Cuando la música necesita más PLAY


vinyl

Tocar, reproducir y también JUGAR son las acepciones que le podríamos dar a play, esa palabra que también usamos de manera coloquial para referirnos a lo gomelo, o refinado. Pero acá vinimos fue a hablar de música, o ni siquiera de eso. Más bien, hablar de lo que le falta o le empezó a faltar a la música, a lo que perdió en su juego por sobrepasar el tiempo, las crisis económicas, los cambios de la industria, los relevos generacionales y el destructor y ruidoso ego.

¿Hace cuánto no juegan con la música? ¿Hace cuánto no le dan a los tambores, a las guitarras, al bajo y al piano, como un niño disfrutando de un caramelo interminable?

De eso se trata, de la música como un juego, como una diversión, como una alegría para la vida. De tocar por que sí, porque se siente, porque hace falta el sonido, porque las cuerdas llaman, porque las teclas gritan. Esas situaciones que parecen absurdas e infantiles solo las percibe quien de verdad vive la música. ¿Por qué ponerle nombre a una guitarra? ¿Por qué decir que nuestra vida puede resumirse en canciones? ¿Por qué gastar dinero en discos, en conciertos? ¿Para qué pasarse la vida componiendo? A eso juegan los que creen, los que sienten el sonido en cada poro, en cada cabello. Y eso de “jugar”, espero lo entiendan en el buen sentido de la palabra.

Play music, como una forma de incitar, de llamar, de vivirlo de manera divertida. Lastimosamente ahora eso poco se ve. Pero lo que sí se ve en muchos músicos, “no todos” para no entrar en generalidades polémicas, es el rimbombante destello efímero de crear música, de hacer una banda como si hiciera parte de una moda pasajera que nos vendieron las secciones de entretenimiento. Muchos ahora se dedicaron a crear bandas para figurar, para que la gente les pida fotos, autógrafos o los reconozcan en la calle, para conquistar a pretendientes deseosos de fama, para lucir sus mejores gafas, para reconocerse entre los demás como mejores, como intocables, como artistas en medio de las luces. Lo peor de todo es que mucha gente no nota eso, y sigue en ese círculo vicioso de una fama efímera y llena de vacíos artísticos; lastimosamente, la gente admira más la arrogancia que la sencillez, cuando de música se trata.

Play para vivir, play para disfrutar, play, play, P-L-A-Y para la música. Eso necesitamos. Pensar menos en la fama, menos en el dinero y más en la creación sincera de los sentimientos con la música. Necesitamos más músicos en escenario disfrutando su arte, sus canciones, su espectáculo frente al público. No se trata de cumplir horarios o compromisos, se trata de vivir de lo que se ama. Con seguridad que si se practica ese ideal de vida: “hacer por gusto”, todas esas cosas llegarán solas, y lo mejor, ya no importarán. Se sobreentiende que la música también significa sustento para muchos, pero eso no implica que el disfrute pase a un plano menos importante.

Cuando no existía una industria artística consolidada, la música se disfrutaba con las vísceras, con todo el amor, se gozaba; ahora que hay una gran industria que maneja mucho dinero, la música perdió brillo y se desvió por el lado fantasioso que legitimaron las cámaras y la fama en la actualidad, mucho maquillaje alrededor. Mucho excel, fotografías, redes sociales, fiestas y reuniones. El equilibrio es necesario, este asunto también requiere de ensayos, composición, escucha y mucha pasión por el sonido, así las dos visiones sean válidas. El disfrute, los conciertos y las canciones como la misma vida se convierten en un cuarto de hora, en un One Hit Wonder que no podemos desperdiciar.

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