Estamos buscando #ElDiscoColombiano 2019 ¿Cuál es el tuyo?

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Se acerca el fin de año, y ya se hace costumbre en El Colombiano, el ejercicio editorial de @Elfanfatal por encontrar las historias musicales que han contado los músicos del país. La búsqueda discográfica tiene como propósito mostrar y resaltar las producciones sonoras de diversos artistas de todo el territorio, y lo queremos hacer con las propuestas que no están en el boca a boca de la industria mundial y que merecen estarlo. Más que una apuesta por lo independiente o alternativo, es una ventana que queremos se expanda a los nuevos universos sonoros, y una invitación para conocer discos completos, además, para deleitarnos con obras creadas acá en Colombia.

Esta es nuestra propuesta, nuestros 20 discos del año 2019 en Colombia ¿Para ustedes cuál de estos discos merece tener el número uno?

Hasta el 17 de diciembre estarán activas las votaciones, pueden compartir la información con el HT #ElDiscoColombiano

Para que ustedes puedan juzgar como se debe, les proponemos que antes de votar, escuchen las canciones los discos propuestos en la siguiente playlist.

 

North Sea Jazz, un festival plural

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Tomar un avión muy temprano en la mañana, aterrizar en un paraíso cálido húmedo a 34º de temperatura. Llegar acelerado, ansioso y feliz a una puerta donde dice Bon Bini North Sea Jazz Festival. Luego sentir el bajo en el pecho, los aplausos, la alegría contagiante, el mar de fondo, las palmeras, agitarse al ritmo de la brisa caribeña de una isla encantadora y mística de las Antillas holandesas y encontrar tres escenarios gigantes de un festival mágico en todo el sentido de la palabra. Así empieza esta historia, que trajo a varios periodistas colombianos a vivir un festival que con solo nueve ediciones de existencia le da lecciones claras de respeto, vanguardia y futuro del entretenimiento a este rincón del mundo.

El North Sea Jazz Festival es un espacio que se realiza cada año en Curaçao, la paradisíaca isla del Caribe, esa que guarda una influencia tan holandesa y europea como latina. Allí, en este precioso lugar, se cuenta con más de cincuenta nacionalidades, la mayoría de su población tiene ascendencia española y holandesa, africana, caribeña y colona judías, e incluso de sefardíes que se refugiaron en Portugal y posteriormente en Brasil. Debido a esto, su idioma se compone por distintas lenguas y es conocido como papiamento. La isla, además, gracias a su ubicación, ha sido la casa de los sonidos del jazz y del blues durante años.

Artistas de la talla de Sting, Bruno Mars, Prince, Stevie Wonder, Lenny Kravitz, Rubén Blades, Carlos Vives, John Legend, Simply Red, George Benson, Chris Brown, Michel Camilo, Santana, Kamasi Washington, Herbie Hancock, Paul Anka, Shaggy y Rod Stewart han desfilado por este festival que tiene como apellido y etiqueta el jazz, pero que en realidad asume ese nombre como homenaje e influencia a un género que transversaliza la vida de la música, y que en esta ocasión tiene el significado aleccionador de la pluralidad.

Y en esta, su edición 2019, el festival se llenó de colores clásicos y actuales, para un público igualmente diverso que siempre tuvo oídos atentos y respetuosos tanto para el pop, funk, reguetón, como para los clásicos eternos y recordados del rock, soul, reggae y el jazz.

El festival tuvo como protagonistas al alegre y bailable Juan Luis Guerra, a la dulce y recordada Mariah Carey, al místico Maxwell, a los callejeros Black Eyed Peas, a una porción de las raíces insondables del reggae con Third World e Inner Circle, a los eternos y sorprendentes Earth, Wind & Fire, y otro puñado de artistas como Maroon 5, Gladys Knight, Michael McDonald, Pitbull, Nicky Jam, Habana D’Primera, Aymée Nuviola.

