Cuando los comentarios son abusivos

El lector Alirio Giraldo Aristizábal se queja del contenido de los comentarios del foro de lectores: “Creo que en oportunidades anteriores te comenté que detesto la mayoría de los comentarios de los lectores a las noticias que se publican en el portal de internet. Pareciera que es un espacio abierto para que toda clase de resentido social haga aportes destructivos y sin ninguna comprobación acerca de los sucesos o personajes que la noticia contiene.”.
Agrega: “Por tal motivo siempre he sido crítico de ese espacio y en ocasiones hasta prefiero que sea suprimido. No obstante los periódicos que tienen ese espacio se ´lavan las manos´ con el argumento de que esa opinión no los compromete como institución y refleja una opinión personal de quien la escribe…”.
Al respecto, Margarita María Barrero Fandiño, macroeditora Digital, explica: “En este momento, los foros de las notas de www.elcolombiano.com pueden ser usados por cualquier usuario registrado que quiera participar (pero esto no significa que tengamos manera de corroborar sus datos de usuario y saber si son fieles a la realidad ni tampoco tenemos su cédula, de hecho, muchas personas crean correos falsos).”.
Añade: “Sin embargo, estamos en la obligación de controlarlos de alguna manera. Por eso, el equipo de redes sociales revisa los comentarios durante el día y borra aquellos que pueden ser ofensivos o incorrectos. Es importante tener en cuenta que son muchas notas y que hay un tema de libertad de expresión en los foros que es importante mantener….”.
Este asunto tiene múltiples aristas. Considero que los comentarios abusivos transgreden las leyes y las normas de uso contempladas por el periódico en el manual de uso Términos y condiciones. (http://www.elcolombiano.com/terminos-y-condiciones).

El lenguaje vulgar, calumnioso, tramposo, intimidatorio, discriminatorio, manipulador y dañino lesiona la dignidad humana.
El mundo digital es un terreno apropiado para difundir esta clase de ofensas y considero que los lectores, periodistas y medios de comunicación, y la sociedad y el Estado tienen la responsabilidad de proteger los derechos a la intimidad, a la vida y honra de las personas.
La reflexión sobre este asunto, que oscila entre liberad de expresión y derechos humanos, continuará en la próxima columna.
Corrección. La multa impuesta a la petrolera BP es de 18.600 millones de dólares. No de 18.600 dólares como escribí en la última columna. Mis disculpas a los lectores.

Las confusiones y errores en cifras, escalas y medidas

Son frecuentes las inexactitudes y equivocaciones en el manejo de los números, indicadores, símbolos y unidades de medidas, de acuerdo con las observaciones que recibo de los lectores.
Primer caso. Sobre el terremoto que recientemente afectó a Nepal, la profesora María Sofía Gómez pregunta qué es lo correcto: “hablar de un sismo de 7.8 grados en la escala de Richter o de magnitud 7.8”.
Segundo caso. El pasado 4 de julio, página 5, El Colombiano publicó en una nota breve lo siguiente: “16,8 millones pagará la petrolera británica BP por el vertido al Golfo de México. La compañía los abonará en 18 años.”. El lector Michel Taverniers preguntó por la corrección de la cifra. Además señaló que la palabra golfo es con minúscula.
Tercer caso. Esta semana un compañero de la redacción preguntó cómo se escribe el plural del símbolo km.
Sobre el caso de los sismos, lo correcto es hablar en magnitud y no de grados, si usamos la escala sismológica de Richter, que es la más común en las informaciones científicas y periodísticas.
Aunque hay otras metodologías para calcular el impacto de los terremotos, como la de escala de Mercalli o la japonesa que mide la intensidad del sismo en grados.
En la nota sobre la compañía petrolera BP, hay dos errores: la cifra correcta es 16.800 millones de dólares, unidad de valor que también falta en el texto de El Colombiano.
En general estos guarismos, en nuestro medio, están expresados en pesos o en dólares, pero es indispensable indicarlos cada vez. Es recomendable hacer las conversiones cuando los guarismos están expresados en otras monedas, para mayor claridad y comprensión de las audiencias.
Esta misma recomendación es válida para otras medidas. En Colombia se usa el sistema métrico decimal y es necesario hacer las conversiones respectivas.
Con respecto a los símbolos, la Real Academia Española y los expertos lingüistas coinciden en señalar que se escriben igual en singular que en plural, y en minúsculas.
Fundéu, Fundación del Español Urgente, dice que no se trata de abreviaturas sino símbolos, que se escriben sin punto y permanecen invariables en plural: hectárea: ha; kilómetro: km; metro: m; litro: l; centímetro: cm; kilogramo: kg; gramo: g.
Estos errores afectan la credibilidad y la confianza.

