Corregir es un acto de transparencia informativa

El lector Juan de Dios Gutiérrez pregunta: “Por qué el periódico no corrige todos los errores que a diario comenten los periodistas…”. A este reclamo se suman los de otros lectores, en especial los de un grupo destacado que con frecuencia nos envía los errores, erratas y equivocaciones de todo tipo, con el ánimo de que se enmienden y de contribuir a la calidad periodística.
Estoy de acuerdo con ellos y expreso mi gratitud a los asiduos colaboradores: Michel Taverniers, Hernán Orozco, Gabriel Escobar Gaviria, Federico Díaz González, Jorge Iván Osorio R., Jorge Franco, Gabriel Escobar Gaviria, Federico Díaz González, Luis Alfredo Molina Lopera, Luis Germán Londoño V., Hernán Naranjo, José Reinaldo Longas A., Carlos Antonio Gaviria Zuluaga, Gonzalo Montoya Montoya, María Marleny López Ríos, Jorge Alberto Cardona V., Lisandro Mesa Osorio y María del Pilar Velásquez.
Los fallos de ortografía, gramática y demás inexactitudes, son advertidos por los lectores y también por los periodistas. Diariamente, desde hace varios meses, se corrigen en la sección Fe de errores, que se publica en Radar, última página de la sección Metro, y en la web.
Pero no todos los errores detectados se enmiendan. Considero que corregir es un acto de transparencia informativa porque se restablece la credibilidad en el medio de comunicación y en el periodista. Se recupera el principio de veracidad y se observan atributos del lenguaje como claridad, rigor, precisión y corrección.
Da más confianza el autor que acepta que se equivocó y corrige sin más explicaciones que quien nunca lo hace. Todos podemos errar y todos podemos corregir. En otras oportunidades expresé que no hay razón para eludir las correcciones. Si los periodistas estamos prestos para criticar, también lo debemos estar para recibir las críticas de las audiencias. Quizás al periódico le falta una mejor gestión de calidad para corregir y evitar que los gazapos se repitan como ocurre con frecuencia con algunos de ellos.
La primera acción de este programa de calidad y transparencia informativa es lograr que las correcciones se hagan oportunamente. Además debe dirigir y administrar el proceso pedagógico y los recursos requeridos para mejorar las competencias de los periodistas en los asuntos relativos a la escritura y manejo del idioma.
El lenguaje periodístico es el principal instrumento del periodismo. Escribir bien es requisito de todo periodista. La prisa no es una excusa admisible para explicar los errores. Tampoco lo es el diablillo, sencillamente porque no existe…
En este objetivo cumplen un papel vital los correctores Uriel Hidalgo Giraldo y León Jairo Saldarriaga López, quienes merecen el reconocimiento de las audiencias este 27 de octubre cuando se celebra el Día del corrector.
A los editores y macroeditores les corresponde un alto grado de responsabilidad. En sus funciones está la corrección final y el visto bueno a los textos y el acompañamiento a los periodistas.
Recomiendan que las informaciones sean revisadas por otras personas. Puede ser otro periodista, editor o corrector, porque los autores son pésimos descubridores de las equivocaciones de sus propios textos.
Apoyarse en los diccionarios y en los manuales de estilo y redacción, así como en otros recursos que nos ayudan a despejar las dudas idiomáticas y a subsanar los errores antes de su publicación.
Correctores y editores hacen mejores periodistas. Se espera de ellos el conocimiento de las normas del lenguaje y del estilo. Pueden lanzarnos el salvavidas al encontrar los errores y descuidos. Si esto ocurre, con seguridad van a mejorar la calidad informativa. El producto final tendrá mejores estándares y la redacción será más clara, limpia y fluida.

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