Rumores y mentiras: ver para creer…

El lector José Luis Jaramillo dice: “… leí el interesante artículo Rumores que buscan ser noticia, publicado en la página 30 de la edición de El Colombiano del 24 de octubre. Me quedó claro que los periodistas deben confirmar las noticias antes de trasmitirlas, pero esto no ocurre siempre, sobre todo en las redes sociales que están inundadas de tanta basura. Le pregunto a usted ¿quién podrá salvarnos de estos rumores? Ver para creer…”.
Dos lectores comentan este texto periodístico. Alejo Duque reclama: “Los medios de comunicación son los primeros que deben rectificar toda información que les llegue para poderla transmitir a la ciudadanía de cualquier parte del mundo”.
Y Andrés opina: “Es verdad, mucha gente cree a ciegas lo que lee en internet o le llega por cualquier sistema, por favor, cuando le llegue una información verifique primero antes de creérselo y peor aún reenviarlo”.
Desde antes del auge de internet y de las redes sociales el periódico guarda como filosofía y norma ética el desacierto de difundir estas versiones: “El rumor no es noticia en EL COLOMBIANO. Publicarlo es darle entidad de hecho comprobado, con los naturales riesgos para la credibilidad del periódico y para las personas involucradas. El rumor debe utilizarse sólo como una pista que puede conducir a hechos comprobables”.
Los autores de la mayor parte de los rumores e informaciones pueden estar bien intencionados: quieren comunicar algo que según ellos interesa a las audiencias de un medio de comunicación social. Sin embargo, sus informaciones carecen de rigor o resultan falsas, inexactas y descontextualizadas.
El periodista que las acoge para comunicarlas no les puede endosar la responsabilidad a estos ciudadanos que de buena fe las envían a los medios o las publican en sus perfiles de una red social. Se trata de datos en bruto que constituyen apenas el punto de partida para la investigación periodística.
La credibilidad del periodista y del medio de comunicación está soportada en la idoneidad profesional y en su conducta ética. Todas las noticias deben referirse a hechos reales, comprobados y contrastados. Es decir, confirmados por fuentes distintas y distantes, para que se garanticen los principios de veracidad y pluralidad.
La verificación es condición ineludible del periodismo responsable. El afán por la primicia es una trampa que con frecuencia se presenta en los medios y surge como disculpa inaceptable.
Ahora, unos cuantos rumores son mentirosos. “…existen desocupados que quieren inundar las redes sociales y los medios de comunicación con el objetivo de contar una supuesta hazaña, la idea es poder contar la anécdota y reírse”, expresa Víctor Solano, analista de medios digitales, en el reportaje que publicó el periódico el 24 de octubre y que motiva esta reflexión.
El escenario en los que se mueven hoy los medios de comunicación, creado por internet, que facilita la participación cada vez más activa de las audiencias, genera nuevos desafíos a los periodistas para evitar caer enredados en estos rumores y mentiras.
Y no solo estos engaños se registran en los periódicos: esta semana denunciaron falsos perfiles de Facebook de la presidencia de Ecopetrol en los que se ofrecían vinculaciones laborales a la empresa petrolera a cambio de millón y medio de pesos.
Considero que la experiencia profesional, la duda como método para escrutar la realidad de los hechos y la transparencia y el rigor, como valores éticos del periodismo, son los mejores instrumentos para no creer en toda la información que recibimos de primera o de segunda mano.

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