Pescando en el Río Bita, Puerto Carreño (Vichada – Colombia)

Santiago Isaza recurrentemente viaja al Vichada en aventuras de pesca, esta es su crónica de su último viaje.

Empezamos nuestro viaje a las extensas planicies de los llanos orientales y a Puerto Carreño, la capital del Vichada departamento Colombiano, donde nos espera nuestro guía personalizado para trasladarnos 6 horas arriba del río Bita a nuestro campamento, por carreteras destapadas y paisajes increíbles en camionetas amplias, cómodas y con aire acondicionado.

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Después de un largo y extraordinario viaje arribamos a nuestro campamento donde desempacamos y nos acomodamos en carpas de a 2 personas con camas sencillas o dobles. Nos vemos ubicados en la mitad de uno de los bosques del llano sobre una de las playas del río Bita, sin luz ni civilización a nuestro alrededor sólo naturaleza y ganas de empezar nuestra pesca. Tres horas más tarde nos espera una cena con comida deliciosa, abundante y típica de la región. Comemos, descansamos y nos preparamos para dormir.

La emoción y anticipación de nuestra primera pesca no nos deja dormir más que un par de horas, nos levantamos a las 4:00 am, nos vestimos y arreglamos y nos preparamos para nuestra primer mañana de pesca. A las 5:00 o 5:30 am nos embarcamos de a parejas en nuestros botes y salimos. A 10 minutos del campamento decidimos empezar con nuestra pesca deportiva. Después de armar y escoger nuestro equipo de pesca y señuelos hacemos nuestro primer lance, no más de 15 lanzadas pasan y vemos como nuestro señuelo es atacado por primera vez y arrojado por los aires, seguimos funcionando nuestro señuelo y vemos como por una segunda vez es atacado, sólo que esta vez es jalado con gran fuerza hacia el fondo del río, aprovechamos y enganchamos el anzuelo. Sentimos por primera vez la fuerza del majestuoso pavón, luchamos con él entre 5 a 10 minutos aunque parece una hora, viendo como salta e intenta liberarse, finalmente se rinde y deja acercarse al bote para poder levantarlo, pesarlo, medirlo y fotografiarlo.

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Pasamos toda nuestra mañana viendo los saltos gigantes y fuertes luchas de la amplia variedad y tamaños de los pavones, ensayando nuevos señuelos, de superficie o de profundidad, paramos sólo de vez en cuando para descansar y aprovechar a tomar un refrigerio.

Tipo 10:00 ó 11:00 am decidimos volver a nuestro campamento a desayunar en una carpa abierta en la mitad de la playa. Decidimos descansar un poco después del desayuno en una hamaca y volver a embarcarnos.

En la tarde podemos notar que el pique disminuye pero se vuelve un reto personal poder sacar alguno de buen tamaño. El calor es intenso, nos hidratamos cada 30 minutos y nos salpicamos agua cada vez que podemos. No sacamos más que 2 ó 3 pero disfrutamos de las peleas como si fueran las primeras del día.

Cansados, con calor y con hambre volvemos al campamento a almorzar en la orilla del río, un almuerzo típico con abundante líquido, descansamos en la sombra, en las hamacas o hablamos de nuestra pesca con el resto del grupo.

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Decidimos embarcarnos después de 2 horas de descanso y relajo, buscando la pelea o ataque perfecto, el pavón más grande o un “nido” que nos permita sacar más de uno.

Al final de la tarde encontramos en las arenas del río un frenesí de comida y de saltos, para nuestra sorpresa nuestro señuelo es atacado una vez tras otra hasta encontrar alguno que se engancha, sacamos 10 ó 15 pavones en una hora.

Volvemos al campamento satisfechos por nuestro primer día de pesca, con una sonrisa de oreja a oreja, el brazo y la espalda adoloridos del gran esfuerzo hecho durante el día. Cansados nos damos un baño en el río y nos preparamos para comer. Nos reunimos todos y compartimos fotos, experiencias y tips. Comemos y con la luz de la luna y la noche estrellada y sin energías para continuar nos acostamos y dormimos profundamente.

A los seis siguientes días nos despertamos con el mismo entusiasmo, ganas, emoción, iniciativa y anticipación del primer día de pesca, tratando de superar la pesca, lucha, saltos, tamaños y variedades del día anterior y a nuestros compañeros.

Al finalizar la tarde del séptimo día caemos en cuenta que son nuestras ultimas horas de pesca y deseamos podernos quedar un par de días más.

Nos dirigimos al campamento a pasar nuestra última noche y a compartir todas nuestras historias y anécdotas, mostramos fotos, nos bañamos en el río, descansamos y tenemos nuestra última comida. Tristes pero satisfechos caminamos agotados hacia nuestras carpas, dormimos como nunca antes habíamos dormido, soñando y de vez en cuando chuzando ese pavón que con suerte se nos fue.

Nos despertamos a las 4:00 am, nos organizamos, empacamos, desayunamos y partimos devuelta a Puerto Carreño, despidiéndonos de nuestro campamento y del río que nos dio tantas y grandes alegrías. Imaginando y planeando nuestra próxima pesquería en este hermoso y extraordinario lugar.

En el avión en el aeropuerto miramos por la ventana y susurramos un hasta luego desde lo más profundo del corazón y despegamos hacia la ciudad, esperando volver el próximo año.

Ecoglobal Expeditions

www.ecoglobalexpditions.com

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