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	<title>Cinéfagos &#187; exhibición de cine</title>
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		<title>Con el cine a cuestas</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Jan 2012 15:31:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Cinefagos]]></dc:creator>
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</strong></p>
<p><strong>Por: Oswaldo Osorio</strong></p>
<p>El cine llegó a Medellín a galleras y plazas de toros en los estertores del siglo XIX. Por aquel entonces, igual que lo hizo Bruno Crespi en Macondo, un ejército de empresarios trashumantes se repartió las ciudades y pueblos del mundo para llevar el cinematógrafo, si venían de parte de los hermanos Lumière, o el proyectoscopio, si los había mandado Edison.</p>
<p>Claro que Macondo fue el único lugar que despreció la nueva atracción, cuando sus habitantes vieron como un engaño que un actor muerto en una película, resucitara para la cinta de la semana siguiente. Por lo demás, el cine fue acogido con fervor desde las grandes capitales del mundo hasta los más recónditos e impronunciables poblados.<strong> Y todo empezó con centenares de proyectores viajando en barco, tren o a lomo de mula. </strong>Por eso el cine comenzó siendo portátil, una atracción de feria ofrecida por nómadas de la luz y de la imagen en movimiento.</p>
<p>A finales de 1898 se dio la primera función de cine en Medellín. Era un proyectoscopio, traído por los señores Wilson y Gaylord, en el que se pudieron ver las acostumbradas imágenes de aquel entonces, esto es, películas entre cinco y diez minutos que todavía no contaban historias sino que mostraban la febril actividad de las grandes ciudades: trenes, transeúntes, bailes, carruajes surcando las calles, etc.</p>
<p>Esas primeras funciones fueron en el Teatro-Gallera, años más tarde serían el Teatro Principal y a partir de 1910 es el célebre Circo España el que empieza a tener al cine como uno de sus acostumbrados programas, los cuales intercalaba con obras de teatro, zarzuelas y corridas de toros. Dos años después, sus administradores se asocian con los hermanos Di Domenico, pioneros de la producción y la exhibición del cine en Colombia, para mantener una programación más regular y variada. El cine ya estaba en casa.</p>
<p><strong>Se abren los templos del cine</strong></p>
<p>Y así como ocurrió en Medellín, al mismo tiempo se dio el advenimiento y furor del cine en todo el mundo. Esos proyeccionistas nómadas esparcieron las semillas para que se crearan las primeras salas de cine. Ya para la primera década del siglo XX los llamados Nickelodeones invadían las ciudades de Estados Unidos, y con ellos el cine se convertía en la forma de entretenimiento más popular, pero también significaron el inicio del predominio del cine sedentario.</p>
<p>Por el soporte en el que se encuentra la obra, el cine es el arte que más condiciones exige para ser consumido. Esto se debe, en principio, a su base tecnológica, pero también a unos requerimientos necesarios a la hora de presentar una película: proyector, pantalla, sonido amplificado, butacas y sala oscura. Si bien estos requerimientos inicialmente se ajustaron a la itinerancia de un pasatiempo que apenas se daba a conocer, cuando fue más popular y rentable fueron concebidos para grandes salas y así ofrecer un mejor espectáculo.</p>
<p>Para los años veinte los Nickelodeones, que todavía tenían mucho de teatro de variedades, habían sido sustituidos por los grandes templos del cine, creados en función de las proyecciones cinematográficas y dotados de un gran aforo. En Bogotá ya hacía años operaba el famoso Teatro Olympia y en Medellín se construyó, en 1924, el siempre recordado con nostalgia Teatro Junín.</p>
