Los insultos: una epidemia social

Con frecuencia recibo quejas y observaciones de lectores, periodistas y columnistas por los comentarios y los correos electrónicos plagados de insultos y a veces de calumnias e injurias.

El uso del lenguaje ofensivo y destructor se ha multiplicado en forma exponencial en los medios de comunicación, las redes sociales y la sociedad en general.

El fenómeno no es exclusivo de Colombia. Pero esta conducta dañina prospera entre quienes confunden la libertad de expresión con la impunidad, parapetados en el anonimato que les permite la red.

Este lenguaje descalificador y abusivo, de golpes bajos, es una conducta violenta y delincuencial que corre los límites de la libertad de expresión para violar los derechos fundamentales consagrados en el ordenamiento jurídico. En una palabra, atenta contra los derechos humanos.

¿Y quién insulta? El que no tiene argumentos y da vía libre a expresiones viscerales llenas de odio y pugnacidad que solo busca maltratar, por decir lo menos. Y unos pocos, que dan rienda suelta a su conducta malsana, los llamados troles, clasificadas como personas que solo buscan ofender y crear malestar.

Lo peor es que este fenómeno, calificado como epidemia social por autores estudiosos del asunto, alarma en las calenturas estacionales, como por esta temporada de elecciones.

Este mal afecta no solo a las personas. Pone en riesgo el diálogo que generan las audiencias en los foros, porque lo convierte en un escenario de gritos mal olientes, lejos de la conversación argumental y constructiva.

Desgraciadamente algunos medios de comunicación importantes han tenido que cerrar las puertas a los comentarios. Se da el caso, también, de columnistas que no ponen su correo electrónico para evadir la agresión.

El Colombiano busca la participación de sus audiencias mediante el sistema de foro moderado. Es decir, la opinión del lector es revisada antes de publicarse, para evitar insultos, difamaciones e injurias.

Periodistas y medios de comunicación defendemos la libertad de expresión y por esta razón alentamos la participación de las audiencias. En este ámbito de respeto no caben los comentarios insultantes.

Sin duda es un esfuerzo poner el filtro, aún a costa de los juicios irracionales que consideran la gestión como una cortapisa a sus opiniones y una restricción de sus derechos.

Desarmar las palabras debe ser el propósito clave a la hora de comunicar, opinar y criticar.

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