En respuesta al columnista de Soho, yo digo, ¡sí necesitamos más teloneros colombianos!

Por Diego Londoño
@Elfanfatal

Si no creemos en nuestra música, ¿entonces quién? Esa fue la pregunta que me quedó luego de leer el inconsciente y descontextualizado artículo que publicó hace unos días la Revista Soho. En este texto, no se podía hablar de una manera más despectiva e irrespetuosa sobre los músicos teloneros en Colombia, y más allá de ellos, sobre nuestra propia creación e industria musical colombiana. Lo primero es que no voy a criticar la posición del periodista que lo escribió, es algo muy personal y cada quien decide en qué se gasta su plata, y cuál es su apuesta por el arte. Pero sí quiero expresar con respeto, que la publicación por parte del medio de comunicación, en este caso la Revista Soho, fue irresponsable. Para muchos, incluyendo a Leonardo Castro, persona que escribió la columna, es un argumento válido no tener más teloneros, pero para otros, como en mi caso, tenerlos es la posibilidad de construir vida, de seguir haciendo historia y de potenciar el trabajo que cientos de músicos en el país han realizado durante años.

Eso de solo ir a ver el artista internacional, por el cual pagué, es un argumento que en definitiva no tiene ningún valor ni respeto por el arte colombiano.

Así que por el respeto que le tengo al trabajo de músicos colegas en todos los rincones de Colombia, a los que quisiera ver en escenarios internacionales tocando sus canciones y más aún, en su territorio como teloneros de los más grandes artistas del mundo, debo escribir este texto, para decirle al periodista y al medio de comunicación que, contrario a lo que piensan, este es uno de los mejores momentos en la industria musical colombiana, es el momento donde figuramos en el mapa y hasta nos ganamos premios internacionales. Pero más allá de los premios, que poca relevancia tienen, es el momento donde agrupaciones como LosPetitFellas, Pedrina y Río, Tr3sDeCorazón, Doctor Krápula, Bomba Estéreo, Nepentes, Monsieur Periné, Tarmac, I.R.A, Chocquibtown, Carlos Elliot Jr, Mr. Bleat, Diamante Eléctrico, Puerto Candelaria, Providencia, y una larguísima lista que no alcanzaría en el espacio de esta columna, están triunfando en los escenarios del mundo como Coachella, SXSW, Womex, Vive Latino, Lollapalooza, entre otros. Lástima que por ustedes sí aplique eso de “nadie es profeta en su tierra”.

En la música y el arte hay muchos sueños, muchas familias implicadas, mucha vida y también mucho dinero (ensayos, cuerdas, transporte, discos, videos), como para que una columna irresponsable se tire en procesos que hasta ahora toman vuelo. La invitación siempre será a la crítica constructiva con la música, con la propuesta, de esto aún nos falta y debería no tomarse personal. Quizá esto ayude a que el nivel se ponga a tono con el de los músicos internacionales. Lo que no es aceptable, es respaldar un artículo sin contexto ni conocimiento, y lleno de actitud destructora hacia el arte del país. Lo de afuera no es lo único, ni lo mejor ¿Quieren que las personas conozcan las bandas teloneras y se sepan las canciones que interpretan?, entonces permitan que tengan su espacio y puedan sonar. En otros países, un telonero es una oportunidad única para conocer nuevas revelaciones y sonidos ¿Por qué acá no? Si el objetivo del texto era simplemente provocar y ganar seguidores para su querida revista, pues es un irrespeto con los lectores. Mejor sigan con sus temas y no se metan con la música, no es un campo que les compete.

The Rolling Stones, Coldplay, Foo Fighters, Metallica, Madonna, y los que quieran citar, si mucho vienen una o dos veces en la vida a Colombia; ¿luego qué?, ¿nos quedamos esperando sin aportar a nuestra misma música? Mi apuesta es ir a los conciertos de agrupaciones nacionales, comprar sus discos y seguir proponiendo teloneros, para que los que no conocen empiecen a creer y a seguir, y también, para demostrarle a gran cantidad de público y empresarios escépticos que sí se puede, pues Los Stones o Madonna también fueron artistas de bares.

¿Ustedes de qué lado están? Si no creemos en nuestra música, ¿entonces quién?.

Un nuevo sol para Estéreo Picnic 2015

La clase que se graduará tocando en el próximo Festival Estéreo Picnic ha resultado más que sobresaliente, buenas propuestas y ante todo muy buena música.

