Lecciones de un plagio (2)

Esta reflexión continúa las consideraciones de la columna de la semana pasada sobre las lecciones que deja un plagio, referida al caso de la copia del artículo publicado por The New York Times, en el que incurrió la editora internacional de EL Colombiano, Diana Carolina Jiménez Bermúdez y que descubrió y alertó la lectora y suscriptora María Cecilia Mejía Jaramillo.
El trabajo en las áreas de información internacional de los periódicos requiere sumo cuidado por parte de los periodistas que recogen, analizan, contextualizan, verifican y contrastan informaciones de distintos sitios, autores y fuentes.
“El Colombiano cuenta con varias agencias internacionales con las que se contrató el envío de información. Se trata de las agencias AFP (fotografías y videos), Reuters (textos y fotografías), EFE, (textos), AP (textos, fotografías e infografías) y a nivel nacional tenemos contrato con la agencia Colprensa (fotografías, textos, infografías y videos)”, explica Gustavo Gallo Machado, macroeditor de Actualidad encargado.
Y agrega: “Las agencias internacionales las usamos como un insumo más, pues ellas nos entregan información a la que no tenemos acceso por no estar en el país donde salió la noticia, o porque no fue posible hablar con las fuentes inicialmente planteadas. De acuerdo con el Manual de Estilo de El Colombiano, se debe citar la agencia que nos envió la información y respetar las fuentes que están en el despacho informativo. Además el periodista firma la noticia para darle mayor transparencia a la información y asumir responsabilidades. Si está fuera del país cubriendo una noticia, al lector se le aclara que fue Enviado especial a ese territorio o país”.
El plagio es una conducta antiética. Así lo revelan todos los códigos de ética del periodismo. Uno de ellos, el de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico lo expresa con claridad y sencillez: “Canon 11: La firma o crédito del o la periodista debe ser emblema o marca de garantía de que la noticia, escrita o gráfica, ha sido trabajada con esmero, honestidad y diligencia. La firma o crédito no debe aparecer, por lo tanto, cuando el periodista sólo ha editado o ligeramente modificado una información o fotografía suministrada o cuando el periodista exija que se suprima su firma. El plagio es inaceptable”.
El acopio de datos que realiza el periodista en su labor investigativa lo obliga a respetar las fuentes y la autoría por razones éticas y legales, primero éticas.
En este lamentable caso se rompió la conducta honesta al apropiarse de las palabras, las frases y los párrafos de otro autor, sin citarlo ni darle el crédito a la publicación.
El plagio es uno de los errores más graves que puede cometer un periodista porque destruye la credibilidad, su principal patrimonio. Y de paso deja mal trecha la del medio de comunicación.
Atribuir, citar la fuente, a menos que se pacte su reserva, es elemental. El lector tiene derecho a conocer quién dice qué para poder formarse un juicio sobre la calidad de la información. Se irrespeta a los lectores porque se publica como original lo que es periodismo de segunda mano, es decir que se apropia de la creatividad y el esfuerzo del autor original, en todo o en parte.
Además, plagiar la obra de otro viola el principio de veracidad y deshonra a quien así actúa.
Queda la gran lección de que solo el juego limpio del periodismo garantiza la credibilidad. Que las audiencias tienen derecho a recibir información veraz, imparcial, responsable y transparente. Y que como María Cecilia Mejía Jaramillo, los lectores nos pueden ayudar a mantener la credibilidad y a mejorar la calidad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>