Inexactitudes y errores numéricos

El lector Michel Taverniers escribió el pasado 27 de junio: “En El Colombiano de hoy, página 5, tercera columna, ´1.8 millones de jóvenes hay en el mundo de entre 10 y 24 años´. Hay que leer el texto para saber que son 1.800 millones…”.
Días antes también escribió: “En El Colombiano de hoy, página 12, en el título dice: ´Obras del túnel avanzan 16 metros por día´ y en el subtítulo: ´El ritmo de penetración es de 4,5 metros cada 16 horas´. Si avanzan 4,5 metros cada 16 horas, el ritmo de penetración es de 6,75 metros por día y no de 16.”.
El lector Juan Alvarado Nuñez Duque señaló una imprecisión en la edición digital: “hay un error en el indicador del dólar del día de hoy, colocan $2.5550,74, sobra un dígito antes de la coma, un 5 o un 0…”. Efectivamente, el valor correcto del 24 de junio era de $2.550,74.
Estos son tres ejemplos de errores, algunas veces por descuido, en el manejo de las cifras de los textos periodísticos.
En otras oportunidades me he referido al asunto que debe preocupar tanto a las audiencias como a nosotros los periodistas. Es vital y urgente mejorar las competencias matemáticas para evitar inexactitudes y errores numéricos.
El Centro Knight para el Periodismo en las Américas realizó hace poco el curso regular de Matemáticas para periodistas: cómo entender y usar números y estadísticas.
Al respecto, el profesor Rosental Alves, fundador y director de esta institución de la Universidad de Texas con sede en Austin, explicó: “Es cierto que muchos de nosotros nos convertimos en periodistas porque en algún momento de nuestra vida quisimos escapar de las matemáticas, pero también es cierto que nunca antes había sido tan importante para los periodistas superar cualquier miedo o intimidación para aprender sobre números y estadísticas”.
Y agregó el docente: “No hay manera de seguir escapando de las matemáticas debido a que estamos rodeados de datos, por eso debemos tener por lo menos el conocimiento y las herramientas básicas para entender los números”.
Corregir las equivocaciones es el primer paso. Sin embargo, no todas las correcciones aparecen en la sección Fe de errores, lo que implica otra falla porque la información errada se mantiene en los archivos.
El segundo paso es emprender acciones colectivas y personales para evitar que se repitan, igual que mejorar las destrezas y competencias de los periodistas, tal como lo facilita e impulsa el centro universitario citado.