Durante la sexta edición de nuestro festival tendremos la oportunidad de escuchar los temas del vinilo (certificado como el) más vendido de las últimas dos décadas. Se trata del estadounidense Jack White interpretando lo mejor de su ya inmortal nuevo trabajo Lazaretto. El ex White Stripes también estuvo nominado a los VMA por los Mejores Efectos Especiales del video del sencillo que da nombre al disco. La música de este héroe del rock garajero, también está nominada a la edición No.57 de los Premios Grammy. En esta ocasión estará compitiendo en varias categorías, incluyendo Mejor Interpretación Rock por la canción ‘Lazaretto’, Mejor Canción Rock por ‘Jack White III’ y Mejor Álbum de Música Alternativa por Lazaretto.

Los ingleses Alt-J estarán batiéndose también en ese último grupo de los premios con su segundo larga duración This Is All Yours. Por su lado, la agrupación de Washington D.C., SOJA, competirá por Mejor Álbum Reggae con su Amid the Noise and Haste. La verdad podrá conocerse durante la noche del próximo 8 de febrero de 2015, en la ceremonia de premiación de los Grammy que se llevará a cabo en el Staples Center de Los Ángeles, California.

El sábado 14 de marzo el Parque 222 verá la ascención del DJ más grande del momento en Bogotá. Durante el año importantes medios como NME, Rolling Stone y Dj Mag nos dieron cuenta de que el éxito mundial de Calvin Harris no era algo pasajero.

El escocés logró romper todos los records en listas durante 2014 con sus sencillos multiplatino, además de haber sido catalogado como el pinchadiscos mejor pago del mundo por segundo año consecutivo. Su trabajo discográfico Motion sostiene el trono entre los mejores álbumes de Dance/Electronic de Billboard. Y Harris se convirtió en el primer artista en poner 3 sencillos dentro del top 10 del Hot Dance/Electronic Songs: ‘Summer’ (No 9), ‘Outside’ (No 7) y ‘Blame’ (No 2).

2014 fue también un año muy ocupado y lleno de grandesa de estadio para los reyes absolutos del nuevo rock. El tour Mechanical Bull de Kings of Leon recorrió el mundo dando cientos de shows antes de que su montaje inconmesurable embista la tarima del FEP. La gira del sexto trabajo discográfico de esta prodiga banda de Nashville vendió una cifra record de más de 300.000 entradas antes de terminar el primer semestre del año, lo que desde muy temprano los ubicó dentro de los mejores 25 tours del año.

Por su parte, otro gran logro para uno de los artista más esperados en 2015 fue el del álbum Torches de Foster The People, que alcanzó el puesto 12 en las listas de Official Album Charts este año.

Nuestro bohemio favorito, Andrés Calamaro, cerró este año con triple broche de oro. Esto incluyó el DVD Pura Sangre, el CD Jamón del Medio (con grabaciones en vivo de muchos de sus mejores conciertos en su gira latinoamericana) y un Latin Grammy por su sencillo ‘Cuando no estás’ en la categoría Mejor Canción Rock. A su lado, y recuperado del cancer que lo agobió en los últimos tiempos, el poeta vagabundo Draco Rosa reapareció en las listas con su trabajo Vida y el sencillo ‘Amantes hasta el fin’ obtuvo 3.2 millones en “impresión de audiencia”, sin haber tenido mayor inversión en promoción. De esta manera, el puertorriqueño escaló en la lista Latin Airplay de Billboard y se hizo de un preciado gramófono en la ceremonia más importante de la música.

El multiganador del Grammy y figura más importante de su género, Skrillex, también llega al FEP reventando conteos de todas las índoles. Más de 12 millones de singles vendidos, ganador del DJ Awards 2014 en la categoría Mejor DJ de DrumN’Bass/Dub Step, su disco Recess entre los 25 mejores álbumes del año de Rolling Stone, casi 4 millones de seguidores en Twitter y más de 19 millones en Facebook, lo posicionan como uno de los artistas obligatorios de esta sexta versión del Picnic.

La movida electrónica a cargo de comandantes de los decks tendrá en sus filas de infantería a un artista muy esperado que con innovadores videos y un sonido particular, ha llegado a ser uno de los DJs más bloggeados del año según Hype Machine. Hablamos de Chet Faker que junto a SBTRKT y el ya mencionado Alt-J, posicionaron en lo más alto de los charts álbumes como Built On Glass, Wonder Where We Land y This Is All Yours, respectivamente.

En un año impecable para Rudimental, su sencillo ‘Waiting All Night’ fue elegido el Mejor Sencillo Británico en la edición de este año de los Brit Awards.

Para la revista Semana, los discos del año pasado también sonarán en el Picnic. Amor y deudas de Puerto Candelaria This Is Gozar de Herencia de Timbiquí sonarán en el cielo bogotano cuando el folclor de este para de joyas locales prendan la fiesta de nuestro Festival.

