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	<title>Cinéfagos &#187; Mcguffin</title>
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		<title>Alfred Hitchcock (1899 – 1980)</title>
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		<pubDate>Thu, 09 May 2013 14:36:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Cinefagos]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Alfred Hitchcock]]></category>
		<category><![CDATA[cine de suspenso]]></category>
		<category><![CDATA[Estefanía Herrera Agudelo]]></category>
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		<description><![CDATA[<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='https://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/alfred-hitchcock-1899-%e2%80%93-1980/2691' addthis:title='Alfred Hitchcock (1899 – 1980)' ><a class="addthis_button_twitter"></a><a class="addthis_button_facebook"></a><a class="addthis_button_delicious"></a><a class="addthis_button_"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>El Maestro del suspense, el Genio del crimen, el Asesino insistente. Por: Estefanía Herrera Agudelo Hitchcock y El McGuffin Aclaración: La intención, bajo ninguna circunstancia, es presentar un tipo de apología empalagosa al genio británico sino, por el contrario, exponer con profunda gratitud algunas de las estéticas narrativas y estilísticas que introdujo; en este caso,<br /><a class="moretag" href="https://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/alfred-hitchcock-1899-%e2%80%93-1980/2691">Continuar leyendo</a><div class="addthis_toolbox addthis_default_style" addthis:url='https://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/alfred-hitchcock-1899-%e2%80%93-1980/2691' addthis:title='Alfred Hitchcock (1899 – 1980) ' ><a class="addthis_button_google_plusone" g:plusone:size="medium" ></a><a class="addthis_counter addthis_pill_style"></a></div>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='https://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/alfred-hitchcock-1899-%e2%80%93-1980/2691' addthis:title='Alfred Hitchcock (1899 – 1980)' ><a class="addthis_button_twitter"></a><a class="addthis_button_facebook"></a><a class="addthis_button_delicious"></a><a class="addthis_button_"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div><p><strong><em>El Maestro del suspense, el Genio del crimen, el Asesino insistente.</em></strong></p>
<p><strong>Por: Estefanía Herrera Agudelo</strong></p>
<p><strong><a href="http://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/wp-content/uploads/2013/05/suspicion2.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2692" title="suspicion2" src="http://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/wp-content/uploads/2013/05/suspicion2.jpg" alt="" width="365" height="300" /></a><br />
</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Hitchcock y El McGuffin</strong></p>
<p>Aclaración: La intención, bajo ninguna circunstancia, es presentar un tipo de apología empalagosa al genio británico sino, por el contrario, exponer con profunda gratitud algunas de las estéticas narrativas y estilísticas que introdujo; en este caso, el poderoso <em>McGuffin</em>.</p>
<p>Es clave decir que Hitchcock, desde sus primeros films, tenía algo muy claro: derivar las experiencias estéticas que sufre el espectador al entrar en relación con el objeto mirado (el objeto del suspense) en agudos problemas psicológicos que, sin duda alguna y mediante un proceso casi parecido al padecimiento, derivarían, una vez finalizada la mirada al film, en vastísimos problemas filosóficos.</p>
<p>Esta posibilidad de experiencia (una experiencia de profundo compromiso con la historia, generado a través de la tensión) se vivificó fuertemente con <em>Blackmail </em>(1929) cuando,<em> </em>con la introducción del sonoro y gracias a la nueva posibilidad de ejecutar diálogos, expresaría contenidos –en su mayoría triviales–  que disfrazarían lo que verdaderamente se estaba cocinando en la trama: el riesgo del incidente que se espesa en la atmósfera.</p>
<p>Así entonces, el presagio de un incidente a punto de estallar y una palabra impertinente en el momento preciso, dejan ver, sin más, las formas reales de relación a las que nos enfrentamos corrientemente, que son, en síntesis, formas llenas de rodeos.</p>