Rigor y transparencia contra el periodismo fácil

El lector Jesús Emilio Marín se queja de la información contradictoria que recibe a través de las redes sociales. Dice, en uno de los apartes de su comunicación: “Leí lo que escribió usted y por eso le pregunto ¿cómo puedo creer en las noticias que recibo a cada momento…qué pueden hacer los medios con tanta información inútil y mentirosa que circula en redes sociales…?”.
Esta reflexión es seguramente la de miles de personas que se sienten abrumadas, sobreinformadas, con incertidumbre y desconfianza por el volumen de mensajes de Twitter, Facebook y de otras redes sociales. Algunos de esos contenidos son publicados por los periódicos y demás medios de comunicación. A este conjunto es al que me voy a referir en esta oportunidad.
La actitud de los periodistas frente a las redes sociales debe ser de rigor y transparencia. Tal como lo anoté en las columnas anteriores primero hay que confirmar y contrastar los datos obtenidos. Retuitear sin tener en cuenta estos pasos es riesgoso, es periodismo fácil. Aunque en realidad considero que no es periodismo porque sería actuar igual a cualquier persona que irreflexivamente comparte todo lo que le llega.
Estos mensajes breves son la cuota inicial, el punto de partida de la información. Se requiere allegar nuevos datos y consultar fuentes de información plurales.
La agencia española de noticias EFE solicita a sus periodistas que “deberán ser muy cuidadosos en la difusión de las informaciones obtenidas a través de redes sociales, especialmente en el seguimiento de cuentas no verificables o enlaces dudosos. Se aconseja que en la obtención de información se realicen capturas de pantalla para documentar comentarios que puedan ser borrados con posterioridad”.
Es claro que los mismos principios que rigen para el medio de comunicación deben ser los que sigan los periodistas en las redes sociales, bien en los perfiles del medio o en las cuentas personales.
Los lectores esperan transparencia y coherencia para merecer la confianza y la credibilidad del medio de comunicación. Es vital que estas políticas estén debidamente expuestas para que todos las conozcan y se aclaren las inquietudes.
Por esta razón, en caso de una rectificación o aclaración, es necesario hacerlo lo antes posible, borrando el contenido erróneo y advirtiéndolo en la información corregida para que las audiencias sientan la transparencia y la honradez profesional.

Twitter: actualidad e interacción

En la columna anterior respondí en forma general los interrogantes de la lectora Paulina Lopera. En esta reflexión me referiré a su concreta de “¿Cómo es el uso que ustedes le dan en El Colombiano a esta red social?”.
Margarita María Barrero Fandiño, macroeditora Digital, explica: “En El Colombiano lo usamos para mantener actualizada a la audiencia con las noticias más recientes minuto a minuto, también nos ayuda a generar conversación y cercanía. Para tal fin, se propaga información a través de lo que se conoce como trinos (frases de 140 caracteres con hashtag y link); el tiempo de vida de estos es corto (entre 20 minutos y una hora), por lo tanto, la actualización en esta red se hace de manera permanente durante las 24 horas del día”.
Y añade: “En cuanto a experimentación en este ámbito hay dos ejemplos en esta casa editorial: desde el 2012 existe un formato creado por El Colombiano que se conoce como la Twittercrónica (un relato en tiempo real que se construye desde el lugar de la noticia y se apoya de las voces de la audiencia digital) y además está el Perfil Tuitero (una entrevista que se hace a través de Twitter a un influenciador de redes sociales o personalidad de la vida pública). Las dos se publican en el periódico impreso”.
También comenta que “…en algunos casos, la información de las cuentas oficiales de mandatarios o entidades del Estado llega a nosotros a través de Twitter y , por tal razón, los trinos de estas son usados para complementar noticias, reportajes o historias. Es importante entender que Twitter no es una fuente determinante de tráfico para las webs en el mundo. Sin embargo, es fundamental para apropiación de marca”.
Vale la pena enfatizar que las redes sociales son instrumentos potentes que los medios de comunicación deben usar con inteligencia y ciudadado para no poner en riesgo la credibilidad, que es, al fin y al cabo, el mejor patrimonio del periodismo.
Porque “… pueden convertirse en armas de destrucción masiva para las reputaciones de las personas”, según lo escribió esta semana John Carlin, en su columna La turba tiutera, en el diario espapol El País. Esta situación se presenta cuando se retuitea sin verificar ni contrastar la información, tal como lo expresé en la columna anterior.
El debate sobre redes sociales en los medios comunicación y en la vida de los ciudadanos queda abierto porque estas plaformas se inmiscuyen cada vez en nuestra cultura.