Grupos como el rolo Milmarías, ganó el premio Virgin Hermoso Ruido y viajó a México para mostrar su “finura sabrosincera”. Ahora harán equipo con bandas como Planes, Pedrina y Río, Telebit, Elsa y Elmar, Federico Franco y muchos más para mostrar nuevos temas que tuvieron gran acogida en 2014 y para representar la emergente escena local que verá en el Picnic un gran paso a la ventana del mundo.

Artesanos del sonido

La historia de dos vidas distintas, unidas por seis cuerdas templadas…
Por Diego Londoño
@elfanfatal
diego@musicasomos.net
Al llegar a Marinilla, municipio del oriente Antioqueño, y luego de un extravío descuidado en la carretera que conduce a la capital de Colombia desde Medellín, pregunto inocentemente dónde queda ubicado el taller de guitarras, me responden a punta de sonrisas marinillas con varias direcciones, al caminar más de 10 minutos me doy cuenta que son varios los talleres, varios los pioneros y representantes del instrumento en este municipio guitarrero por excelencia.
El día anterior había acordado encontrarme con un rostro que vi más de una vez en etiquetas de guitarras de amigos, maestros y hasta mías, un rostro conocido en mi adolescencia musical y rebelde.
-Entonces nos vemos a las ocho, acá en mi taller al lado de la autopista, por el cementerio de Marinilla. Dijo.
-Así será señor… nos vemos mañana, muchas gracias por todo.
Caminando me topé de repente con un letrero grande a la entrada de un jardín enlodado por la lluvia del alba, “Guitarras La Sonora. Gerardo Arbeláez, leyenda desde 1898”. A las ocho en punto de la mañana estaba pisando el botón que era avisado por un cartel que decía, ´fábrica, timbre aquí´.
Salió ese rostro que por tantos años había visto, para mí era casi familiar, como un viejo conocido.
-Don Gerardo como está, ayer hablamos para este encuentro, ¿se acuerda? Dije.
- Ahh, ¿Cómo está?
Fue el saludo simplón que recibí aquel jueves frio y húmedo de agosto.
De repente su rostro se transformó, parecía resistirse a que alguien ingresara a su mundo, el de las cuerdas, la madera inmunizada, el roble, el cedro, el colbón, la macilla, las prensas y los trastes.
-Hombre hoy estoy como ocupado, solo tengo un trabajador. Deberías pasarme esas pregunticas por escrito y yo las miro y nos sentamos más tranquilos en otra oportunidad.
Sentí por un momento que había perdido el trabajo, las llamadas y la ilusión, que la madrugada preparada para recorrer los 47 kilómetros de distancia en un microbús, y los 4.700 pesos del pasaje, se desvanecían entre la niebla oriental de Antioquia. Mi voz se quebró y mi ceño insistió- así quisiera- en no fruncirse.
-Don Gerardo, yo vengo desde Medellín solo para conversar con usted y verlo trabajar un rato. No es nada complicado, del resto me encargo yo. ¿Puedo ver su taller?
Después de todo pude ingresar tímidamente y ver el espacio artífice de toda una tradición cultural en Antioquia.
Doy unos pasos en las pequeñas baldosas coloridas de la casa de paredes amarillas. El olor a madera ya se entrometía en el ambiente, y el rostro de Don Gerardo seguía tan rígido como la madera de sus guitarras.
Gerardo Arbeláez se ubicó en la mesa central del patio, agarró el mástil de una guitarra en construcción que hacía parte de un cúmulo de maderos ubicados en el suelo, le dio dos golpes en la parte superior con la intención de revisar su encaje. Luego, inició a pegar los 18 trastes enumerados en la madera, con la experiencia que sólo dan los años y con la certeza de que algún día, eso que hasta el momento parecía tan sólo un madero insípido, emitiría toda clase de notas y melodías. Acordes, ritmos y canciones pegajosas desfilarían por las cuerdas cobrizas que más tarde pondría también con cuidado. Me distraje un rato mirando la grabadora Silver repleta de viruta de aserrín que teníamos enfrente, “Se va, se va la lancha, se va con el pescador y en esa lancha que cruza el mar, se va también mi amor”, sonaba de fondo en el 830 am de Radio reloj.
Su labor matutina empezó a mi lado, de a poco empezamos a conversar, Gerardo Arbeláez, el creador de las guitarras La Sonora, que se construyen hace más de 50 años, ahora martilla mientras de reojo observa como tomo apuntes sobre lo que tímidamente me cuenta, mientras yo sutilmente trato de romper el hielo.