<p>De esta manera Hitchcock, según lo sostenía Truffaut tras las conversaciones con el maestro, hacía extraño el contenido más trivial (1974), convirtiendo objetos de un regular uso cotidiano a los cuales convencionalmente se les ha atribuido una característica ciertamente &#8216;buena&#8217; o &#8216;indefensa&#8217;, e incluso &#8216;débil&#8217;, en objetos intensamente perturbadores que, usados para fines insospechados, plantan miedos genuinos que te calan hasta la médula: miedos naturales como el de sentir la muerte en tu casa, oculta entre las fibras de una soga en un baúl o mezclada con la blancura de un simple vaso de leche que descansa en el refigerador. Hitchcock entonces dualiza los objetos, los despoja de efectos moralizantes y los vuelve potencia. Porque Hitchcock es eso; potencia pura.</p>
<p><span id="more-2691"></span></p>
<p>Hitchcock, como respuesta a la necesaria traducción visual de los contenidos escritos en el guión, explicita ese contenido mortalmente trivial en una forma complejamente elaborada a la que él llamó el <em>McGuffin</em>. Definido por él mismo, ante las confesiones a Truffaut, como “el rodeo, el truco, la complicidad, los documentos” (Truffaut, 1974).</p>
<p>Es el elemento pretexto en torno al cual se organizan las acciones en la historia, el que genera el movimiento de los personajes y el que crea la fuerte tensión; es entonces, el centro de giro de los personajes y el elemento menos importante para el espectador, pues a éste no le interesa el “documento” sino lo que genera su perversa presencia.</p>
<p>Así lo demostró claramente desde su etapa inglesa (comprendida desde 1929 hasta 1939) cuando, en un estadio muy temprano de lo que sería su carrera cinematográfica como director, productor y guionista, rodó filmes en los cuales el <em>McGuffin</em> se dejaba ver como la mano secreta que retorcería las fibras de sus personajes.</p>
<p>El alcance de este elemento en la narración tendría una repercusión tal que, una vez apartado de su etapa inglesa y recién atravesada su etapa realista con clásicos del <em>McGuffin</em> como <em>39 Steps </em>y <em>The Lady Vanishes</em>, consiguió, gracias a la &#8216;generosísima&#8217; invitación del productor americano David O. Selznick, su catapulta hacia los estudios de Hollywood, donde comenzaría su primera etapa americana, y rodaría maravillas como <em>Rebecca, Suspicious, Saboteur, Rope, Shadow of Doubt</em>, entre otras, que lo consolidarían como uno de los grandes de la industria; como un genio de genios.</p>
<p><a href="http://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/wp-content/uploads/2013/05/rope-poster.jpg"></a><a href="http://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/wp-content/uploads/2013/05/Rope-22.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2694" title="Rope 22" src="http://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/wp-content/uploads/2013/05/Rope-22.jpg" alt="" width="464" height="350" /></a></p>
<p>Pero no fue hasta su etapa americana, situada en el pleno auge de las corrientes postmodernas de principios de los 50&#8217;s y marcadas con el claro interés de proponerse como alternativa frente a las formas instituidas de hacer cine (un Hollywood totalmente clásico) y crear unas nuevas formas narrativas y estilísticas, donde Hitchcock explotaría plenamente su capacidad para plantar el <em>McGuffin</em>.</p>
<p>En esta etapa (la americana de los 50&#8217;s y principios de los 60&#8217;s) rodó clásicos de lo que podría llamarse cine de culto americano. Clásicos como <em>Strangers on A Train, Rear Window, To Catch A Thief, The Man Who Knew To Much, Wrong Man, Vértigo, North By Northwest, Psicosis y Los Pájaros </em>(La nación, 2009), entre los cuales un encendedor, la identidad de un asesino o un ladrón o un microfilm con secretos de estado, demuestran el poder narrativo oculto que hay tras el <em>McGuffin </em>o tras &#8216;la excusa&#8217;.</p>
<p>De esta forma, un secreto guardado por la madre de <em>Marnie</em>, una palabra en <em>Topaz </em>y un pequeño diamante colgando al filo de una lámpara en su última cinta, la grandiosa y tensionante <em>Family Plot </em>(1976)<em>, </em>nos demuestran que Hitchcock convivió con el <em>McGuffin</em>, lo alimentó como a cualquier idea, lo pensó y lo repensó hasta llevarlo consigo al final de su carrera donde, finalmente, nos dejaría uno de los &#8216;pretextos&#8217; más complejos que jamás crearía y que movería la trama de los que en el mundo quedamos: descubrir al maestro a través de sus <em>McGuffin</em>. Porque Hitchcock también es eso, un pretexto para asustarse.</p>
<p><strong>Referencias</strong></p>
<ul>
<li>Arenas, F.,      (2011). En los 30 llega el sonoro y Hitch consolida su estilo.      Kinetoscopio, 21 (95), 16.</li>
<li>La Nación. (2009).      Alfred Hitchcock: 110 años de su nacimiento. La Nación. Recuperado el 11      de Octubre de 2011, de      http://especiales.lanacion.com.ar/multimedia/item.asp?m=81</li>
