Realizando la travesía (fin)

Después de la pipitoria vino la lluvia y ante estos dos acontecimientos (el abundante almuerzo y la lluvia) no quedó más remedio que descansar en las hamacas. A las tres de la tarde escampó, entonces decidimos tomar la moto e ir en ella hasta el Cusco, recorrerlo y a las 6:45pm asistir a la observación astronómica.

MagdalenaCuscoOjo del DesiertoPacande

No pudimos recorrer más de una cuadra en “Bombas”, la carretera después de la lluvia se convirtió en una pista de jabón. Debimos regresar, guardar la moto y emprender una caminata, sin guía, que pensábamos podría ser de unas dos o tres horas en línea recta desde la casa de Doña Orfanda hasta el Cusco.

Los Hoyos

Los Hoyos

Para no perdernos en este territorio agreste y desconocido, comenzamos guiándonos por el observatorio astronómico del desierto que queda a pocos metros del Cusco y que por su esbeltez y su domo plateado se destaca en la distancia. Invité a Mireya a ir adelante, a ser la guía y a buscar el camino. Muy pronto perdimos de vista tanto el observatorio como la casa de Doña Orfanda. Las cárcavas del desierto forman grietas y cañones tan profundos que durante muchos tramos del camino no se tenía una visual de nuestro destino, ni de nuestro origen.

El desierto es tan igual para un habitante de la ciudad, y sus cañones son tan laberínticos que si no se establece un punto de referencia que pueda ser visto fácilmente es muy fácil perder el rumbo. Como el observatorio se perdía de vista durante largos períodos, nos tocó tomar como referencia las estribaciones de la cordillera central. Allá en el fondo se divisaba, imponente, bien a la derecha (hacia el norte) el inconfundible cerro de Pacandé y hacia la izquierda (hacia el sur) el contorno de la montaña, con sus filos, sus cimas y sus “pasos” o boquerones. Desde un alto pudimos ver que si proyectábamos una línea recta desde nuestra posición, pasando por el observatorio, hasta la cordillera, esta línea terminaba en uno de esos boquerones, el cual era adecuadamente alto y de morfología lo suficientemente particular como para convertirse en un muy buen punto de referencia.

Y así caminamos por largo tiempo, subiendo colinas y bajándolas  hasta profundos valles y cañones. Maravillosos paisajes sembrados de cactus, terrenos lunares y marcianos, planicies bordeadas de desfiladeros, caminos de cabras y ovejas y una absoluta soledad sólo interrumpida por el vuelo de algún gorrión rojo, algún perico o loro verde o alguna ave de rapiña apostada en lo más alto de un cactus de 200 años, observando el terreno en busca de su presa.

Torre del Desierto

Torre del Desierto

El terreno se volvía cada vez menos gris y cada minuto más rojo, nos acercábamos al Cusco. En aquellos puntos altos que nos permitían una mejor panorámica, podíamos ver de vez en cuando el observatorio con su domo plateado al sol y aquella visión nos daba una idea de nuestro avance.

CuscoCusco

Al Cusco llegamos antes de lo calculado, en hora y media ya estábamos pisando su limo ocre. Nos internamos en aquel otro laberinto erosionado, pasamos al lado de la “Gran Torre del Desierto”, nos trepamos por los muros de mil años, atravesamos el “Ojo del Desierto” y finalmente, entre canales formados por el agua subimos hasta la carretera que lleva al observatorio. Desde ese lugar la visual del Cusco es alucinante!!

Ojo del Desierto

Ojo del Desierto

Eran las seis de la tarde e indagamos a los pobladores del lugar acerca de la función del astrónomo. El evento estaba programado a las 6:45pm en una planicie a un kilómetro del observatorio. Caminamos hasta el sitio mencionado y allí encontramos unas 10 capas y una base (trípode) de telescopio. Esperamos y pronto llegó Javier el astrónomo con sus equipos para comenzar de manera puntual su charla.

CuscoCusco

Cusco

Cusco

Fue una hora y media de magníficas explicaciones acerca del origen del universo, las galaxias, la vía láctea, los planetas que circundan nuestro sol, la luna y las estrellas más lejanas. Observamos pasmados el contorno y los cráteres de una luna en creciente que tímida se escondía por ratos entre las nubes, y a través del lente amplificador del gran telescopio descubrimos la vedette de la bóveda celeste: Saturno con sus anillos!!! Y no sólo eso, también le tomamos fotos a la luna a través del telescopio de Javier!!!

Observatorio Astronómico

Observatorio Astronómico

Luna

Luna

Regresamos a nuestras hamacas en el vehículo de la familia que se alojaba en la cabaña de doña Orfanda y quienes habían llegado también para la función de las estrellas!

Hamaca y "Bombas"

Hamaca y "Bombas"

Esa segunda noche dormimos mejor, el burro rebuznó más temprano y tomamos la precaución de dormir con más ropa para evitar el frío en la espalda. Al siguiente día deberíamos salir en la mañana para no llegar tarde a Bogotá.