Allí, en compañía de todos estos, vivimos tres días inolvidables que dejan una evidente conclusión para el circuito de nuestra industria musical: la música es una, sin importar la armonía, el tiempo, el tono y el ritmo, además, es el territorio donde nada nos hace daño. Este es un festival pensado para la familia, para los expertos en jazz y para los desprevenidos que quieren bailar y sonreír, es decir, para todos, para los que valoran la música y siempre ven en ella una aliada para aprender y ser felices. Este es un festival para recordar la nostalgia en forma de canción y formar a nuevos públicos en consumo cultural fuera de radicalismos absurdos.

Una gran curaduría que año a año sorprende, una producción impecable, escenarios propicios para la comodidad y disfrute de una experiencia inolvidable, diversidad musical y sueños sonoros que parecían imposibles, son solo algunos de los retos que deja esta joven propuesta que se posiciona en un espacio importante dentro de la parrilla de festivales musicales en el mundo.

¿Los festivales tienen alma? Este, con plena seguridad, sí, porque tiene el reflejo de la sonrisa de la diversidad humana. ¡Volveremos! No solo para verlo crecer, sino para acercarlo con cariño a quien lo quiera y deba vivir.

 

Agradecimientos especiales

Invitación al festival por parte de la Oficina de Turismo de Curaçao y el hotel Livingstone

Me robaron un disco

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Sí, me robaron un disco que nunca tuve en pleno año 2019, exactamente 20 años después de su publicación. El mismo día de esa efeméride importante para la historia del rock latino, me lo robaron, aunque pudo ser unos días antes, no muchos pues lo escuché hace unas noches en mi equipo imitación de radiola vintage. Así que para mí el robo fue hoy, porque hasta hoy me percaté, sí, me robaron un disco que nunca tuve, o que lo tuve en casete, luego en Youtube, y después por fin pude encontrarlo en otro lugar, en otra ciudad lejana y fría. Continuar leyendo

Estamos buscando #ElDiscoColombiano 2018 ¿Cuál es el tuyo?

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Se acerca el fin de año, y ya se hace costumbre en El Colombiano, el ejercicio editorial de @Elfanfatal por encontrar las historias musicales que han contado los músicos del país. La búsqueda discográfica tiene como propósito mostrar y resaltar las producciones sonoras de diversos artistas de todo el territorio, y lo queremos hacer con las propuestas que no están en el boca a boca de la industria mundial y que merecen estarlo. Más que una apuesta por lo independiente o alternativo, es una ventana que queremos se expanda a los nuevos universos sonoros, y una invitación para conocer discos completos, además, para deleitarnos con obras creadas acá en Colombia.

Esta es nuestra propuesta, nuestros 20 discos del año 2018 en Colombia ¿Para ustedes cuál de estos discos merece tener el número uno?

Hasta el 14 de diciembre estarán activas las votaciones, pueden compartir la información con el HT #ElDiscoColombiano

Para que ustedes puedan juzgar como se debe, les proponemos que antes de votar, escuchen las canciones los discos propuestos en la siguiente playlist.

Rodolfo Aicardi, la historia de “El ídolo de siempre”

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Rodolfo Aicardi, la historia de “El ídolo de siempre”:

Un relato que merece viajar en el tiempo y en el espacio

 ¿Por qué se casó Adonay? ¿Dónde se celebraron los 100 años de Macondo? ¿Por qué se acabó el amor con Daniela? ¿De verdad hay besos que saben a caramelo? ¿Por qué el tabaco y ron, y no el aguardiente? ¿Cuál fue el cariñito que lo abandonó? ¿Por qué un perro ladraba en sus canciones? Estas y otras preguntas se resuelven en el libro: Rodolfo Aicardi. La historia de “El ídolo de siempre” (Aguilar), escrito por Diego Londoño, músico, periodista musical y escritor quien revela en esta biografía oficial y autorizada todos los detalles sobre las canciones, los escándalos, las bondades y excentricidades de uno de los artistas colombianos más admirados y queridos de Colombia. Continuar leyendo

Estamos buscando #ElDiscoColombiano 2017 ¿Cuál es el tuyo?