Primero la veracidad que la inmediatez

La lectora Paulina Lopera pregunta: “Por qué en general los medios de comunicación se apoyan en Twitter para informar, muchas veces en forma incompleta y errónea? ¿No cree que debieran ser más cuidadosos? ¿Cómo es el uso que ustedes le dan en El Colombiano a esta red social?”.
Sobre la primera parte de la pregunta hay que decir que el periodismo tiene en Twitter una poderosa herramienta que le ayuda a cumplir la misión de informar veraz, imparcial, oportunamente y con trasparencia.
A través de esta red social los periodistas nos ponemos en contacto con testigos de acontecimientos de última hora en forma inmediata. El contacto con estas personas mejora la calidad de la información toda vez que son fuentes directas que pueden suministrar datos clave. Además, los comentarios, fotografías u videos de estos testigos pueden ser tomados como parte del relato periodístico a modo de productores colaborativos.
También pueden ser fuentes permanentes u ocasionales, si las seguimos o si el contacto es eventual.
Podemos, igualmente obtener informaciones clave que estemos buscando u opiniones que solicitemos con base en una pregunta o un cuestionario. Twitter nos permite una rápida respuesta.
Después de la publicación, Twitter se convierte también en poderoso canal de distribución para llegar a las audiencias próximas y remotas, a los seguidores y aun a quienes no lo sean.
Estas son algunas de las ventajas que ofrece Twitter.
Ahora démosle un vistazo a los requisitos y riesgos que presenta. En primer lugar, los medios de comunicación deben verificar todos los mensajes, ya sea que los retuité o que tome la información para desarrollarla.
Verificar y contrastar los hechos son requisitos mínimos del periodismo. Ni rumores ni datos suministrados por una sola fuente adquieren la calidad de información y su publicación riñe con los principios periodísticos.
También, es fácil que el periodista resulte asaltado en su buena fe por tuiteros malintencionados o robotizados o por estrategias de propaganda etiquetada como información.
Muchos medios de comunicación han quedado en ridículo por reproducir mensajes de Twitter sin confirmar. Con dolor han debido rectificar y asumir la pérdida de confianza y credibilidad de sus audiencias.
La inmediatez y la velocidad no están en el escenario de la calidad periodística, que tiene en la veracidad su mejor valor. Calidad y veracidad marchan más lentamente…

La interpretación de las encuestas electorales

Los lectores que han motivado esta serie de columnas sobre las encuestas electorales se preguntan por las diferencias y las inconsistencias que encuentran en los distintos medios de comunicación. Voy a referirme en esta ocasión al tema de su lectura por parte de las audiencias y su interpretación por cuenta de los periodistas.
La encuesta electoral es la investigación social que busca conocer la opinión de los ciudadanos. Es un insumo informativo de los medios y una herramienta para definir las estrategias de los candidatos.
Estoy de acuerdo con la decisión del periódico de contratar las consultas para informar cómo perciben los electores a los candidatos y sus programas. Además, valoro que sea una misma empresa reconocida y responsable que periódicamente mida el termómetro de la opinión pública.
La historia cuenta que en Estados Unidos, en 1824, el periódico Harrisburg Pennsylvanian publicó la primera encuesta. Y en 1880 un grupo de medios, entre ellos The Boston Globe y Los Ángeles Times, efectuaron una indagación política entre los electores.
De esta manera se consigue la coherencia necesaria para interpretar los datos y observar con mejores criterios la evolución del debate. Porque “…si mezcláramos los resultados de tantas encuestas que pululan en tiempo de campaña (y valga decir que en esta época siempre aparecen nuevas firmas encuestadoras), consideramos que podríamos enviar un mensaje confuso a nuestros lectores…”, explica Isolda María Vélez, macroeditora de Información.
En general, los medios de comunicación se dejan seducir por el porcentaje de eventuales votantes de un candidato, dándoles despliegue superficial a los guarismos y desaprovechando información mucho más rica, como la evolución de la imagen y de las propuestas, el tiempo durante el cual se efectuó y los movimientos de los aspirantes de una a otra medición.
También es frecuente que los números se proyecten al día de elecciones para adivinar el resultado de las urnas. Las encuestan no adivinan el futuro, muestran la tendencia. Es una fotografía fija de los ciudadanos que se mueven, como escribí en la última columna.
Y para interpretar los resultados de una encuesta, los periodistas deben conocer las bases de la estadística y consultar, antes de publicar, con expertos que dominen los conceptos estadísticos y matemáticos. A veces las conclusiones se hacen sin tener en cuenta el margen de error, por ejemplo.

