RCN Novelas ya se ve en Une

Desde esta semana esta al aire, en Une, el canal RCN novelas que se puede sintonizar en Medellín en la frecuencia 71.

Infortunadamente, Une sigue moviendo sus canales, quitando y poniendo, sin avisarles a sus suscriptores, que esta semana debieron explorar por todas las frecuencias para saber en que canales habían quedado E!, MTV y RCI.

Esos cambios deberían ser socializados con anticipación para el televidentes no se lleva sorpresas al no encontrar el canal de sus preferencias.

El encanto de La quiero a morir

Anoche se emitió el capítulo final de la telenovela La quiero a morir, que entre otras cosas resultó muy predecible y obvio, sin entrar a descalificar la salida que los libretistas le dieron a la historia.

 

Más allá del descenlace llama la atención como una historia tan blanca y tan recurrente en las telenovelas (los amores imposibles) hubiera logrado altos registros de rating, por encima de producciones más ambiciosas, tales como las que puso RCN.

 

El reparto tampoco era muy llamativo, ya que ni Ana María Trujillo y mucho menos el cubano Mijail Mulkay tenían características de protagonistas.

 

Sin duda, La quiero a morir se vio favorecida por el arrastre de sintonía que le dejaba Vecinos y Oye bonita, pero tampoco se puede discutir que los televidentes en muchos casos prefieren las historias sencillas, así sepan como van  a terminar, a los culebrones muy elaborados.

 

El circo de la rueda de prensa de Chespirito

Vimos como la rueda de prensa que Roberto Gómez Bolaños, Chespirito, dio en Medellín para promoción de la obra 11 y 12, este fin de semana en la U. de M., más que un encuentro con los periodistas parecía una reunión de fans con su ídolo.

Sobraron las fotos, las felicitaciones, las preguntas insulsas y los autógrafos y quedaron faltaron los interrogantes sobre el montaje.

Al parecer a la mayoría de comunicadores, incluyendo la cantidad de “patos” que se colaron al lugar del encuentro haciéndose pasar por “periodistas”, se les olvidó que Gómez Bolaños iba a presentar la obra 11 y 12 y no un capítulo de El Chavo o El Chapulín Colorado.

 

Definitivamente, las ruedas de prensa con los artistas en Medellín se han convertido en verdaderos circos, donde periodistas parecen más “fans”, preocupados por el autógrafo que por hacer su trabajo.

 

Ya es hora que también controlen la cantidad de personas ajenas a los medios de comunicación que entran a las ruedas de prensa.

La mala transmisión de la Vuelta a Colombia

Tanto se ha hablado por estos días de la falta que hacen las transmisiones radiales en la Vuelta a Colombia, que para muchos ha pasado desapercibido el tema de las pobrísimas emisiones, en directo, por televisión.

 

Más allá de la falta de recursos y unidades móviles, llama la atención la calidad de las imágenes que están llegando a la pantalla, con cámaras mal ubicadas, que se limitan a mostrar planos desde un lugar estático al público y a ver cómo los ciclistas pasan por un lado.

 

Estas deficiencias se hicieron manifiestas en especial en las etapas que terminaron en La Línea y en El Escobero.

 

Además, no hay generador de caracteres que entregue listados con clasificaciones y raramente los locutores alcanzan a identificar a los corredores que están en pantalla.

 

Un retroceso muy grande es el que se nota en las transmisiones de la Vuelta a Colombia, tanto a través de la radio, como por televisión.

Sobre el arranque del fantasma, en RCN

El inicio de El fantasma del gran hotel permitió ver -por lo menos en su primer capítulo al aire- una propuesta que rompe con el esquema que en los últimos años estábamos acostumbrados a ver en la televisión colombiana.

 fantasma

La idea de esta producción es retomar las característicos que en su momento Julio Jiménez logró imponer en los 80 y los 90 con novelas como Los Cuervos o En cuerpo ajeno.

 

El fantasma del gran hotel tiene a su favor, además de la historia, la parte estética, el manejo de la música y de los tiempos -necesarios para generar ese ambiente de suspenso.

 

También me convenció Michel Brown.