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Se acerca el fin de año, y ya se hace costumbre en El Colombiano, el ejercicio editorial de @Elfanfatal por encontrar las historias musicales que han contado los músicos del país. La búsqueda discográfica tiene como propósito mostrar y resaltar las producciones sonoras de diversos artistas de todo el territorio, y lo queremos hacer con las propuestas que no están en el boca a boca de la industria mundial y que merecen estarlo. Más que una apuesta por lo independiente o alternativo, es una ventana que queremos se expanda a los nuevos universos sonoros, y una invitación para conocer discos completos, además, para deleitarnos con obras creadas acá en Colombia.

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Juanes no se queda quieto

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Juanes toma una nueva piel, como otras cuatro que ha tomado en toda su carrera artística.

Desde el thrash metal con agrupaciones como Agony y Ekhymosis, pasando por el pop, la música carrilera, la balada y hasta el reguetón. Siempre explora, y no sabemos bien si es un exigencia de su empresa discográfica o si es iniciativa propia, pero es un mérito que le da todos los puntos a su favor. No se queda quieto en la comodidad de lo conocido.

Es un disco controversial, sin lugar a dudas, pues complace todas las exigencias de la industria actual. Los productores son Sky y Mosty y eso, de entrada, ya nos da una idea del corte sonoro y además de la apuesta estética de Juanes.

Sin embargo, más allá de eso, lo más interesante de este nuevo proyecto de Juanes es que Mis planes son Amarte, más que un disco, más que canciones o sencillos, es un álbum visual que nos presenta un viaje por el universo sonoro que recorre actualmente este músico.

Ya no sabemos que es pop, ya no sabemos que es reguetón, ya no sabemos que es rock. Pero, ¿saben? Eso también me alegra, no solo Juanes, sino Shakira, Carlos Vives y muchos otros entendieron que, simplemente, se trata de Música.

20 años buscando un disco Bajo Tierra

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Si el rock es calle, debajo de la calle hay tierra. Y esta historia sí que tiene calle, tierra y rocanrol. Finalizando los 90, era un puberto curioso y deseoso de nuevos sonidos. Caminé por muchos barrios con una maleta Lesportsac negra decorada con parches de I.R.A, Dead Kennedys, The Clash, la carita de Nirvana, y una A de anarquía que yo mismo plasmé con pintela color rojo. En ella guardaba los casetos, los nuevos y los que me prestaban, llegaba a casa, ponía a reproducir y a grabar al mismo tiempo, mientras hacía los libritos que iban dentro de la caja. En esa rutina no solo llegué a casa de amigos y desconocidos que vendían música por catálogo, sino también a los San Alejo en el Parque Bolívar, al Pasaje San José, donde no le vendían música a todo el mundo y me tuve que ganar ese mérito. Igualmente llegué al Paseo La Playa, y transité caminando o en bus de Bello a Itagüí, de Laureles a Robledo, en busca de música para mi colección.

Un día, uno de esos amigos de música me llamó y me dijo: “tengo el Lavandería Real y en CD”. Yo no sabía quiénes eran, ni cómo sonaban, pero yo le creía, sabía que era un buen disco. Nos encontramos en unas escalas en Itagüí. Él sacó el CD de su bolso, me lo mostró y abrimos el librito para verlo. Decía: BajoTierra – Lavandería Real, todo eso en un círculo rojo con franja amarilla.

A los segundos le dije: -“¿Puedo ir a grabarlo?, prometo no demorarme”.

-No es mío y ya vienen a reclamarlo- Respondió negativamente el melenudo amigo.

Sin embargo, luego de insistir, me dejó ir corriendo a grabarlo. Llegué a casa agitado, preparé todo, y empezó la captura. Cuando iba por la tercera canción -Jimmy García- tocaron a mi ventana, era momento de entregar el CD.

