdad absoluta (y este texto va a hacer lo propio, esto para quienes no hayan visto la película).</p>
<p>Usado desde Orson Welles y Kurosawa, el recurso de contar una situación desde distintos puntos de vista no se agota, aunque a veces resulta agotador ver una y otra vez la que parece ser la misma historia, pero con variaciones que la hacen más compleja, que la enriquecen y hasta sorprenden. En este relato el recurso cumple su cometido, aunque con una eficacia apenas funcional, como para desarrollar esa idea de la relatividad de la verdad. Es así como vemos la versión de la madre, del maestro, los niños y un poco de la directora de la escuela. A veces resulta algo torpe con el montaje, así como ciertos énfasis con algunos momentos o detalles (el encendedor, por ejemplo, o sembrar el burdo estereotipo de un mal padre).</p>
<p>Pero lo importante es que se cumple el objetivo principal, que es crear ese relato siempre en tensión entre los personajes y la fuerte incertidumbre sobre lo que verdaderamente sucedió y sobre lo que motiva u ocultan todos, especialmente los niños. El resultado es que, si bien como relato global su ejecución no es muy pulida, cuando nos detenemos en cada personaje, su comportamiento, sus miedos y reacciones, la película, como ya nos tiene acostumbrados este director, está llena de sutileza y sensibilidad. El contraste entre la forma como ven a cada personaje y como realmente son, potencia la historia y su premisa, por lo que impele a reflexionar sobre aquella vieja aliteración de “Nadie sabe lo de nadie”.</p>
<p>Siempre ver una película oriental maravilla por esa dicotomía entre todo lo que nos parecemos en unas cosas y lo distintos que somos en otras, lo cual puede corresponder a la división entre naturaleza humana y cultura. Esta dicotomía se hace más evidente y valiosa con autores como Hirokazu Koreeda, quien sabe muy bien cómo describir la esencia de esa condición humana, haciendo que sus historias sean universales, pero de igual forma ofreciendo un preciso retrato de su país en la actualidad, por lo cual también son relatos muy particulares.</p>
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		<title>Cafarnaum, de Nadine Labaki</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Feb 2019 21:59:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Cinefagos]]></dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cafarnaum película]]></category>
		<category><![CDATA[cine e infancia]]></category>
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		<category><![CDATA[cine y marginalidad]]></category>
		<category><![CDATA[cine y migración]]></category>
		<category><![CDATA[Nadine Labaki]]></category>

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		<description><![CDATA[<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='https://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/cafarnaum-de-nadine-labaki/4224' addthis:title='Cafarnaum, de Nadine Labaki' ><a class="addthis_button_twitter"></a><a class="addthis_button_facebook"></a><a class="addthis_button_delicious"></a><a class="addthis_button_"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>Ciudadanos que no existen Oswaldo Osorio La ciudad bíblica, en la que alguna vez predicó Jesús y ahora se encuentra en ruinas, le sirve de símbolo a esta película libanesa para hablar de un tema universal: las desventuras de los niños en los sectores marginales de las grandes ciudades. Una historia relatada muchísimas veces en<br /><a class="moretag" href="https://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/cafarnaum-de-nadine-labaki/4224">Continuar leyendo</a><div class="addthis_toolbox addthis_default_style" addthis:url='https://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/cafarnaum-de-nadine-labaki/4224' addthis:title='Cafarnaum, de Nadine Labaki ' ><a class="addthis_button_google_plusone" g:plusone:size="medium" ></a><a class="addthis_counter addthis_pill_style"></a></div>]]></description>
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<p><strong>Oswaldo Osorio</strong></p>
<p><a class="lightbox" href="http://blogs.elcolombiano.com/cinefagos/wp-content/uploads/2019/02/cafarnaum.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-4225" src="http://blogs.elcolombiano.com/cinefagos/wp-content/uploads/2019/02/cafarnaum.jpg" alt="cafarnaum" width="640" height="427" /></a></p>
<p>La ciudad bíblica, en la que alguna vez predicó Jesús y ahora se encuentra en ruinas, le sirve de símbolo a esta película libanesa para hablar de un tema universal: las desventuras de los niños en los sectores marginales de las grandes ciudades. Una historia relatada muchísimas veces en el cine del Tercer mundo, que en el fondo siempre dice lo mismo, pero que marca diferencias en los matices que le da cada entorno y cultura a unas historias y personajes mirados generalmente con la impronta del realismo y la compasión.<span id="more-4224"></span></p>
<p>Esta es la tercera película de la actriz y directora Nadine Labaki, quien en cada una de ellas se ha ocupado de problemas capitales de su país y su cultura. En <em>Caramel </em>(2007), habla de la posición desventajosa en la que se encuentra la mujer ante las arbitrariedades del patriarcado; mientras que en <em>¿Y ahora adónde vamos? </em>(2011) se refiere a los conflictos entre cristianos y musulmanes. Así que con la condición femenina, la intolerancia religiosa y ahora el desamparo de los niños, Labaki ha forjado un estilo y universo definidos por el drama, el realismo y la denuncia.</p>
<p>En <em>Cafarnaum, </em>Zain es un niño que prácticamente asume el papel de adulto en una familia que vive en la miseria, junto con dos padres ignorantes e irresponsables y una patota de hermanos menores.  Su gran temor en la vida es que sus padres entreguen en matrimonio a su hermana de apenas once años. Y es a partir de este conflicto que Zaín emprende una cruzada contra el mundo, eso sí, muchas veces ayudado o forzado por un guion que lo puede llevar a los extremos de la desventura o de la precocidad.</p>
<p>La pregunta fundamental con esta película es qué tan sensacionalista o manipuladora puede ser con su personaje, su tema y el público. Y tal vez la respuesta no necesariamente tenga que inclinarse a un lado o a otro, sino que más bien sería pendular. Por momentos, resulta cruda y honesta en esa suerte de denuncia que hace de la marginalidad de estos niños, sometidos a la brutalidad de unos padres que se excusan en su ignorancia; en otros casos, el relato sucumbe a la pornomiseria, con la acumulación de adversidades y la mezquindad agazapada en los puntos de giro; aunque también hay pasajes de ternura y emotividad, como en la relación del protagonista con la inmigrante etíope y su bebé.</p>
<p>A pesar de esa pendularidad, la gran virtud de la película está en el joven actor que encarna a Zain y en el personaje mismo. Resulta inevitable, ya sea manipuladora o no, la forma casi hipnótica como el espectador se ve obligado a seguir la odisea de este niño, con toda su carga de (a veces artificial) madurez y esa dureza del gesto y el carácter que es consecuencia de una vida que no pidió tener.</p>
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