 

¿Para qué la Fe de errores?

“El Colombiano no debe publicar informaciones erróneas. Si, a pesar de todo, llegasen a publicarse, se corregirán con franqueza y claridad, para reparar, en cuanto sea posible, el daño o desinformación que el error pudiera haber causado”, reza el Manual de estilo y redacción.
La Fe de errores se publica desde hace más de un año en Radar, la última página de la sección Metro, por mandato de su política editorial y por petición de la Defensoría de las audiencias. Es una respuesta a los lectores y también el reconocimiento de las equivocaciones.
El mayor volumen de las observaciones de los lectores, de acuerdo con los mensajes que recibo, corresponde a críticas y errores. En 2014, del total de 1.817 comentarios, 698 se clasifican en este grupo, lo que representa el 38,4 por ciento.
Hoy es la oportunidad de expresar nuestra gratitud a los lectores que nos envían los gazapos que cazan en la edición impresa o en la digital, con el afán de contribuir al buen uso de lenguaje y al rigor periodístico.
En el rediseño del sitio web se facilitó el reporte de los errores: al final de la información se puede pulsar Reporte un error, “Porque entre varios ojos vemos más, queremos construir una mejor web para ustedes. Los invitamos a reportar errores de contenido, ortografía, puntuación y otros que consideren pertinentes”.
En vísperas del Día del Idioma, que se celebra el próximo 23 de abril, es válido recabar sobre la obligación de los periodistas de escribir bien, porque uno de los atributos del lenguaje, la claridad, es requisito para que la información llegue sin distorsiones a las audiencias. Pero no solo por esta razón: corrección, amenidad y fluidez lograrán que los lectores no se aburran después del primer párrafo.
Los errores atentan contra el principio de veracidad y destruye la credibilidad del periodista. Además: “El error más pequeño resulta intolerable, porque causa un grave daño a la imagen del diario”, afirma Javier Moreno, director del periódico español El País.
En este propósito, el de mejorar la calidad de la redacción de las informaciones de El Colombiano, se encuadra la sección Fe de errores. Sin embargo, es preciso insistir en la necesidad de incluir todas las imprecisiones y corregir los contenidos digitales, dejando constancia de las equivocaciones al final del texto modificado. Y, también, aprender de los errores para no repetirlos.

