Perdido …y sin patrocinio! (cuarta y última entrega)

Lea aquí la primera entrega…

Lea aquí la segunda entrega…

Lea aquí la tercera entrega…

Tan pronto estaba decidido que al amanecer salíamos rumbo a Güicán, con eficiencia militar Luz Dari y Carlos, en lo suyo, organizando todo. Carlos rodeó los cuatro caballos, les arregló las herraduras y preparó las monturas. Mientras tanto Luz Dari preparaba la cena: cordero frito, y organizaba la ropa. Con una luz de minero que yo tenía iluminamos el rancho donde estaba la cocina. Con hambre atrasada comí demasiada carne. ¡Increíble! ¡Solamente seis días después supe que estaba perdido desde el principio!

Antes de acostarme le mostré a Carlos la cruz del sur, que la noche anterior tanto ánimo me dio. Como era la primera noche que podía dormir tranquilo, sin pesadillas ni remordimientos, caí en un profundo sueño mezcla de alivio y alegría. A las seis en punto me despertó Carlos y en tiempo record ya tenía todo empacado en mi mochila. Carlos trajo los caballos ensillados.

A mí me tocó Pluma Roja, un alazán quemado cabos negros de crin rebelde y altiva mirada. Con el brazo izquierdo le abracé el cuello y con el derecho le hice cosquillas atrás de la orejas. Lo miré a los ojos y comencé a hablarle… que yo montaba a caballo desde los cinco años cuando me fracturé mi primer codo… que aún monto a caballo en los llanos… que prácticamente los conocía y quería desde siempre… que nos quedaba el tramo más difícil y peligroso y que de él dependía que llegara sano y salvo… que prometía no forzarlo y que le ayudaría en los pasos difíciles… seguía acariciándole y me miró fijamente, estoy seguro que me entendió todo.

Familia

La Familia: Luz Dari, Alberto Valenzuela, Juan Carlos y Lionel

Ya tenía el pie en el estribo izquierdo y me dice Carlos: “Don Alberto, hasta el Avellanal las mulas cobran tanto, hasta aquí $30 000 de más, estamos?” ¡Que habilidad negociadora¡ No estaba en plan de negociar nada, me alojó y alimentó… ¡claro que acepté! La noche anterior no me concretó cifras y ya con el pie en el estribo, me dispara la cifra. Carlos debería estar presente en la negociación del TLC, ¡les daba tres vueltas a nuestros economistas¡

Y así, ya todo listo a las seis y treinta y cinco de la mañana del domingo 20 de enero, ¡rumbo a Siberia parte la caravana¡ Era un tropa de cuatro bestias enjalmadas. Punteando Luz Dari en “Copete” con Carlos Lionel retozando en su regazo, con el fiel Kaiser al lado. Seguía yo en “Pluma Roja”. Cerraba la formación Carlos en un caballo oscuro llevando de cabestro un pony con mi mochila. Cerramos el broche y arrancamos. “Despacito y buena letra” nos dice Carlos. Comienza un penoso ascenso por una trocha de herradura violenta. Acariciaba y le daba ánimos a Pluma Roja, atrás venía Carlos con las dos bestias de la cola, la suya y el pony con mi equipo.

La montaña me volvió a sonreír… recuperé la capacidad de asombro ante toda esa oferta de paisajes… “Mirad todos esos campos… que por nada nos ofrecen su extendida cosecha de belleza” como el verso de Aurelio Arturo. Estaba con buena compañía, subiendo paso a paso, con gente conocedora de la región. Carlos, con la seguridad de un conocedor del camino, nos ordenaba cuando apearnos y cabestrear las bestias. Era necesario hablarles constantemente, porque si no se pasman. Pero era una subida violenta y peligrosa y reconocí varios pasos difíciles. Lentamente entendí el colosal error de navegación que cometí involuntariamente por falta de señalización, en seguir hasta el río Ratoncito. Por esa misma ruta hace años tres caminantes de la Universidad Nacional se perdieron, dos de ellos llegaron a los 42 días a Tame Arauca y uno de ellos murió al vadear un río. El episodio fue documentado posteriormente por Discovery Channel.

Seguimos remontando, paso a paso, el penoso camino de herradura. Cada uno en silencio, absorto en sus pensamientos, unos de alegría, otros de tristeza… pero el común denominador era agradecimiento al Dios de los aventureros por la suerte de haber encontrado a Carlos Correa en su finca, “Dios protege a sus locos…” Llegamos al pie de una cascada majestuosa que acaricia una gran laja de piedra y que su vapor salpicado forma diminutos arcos iris.