<li>Truffaut,      François (1998). El cine según Hitchcock / François Truffaut. Madrid:      Alianza.</li>
</ul>
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		<title>Sin lugar para los débiles, de Joel Coen</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Apr 2008 03:42:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Cinefagos]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Crítica de cine]]></category>
		<category><![CDATA[cine independiente]]></category>
		<category><![CDATA[cinefagos]]></category>
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		<category><![CDATA[Nocountry for old men]]></category>
		<category><![CDATA[oswaldo osorio]]></category>
		<category><![CDATA[sicópatas en el cine]]></category>
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		<description><![CDATA[<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='https://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/sin-lugar-para-los-debiles-de-joel-coen/16' addthis:title='Sin lugar para los débiles, de Joel Coen' ><a class="addthis_button_twitter"></a><a class="addthis_button_facebook"></a><a class="addthis_button_delicious"></a><a class="addthis_button_"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>Toda violencia pasada fue mejor Por: Oswaldo Osorio La lista de películas que empiezan con una maleta llena de dinero es larguísima. Pero en las buenas películas, lo que menos importa es esa maleta, pues ésta resulta ser lo que se conoce como Mcguffin, que no es otra cosa que una excusa argumental en función<br /><a class="moretag" href="https://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/sin-lugar-para-los-debiles-de-joel-coen/16">Continuar leyendo</a><div class="addthis_toolbox addthis_default_style" addthis:url='https://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/sin-lugar-para-los-debiles-de-joel-coen/16' addthis:title='Sin lugar para los débiles, de Joel Coen ' ><a class="addthis_button_google_plusone" g:plusone:size="medium" ></a><a class="addthis_counter addthis_pill_style"></a></div>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='https://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/sin-lugar-para-los-debiles-de-joel-coen/16' addthis:title='Sin lugar para los débiles, de Joel Coen' ><a class="addthis_button_twitter"></a><a class="addthis_button_facebook"></a><a class="addthis_button_delicious"></a><a class="addthis_button_"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div><h3><span style="color: #339966;"><a href="http://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/wp-content/uploads/2008/04/nocountryforoldmen2.jpg"></a><img class="alignleft" style="float: left; margin: 5px;" src="http://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/wp-content/uploads/2008/04/no-country-for-old-men.jpg" alt="No Country for old men" width="165" height="228" /></span></h3>
<h3><span style="color: #008080;">Toda violencia pasada fue mejor</span></h3>
<p><strong>Por: Oswaldo Osorio</strong></p>
<p>La lista de películas que empiezan con una maleta llena de dinero es larguísima. Pero en las buenas películas, lo que menos importa es esa maleta, pues ésta resulta ser lo que se conoce como <strong>Mcguffin</strong>, que no es otra cosa que una excusa argumental en función del desarrollo de la historia y los personajes. Los <strong>hermanos Coen</strong> son expertos en usar este recurso en sus filmes, aunque por su pericia narrativa y el vistosismo de sus imágenes, muchos se quedan apreciando sólo la trama de acción, atentos al <strong>Mcguffin</strong>, pero lo que subyace en estas historias, aparentemente formalistas, es mucho más profundo y poderoso.</p>
<p>Quienes empezaron como realizadores un poco marginales y con una concepción del cine ciertamente fuera de lo común, ahora resulta que, aún sin cambiar su estilo, son bien recibidos por el gran público y la <strong>Academia de Hollywood</strong>. Aunque Joel siempre firma como director y Ethan como productor, lo cierto es que lo suyo es una sociedad creativa que ya ajusta una docena de películas y que da cuenta de una concepción del cine como pocos realizadores la tienen en la actualidad.</p>
<p><span id="more-16"></span></p>
<p><strong><span style="color: #008080;">El cine de los hermanos Coen</span></strong> </p>
<p>Su cine se caracteriza por una precisión narrativa que sólo es superada por la inventiva visual con que recrean sus historias, así como por el agudo humor, la ironía inteligente y un constante juego con las reglas de los géneros cinematográficos, que hace de sus películas una experiencia a veces inclasificable y siempre impredecible, como cuando hablan de <strong>Barton Fink</strong> como una “comedia seria” o cuando rizan el rizo del cine de gángters con <strong>De paseo a la muerte</strong>. Para ajustar, detrás de toda esa habilidad cinematográfica, siempre hay unos personajes tremendamente elocuentes en relación con el mundo que habitan. Así que no estamos hablando de simple entretenimiento audiovisual, sino también de un cine reflexivo y contundente con sus ideas.</p>
