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	<title>Cinéfagos &#187; Locos</title>
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		<title>Locos, de Harold Trompetero</title>
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		<pubDate>Tue, 24 May 2011 14:37:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Cinefagos]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine colombiano]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica de cine]]></category>
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<p><strong>Por: Oswaldo Osorio</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong><a href="http://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/wp-content/uploads/2011/05/1211_afiche_locos1.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-1868" title="1211_afiche_locos" src="http://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/wp-content/uploads/2011/05/1211_afiche_locos1-719x1024.jpg" alt="" width="503" height="717" /></a><br />
</strong></p>
<p>No importa que las historias más contadas por el cine sean las de amor, porque siempre habrá algo nuevo qué decir, variantes para agregar o puntos de vista qué explorar. Eso se hace evidente en esta cinta de Trompetero, quien casi siempre ha tenido al amor como tema central de su cine, o al menos así es en sus películas más personales, no tanto en las de encargo (<strong>Muertos de susto, El paseo</strong>) o en las que buscó –sin éxito- el beneplácito del público (<strong>Dios los junta y ellos se separan, El man</strong>).</p>
<p>En cambio, con la divertida <strong>Diástole y sístole</strong>, la bella y dolorosa <strong>Violeta de mil colores</strong>, la fábula adversa de <strong>Riverside</strong><em> </em>y la sencilla y contundente <strong>Locos</strong>, este versátil director sí deja en claro que de lo que más le gusta hablar es del amor, y es justamente a partir de esas variantes y diversos puntos de vista, desde los cuales se aventura a decir algo nuevo, o al menos a buscarlo.</p>
<p>La sencillez y economía de recursos es lo que más sobresale en esta película, la cual, como otras de este director, fue realizada con un sentido práctico en el sistema de producción, hecha a la medida de nuestra precaria industria. La propuesta de esta historia, por eso, sabe adaptarse a esa limitación de recursos y es capaz de usarla en su favor.</p>
<p>Gran parte del relato se desarrolla en solo dos locaciones y con un par de personajes únicamente, pero eso es suficiente para contar una <strong>historia con una eficacia narrativa que no necesita de muchos diálogos</strong>, y con una fuerza dramática que descansa en las habilidades de una pareja de actores que logran un buen acople entre sí y le otorgan verosimilitud a la historia.</p>
<p>La demencia en el cine suele dar lugar a la sobreactuación o a forzadas estilizaciones por parte de los actores, y de la trama misma, pero en esta cinta Trompetero y sus actores saben encontrar el punto de equilibrio, incluso evitando los facilismos de la comedia y concentrándose más en el drama y las <strong>posibilidades de reflexionar sobre el amor</strong> a partir de esta singular relación.</p>
<p>Porque de principio a fin es una historia de amor, la cual pasa por conocidas fases: <strong>el encuentro, el enamoramiento, la pasión, la ternura, la compañía, la crisis y el reencuentro</strong>. A pesar de este recurrente proceso, los espacios en el que se desarrolla y la naturaleza de los personajes, lo transforman por completo, haciéndola incluso imprevisible hasta el final.</p>
<p>Así mismo,<strong> el atractivo adicional de esta historia de amor es la marginalidad de los protagonistas</strong>, cada uno a su manera. Ella, una loca peligrosa con línea directa a Dios, y él, un hombrecito envejecido y pusilánime. Todo lo que los separa de los demás es, justamente, lo que los llega a unir, y en la naturaleza de sus marginalidades es que encuentran el romanticismo, tanto los personajes como el director.</p>
<p>De manera que Trompetero, de nuevo, hace una película que se muestra honesta en sus planteamientos, original en sus búsquedas dramáticas y estéticas, práctica en su materialización y lúcida e inteligente en lo que quiere decir sobre eterno el tema del amor.</p>
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