<p>El primero duró 33 años y el segundo una década más. Ambos sucumbieron ante la concepción de progreso de los gobernantes de turno, al de Bogotá le pasaron por encima una calle y al de Medellín lo aplastaron con el edificio más emblemático de la ciudad. Luego de más de medio siglo como la forma predominante de exhibir películas, el fin de estos templos del cine en Colombia hace parte de una tendencia mundial, a partir de la cual empiezan a desaparecer esas grandes estructuras dotadas de cuatro mil o seis mil butacas (como el Junín y el Olympia, respectivamente). En consecuencia, para los años ochenta el panorama había cambiado casi por completo. Los cines de barrio dejaron de existir y el público empezó a ver cine en sus betamax o en pequeñas salas agrupadas en multiplex incrustados en centros comerciales.</p>
<p><a href="http://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/wp-content/uploads/2012/01/kinetoscopio-edison2.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2214" title="kinetoscopio-edison[2]" src="http://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/wp-content/uploads/2012/01/kinetoscopio-edison2.jpg" alt="" width="295" height="392" /></a></p>
<p><strong>Del Kinestoscopio al iPad</strong></p>
<p>Pero la razón de ser de este recorrido por la exhibición del cine no es el lamento y la nostalgia, sino reparar en una paradójica situación que se presenta desde hace unas dos décadas y que en los últimos años ha cobrado mayor fuerza. Y es que el cine de nuevo ha empezado a ser portátil y trashumante. Otra vez la tecnología lo hace posible. El formato de video (ya en VHS o DVD) y los cada vez más pequeños y baratos proyectores de video, han devuelto el cine a la carretera y lo han sacado a las calles y plazas públicas.</p>
<p>Pasando agachados por el complejo –para estos casos- asunto de los derechos de autor, instituciones, cineclubes, festivales de cine y hasta pequeños empresarios como los de hace un siglo, cargan sus películas y proyectores hacia todos los rincones de las ciudades y del país. El medio centenar de muestras y festivales que hay en Colombia dan fe de ello, pero también los programas culturales y de formación de públicos llevadas a cabo por distintas entidades y hasta –muy tímidamente habría que reprochar- por los mismos entes estatales.</p>
<p>La gran diferencia con el cine portátil de hace cien años es que ahora todas esas funciones son gratis. El eslogan propuesto hace más de una década por el Festival de Cine de Santa Fe de Antioquia de “cine bajo las estrellas”, se ha impuesto en este nuevo ciclo de películas nómadas, y el techo de estrellas no se cobra. Igualmente, el “Cine Andariego”, uno de los principales programas itinerantes de Medellín, es una bella expresión que le da nombre a esa vocación que tienen muchos para echarse el cine a cuestas y llevarlo a un público siempre ávido de ver las historias de la gran pantalla.</p>
<p>Esta situación llega a una coincidencia mayor con los orígenes del cine cuando es posible ver que ahora, por vía de los computadores portátiles y los iPad, que un considerable número de espectadores ven las películas en solitario, así como se prefiguró Edison que se debía ver el cine cuando creó el Kinetoscopio, el cual, a diferencia del cinematógrafo, solo podía ser visto por una persona, porque la película estaba proyectada dentro de una caja y se veía a través de una rendija. La diferencia es que el aparato de Edison era grande y solo almacenaba una película, mientras los dispositivos actuales se pueden llevar bajo el brazo y conteniendo hasta varios centenares de películas. El ciclo del consumo de cine parece que volvió al mismo punto, pero es abismalmente diferente.</p>
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		<title>Las salas de cine de Medellín</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Jul 2008 06:04:54 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='https://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/las-salas-de-cine-de-medellin/60' addthis:title='Las salas de cine de Medellín' ><a class="addthis_button_twitter"></a><a class="addthis_button_facebook"></a><a class="addthis_button_delicious"></a><a class="addthis_button_"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>¡Soltá al pelao! En Medellín parece que a pocos les importa ver bien una película, sea ésta buena o mala.  