Un viaje breve a Tenerife, diciembre 2011 (Última entrega…)

Texto: Blanka Pesinova

Blanka nació en la antigua Checoslovaquia, en la bella ciudad de Praga. La conocí cuando vivió en Bogotá siendo la esposa del embajador de Bélgica en Colombia. Incansable caminante y viajera, vivió en Inglaterra, Australia, Filipinas, Suiza (donde le tomó gusto a caminar por las montañas), Bélgica, Ecuador, Yugoslavia, Holanda, Siria y por supuesto Colombia, donde viajó y conocio más que muchos de nosotros que nacimos y vivimos aquí, y donde tuve el gusto, muchas veces, de ser su guía.

…La mañana siguiente abordé un bus, lleno de caminantes “ambiciosos” como dice el guía, para emprender el descenso por el barranco de Masca. Subíamos por un camino muy estrecho, tallado en los lados de las montañas sobresalientes, con innumerables curvas extremadanente peligrosas para ese bus grandote, pero con vistas espectaculares. Masca (con 600m de altritud) es un pueblito antiguo de piratas: de ahí podían controlar el tráfico marítimo, abajo se ve el océano y la isla Gomera.

Barranco de Masca

Barranco de Masca

Empezamos a bajar por un camino empinado y el guía dijo: “Eso es la parte más fácil; en quince minutos llegaremos a un puente, es el punto de ´no return´: Quién piensa que no pueda, debe devolverse y coger el bus otra vez; más allá no hay socorro. El bus va a irse y yo no voy a traer a nadie”. Unos pocos se rindieron. Entre las rocas practicamente perpendiculares el camino se hizo siempre más empinado y pronto ya no hubo camino sino un sendero rocoso de cabras, que seguía y a veces atravesaba una quebrada que bajo las lluvias puede convertirse en un torrente poderoso, y que alimenta una vegetación diversa – palmeras, helechos, cañas y que sé yo… El guía mantenía un ritmo rápido con pocas paradas. No creo que haga falta mencionar cómo me acordaba las caminatas con Juan… Llegamos a la bahía estrecha en las cuatro horas previstas. Me puse el traje del baño y me metí en el agua refrescante del océano, pero ¡que desilusión! – en tan sólo cinco minutos apareció el buque para llevarnos, a lo largo de los Gigantes, hasta dónde nos esperaba el bus.

Atardecer en Tenerife

Atardecer en Tenerife

Mis rodillas necesitaban descanso, entonces alquilamos un carro, con mi primo como conductor, y visitamos La Laguna, la primera capital de la isla, fundada en 1496. Sus calles fueron construidas como un tablero de ajedrez, en líneas rectas, perpendiculares una a otra, lo que sirvió de modelo para muchas ciudades del Nuevo Mundo. Por eso fue declarada Patriomonio Mundial por la UNESCO, pero casi no había turistas; por razónes desconocidas no está incluida en los “recorridos de la isla”.

El Volcán Teide a lo lejos

El Volcán Teide a lo lejos

Quisimos continuar hasta las montañas de Anaga al Norte extremo de la isla, pero nos perdimos (como se dice en la guía turística: “Es un rincón escondido…”). Después de dos horas andando en círculos, volvímos por el parque Nacional, las Cañadas del Teide. La carretera subía y bajaba por un bosque de pinos enormes y la neblina alternaba con un cielo azul soleado, permitiendonos vistas hermosas del Teide. En la cercanía del volcán, la vegetación cedía gradualmente al paisaje de la luna, muy parecido a él del Ruiz. Continuámos al Sur con una parada en Vilaflor, un pueblito pequeño y simpático, el más alto de Tenerife, a unos 900m.

Las neblinas del Parque Nacional las Cañadas del Teide

Las neblinas del Parque Nacional las Cañadas del Teide

Finalmente llegó el día de la subida al Teide. Mi primo me llevó hasta la estación del teleférico (a 2.300m). Sorpresa agradable: casi no hubo cola! En el terminal (a 3.500 m) hizo mucho frío y viento fuerte. En compañía de unos pocos “elegidos” con permiso, subí por un camino bastante cómodo hasta el cerro rocoso de 3.718 m. Arriba encontramos el cráter, ancho pero no muy profundo. Pero quedé  un poco desilusionada pues no se sintió el azufre…

Blanka en la cima del Teide

Blanka en la cima del Teide

La vista panorámica fue espectacular, sin embargo sólo se pudo ver una de las cinco islas que usualmente se pueden ver desde este sitio: La Gomera. Me hubiera gustado subir a pies desde abajo, pero faltó “Ecoglobal Expeditions” :-)… En fin, al menos logré el cerro, y pude añadir otro volcán a mi lista.

Panorámicas de Tenerife

Panorámicas de Tenerife

El último paseo fue a la isla La Gomera, la más pequeña del archipiélago después de Hierro, a dónde llegamos a bordo del ferry. La geografía y la naturaleza es sobrecogedora: montañas altas y empinadas, rayadas por barrancos profundos, formaciones de roca extrañas y las cañadas muy fértiles (Vallehermoso). La isla alberga dos bosques importantes, el Bosque del Cedro y, sobre todo, en el Parque Nacional de Garagonay, la reserva de Laurisilva (un bosque de niebla de laureles, ericas y helechos), una de las últimas y la más grande del mundo.

Tenerife

Tenerife

Al final visitamos la capital, San Sebastián. Aquí fue donde Cristóbal Colón hizo su última escala antes de lanzarse a su aventura del descubrimiento del Nuevo Mundo (por equivocación). Su humilde casa todavía existe, como también la Iglesia (de Asunción), dónde pidió bendición para su viaje, y el pozo de agua con la cuál “bautizó” al continente nuevo.

Tenerife

Tenerife

Fue una semana muy linda e intensa, me sentía como si estuviera de vuelta en Colombia, pero en miniatura… Me quedé con ganas de volver y hacer más caminatas y explorar las otras islas…

www.ecoglobalexpeditions.com

4 comments

  1. El Caminante El Caminante   •     Autor

    Gracias Daniel, muy útil!!

  2. Daniel Prado   •  

    A mí también me encantó Tenerife y tambíen me he currado una mini-guía de viajes….

    Os dejo el enlace, ya que supongo que le pueda venir bien a algún lector.

    Guía turística de Tenerife

    Saludos

  3. El Caminante El Caminante   •     Autor

    Hola Gustavo, gracias por tu comentario!!!! Ojalá un día puedas acompañarnos!!

  4. Gustavo   •  

    Una de las cosas que a mi mas me agrada es leer y conocer todo lo mas que pueda de este hermoso mundo, cuando leo me agrada hacerlo despacio como el que disfruta un delicioso manjar y asi poder ver en mi mente lo relatado por el escritor, ese soy yo el cual prefiere la naturaleza a las grandes ciudades, es por eso que le doy mis mas sinceras gracias a el diario del caminante del cual me siento gran admirador y lector y espero en un día no lejano ser parte de alguna caminata.
    Gustavo Galeano.

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