Una Revolución sin Muertos

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Desde las calles de la 13 se agita una revolución, una manifestación pensante, de las palabras, de las ideas, de la fuerza, de la energía y de los sueños. Una revolución sin muertos camina desde  Juan XXIII hasta la pesebrera, pasando por Belencito, el 20 de julio y sin duda por toda la ciudad de Medellín,  queriendo sembrar a través de la música, la tolerancia y el respeto por el otro.

Desde el 2004 se genera la revolución sin muertos en Medellín,  una revolución que retumba transeúnte por toda la ciudad, mostrando beats fuertes, letras sinceras, sin pena y una cruda realidad que cada vez se hace más evidente.

La Red de Hip Hoppers Elite de la comuna 13 lidera este proceso de revolución, que pretende mostrar y demostrar que no están en contra de la guerra, ni en contra de las armas y mucho menos en contra de la muerte, “nuestro proyecto expone nuestro punto de vista donde estamos a favor del arte, de la paz, de la “noviolencia” (teniendo en cuenta que la noviolencia no es lo contrario de la violencia. Por eso se escribe pegado. Es una tercera opción) y principalmente a favor de la vida” dice Jeihhco Castaño, líder revolucionario.

El festival revolución sin muertos es la más grande y precisa postura de participación política del hip hop en la ciudad y uno de los más importantes del país, donde se genera arte, cultura y procesos de tolerancia y hermandad entre los Hip Hoppers de la escena musical. Además de un aporte social a toda la comunidad que tiene en su recorrido diario y en su paisaje la violencia.

Yhiel, Colacho, Marcelo Pimienta, Medina y El Gordo, fueron parte de esta revolución, y cayeron en ella. Muchos de ellos siguen, tratando de eliminar a través de su música, problemáticas sociales y cruzando fronteras invisibles que limitan su creación artística.

Según Jeihhco, la necesidad: expresar a través de la música las situaciones de conflicto y las problemáticas familiares, sociales, económicas a las cuales se ve expuesta la juventud de ésta zona.

La intención: mostrar que a través del arte se hace la verdadera revolución donde no hay ninguna víctima. Mostrando que se puede realizar un evento donde se reúna gente de todos los lugares de la ciudad y del país para encontrarse en una sola voz –la música-.

Para los músicos, el festival es un puente importante para mostrarse a la ciudad y fijar posturas de pensamiento como “en la trece la violencia no nos vence”.  Para José David Medina, integrante del grupo Sociedad FB7, uno de los grupos participantes en el festival, “hacer parte de este proceso, le permitió al grupo niveles altos de proyección, de vinculación a los procesos de reivindicación y “noviolencia” que generan las organizaciones en la comuna 13; sin embargo el sentido fundamental es lograr que el quehacer artístico tenga un vínculo con la realidad, con la transformación, que las letras y reflexiones de los músicos circulen, se potencien al ser interpretadas”

Hoy en día con siete años de trayectoria y seis festivales, Revolución sin Muertos, ha logrado una increíble acogida en la ciudad y en el país, además de consolidarse como el segundo festival más importante de HIP-HOP en Colombia.

Para Jeihhco lo más importante, es “haber logrado claridades, cada día saber más y mejor quienes somos, que queremos y como lo vamos a lograr. El festival es una apuesta de vida NO ES UN CONCIERTO, y eso por fin lo estamos entendiendo y haciéndolo entender”

Mientras gente, pasa, mira y no siente, otros caminan cantando para olvidar una realidad que les tocó obligadamente. Revolución sin muertos una apuesta por la vida a través de la música, una apuesta por resistirse a la violencia.

 

 

 

Para más información http://www.revolucionsinmuertos.blogspot.com/

¿Qué sería de la vida sin música?

Siguiendo de cerca como periodista musical el circuito de los músicos independientes de Medellín y Colombia, de estar cerca también de los conciertos realizados en la ciudad y de las bandas que están proponiendo nuevas estéticas auditivas; veo una clara evolución con respecto al trabajo de los músicos y de la escena musical así, otros digan que no, que todo va de cabezas. Llego a este cuestionamiento, precisamente por la lectura de un documento sobre la vida de los afganos en la que básicamente cuentan la historia de la abolición de la música en la cultura afgana por parte de dos eruditos islámicos.

Estas manifestaciones de exclusión las hemos visto reflejadas en la historia en muchas oportunidades desde la música negra con el blues y el jazz al ser sonidos exclusivamente para la raza negra, la mismísima salsa con el recelo de los cubanos por sus composiciones y arreglos, hasta el ámbito religioso que se remonta a la época del genialísimo Mozart cuando quien reproduciera o transcribiera la obra “Miserere” utilizada en la capilla Sixtina los miércoles y viernes de la Semana Santa quedaba bajo pena de excomunión y para no irnos muy lejos, con los estigmas por el rock y las músicas urbanas en la sociedad actual.

También un referente importante dentro de la censura de la música en Suramérica es precisamente Argentina, donde la censura de la música popular y sobretodo del lunfardo que era catalogado como la jerga de los delincuentes, se evidenció como una forma más para protestar por la libertad de expresión.

Con la guerra de Malvinas nació una de las etapas más oscuras de la historia argentina y a la vez, una de las más brillantes del rock nacional, debido al reflotamiento del mismo por parte de los medios de comunicación y al cierre del mercado musical, lo que creó que las producciones nacionales fueran valoradas como tal. La Guerra de las Malvinas fue en cierta manera la que potenció lo que conocemos hoy como Rock Argentino, el grandísimo Rock Argentino que es influencia directa para muchos países latinoamericanos con respecto a la música.

Por eso no vamos de cabeza, porque hablando de Medellín y del movimiento musical que se vive en la ciudad, podemos destacar la gran producción de videoclips de bandas musicales, la consolidación de festivales independientes, el surgimiento de nuevos e interesantes géneros y también la materialización del trabajo de los músicos a través de buenas producciones discográficas. Eso no es poco.

Medellín sin duda, según los antecedentes antes mencionados, se está convirtiendo paso a paso, lentamente y aprendiendo de su propia experiencia, en una ciudad propositiva, plurigenérica y representativa en cuanto a la música, pero la censura musical en la ciudad al parecer, va por otro lado, ¿cómo tolerar actos de violencia contra los músicos?¿Cómo tolerar la muerte de varios jóvenes raperos de la Comuna 13 –Yhiel, Colacho, Marcelo Pimienta, Medina, El Gordo-, o la muerte de Rasta, líder del rap en Medellín desde hace más de una década o la muerte de El Pollo Músico de la agrupación de Techno (Automático) de la Zona Noroccidental, o de dos guitarristas representativos de la escena metalera de la ciudad– Monsa y Néstor-, o simplemente el acto bochornoso del Altavoz clasificatorio de Hip Hop de hace algunas ediciones cuando bajaron a un grupo a punta de botellas plásticas porque simplemente no les gusta la música?

Pensemos un poco en estas situaciones, la música no puede hacer parte de la violencia de esta ciudad. Porque, ¿Qué seria de la vida sin música?…