No debería ser cosa de puristas y cinéfilos el deseo de ver una película en las condiciones ideales. Y es que la manera en que muchas salas de cine atropellan al espectador es, esencialmente, debido<br /><a class="moretag" href="https://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/las-salas-de-cine-de-medellin/60">Continuar leyendo</a><div class="addthis_toolbox addthis_default_style" addthis:url='https://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/las-salas-de-cine-de-medellin/60' addthis:title='Las salas de cine de Medellín ' ><a class="addthis_button_google_plusone" g:plusone:size="medium" ></a><a class="addthis_counter addthis_pill_style"></a></div>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='https://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/las-salas-de-cine-de-medellin/60' addthis:title='Las salas de cine de Medellín' ><a class="addthis_button_twitter"></a><a class="addthis_button_facebook"></a><a class="addthis_button_delicious"></a><a class="addthis_button_"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div><h3 style="text-align: center;"><span style="color: #008080;"><a href="http://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/wp-content/uploads/2008/07/salasdecine.jpg"></a>¡Soltá al pelao!</span></h3>
<p style="text-align: center;"><img class="alignnone size-medium wp-image-63 aligncenter" title="salas-de-cinecine-viejo-7547701" src="http://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/wp-content/uploads/2008/07/salas-de-cinecine-viejo-7547701-300x176.jpg" alt="" width="300" height="176" /></p>
<p>En Medellín parece que a pocos les importa ver bien una película, sea ésta buena o mala.  No debería ser cosa de puristas y cinéfilos el deseo de ver una película en las condiciones ideales. Y es que la manera en que muchas <strong>salas de cine</strong> <strong>atropellan al espectador</strong> es, esencialmente, debido a que el público nunca reclama.</p>
<p>Hace muchos años la gente gritaba: <strong>¡Foco!</strong> o <strong>¡Cuadro!</strong>, en medio de la proyección, cuando era necesario (el jocoso, que nunca falta, se burlaba del proyeccionista vociferando: ¡Soltá al pelao!). Incluso en los festivales de cine es una práctica común que el público esté atento y exija una buena proyección. A continuación los requisitos para una buena proyección y <strong>las peores salas de la ciudad</strong>.</p>
<p><span id="more-60"></span></p>
<p>Y <strong>una buena proyección</strong> no es difícil de conseguir, es casi que sólo estar atentos a los detalles, porque todas las salas de la ciudad tienen la dotación necesaria: sillas cómodas, amplias las filas; buenas condiciones de oscuridad, esto es, luces y letreros de emergencia sin mucha intensidad, la luz de la cabina de proyección apagada y las puertas y/o cortinas de la sala cerradas; así mismo, la película enfocada, sin que tiemble la imagen (lo cual se ve especialmente en los subtítulos), ni que se vea la línea que divide los fotogramas; la imagen no debe tener bordes oscuros o redondeados y no se debe salir de la pantalla; ésta a su vez, no debe tener parches más blancos, suciedad o líneas; el sonido debe ser al volumen adecuado y deben sonar todos los parlantes, no sólo los del frente; es necesario que los proyectores  tengan las viñetas que impiden que se vean los micrófonos en la imagen, para que el espectador no crea que es error de la película y se distraiga con esto; por último, no está de más sugerir que el proyeccionista apague el radio sintonizada en esos vallenatos que se filtran en los silencios de la película.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/wp-content/uploads/2008/07/salasdecine.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-61" title="salasdecine" src="http://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/wp-content/uploads/2008/07/salasdecine-300x282.jpg" alt="" width="258" height="260" /></a></p>
<p>Poquísimas salas de la ciudad cumplen con todas esas condiciones. A continuación un recuento de la gloria y la infamia de ver cine en Medellín:</p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>- LA REINA SUCIA.</strong></span> Hace sólo muy poco tuvieron la decencia de cerrar la peor sala de la ciudad, la del <strong>MAMM</strong>, que tenía (a los que volvieron) padeciendo al público por más de quince años de pésimas proyecciones. Innumerables fueron interrumpidas y hasta hubo una ocasión en que el proyeccionista salió a contar el final (Rubén se llama, pueden confirmar tan insólito hecho con él). La buena noticia: fue cerrada para mejorarla.</p>