Esos tres tracks: Intro-Justiciero, Las Puertas del Amor y Jimmy García, los escuché por 9 meses seguidos, todos los días. Luego, ese mismo disco lo encontré en la casa de una prima, al lado de otros de U2 y The Smashing Pumpkins. Lo tomé prestado, lo grabé en casete y pude escucharlo, pero a los días mi grabadora murió. Parecía que la vida no me dejaba tener el Lavandería Real de Bajo Tierra. A los años, cuando ya Youtube se consolidaba como nuestro reproductor de música, compré el disco, más caro que hace 10 años, y lo guardé como tesoro. En una fiesta de amigos desapareció mágicamente. Vaya amigos los que tengo. Espero el que lo tenga lo disfrute como nunca.

Y todas estas historias las cuento porque en el 2016 este disco generacional cumple 20 años. Dos décadas de agitar la vida, de musicalizar a Medellín, de hacer historia y convertirse en crónica de la calle, en mito, en orgullo para nuestro rock colombiano.

11 canciones que son raíz, influencia y esencia, no solo para fanáticos, sino también para los músicos de vieja data y la nueva sangre que hace rocanrol en Colombia. Un disco para tener en el estante, para guardar en el corazón. Y como bien cuento, luego de 20 años aún no tengo esta producción fundamental para mi vida. Por eso si a usted le sobra uno, o simplemente le conmovió esta trágica historia de pérdidas, hallazgos, rocanrol, y mucha tierra caminada, pues véndalo o dónelo a este humilde fan fatal.

 

Los mejores 20 discos colombianos de 2016

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Kraken y Systema Solar, entre lo mejor de Colombia en 2016. FOTOS Cortesía

Por Diego Londoño
@Elfanfatal 

 

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El 2016 trajo consigo discos en todo el mundo que demostraron que además de ser un año fatal por las pérdidas musicales, fue un buen momento para conocer nuevas canciones. Los ejemplos son disímiles: Hardwire, de Metallica; Blackstar, David Bowie; A Moon Shaped Pool, Radiohead; You Want It Darker, Leonard Cohen; Blue & Lonesome, Rolling Stones; Post Pop Depression, Iggy Pop, y El Círculo, Kase.O, entre muchísimos otros.

Nuestra realidad es otra y también nos dejó mucha música nueva, y ya que el año va llegando a su fin quiero destacar 20 de esas piezas discográficas que llegaron a mis oídos y me impactaron por su producción, su propuesta estética, su arte, su sonido y sus historias. No es un juicio de sentencia, tampoco un elogio, solo es una selección que no tiene un número 20, ni número uno, solo una opinión subjetiva y respetuosa del trasegar discográfico de nuestro país.

 

Centésimo Humano. Mad tree
Con el sonido de este disco, se dificulta creer que son solo tres integrantes. Una banda que suena grande, con atmósferas sonoras e historias que trabajan en pro de las canciones no de sus integrantes.

 

Los Makenzy – Los Makenzy
Ellos sí saben cómo debe sonar una buena guitarra. La actitud es quizá el mejor atributo de este disco. Una producción que cuenta nuestro tiempo sin pena ni asomo, a través de un rocanrol con estilo clásico en pleno 2016. Este disco tiene todos los matices sonoros, pero el más importante: la honestidad.

 

Tropikalismo Salvaje – Jaibanakus
Una voz nasal e impulsadora de energías, una banda compacta y unas canciones que hacen tararear la vida. Una gran pieza sonora para las historias musicales en Colombia

 

Polvo – Seis Peatones
De los buenos discos guitarreros de 2016. Los Seis Peatones no solo saben sobre el tratamiento del sonido, de las distorsiones, también de como se hace una buena canción.

