Anapoima, tierra de frutas

Texto y fotos: Ana María Enciso Noguera – http://www.la-llave-que-nadie-ha-perdido.com/

La primera vez que fui a Anapoima, según recuerdo, fue en el 2007. Fue a una convivencia del colegio,  siempre les he tenido un repudio que nace desde lo hondo de mis vísceras, y esta fue particularmente desastrosa. Los últimos tres cursos del colegio llegamos a un lugar para acampar. Hemos debido ser unas 60 personas. A todos nos embutieron en dos buses sin aire acondicionado, en uno las ventanas abrían muy poco, en el otro no abrían en lo absoluto. Así, llegamos cocinados al vapor, las ventanas todas empañadas, sudados, oliendo a mico, cansados, malhumorados a que un tipo que no era recreacionista pero tenía aires de ser gurú de la auto superación personal se pusiera a intentar impresionarnos controlando a uno de nuestros compañeros poniéndole un dedo en el entrecejo. Las normas eran claras: usted puede hacer fuerza con todo su cuerpo, pero no tocarme, yo sólo lo toco con mi dedo índice. Evidentemente, al desviar la frente rompía el balance de todo el cuerpo, y así lo controló. En todo caso, tampoco fue muy de nuestro agrado. Llegó después el almuerzo, no recuerdo que haya sido repugnante, así que asumo que ha debido ser decente.

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