¡No más conciertos en La Macarena!

Macarena

Diego Londoño
@Elfanfatal

Ya se ha dicho en repetidas ocasiones, Medellín tiene un problema complejo de espacios para disfrutar de la música en vivo. A salvo de tres teatros privados, del olvidado Carlos Vieco que ya conocemos su problemática y otros escenarios creados más para las artes escénicas, no tenemos otro lugar para disfrutar de conciertos masivos de agrupaciones locales, nacionales e internacionales. Este aspecto se convierte en una dificultad que crece y se hace más evidente día a día, pues la oferta cultural y musical de la ciudad está evolucionando para bien.

La experiencia de entrar a una plaza de toros repleta de gente, rebosante de luces, de gritos y con la esperanza de ver músicos que uno siempre soñó en vez de toreros y animales sacrificados, siempre va a ser alentador, pero cuando inicia el concierto y el sonido retumba como una caverna desolada, y se ve a lo lejos desde el escenario a los músicos desconcertados mirándose unos a otros, esa sí que es la mayor desilusión que puede tener el público que pagó por su boleta, y el músico que luego de ensayar y preparar su show, queda mal por algo externo que se sale de su creación y muestra artística.

Por eso, ¡No más conciertos en La Macarena! Porque ni el más brujo ingeniero de sonido puede con el caos sonoro que genera este lugar. Porque los músicos escuchan doble y el público canta la canción a destiempo. Porque hay una incertidumbre impresionante en cada ocasión: Yo estaba abajo ¿escuchabas mejor arriba? Desde abajo no escuchamos nada ¿Cómo sonamos, sí se entendió algo? Situaciones familiares para quienes hemos asistido a conciertos en este espacio.

Y en definitiva porque es el peor lugar para realizar actos musicales en vivo. Es un secreto a voces que ha estado durante muchos años en el ambiente de la música en la ciudad, y ahora ese susurro es un grito que dice no más, que exige respeto y valor a la música, esto se puede mirar desde la experiencia como espectador o como artista. No importa qué músico sea, nacional o internacional, las condiciones sonoras para un espectáculo siempre deben ser óptimas.

Allí históricamente hemos vivido recitales para no olvidar, en el año 1985 la mítica Batalla de las Bandas, una de las primeras descargas masivas de metal en la ciudad. Allí también nació el querido Festival Altavoz en el año 2004. Y vimos personajes como Gustavo Cerati, Mercedes Sosa, Rubén Blades, Christina y Los Subterráneos, Café Tacvba, Andrés Calamaro, Los Prisioneros, Chocquibtown, Vilma Palma e Vampiros, J Balvin, Enrique Bunbury, Calle 13, y Crew Peligrosos y Snoop Dogg que fue la última experiencia no grata. Y así, con todo tipo de artistas, desde el reggaetón, la música romántica, la ranchera, hasta la salsa y el vallenato.

Este sin lugar a dudas, es un buen momento para decirle a los empresarios musicales que además de contratar artistas comercialmente viables, deberían pensar también en los espacios de realización, de eso también va a depender la recordación de sus eventos. Y también es un buen momento para recordarle a la administración municipal, departamental o cualquier ente gubernamental que sienta este tema como suyo, que necesitamos un lugar con todos los requerimientos técnicos, de capacidad, de acústica, de ingresos y salidas, de instalaciones sanitarias, tanto para hacer conciertos, como para presenciarlos. La ciudad de verdad lo necesita.

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