Con un ojo crítico

En la columna del 14 de febrero, Los comentarios y críticas de los lectores, me referí a los mensajes recibidos por la Defensoría de las audiencias en el año 2015. En total fueron 2.119 comunicaciones, el 34,7 % correspondientes a críticas y errores de contenido.
A este subconjunto le hice un examen de acercamiento: la radiografía señala que el 50,6 % atañe al uso incorrecto del lenguaje; el 26,4 % a falta de claridad y carencia de fuentes que contrasten los datos, principalmente; el 22,8 %, a malos cálculos matemáticos, errores numéricos o en la escritura de guarismos y porcentajes y a deficiencias en el uso del sistema internacional de medidas.
Este análisis detallado permitió conocer los casos más frecuentes y emprender, en consecuencia, una acción pedagógica entre los periodistas, para mejorar la calidad de los contenidos de El Colombiano.
Una de las claves para alcanzar el objetivo es la lectura crítica que realizan las audiencias. Conocer las dudas y los errores que detectan, permite enmendarlos y evitar su repetición.
Con grata asiduidad recibo informes de errores y gazapos de quienes con un ojo crítico leen el periódico. Es una fortuna contar con audiencias de esta calidad porque nos permiten mejorar los textos desde el punto de vista del uso correcto del lenguaje y también en asuntos que corresponden a la ética y a los principios del periodismo.
El lector Rodrigo Cadavid Mejía escribió sobre el examen de algunas informaciones y para cuestionar mi última columna, Los peligros del periodismo de “palabras prestadas”: “En su columna de esta semana usted defiende, en un todo y por todo, a los periodistas de El Colombiano; según usted, ellos comprueban toda la información recibida de otras fuentes. Por lo menos, esto fue lo que yo entendí. Si es correcto, no se cómo explica usted tanto error conceptual y técnico que aparece en ese medio; que no se corrige, sino que se vuelve a repetir; aunque no sea el mismo, pero si similar…”.
Considero que la información es un bien público y que el periodismo se funda en los principios de veracidad, imparcialidad, transparencia y responsabilidad social. Su razón de ser es mantener informadas a las audiencias, a la ciudadanía. Contribuir a lograrlo es asunto de todos: periodistas, medios y lectores.
Los errores que detectan nuestras audiencias son puntos de partida para una acción pedagógica en la Sala de Redacción. Es clara la instrucción para escribir los textos con limpieza, siguiendo los requisitos de verificación datos y contraste de fuentes. Pero falta un mayor esfuerzo para alcanzar mejores estándares de calidad y credibilidad. En la sección Fe de errores se enmiendan algunos, ojalá se corrigieran todos.
Añade el lector Cadavid Mejía en otro de los apartes: “…en la página 17, (Entrevista al presidente de Celsia, Ricardo Sierra Fernández, edición del 24 de febrero), donde se lee ´…el millón de VTU (sic)…´. Lo correcto es BTU (British Thermal Unit), que es una unidad de energía o de trabajo. De todas maneras, me queda la duda que esa expresión la haya hecho el presidente de una empresa generadora de energía, que tiene porque conocer el tema y, más bien, el periodista oyó y le sonó mejor BTU con V pequeña y para salvar responsabilidad puso las comillas. Es mi gran duda…”.
Al respecto, el autor de la información explica que “el lamentable error se debió a un descuido en la digitación y en segundo lugar a la falta de corrección del texto antes de publicarse”.
Esta reflexión continuará en la próxima columna.

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