Después de ser despertados nuevamente por las aves y los mamíferos de Doña Orfanda, incluyendo los gritos o chillidos de aquellos animalitos misteriosos que se escondían en la canasta de mimbre en la cocina y que resultaron ser dos polluelos de loro de dos especies diferentes, alistamos todo, desayunamos y partimos prometiéndole a doña Orfanda, Romario y resto de la familia que volveríamos.

Polluelos de Loro

Polluelos de Loro

La moto se comportó bien en el pantano de la vía. La noche anterior había llovido y cada huella de vehículo era una trampa! Pasamos “La Ventana” con su “perro” y con su “cocodrilo”, pasamos el Cusco marciano, el observatorio y tomamos la pavimentada. Llegamos a Villavieja y entramos al museo paleontológico, un pequeño museo donde se aprecian algunas piezas representativas de las bestias que vivieron en el desierto hace algunos miles de años, una fauna gigante que prosperó en medio de una selva tropical exuberante!!

El recorrido del museo dura 20 minutos y en menos de media hora nos encontrábamos de nuevo rodando hacia Neiva. Unos 15 minutos después de Villavieja llegamos a un sitio en la carretera en el cual una quebrada pasa por encima de la vía. Cuando veníamos nos tocó pasar la quebrada si mayores problemas pero ahora ya no era una simple quebradita, era un río crecido que impedía el paso de motos, vehículos, camperos, camiones y hasta transeúntes. Durante la mañana probablemente llovió en las cabeceras de la quebrada y ahora estaba crecida y enfurecida. No había paso.

Río

Río

Esperamos unos momentos, pendientes del agua para ver si la corriente disminuía, pero no parecían haber muchas esperanzas. Comentamos la situación con otras personas que estaban en sus vehículos esperando y alguno de ellos nos dijo que teníamos la opción de tomar otra carretera que, desde Villavieja,  sigue el curso del río Magdalena en su margen derecha hasta un punto donde hay un ferry que pasa el río y que lo saca a uno muy cerca de Natagaima!! Eso sería estupendo! Aunque esa carretera era destapada, además de no tener que esperar que el agua bajara, nos evitaría ir hasta Neiva!! Sin pensarlo dos veces decidimos emprender esa ruta desconocida, que más daba otra aventura adicional?

Al fondo el Cerro de Pacandé

Al fondo el Cerro de Pacandé

La carretera resultó estar en buenas condiciones y los paisajes maravillosos. Después de un poco menos de hora y media llegamos a un punto en la vía donde ésta giraba a la izquierda hasta terminar en la orilla del Magdalena. El ferry estaba descompuesto y en reparación en la otra orilla y por lo tanto no había paso para vehículos, pero con las motos la cosa era diferente… Un barquero en su canoa nos ofreció pasarnos con moto y todo hasta la otra orilla, ni más ni menos que del Magdalena!!

Magdalena

Magdalena

El hombre agarró a “Bombas” y la subió con sobrada pericia a la canoa, Mireya y yo abordamos apenas sin pensarlo y sin creerlo y al minuto siguiente ya estábamos en la mitad del río desafiando la corriente!! Dos minutos más tarde estábamos desembarcando, pagando $5.000 y dando las gracias mientras el señor barquero montaba otra moto a su canoa para pasarla en la dirección contraria!

MagdalenaMagdalena

Increíble el trayecto que nos ahorramos. Inmediatamente comienza una carretera pavimentada que a unos 500 metros desemboca a la autopista en un sitio muy cercano al peaje de Natagaima. De allí en adelante a disfrutar del paisaje hasta Girardot y luego hasta Bogotá.

MagdalenaMagdalena

Fue una maravillosa visita a uno de los lugares más fascinantes de Colombia. Un lugar hermoso que todos debemos conocer. Un mes después volví en compañía de nueve aventureros caminantes!

Por qué, amable lector, no has visitado nunca el desierto de la Tatacoa? Recorre primero a Colombia de punta a punta y después viaja a Miami, Orlando, Nueva York…

 

4 comments

  1. El Caminante El Caminante   •     Autor

    Hola Ruby, gracias por tu comentario, has salido a caminar?

  2. ruby vasquez   •  

    Hola caminante la verdad es que leer tus
    aventuras es entrar en el sueño de las fantasias existentes.que envidia pero de la
    buena.Verdad que Colombia es un paraiso.

  3. El Caminante El Caminante   •     Autor

    Hola DRavid, gracias por tu comentario. En el desierto es posible acampar en cualquier parte, llévate una carpa y la pones donde quieras, y parqueas la moto al lado!! Si quieres más comodidad lláma a Doña Orfanda 3115365027 y dile que vas de parte de Juan Fernando Calle!!

  4. DRavid   •  

    Saludos!..despues de leer todas las partes de la travesia quisiera montarme en mi moto y viajar por todos esos lugares hermosos que posee nuestro pais. Mil felcitaciones, excelente tarvesía, excelente narración, de verdad que leer estas historias provocan perderse unos dias y disfrutar de la naturaleza.

    Por último, ¿Es dificil encontrar hospedaje en el desierto?, ¿con que personas se puede hablar para conseguirlo?, muchas gracias.

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