 

El umbral – Feralucia
Las imágenes, las texturas, el arte plástico y la dulzura y oscuridad en la voz. Eso propone Feralucia con su ópera prima. Disco para explorar desde adentro, para encontrar experiencias sonoras distintas.

El Karateka – Edson Velandia
Se construye a partir de crónicas amargas que endulzan oídos. Es una vida hecha verso, desde la parodia, la risa, la rabia, los gritos y la sinceridad. Una placa que genera incomodidad y alegrías.

 

Luz de Santelmo – Revolver Plateado
El poder de las guitarras, la nostalgia de las historias, y una producción impecable en diseño y sonido, hacen de este disco un engranaje fundamental en la reciente historia rockera de Colombia.

 

Rosita y los nefastos – ¿Y qué me importa? La humanidad
¿Y qué me importa? La humanidad busca la raíz punk medallo, pero la lleva más allá de su ruido e historias, y a pesar de tener la crudeza del punk, busca la nueva forma de reinterpretar la sencillez de pocos acordes con impacto sonoro.

 

Banda sonora para el fin del mundo – Militantex
Tres cabras musicalizan el fin del mundo, una banda sonora perfecta que nos ayuda recibir ese final, con estilo, con algo de punk, algo de jazz y algo de no jazz. Lo más punk del jazz y lo más jazz del punk. Música para ver.

 

Regular – Árbol de ojos
Las historias son la compañía de este disco. Buena interpretación, atmósferas que recuerdan lo mejor que ha pasado en la historia del rock. Cada instrumento trabaja en función de las canciones. Nada sobra, todo está en su lugar, es una gran pieza sonora para la colección musical colombiana.

 

Ciclos – Mabiland
Chocó y Medellín dan inspiración a estas canciones. Soul, blues, jazz, rock, hip hop y una voz cargada de una fuerza inexplicable, hacen no solo de este disco, sino de esta chica, Mabiland, una sorpresa sonora 2016.

 

Vivos 1EP – 42 Pueblos Fantasmas
El sonido rock de buenas guitarras y letras hechas sin presión. Una producción limpia y glamurosa que muestra la evolución sonora de Medellín y su forma de hacer canciones en pleno siglo 21.

 

Todo esto eran mangas – Parlantes
Una crónica sonora. Es literatura con música, con rock, es una aguja por el surco del asfalto. Quizá el disco del año, por lo que significan sus canciones y sus historias. Este es el rock maduro que propone Medellín, repleto de paisajes, de buenas guitarras.

 

La Gran Oscilación – Diamante Eléctrico
Impacta desde su tapa, una producción con permanente expectativa sonora. Sus canciones son un viaje por el mar, un vaivén de sonidos desde lo triste a lo feliz, desde la tranquilidad hasta el ruido. Con este disco demuestran que son el presente y el futuro.

Rumbo a Tiera – Systema Solar
La alegría, la tragedia, la crítica y protesta la presentan con canciones alegres y llenas de paisajes. Un viaje al centro de la selva, de la humedad, también del asfalto de una Colombia que necesita más retos sonoros como este. Un gran disco, un gran viaje musical.
Todos tienen que comer – Crudo Means Raw
Una propuesta con lo mejor del beat clásico, con los coqueteos del jazz, las secuencias downtempo y las historias como protagonista. Sin duda, una de las producciones que pasará a la historia en el sonido callejero.

 

Las historias de los hombres – Burning Caravan
Los viajes, las imágenes mentales y los sonidos rocanroleros y gitanos son la premisa, la ruta. Este disco es una caravana viajera, un paseo sonoro, una invitación a vivir la música no solo con los oídos.

Libres – La Doble A
Estas canciones suenan maduras, con identidad y con una carga social necesaria. Su canción Niño Bomba se ha convertido en la banda sonora, no de estos días, sino de toda esta vida en Colombia.
Vida – DonKristobal
Un disco de verdadero reggae creado en las montañas de Medellín. Esta pieza sonora se tardó en llegar, como todo lo bueno. Su sonido demuestra que la raíz no es estar cerca del mar, sino del corazón.