-Aquí es la desviación para el Valle de los Cojines- me dice Carlos. Y ahí sí, hacia el verdadero sur, se veía el imponente valle y al fondo una pequeña media luna en la parte superior del boquerón, el Boquerón del Castillo… el cual yo busqué delirantemente por casi una semana. Contradiciendo una regla de la montaña, el camino más trillado era el que descendía al Río Ratoncito y yo le seguí. Seguramente me distraje, no elevé la vista a mi mano derecha y en esos momentos de “englobe” que tenemos en la montaña… simplemente seguí. Pero debería haber un letrero en esa “Ye” porque el caminito que desciende hacia el Valle de Los Cojines es en ese tramo casi imperceptible en comparación al más trillado. Muchos grupos de caminantes han cometido este error.

Subiendo al Boquerón de la Sierra

Subiendo al Boquerón de la Sierra

Llega la caravana a Cueva Larga y nos bajamos de los caballos para que descansaran. Carlos no los dejaba tomar agua porque era demasiado fría. Reanudamos la marcha y reconocí todos los pasos. Llegamos al fin a La Laguna El Avellanal y solamente quedaba una carpa iglú y continuamos de largo. Y de nuevo el gran queso del Boquerón de la Sierra con su diminuta media luna esta vez desde su costado sur. Acaricié a “Pluma Roja” y le dije: -Ahora sí se nos pone la chicha de a peso-, pero el fuerte caballo criado en estas montañas remontaba de forma segura y ligera la morrena y culebreando a diestra y siniestra todos llegamos al Boquerón de la Sierra por su costado sur. Carlos nos ordenó bajarnos de las bestias y tomó algunas fotos y allá hacia el norte reconocí la morrena cerca de la Laguna de la Isla y la tenue cicatriz que era el camino que nos llevaría al siguiente Boquerón: el Alto de Frailes. La siguiente hora fue llevando las bestias al cabestro y solamente al final de esta pendiente nos subimos de nuevo y ya cuando estábamos bajando me dice Carlos: -allá vienen subiendo dos mulas…-

islaregreso

Bajando a la Laguna de La Isla

Continuamos otra media hora con el monótono bamboleo de las bestias, frenando a cada paso en bajada y de nuevo Carlos dice: -esa es Candonga, la mula de rescate de Parques y ese es mi hermano Pastor… no sé quién es el otro que viene atrás-

Lentamente las dos caravanas se fueron uniendo hasta que nos vimos con claridad los unos a los otros. Pastor el hermano de Carlos y el encargado de los rescates en la alta montaña me dio su mano derecha y yo le di mi izquierda y no la solté por varios segundos… en ese instante me desplomé y comencé a llorar… los hombres también saben llorar, reza un bolero… toda la angustia, tensión y cansancio acumulados por nueve días y el estar consciente que efectivamente se había desplegado una operación de rescate. Mis ángeles de la retaguardia no habían fallado.

Pastor Correa

Alberto Valenzuela (izq) Pastor Correa (der)

Yo venía ya bajando con Carlos pero si no lo hubiera encontrado, Pastor con Candonga me hubieran encontrado, posiblemente ese mismo día en algún punto entre el Río Ratoncito y Cueva Larga, subiendo muy despacio pero vivo y muy, muy cansado y débil. Como rescatistas expertos en la montaña estaban siguiendo la ruta perfecta.

A los pocos minutos detrás de una curva en el camino llega el otro jinete con una chompa de montañista color verde y lentamente se acerca al grupo. Claramente no era un paramuno sino Javier de la Cuadra, con quién había hablado fugazmente el La Laguna el Avellanal el domingo 13 de enero cuando lo conocí con su amigo Hugo y habíamos convenido un fugaz “santo y seña”; si yo no daba señales de vida el viernes 18 de enero Javier prendería las alarmas.

-Gusto en verlo porque yo temía lo peor… pero yo no me iba a ir de la montaña hasta encontrarlo- Le extendí una mano agradecida, la verdadera solidaridad del montanismo natural con humanismo, una breve conversación de montañistas al pie de la Laguna El Avellanal, un fugaz “santo y seña”, fue todo lo que pasó… pero fue suficiente.