 

En cambio me pareció que algunos personajes caen el cliché, por el ejemplo el de Andrea López -la típica villana de las novelas mexicanas- y el de Gloria Gómez -demasiado misterioso y “sabelotodo”.

 

A Ana Lucía Domínguez hay que darle tiempo, en el primer capítulo no logró meterse en su rol.

Viva Colombia !Carajo!

Con seguridad si responde negativamente más de tres preguntas de este test, su cédula no es colombiana.
Sin importar la edad o la ciudad de origen, cualquier colombiano ha pasado por estas situaciones. Haga la prueba.

1) Alguna vez lo pelaron con  una “chancleta”.
2) De niño lo asustaron con el cuento de La Llorona.
3) Le prende una vela a la Virgen María y le hace una “promesa” la noche previa al examen, en el que necesita sacar 4.9
4) Usa los labios para señalar un lugar o un objeto.
5) Se refiere al cereal como “con fleys” o “crispis”.
6) Es capaz de bailar merengue o salsa sin música.
7) En el colegio perteneció al grupo de danzas o a una tuna
8) Le dice a los zapatos deportivos “tenis”

 9) Tiene por lo menos treinta primos.
10) En los restaurantes siempre pide de postre Brevas con arequipe.
11) Cuando sale de cine se tapa la nariz con un pañuelo, de miedo al “sereno” .
12) Cree que el mejor remedio para la gripa es frotarse Vic Vaporub en el pecho y en las fosas nasales y luego tomar aguapanela caliente con limón.

13) Ha ido a la “dentistería”.
14) Cuando está “prendido” ha tomado consomé para no sentirse “maluco”.
15) Se sabe de memoria la letra de una canción de OkiDoki y el jingle de El show de Jimmy.
16) Cuando se cae y se golpea le preguntan “¿se aporreó?”.
17)  Ha llevado “coca”…
18) En una finca prefiere hacer un sancocho o una frijolada en leña, pese a tener estufa eléctrica o a gas.
19) Alguna vez en su casa le dijeron que no abriera la nevera acalorado porque ”se tuerce”.
20) Le dice “chinos “ a todos los orientales “ojirrasgados”.
21) Cuando va a la Costa trae turrones Kraff
22) Cuando se insola le han untado leche de magnesia
23) Le ha dado “daño de estómago”.
24) En la primaria le dijo “señorita” a su profesora, pese a que ella tenía 50 años y tres hijos.
25) Alguna vez ha visto el Reinado Nacional de la Belleza.
26) Cree que a Paula Andrea Betancur, Paola Turbay y Carolina Gómez le “robaron” la corona de Miss Universo.
27) Tiene un familiar o un conocido que ha ido a Estados Unidos por “el hueco”.
28) Ha montado en “Flota”.
29) Ha comido pandequeso en “el alto”.
30) Se ha subido a un bus “por la de atrás”.

¿Qué tiene el cagajón?