 

Kraken VI: Sobre esta tierra
Quizá su mejor producción hasta el momento, respetando la importancia de sus himnos históricos. Un disco sentido, dolido, que tiene la resistencia del metal y de la vida misma.

Cuando la música necesita más PLAY


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Tocar, reproducir y también JUGAR son las acepciones que le podríamos dar a play, esa palabra que también usamos de manera coloquial para referirnos a lo gomelo, o refinado. Pero acá vinimos fue a hablar de música, o ni siquiera de eso. Más bien, hablar de lo que le falta o le empezó a faltar a la música, a lo que perdió en su juego por sobrepasar el tiempo, las crisis económicas, los cambios de la industria, los relevos generacionales y el destructor y ruidoso ego.

¿Hace cuánto no juegan con la música? ¿Hace cuánto no le dan a los tambores, a las guitarras, al bajo y al piano, como un niño disfrutando de un caramelo interminable?

De eso se trata, de la música como un juego, como una diversión, como una alegría para la vida. De tocar por que sí, porque se siente, porque hace falta el sonido, porque las cuerdas llaman, porque las teclas gritan. Esas situaciones que parecen absurdas e infantiles solo las percibe quien de verdad vive la música. ¿Por qué ponerle nombre a una guitarra? ¿Por qué decir que nuestra vida puede resumirse en canciones? ¿Por qué gastar dinero en discos, en conciertos? ¿Para qué pasarse la vida componiendo? A eso juegan los que creen, los que sienten el sonido en cada poro, en cada cabello. Y eso de “jugar”, espero lo entiendan en el buen sentido de la palabra.

Play music, como una forma de incitar, de llamar, de vivirlo de manera divertida. Lastimosamente ahora eso poco se ve. Pero lo que sí se ve en muchos músicos, “no todos” para no entrar en generalidades polémicas, es el rimbombante destello efímero de crear música, de hacer una banda como si hiciera parte de una moda pasajera que nos vendieron las secciones de entretenimiento. Muchos ahora se dedicaron a crear bandas para figurar, para que la gente les pida fotos, autógrafos o los reconozcan en la calle, para conquistar a pretendientes deseosos de fama, para lucir sus mejores gafas, para reconocerse entre los demás como mejores, como intocables, como artistas en medio de las luces. Lo peor de todo es que mucha gente no nota eso, y sigue en ese círculo vicioso de una fama efímera y llena de vacíos artísticos; lastimosamente, la gente admira más la arrogancia que la sencillez, cuando de música se trata.

Play para vivir, play para disfrutar, play, play, P-L-A-Y para la música. Eso necesitamos. Pensar menos en la fama, menos en el dinero y más en la creación sincera de los sentimientos con la música. Necesitamos más músicos en escenario disfrutando su arte, sus canciones, su espectáculo frente al público. No se trata de cumplir horarios o compromisos, se trata de vivir de lo que se ama. Con seguridad que si se practica ese ideal de vida: “hacer por gusto”, todas esas cosas llegarán solas, y lo mejor, ya no importarán. Se sobreentiende que la música también significa sustento para muchos, pero eso no implica que el disfrute pase a un plano menos importante.

Cuando no existía una industria artística consolidada, la música se disfrutaba con las vísceras, con todo el amor, se gozaba; ahora que hay una gran industria que maneja mucho dinero, la música perdió brillo y se desvió por el lado fantasioso que legitimaron las cámaras y la fama en la actualidad, mucho maquillaje alrededor. Mucho excel, fotografías, redes sociales, fiestas y reuniones. El equilibrio es necesario, este asunto también requiere de ensayos, composición, escucha y mucha pasión por el sonido, así las dos visiones sean válidas. El disfrute, los conciertos y las canciones como la misma vida se convierten en un cuarto de hora, en un One Hit Wonder que no podemos desperdiciar.

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