Al ser sábado 19 de enero y ver que yo no aparecía, ni por norte ni por el sur, Javier se puso de acuerdo con Alfredo Correa y con Los Bomberos de Güicán, organizaron el inicio de la ORB (Operación de Rescate y Búsqueda). Ese sábado, Pastor y Javier llegaron a las tres de la mañana a la Parada de Romero donde ya estaban las mulas enjalmadas. Llevaban provisiones para tres días, porque según me confesó Javier después, temían lo peor.

Decidimos que yo me montara en Candonga y Pastor en Pluma Roja, para que llegara más rápido al Boquerón de Cardenillos donde había señal de celular y poder a avisar cuanto antes para detener lo operación de rescate desplegada por el Valle de Lagunillas y lo más importante: llamar a mi casa…

Caravana

Caravana: Alberto, Juan Carlos, Luz Dari y Lionel

Me regalaron unos enlatados que devoré y en un pradito más adelante todos nos bajamos y Luz Darí sacó una bolsa con la carne de cordero frito de la noche anterior, que yo devoraba con hambre canina. Poco a poco fui entendiendo toda la trama casi mágica que se estaba tejiendo mientras yo estaba angustiado muy adentro de la sierra por el Valle del Ratoncito… Me acordé de Rasputín y le comenté a Javier porque ese sí que necesitaba un rescate, si es que estaba vivo… -Parece que ya salió de la Sierra, por un punto llamado El Mosco-.

Ya Pastor se nos perdió de vista tragando kilómetros con Pluma Roja. Calculábamos que hacia las once de la mañana ya hubiera remontado Cardenillos y logrado comunicación telefónica. Seguimos la marcha, aunque ya habíamos coronado el paso más alto no se podía cantar victoria. Nos encontramos varios montañistas alemanes y polacos con deslumbrantes equipos de senderismo, sin la apariencia de un perdido sin patrocinio.

Comenzamos el último repecho, Candonga era más lenta y dura de silla que Pluma Roja… tenía que ucharla constantemente y agarrarme de la crin en las subidas empinadas. Atrás venía Javier cerrando la formación y tomando fotos… ¡yo era un perdido sin patrocinio pero con fotógrafo profesional a bordo!

Llegamos al Alto de Frailes; sólo nos restaba un boquerón para salir de la sierra, el de Cardenillos. Abajo, la Laguna Grande de los Verdes hacia honor a su nombre bajo el fuerte sol. Al llegar a su playa sólo allí Carlos permitió abrevar las bestias, el agua era menos gélida que los chorros que bajan directamente de los deshielos. Un leve viento erizaba las aguas, era un viento nor-oriente… el mismo viento que llega repotenciado al Lago de Tota que yo conocía tan bien… a unos 300 kilómetros al sur. Tanqueé mi cantimplora y me la rocié encima al estilo de la champaña de los corredores de autos… mi personal “pole-position”, el regreso a la vida, la victoria de una derrota. “La derrota tiene una especial dignidad que no tiene la ruidosa victoria”, como dijo Borges. De nuevo la caravana reanuda su andar subiendo por el lado derecho de la pendiente, totalmente distinto a la ruta que utilicé para bajar. Luego de varios zig-zags violentos llegamos al Alto de Cardenillos, la despedida oficial de la montaña. Seguimos bajando en silencio y Carlos se me acerca y pasa su celular para que yo pudiera hacer mi primera llamada a mi casa. Me contestaron, se me trabó la voz pero sin más detalles les dije que estaba bien… bien cansado y desgastado pero contento. Mi temor era que los de Parques hubieran llamado antes para dar una falsa alarma, pero como después me enteré los de Parques se enteraron por Javier y Alfredo que yo no llegaba. Si no fuera por ellos, la oficina de Parques ni se hubiera enterado de mi situación.

Champana

"Champaña para la Victoria" sobre "Candonga"

A lo lejos divisamos la camioneta del Cuerpo de Bomberos de Güicán que Javier organizó para que nos esperara en la parada de Romero. Cubrimos el carreteable en una hora y nos bajamos con alivio y alegría cerca de la camioneta. Miré el reloj, gastamos ocho horas desde que coloqué el pie en el estribo de Pluma Roja, incluyendo las paradas. Por mi cuenta, hubiera gastado mínimo tres jornadas. ¿Cómo se les ocurre a las autoridades prohibir la entrada de caballos al parque?, si no es con caballos ¿cómo rescatan oportunamente a un caminante que, no era mi caso, estuviera malherido?