<p><a href="http://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/wp-content/uploads/2008/04/nocountryforoldmen2.jpg"><img class="alignright alignnone size-medium wp-image-18" style="float: right; margin: 5px;" title="nocountryforoldmen2" src="http://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/wp-content/uploads/2008/04/nocountryforoldmen2-300x225.jpg" alt="" width="267" height="175" /></a>Con Sin lugar para los débiles (<strong>No country for old man</strong>), hay una paradoja en su construcción, en esa relación entre forma y fondo, y es que es una película aparentemente tan simple en su trama, que pareciera que no dice nada, incluso que es confusa su historia. Pero lo que vemos aquí es básicamente a un hombre que toma un dinero y huye de otros que quieren recuperar el botín, ya sea sus dueños o un caza recompensas sicópata. Así que es, ni más ni menos, una persecución con esporádicos enfrentamientos.</p>
<p>Pero por supuesto, trascendiendo esta trama, es mucho más lo que propone el filme. Por un lado, están las características de los personajes y la actitud que asumen frente a las situaciones de violencia contra las que se enfrentan. Ya sea la pragmática serenidad del hombre que toma el dinero o la calculada frialdad del caza recompensas (interpretado por un <strong>Javier Barden</strong> en una actuación en la que muchos han visto gran virtuosismo, pero que también se puede considerar un tanto afectada), en cualquiera de los casos, la violencia se asume con tal naturalidad y desprendimiento de toda gravedad que desconcierta. Son máquinas de matar a las que, en últimas, lo que menos parece importarles es el dinero, más bien lo asumen todo como un asunto de supervivencia o aniquilación, incluso como la obligación de cumplir con un destino que va más allá de la razón.</p>
<p><strong><span style="color: #008080;">Violencia y perplejidad</span></strong></p>
<p>De otro lado, está el personaje del policía, quien es el &#8220;comenta&#8221; los acontecimientos. Es decir, <strong>la trama entre los que asesinan, persiguen y el que huye, es de una simpleza tan animal como violenta, mientras que la mirada del policía es el punto de vista reflexivo ante tal brutalidad e inhumanidad</strong>. La clave del filme está en ese contraste: la América violenta y materialista de unos, frente a la mirada desconcertada de los que son testigos y víctimas de esa nueva mentalidad, y esa mirada se puede sintetizar en las conversaciones que tiene el sheriff con su padre y luego con el otro viejo sheriff.</p>
<p>Es por este contraste entre los personajes y las historias  que protagonizan, los unos la de violencia y los otros la de la cotidianidad perpleja ante lo que ven, es por esto entonces, que la resolución de la película es tan contundente y desesperanzadora: el héroe muerto, el sicópata que se va caminando impunemente y el sheriff jubilado que no sabe qué hacer con su vida.  El fresco queda completo: es un potente thriller, cargado de tensión, acción y violencia, pero también es una mirada reflexiva sobre lo que ocurría en ese entonces en Estados Unidos y que, casi veinte años después, seguramente las cosas habrán empeorado.</p>
<p><strong><span style="color: #008080;">FICHA TÉCNICA</span></strong><br />
<strong>Título original: </strong>Nocountry for old men<br />
<strong>Dirección: </strong>Ethan Coen y Joel Coen.<br />
<strong>Guión: </strong>Joel Coen y Ethan Coen; basado en la novela homónima de Cormac McCarthy.<br />
<strong>Producción: </strong>Joel Coen, Ethan Coen y Scott Rudin.<br />
<strong>Música: </strong>Carter Burwell.<br />
<strong>Fotografía: </strong>Roger Deakins.<br />
<strong>Interpretación: </strong>Tommy Lee Jones (sheriff Bell), Javier Bardem (Anton Chigurh), Josh Brolin (Llewelyn Moss), Kelly Macdonald (Carla Jean Moss), Tess Harper (Loretta Bell).<br />
USA – 2008 – 122 min.</p>
<h4 style="text-align: center;"><span style="color: #ff0000;">Vea más en:</span></h4>
<h2 style="text-align: center;"><a href="http://www.cinefagos.net/"><span style="color: #008080;">www.cinefagos.net</span></a></h2>
<h5 style="text-align: center;"><span style="color: #008080;">Ensayos &#8211; críticas &#8211; cine colombiano &#8211; cómics &#8211; cuentos de cine</span></h5>
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