<p><strong><span style="color: #008080;">-LA IMPERDONABLE.</span></strong> Una de las más recientes salas de la ciudad es la número <strong>dos del Centro Colombo Americano</strong>, la del sótano. Muy bonitas y cómodas sus sillas, y aunque parece un avión, uno decide si se hace en el pico, las alas o la cola. Lo que si es imperdonable es que se desenfoca por partes, generalmente a los lados. Ocurre siempre, porque es problema de la máquina y no del hombre (o bueno sí, de los que no solucionan el problema).</p>
<p><strong><span style="color: #008080;">-LAS ETERNAS DESENFOCADAS.</span></strong> Las salas cinco y seis de <strong>Royal Films de Carrefour</strong>. A veces se contagian las otras salas del desenfoque (lo que hace sospechar de la miopía del proyeccionista, que ahora es uno para todas las salas), incluso tiembla la imagen de tanto en cuando. Ni acomodadores, ni proyeccionistas, ni administradora hacen nada para solucionarlo. Una carta a la oficina central de Bogotá tampoco tuvo eco.</p>
<p><strong><span style="color: #008080;">- LAS DESCUIDADAS.</span></strong> Las proyecciones de <strong>Cine Colombia en Vizcaya</strong> siempre son defectuosas por alguna humana razón. Los administradores del lugar deberían hacer algo, porque sólo falta que se acaben los teatros  para que se convierta en un centro comercial fantasma por completo.</p>
<p><strong><span style="color: #008080;">LAS PARPADEANTES.</span></strong> Dos de las salas de <strong>Las Americas de Procinal</strong> sufren de este mal. Es un leve efecto estroboscópico que cuando más clara se hace la imagen más se nota. Eso sin contar que siempre los cortos allí son con la imagen estirada y achatada.</p>
<p><strong><span style="color: #008080;">LAS LEJANAS.</span></strong> En el plano vertical y horizontal. Las de <strong>Procinal en Mayorca</strong>. Aunque están muy nuevas para que funcionen mal, la última vez que fui volvimos al cine mudo durante cinco minutos. Una posdata necesaria: se sabe que cerca y lejos depende del lugar donde se esté.</p>
<p><strong><span style="color: #008080;">LAS INCÓMODAS.</span></strong> También son las más nuevas, las de <strong>Royal Films en Premium Plaza</strong>. Pero escogieron las peores sillas, como de consultorio odontológico: de cuero y un espaldar muy delgado. Tallan, no da espacio para moverse y el cuero siempre está helado por el aire acondicionado.</p>
<p><strong><span style="color: #008080;">A LAS QUE SE PUEDE IR.</span></strong> De un solo plumazo hago esta lista, pues no hay unas con mayores ventajas que otras: Cinemark en El tesoro, Cine Colombia en Unicentro, Los Molinos y Oviedo, Procinal en Monterrey y puerta del norte, y una mención especial para la sala <strong>uno del Centro Colombo Americano</strong>, con sus nuevas sillas y sonido, el cuidado en todos los detalles de la proyección (hasta en la música que ponen para ambientar, que ya nadie lo hace) y es acogedora por su tamaño y para el tipo de cine que allí presentan.<br />
<strong><span style="color: #008080;">I.M.</span></strong></p>
<h3 style="text-align: center;"><span style="color: #ff0000;">Vea más en:</span></h3>
<h2 style="text-align: center;"><a href="http://www.cinefagos.net/"><span style="color: #008080;">www.cinefagos.net</span></a></h2>
<h5 style="text-align: center;"><span style="color: #008080;">Ensayos &#8211; críticas &#8211; cine colombiano &#8211; cómics &#8211; cuentos de cine</span></h5>
<p style="text-align: center;"> </p>
<div class="addthis_toolbox addthis_default_style" addthis:url='https://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/las-salas-de-cine-de-medellin/60' addthis:title='Las salas de cine de Medellín ' ><a class="addthis_button_google_plusone" g:plusone:size="medium" ></a><a class="addthis_counter addthis_pill_style"></a></div>]]></content:encoded>
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