Bomberos

Los bomberos rescatistas de Güicán

Bajé la mochila del pony y la pasé a la camioneta. Abracé con genuino afecto y agradecimiento por su serenidad y fortaleza en la dura jornada a Candonga, Carlos, Luz Dari, Kaiser y Carlos Lionel, que a sus ocho años ya se perfilaba como un fuerte paramuno.

Mientras tanto mi fotógrafo profesional documentaba la escena. Al arreglar cuentas con Carlos le di algo más para que les comprara, por mi cuenta, un bulto de melaza a Pluma Roja y a Candonga, ¡se la habían ganado!

Y le di la última mirada a la montaña. Atrás quedaba su silencio, sus muchos senderos y su irresponsable conciencia de poder. Desde este ángulo no se ven los glaciares sólo un camino casi bucólico, fácil y bien demarcado que va reptando por las colinas hasta llegar a Cardenillos. Fácil… es sólo seguir el más trillado. Fácil en apariencia… pero sólo en apariencia.

Posdata:

Esa tarde a las cinco llegamos al Cocuy y dejé la mochila en el hotel, donde ya estaban preocupados por mi ausencia. Javier fue a su hotel a descansar un poco, al fin de cuentas su jornada comenzó a las tres de la mañana y fue de unas diez horas en mula. Yo me fui con los dos bomberos de Güicán a la tienda Bellavista, a tomarme una anhelada cerveza. -Sírvame otro aguardiente Doña Rosario, que este primer trago me supo a gloria-, como el bambuco.

Como a las dos horas llegó la directora de la Cruz Roja para hacerme una evaluación física y sicológica. Ya iba en mi sexta cerveza y consideró que no era necesario, más bien se tomó una. Luego llegó Alfredo y se alegró mucho de verme -no todo el mundo ha aguantado lo que le tocó-, me dijo.

A la mañana siguiente, intentando reacoplarme a la realidad, me tocó acoplé a la fuerza porque me tenían la mala noticia que hacía una semana, cuando yo estaba acampando con Rasputín en las orillas del Ratoncito, el Lunes 14 de Enero, me pegaron un robo tremendo en la cabaña de Iza, como nunca me habían robado en la vida. Fue un robo con “sevicia y alevosía”. Me robaron lo que pudieron, menos mi equipo de montaña, hay que sacarle lo positivo a todo.

Mientras unos boyacenses me ayudaban otros me robaban descaradamente. El ying y el yang de la vida. Pero aun así sigo queriendo a Boyacá y su gente, pero con más reservas, cautela y prevención. Ese mismo día, lunes 21 de enero, fui hacia el mediodía a la oficina de Parques, fue una reunión patética donde queda palpable la ineptitud de sus funcionarios. Cuando le dije al director que si no fuera por Javier y Alfredo podrían pasar meses y ellos no tendrían ni idea de mi paradero, me contestó que la función de ellos no es rescatar caminantes, que eso le corresponde a la Defensa Civil. -Entonces los montañistas deben registrarse en la Defensa Civil y ustedes quédense en las oficinas cuidando osos- le dije.

Un guarda parques criado en la montaña me dijo que el boquerón al cual yo llegué se llama el Boquerón de Rancherías y la quebrada de las piedras coloradas se llama la quebrada Campohermoso. Él es de los pocos que han ido hasta allá y fue la ruta que siguieron los caminantes de la Nacional hace unos siete años, donde dos llegaron a Tame, Arauca a los 42 días y uno murió al ser arrastrado por un río crecido. Definitivamente perderse sin patrocinio en Colombia es un gran riesgo. La vuelta total de la sierra, cuando “no hay novedad en el frente”, es de unos 48 kilómetros. Según mi GPS yo caminé hasta la casa de Carlos Correa, sin contar el regreso en mula, 56 kilómetros.

Todos los guarda parques quedaron en silencio. No soy el primero que sigue por el camino al río Ratoncito. Como quizás lo hubiese hecho mi bisabuelo José María Samper Brush, que en 1907 trajo el movimiento Boy-Scout a Colombia, junto con Javier diseñamos y dejé pago un letrero para que lo colocaran donde yo me desvié, porque la temporada aún no había terminado y otros podrían perderse. El director aceptó enfrente de 15 personas que yo me encargaba del letrero y ellos, los de Parques, en clavarlo en la montaña. El letrero estuvo listo en un tiempo record de seis días, en una carpintería del Cocuy. ¡Es el primer carpintero boyacense que me ha cumplido!