Redes sociales: los desafíos de las audiencias

El lector Luis Rodrigo Gaviria dice: “…sigo con interés las columnas, particularmente las últimas en las que usted habla de las redes sociales, entre las cuales Facebook, Twitter y Youtube, que son las más usadas. Deseo averiguarle, ¿qué actitud debemos guardar y qué podemos hacer nosotros los lectores cuando leemos informaciones lanzadas por estas redes sociales…?”.
En los últimos años internet y las redes sociales han provocado un gran impacto en los medios de comunicación y en la vida personal de todos. Esta revolución es apenas objeto de estudio de disciplinas como sociología, sicología, antropología, derecho y comunicación.
Los medios, tal como lo había expuesto antes, siguen una serie de pautas para manejar la información proveniente de las redes: pensar, dudar, verificar, contextualizar son acciones previas a la publicación o réplica de tales contenidos.
Ahora, la pregunta del lector es pertinente porque las audiencias tienen dudas sobre la veracidad y validez de las informaciones de las redes sociales, ya sean recibidas directamente o por intermedio del medio de comunicación que las acogió.
La desconfianza y la falta de credibilidad son el denominador común. Informaciones falsas, parcializadas y tóxicas, son frecuentes.
Así, las audiencias se ven expuestas, lo que las obliga también a seguir las mismas pautas y guías que debemos observar los periodistas.
Quizás el mayor de los retos es asumir la autorregulación del uso de las redes sociales, apoyada en la ética y el derecho, como garantías para contrarrestar desinformación, distorsión, manipulación y engaño. Incluso, acciones delictivas y terroristas. Sin responsabilidad social las redes nunca alcanzarán credibilidad, a pesar de su preminencia, fácil manejo, inmediatez e influencia.
Estoy muy de acuerdo con lo que plantea Regina Alves da Silva y su grupo de investigación, en la obra El uso de las redes sociales: ciudadanía, política y comunicación, que acaba de ser publicada por el Instituto de Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona: “…se necesita un mayor nivel de alfabetización mediática, es decir, crear una conciencia en la sociedad sobre lo que implica ser usuario de las redes sociales. Esta alfabetización tiene tres pilares: garantizar el derecho al acceso a Internet, la comprensión crítica de los contenidos que circulan en la red y la capacidad para generar contenidos…”.

Redes sociales: dudar y confirmar antes de replicar

El asunto de los contenidos de las redes sociales reproducidos por los medios, planteado por el lector Jorge A. Ríos, y al cual me referí en la última columna, amerita esta reflexión.
Todos los días los medios les dan crédito a informaciones que con febril velocidad se propagan a través de las redes sociales, sin considerar que son fuentes que necesitan verificación y contraste.
Basta mirar lo ocurrido estos días cuando se divulgó la fotografía de la niña siria. Hudea, de cuatro años. La imagen, tomada por el fotógrafo turco Osman Sağırlı y publicada en diciembre de 2014, se volvió viral cuando la fotoperiodista Nadia Abu Shaban la divulgó por Twitter.
Medios de todo el mundo, se contagiaron de la emoción y del impacto producido por la niña que levantó sus brazos y miró con gesto indulgente al fotógrafo, pensando que le apuntaba con un arma letal y no con el teleobjetivo.
Pero les faltó a muchos contextualizar la noticia con uno de estos datos de Unicef: “14 millones de niños de la región sufren los efectos del cada vez más intenso conflicto que se desarrolla en Siria y gran parte de Irak. Más de 4 años de guerra están dejando profundas cicatrices en: 5,6 millones de niños que sufren situaciones extremas dentro de Siria: pobreza, desplazamiento y estado de sitio. 2 millones de niños que viven ahora como refugiados en Líbano, Jordania, Irak, Turquía, Egipto y otros países del norte de África. 3,6 millones de niños de las comunidades vulnerables en las que se albergan otros refugiados. 2,8 millones de niños iraquíes obligados a abandonar sus hogares…”.
El asunto no es solo replicar. Es informar y contextualizar. Y también, verificar. Algunos medios también cayeron en la trampa: ni dudaron de los datos tomados de las redes sociales ni verificaron. Un vistazo revela la falta de rigor: ser los primeros a costa de la precisión, o de errar la fecha y el nombre del autor de la fotografía.
Estoy muy de acuerdo con BBC que tiene como regla de oro usar “un segundo par de ojos” para mirar antes lo que se va a publicar. Y con lo que escribió el editor de tecnología de El Tiempo, José Carlos García: “A los periodistas no nos queda más que afinar el “dudómetro”. Estar alertas, atentos, acordarnos que la celeridad diaria por el tráfico y la preferencias de las audiencias no nos debe alejar del sagrado rito de la confirmación de las fuentes y los datos…”.