Cada año es lo mismo: se bate el récord de participantes, hay tacos, se dañan jardines y sobran los borrachos y las mujeres bellas.
A pesar que cada año la Cabalgata de la Feria de los Flores ofrece más de lo mismo, cada año seguimos saliendo a las calles a sentarnos en una acera o en una manga a soportar calor y el olor a cagajón, con tal de ver pasar la bendita cabalgata.
Algo tendrá que tener -además de las bellas damas y sus pronunciados escotes- para que soportemos cómo más de 5.000 binomios paralizan durante toda una tarde y noche la ciudad.
Algo tendrán que tener esos caballos, la mayoría de ellos costosísimos y hermosos, para que familias enteras se desplacen desde temprano para buscar un sitio estratégico en la avenida Regional o la autopista Sur, donde durante más de tres horas, además de deleitar la vista con equinos y jinetes, uno se la pasa esquivando caballos, plastas de cagajón, vendedores ambulantes y borrachitos.
Son cuatro horas o más en las que aparecen los jinetes sin caballo, aquellos que llegan a la Regional vestidos de botas, bluyín, camisa blanca y sombrero -eso sí, con botella de whisky en la mano-
Igual, con este personaje arriban tres o cuatro acompañantes, que parecen en una apuesta de quién muestra más (escote y barriga).
El espectáculo es tal, que por momentos uno olvida la cabalgata para contemplar el show del jinete sin caballo y sus acompañantes.
Algo tendrá que tener este desfile para que la gente aguante el olor a cagajón durante dos o tres días, eso sí llueve.
La pregunta es, si cada año la mayoría del público queda refunfuñando por una u otra cosa de la cabalgata ¿por qué cada vez hay más inscritos, más binomios y más patos viendo pasar uno de los espectáculos más promocionados de la Feria de las Flores?
Una de las explicaciones lógicas es ver la majestuosidad de muchos de los equinos en desfile, otra es la presencia de bellas jinetes (la mayoría con pronunciados escotes) o de caballistas famosos.
Hasta ahí, porque no encuentro una explicación más para que Medellín se paralicé durante medio día de cuenta de más de 5.000 binomios y otro tanto de público, que no hace más que beber como si fuera la última oportunidad de hacerlo.
No comprendo, cómo nos puede gustar tanto el olor a cagajón, las caídas, las desbocadas, el maltrato a las bestias y el desorden como para irnos a parar en la Regional o en la autopista Sur a ver pasar caballos.
Cómo no tengo explicación o respuesta para estas preguntas, este sábado estaré ahí, parado, viendo la bendita cabalgata, tal como le he venido haciendo en los últimos años.
Esta vez, trataré de encontrarle una explicación lógica al asunto, porque hoy no me cuadra que por ver caballos y escotes, me aguante los tacos, los borrachos y el cagajón.

EL que tiene el control es el que manda

Una de las clásicas pujas de la vida en pareja es determinar quién lleva las riendas de la relación o como dicen por ahí ¿Quién es el que manda en la casa?
Sin entrar a alborotar los círculos feministas o machistas o los académicos que han dedicado gran parte de su conocimiento a descifrar esta incógnita, creo que la respuesta está en la cama o en el sofá.
El que manda, el que toma las decisiones, es el que tiene en sus manos el control, pero del televisor.
Ahí no se vale quién aporta más plata para la casa, quién tiene más carácter, quién es más fuerte o quién tiene más carisma…El que manda es el que agarró primero el control del televisor y dispone a su antojo de la programación.
Al otro, por mucho que suplique, ruegue o soborne, le toca someterse a la dictadura del que maneja a su antojo los distintos canales del tele.
Nada más cierto que ese chiste machista – ya todo un clásico- que circula en el correo electrónico que pregunta ¿Cuál es la mejor manera de enloquecer a un hombre en la cama? “Escóndale el control remoto”…
Lo cierto es que sí usted llegó tarde a la disputa por el control y su compañera ya lo tiene en las manos, olvídese de Fox Sports, de los partidos de la liga argentina o española, de 24, de Lost o de los realities de “viejas” de F/X (estilo Bussines Family).
Sí usted perdió el control…remoto váyase haciendo la idea que le tocó aguantarse los realities de People +Arts (Básicamente Extreme Makover, Mientras no estabas, Mi casa o Tu casa) o los programas sobre bebés o salud que emite Discovery Home & Health.
Claro está que existe una amenaza mayor en la casa para quienes tienen hijos pequeños, en la edad de  Discovery Kids o Nickelodeon.
Ahí sí no vale tener el control o madrugar a cogerlo o esconderlo desde la noche.
Los niños siempre tienen razón (o la obtienen a través de llanto y pataleta) y así usted esté viendo un clásico Barcelona-Real Madrid, Boca-River o en su defecto Nacional-Medellín a ellos les da por ver Backyardigans, Lazytown, Los Padrinos mágicos, Powers Rangers o Dora la exploradora.
Ahí al que le toca patalear y hacer pucheros es a usted.
Los tiempos evolucionan y cambian radicalmente. Sola basta recordar nuestra niñez con un solo televisor en casa, de perillas y sin control, remoto (eso sí, a color).
El papá era el que tenía el control, o sea a uno, al que mandaba “cambie el canal, ponga el noticiero, apague ya, quítele volumen, deje Cabeza y Cola, estoy viendo a Virginia Vallejo”.
Ese televisor estaba en las salas no en las alcobas y se prendía y apagaba con el control del papá (que era su voz mandona). Ese sí que mandaba, ese era el que llevaba las riendas.
Hoy en una casa o apartamento pueden haber, fácilmente, tres televisores- ninguno en la sala- y ni aún así es suficiente para darle gusto a todos.
Unas quieren novelas y realities, otros fútbol, bala y mujeres y los más chiquitos series animadas y el que tiene el control es el rey, el que manda. Así que el poder en las casas de hoy no se mide en pesos, autoridad o edad. El control lo tiene el que maneja el televisor.

