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	<title>Cinéfagos &#187; Vicio propio</title>
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		<title>Vicio propio, de Paul Thomas Anderson</title>
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		<pubDate>Sun, 08 Mar 2015 16:47:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Cinefagos]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Crítica de cine]]></category>
		<category><![CDATA[Paul Thomas Anderson]]></category>
		<category><![CDATA[Vicio propio]]></category>

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		<description><![CDATA[<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='https://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/vicio-propio-de-paul-thomas-anderson/3172' addthis:title='Vicio propio, de Paul Thomas Anderson' ><a class="addthis_button_twitter"></a><a class="addthis_button_facebook"></a><a class="addthis_button_delicious"></a><a class="addthis_button_"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>Cine negro hippie Oswaldo Osorio El cine negro generalmente está asociado con la estilización y austeridad del blanco y negro, con la pulcritud y gravedad de sus personajes, también con las sombras de la noche y los bajos fondos de sofocantes metrópolis. En esta película tiene todos esos elementos, pero también los contradice sistemáticamente o,<br /><a class="moretag" href="https://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/vicio-propio-de-paul-thomas-anderson/3172">Continuar leyendo</a><div class="addthis_toolbox addthis_default_style" addthis:url='https://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/vicio-propio-de-paul-thomas-anderson/3172' addthis:title='Vicio propio, de Paul Thomas Anderson ' ><a class="addthis_button_google_plusone" g:plusone:size="medium" ></a><a class="addthis_counter addthis_pill_style"></a></div>]]></description>
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<p><strong>Oswaldo Osorio</strong></p>
<p><strong><a href="http://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/wp-content/uploads/2015/03/viciop.jpg"></a><a href="http://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/wp-content/uploads/2015/03/viciop1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-3175" title="viciop" src="http://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/wp-content/uploads/2015/03/viciop1.jpg" alt="" width="500" height="190" /></a><br />
</strong></p>
<p>El cine negro generalmente está asociado con la estilización y austeridad del blanco y negro, con la pulcritud y gravedad de sus personajes, también con las sombras de la noche y los bajos fondos de sofocantes metrópolis. En esta película tiene todos esos elementos, pero también los contradice sistemáticamente o, al menos, los desarrolla con unas irónicas e ingeniosas variaciones.</p>
<p>Las contravenciones al clásico estilo del género comienzan por su protagonista. El frío y sofisticado detective privado, heredado de la novela negra y fundado por la fina presencia de Humphrey Bogart, es cambiado aquí por un hippie desaliñado y marihuanero. Aunque también es detective privado, también con la correspondiente ambigüedad moral que define a este personaje del cine negro y también siempre en busca de la verdad y la justicia, independientemente de sus métodos.</p>
<p>La extravagancia de la estética hippie y sicodélica es una constante irreverencia de color frente al histórico género, así como la soleada Los Angeles y sus playas hace desaparecer del registro los acechos nocturnos y la amenazante urbe. Sin embargo, con estos personajes y en este ambiente, ubicados en las antípodas de un thriller, la trama de crimen y corrupción se desarrolla con mayor gravedad y complicaciones que las que pudo tener <strong>El sueño eterno</strong> (Howard Hawks, 1946).</p>
<p>Y tal vez este es el gran fallo de esta película, esa casi ininteligibilidad de la trama con todas sus aristas, subtramas y personajes. Hay asesinatos, desapariciones, secuestros, carteles de droga e infiltrados en movimientos ideológicos. Todo pasa por las manos del protagonista, ese detective a quien vemos durante casi todo el metraje tratando de dilucidar algo con las escasas pistas que tiene, y el espectador, por su parte, está más desorientado que él. Solo al final se tiene un mapa completo de toda la intrincada historia, pero esto a costa del tedio y la incertidumbre causados por una extensa trama, más complicada que compleja.</p>
<p>No obstante, los buenos oficios de Paul Thomas Anderson (<strong>Magnolia, Boogie Nights, Petroleo sangriento</strong>) hacen que este problema se minimice al lado de asuntos concretos, como los inteligentes diálogos, muchas situaciones divertidas y fascinantes por su construcción, así como la concepción de los personajes y su relación entre sí, en especial la que llevan el detective y un policía que lo acosa, el leitmotiv más fuerte del relato, un estimulante juego entre el cinismo hostil, el honesto insulto y el distante aprecio.</p>
<p>No es una película fácil ni para todo tipo de público, pues es un relato que resulta más agradecido e inteligente para el espectador que tenga los referentes históricos del cine negro. Así mismo, aunque definitivamente esto es un problema de concepción y construcción de la historia (basada en una novela de Thomas Pynchon), es un filme que se disfruta (y se entiende) menos observándolo en plano general, pero resulta más atractivo y revelador si se miran elementos particulares o más de cerca: un personaje, una situación, una línea de diálogo o un referente al contexto cultural de la época.</p>
<div class="addthis_toolbox addthis_default_style" addthis:url='https://www.elcolombiano.com/blogs/cinefagos/vicio-propio-de-paul-thomas-anderson/3172' addthis:title='Vicio propio, de Paul Thomas Anderson ' ><a class="addthis_button_google_plusone" g:plusone:size="medium" ></a><a class="addthis_counter addthis_pill_style"></a></div>]]></content:encoded>
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