Las distorsiones del periodismo espectacular

La lectora Luz Amparo Figueroa cuestiona el periodismo sensacionalista. Dice en su comunicación: “Le escribo para preguntarle por qué los periodistas, especialmente los de televisión, le dan demasiada importancia a las noticias violentas y de personajes famosos. No sé si usted ve televisión pero al error en la ceremonia de Miss Universo le dedicaron casi media hora en un noticiero. Lo peor es que algunos periódicos van por el mismo camino sensacionalista…”.
Con frecuencia los lectores me escriben o llaman para quejarse en el mismo sentido.
No se puede generalizar, pero es evidente que muchos noticieros de televisión magnifican las informaciones sobre delincuencia y criminalidad, hasta el punto que los primeros titulares corresponden a estos hechos y en consecuencia, las primeras imágenes nos sorprenden con una riña, un accidente, una violación, una película de una cámara de seguridad que capta el robo de mercancías en un supermercado. Me refiero a casos irrelevantes o de poco interés público que buscan impactar los sentidos.
A veces los informativos también se ocupan de rumores o noticias sensacionalistas en los que están involucrados personajes del mundo de la farándula, llegando al extremo del acoso y la violación de la intimidad y del buen nombre.
Algunos medios televisivos y digitales, incluso periódicos amarillistas, de dudosa solvencia profesional, porque no verifican ni contrastan los hechos, definen su estrategia en el periodismo espectacular, emocional, que busca captar la atención de las audiencias a cualquier precio. Quizá este afán por conquistar más televidentes y más seguidores permea a los periódicos calificados como serios.
Los autores estudiosos de estos asuntos analizan casos como el despliegue que le dieron los medios, incluida la prensa, a la famosa Lady Di, princesa de Gales, desde sus nupcias hasta su aparatosa muerte en un accidente de tránsito, al parecer provocado por eludir a un paparazi.
Un acercamiento a estos contenidos sensacionalistas y amarillistas permite observar otras desviaciones: preferir personajes que polemicen hasta el enfrentamiento para presentar los temas de la agenda informativa; magnificar los hechos escandalosos que racionalmente no merecen tanto tiempo o espacio; dejarse seducir por la primicia o la chiva periodística, saltándose la verificación de los hechos y la consulta a distintas fuentes informativas; seguir las modas y tendencias impuestas por medios que obedecen a criterios comerciales sin ética ni calidad periodística.
Estas últimas circunstancias ponen en riesgo a los medios escritos, tal como lo presiente la lectora, porque se alejan de los principios del periodismo: entretienen la audiencia en vez de informarla. Confunden interés público con interés del público…
Los lectores, oyentes y televidentes se encuentran en un cruce de caminos, sin saber cuál es la información que reúne los estándares de veracidad y calidad informativa que les merece credibilidad y confianza.
La prensa es considerada desde tiempo atrás el medio de comunicación más serio, aunque algunos periódicos amarillistas representan la excepción. Hoy los medios impresos llegan a unos 2.500 millones de lectores, pero se observa el creciente número de personas que se informa a través de los medios audiovisuales y digitales y de las redes sociales.
Así, las audiencias están expuestas a este modelo que antepone el escándalo a la verdad; el entretenimiento y la diversión a la información; la inmediatez a la calidad; la emoción a la razón; la ficción a la realidad; el rumor a la noticia.
Corresponde a los periodistas mantener el apego a los principios del periodismo responsable y a las audiencias, identificar estos medios de comunicación para recibir la información sin distorsiones.

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