Damnificados de las dietas

Las dichosas y constantes dietas que las mujeres inician cada dos o tres meses, en la mayoría de los casos sin resultados a la vista, solo dejan un damnificado: el compañero de la dama en dieta.
 Gracias a la decisión femenina de iniciar un estricto régimen alimenticio -tarea para la que piden, casi imploran colaboración- atrás quedan los parches de domingo con empanada, torta de chócolo, palito de queso, chorizo y la infaltable gaseosa, eso sí light.
Por culpa de la decisión femenina de perder unos kilitos y del “apetitoso” menú sugerido por la nutricionista, la crocante empanada de papa, llena de ají pique, es cambiada por unas tostaditas acompañadas por una rodaja de queso -también light.
La dieta no solo cambia la rutina de los domingos, de los algos y las meriendas, sino del mercado mismo.
La mantequilla tradicional, la cremosita, la buena, es remplazada por una baja en calorías y cero grasas. Igual sucede con el aceite, el jamón (que ahora debe ser gourmet), el pan, los jugos y la leche.
La verdad es que cada vez que en mi casa comienza una rutina de dieta, los desayunos ya no saben igual. Nunca, pero nunca, un cereal por muy nutritivo que sea remplazará el sabor de una arepa llena de mantequilla, huevo con aliños, quesito (que cuentos de queso), tocineta, jamón y galletas, acompañado por una taza de café en leche o chocolate y, por qué no, hasta un buen calentao de fríjoles con hogao.
Gracias a las dietas, de la cocina desaparece el mecato (papitas, tortas, chocolatinas, arequipes…) porque “tanta tentación junta hace daño”.
Damnificados, casi en víctimas, quedamos convertidos los hombres de cuenta de estas maniáticas que ya no pueden consumir nada sin saber cuantas calorías tiene, sin hacer la cuenta del consumo de las mismas al día, de cuántas ingirió de más o cuántas le quedan.
Lo más triste es que de cuenta del régimen ordenado por la nutricionista de nuestra pareja, vemos como nuestro gran orgullo, esa barriga que sobresale por encima de la camisa, va perdiendo volumen.
Lo más paradójico del asunto, en términos económicos, de billete, es que uno cree que la dieta le va a convenir al bolsillo, porque ya no se va comer tanto en la calle.
Esa es la peor mentira de todas, porque lo que uno se termina ahorrando  en la supresión de los gusticos callejeros lo termina invirtiendo y poniendo aún más en la compra de productos light, deslactosados, descremados, bajos en grasa o sin calorías.
De la nevera desaparecen las gaseosas, los helados y los postres y del bar se esfuma el ron y el aguardiente -porque tienen mucha azúcar y engordan demasiado-
De cuenta de la dieta también cambia una rutina tan establecida como la ida a cine: adiós a las crispetas o en su defecto sin sabor -ni dulces ni saladas-. ´Bueno… es en lo único en que se ahorra alguito: pasamos de un combo que no bajaba de 20.000 pesos a una botella de agua que no llega a tres mil.
Lo peor del asunto es que a las cuatro semanas, cuando ya estamos resignados a la comida integral y sana, ante la falta de visibles resultados (el bluyín sigue sin servirle, así la nutricionista diga que tiene 30 por ciento menos de grasa en el cuerpo)- nuestra pareja decide mandar al carajo la dieta.
Ahí sí, bienvenidas las empanadas, los chorizos, las crispetas, los postres… ¿Quién las entiende?