Hace dos días hablé con Juan Carlos Correa ,acababa de llegar de la finca con su familia. La norma de no entrar bestias al parque se está cumpliendo, pero ellos, los paramunos no la están obedeciendo. Le mandé de regalo una lámpara de minero que compré en Sogamoso y una copia de la película “Tocando el Vacío”. La lámpara le fue especialmente útil. También me contó que a Rasputín lo vieron en la plaza de Güicán, inclusive lo han fotografiado, pero cuando ve ejército se repliega a la montaña. A Juan Carlos le “raqueteó” su cabaña, el ejército y Parques saben de la presencia de este peligroso personaje, pero no hacen nada. Le pregunté por el letrero… hace pocos días él repitió la ruta que hicimos juntos y después de 30 días de que el letrero estuviera listo, los de Parques Naturales aún no lo han instalado. Deben estar esperando a que se pierdan más caminantes. Porque a la mañana siguiente, a las cuatro, cuando ya estaba preparando mi regreso a Iza, en la recepción del hotel había una parejita de alemanes lista a su gran aventura al estilo Lonely Planet: “El Cocuy Trek”. Parecían Hansel y Gretel iniciando una caminada en los Alpes Suizos. Me inspiraron ternura. Sólo les dije: “Please be careful”.

Socaire, Iza

25 de Febrero 2013

ITINERARIO DE LA MONTAÑA:

1. Enero 9 miércoles: Kanwara- Romero

2. Enero 10 jueves: Romero-Verdes

3. Enero 11 viernes: Verdes-“Repisa delante de Frailes”

4. Enero 12 Sábado: Repisa- Morrena Laguna Isla

5. Enero 13 Domingo: Laguna Isla-Avellanal

6. Enero 14 Lunes: Avellanal- Ratoncito (Casa zinc) wrong turn.

7. Enero 15 Martes: Casa Zinc- Quebrada Campohermoso

8. Enero 16 Miércoles: Campohermoso-Valle Frailejones

9. Enero 17 Jueves: Valle Frailejones- Boquerón de Rancherías

10. Enero 18 Viernes: Boquerón Rancherías- Piedra Entreríos

11. Enero 19 Sábado: Piedra Entreríos- Carlos Correa

12. Enero 20 Domingo: Salida en mulas a Güicán

Alberto Valenzuela Rocha

Letrero

El Letrero Foto: Roberto Ariano

“El autor de la narración me informó que finalmente durante la primera semana de Marzo del 2013 el letrero fué clavado en el sendero que se aparta al Valle de Los Cojines abajo de Cueva Larga para que ningún otro grupo de caminantes cometa el error de seguir por el Río Ratoncito. Quedó colocado justo a tiempo para la temporada de Semana Santa, donde entraron a las Sierra muchos caminantes. Esto se logró gracias a los buenos oficios de los guardaparques Roberto Ariano y Pastor Correa.”

www.ecoglobalexpeditions.com

www.ecoglobalexpeditions.com

6 comments

  1. Esteban   •  

    Gracias por compartir su gran aventura!!!!!! Que machera!!!!!

  2. Beatriz   •  

    Sólo había leído la crónica entre líneas y a la carrera, pero hoy con un poco de tiempo y conociendo al protagonista la leí con calma y lo único que tengo para decir es “Mis respetos Alberto”

  3. El Caminante El Caminante   •     Autor

    :-) que bueno que te haya gustado!!! Hágale, yo le publico!!!!

  4. El Caminante El Caminante   •     Autor

    Hola Elsa, gracias por tu comentario!!!

  5. Elsa   •  

    Que historia. El Cocuy es hermoso, pero hay que tenerle respeto, pues no es fácil y el Estado no ayuda.
    Juan gracias por publicar esta historia.

  6. alberto valenzuela   •  

    Juan:Acabo de leer la ultima entrega y le quiero agradecer la oportunidad de compartir esta experiencia con la comunidad de montañistas y ademas el “adorno” de las fotos estuvo muy bien escogido en los parrafos precisos,amenizando la narracion. Deberiamos hacer una sociedad…yo hago las aventuras y ecoglobal las publica!

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>