Él es un hombre tranquilo, que disfruta la vida mientras ella pasa a su lado. Sus días son llenos de madera, cuerdas y música, la que disfruta oyendo y con la que alimenta su alma. La música colombiana es su motor, los boleros su corazón. Admira y disfruta al maestro León Castaño, al Dueto de Antaño, Los Panchos y Los Diamantes. Su experiencia se nota en el hablar, y sus años llegaron cargados de serenidad y una modestia admirable.
Su historia con la amiga de pronunciadas curvas y caderas anchas, lleva tres generaciones encima, empezó hace más de un siglo con su abuelo Isaac Arbeláez nacido en la vereda Río Abajo de Rionegro. La leyenda, que tanto respeto y recelo genera para toda la familia Arbeláez, inicia en el  cercano municipio de San Vicente, cuando Isaac fue contratado como ayudante de ebanistería por un arquitecto español que llegó a la población a restaurar la iglesia de Nuestra Señora de Chiquinquirá. El abuelo resultó ser un buen aprendiz, el arquitecto empezó a quererlo mucho, se hicieron buenos amigos y en los tiempos de ocio y de poco trabajo, con los conocimientos que el jefe tenía no solo en maderas, construcción, sino también en música, quiso construir en compañía de Isaac una guitarra.
Luego de esa guitarra con errores, la segunda les salió más perfecta y ese fue el inicio de la tradición guitarrera del apellido Arbeláez que lleva más de 100 años. Esta práctica pasó de padre a hijos, como un azar hecho destino, de Isaac a Lázaro y luego a Gerardo y tres hermanos  más del batallón de diecisiete que tuvo don Lázaro.
“De ahí empezamos nosotros los hijos, a seguir los pasos de mi papá Lázaro, pues desde muy niños comenzamos a colaborar en cositas antes de salir para la escuela. Todo esto nos tocó en Marinilla. Mi papá había acabado de crear un taller de guitarras, que sería muy importante en toda la región”, dice Gerardo.
Según cuenta la reconocida pionera en etnomusicología en Colombia, María Eugenia Londoño, la guitarra apareció muy prontamente con la invasión europea.
En sus inicios era un instrumento utilizado popularmente en paseos familiares en los cuales se interpretaban cantos de fiesta y coplas tradicionales, aunque también gozaba de una minoría de altas influencias elitistas, de habitantes llegados en la época de colonización desde Francia, Alemania, Italia, Portugal y España.
La Iglesia, que por ese tiempo tenía el poder en el terreno cultural e intelectual en América, influyó de manera importante en la enseñanza de la música para ser utilizada en sus diferentes ceremonias religiosas, por esta razón, el instrumento a lo largo de los años fue enseñado de forma oral y generacional.
La guitarra fue utilizada en las celebraciones libertadoras de Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, interpretando obras de corte colombo – español como El Arias, La Vencedora, o La Libertadora.
En el año 1882 se fundó el Conservatorio Nacional de Colombia y fue allí donde se empezaron a crear nuevas escuelas de música en ciudades como Cartagena, Ibagué, Medellín, Cali, Tunja y Santa Marta, en donde se inician las clases oficiales de música con título universitario con los instrumentos sinfónicos y el piano, aunque hasta el año 1986 y gracias a la enorme labor del guitarrista y Pedagogo Ramiro Isaza Mejía padre de la escuela de guitarra en Colombia, se le otorgará al guitarrista el mismo título profesional que para los demás músicos.
Después de toda esa historia, los Arbeláez fueron pioneros en hacer instrumentos de cuerda, no solo guitarras sino también, tiples, bandolas, y cuatros. Su proceso como familia constructora y musical, empezó desde 1860, sin manuales, sin comunicación, sin profesores, sin internet, la única ruta era la prueba ensayo error.
Gerardo Arbeláez aprendió fácil, se apasionó y lleva más de 50 años construyendo, reparando y tocando guitarras, “tocando así sea poquito, y muy a la brava. Así me enseñó mi papá. Yo me echo mis boleritos y mis tonadas de música colombiana. Lo hago muy en solitario. Yo me dediqué fue a construirlas”. Para consolidar sus guitarras, no solo en Medellín, sino en toda Colombia, tuvo la ayuda de muchos músicos importantes como Darío Garzón, de Garzón y Collazos, Virgilio Duque o Ángel María Camacho.
Una de esas guitarras, construidas por Gerardo en la fría Marinilla, la fundada por Juan Duque de Estrada y Francisco Manzueto Giraldo, llegó coincidencialmente a las manos de un joven curioso del municipio de Medellín. Luis García Blair, empezaría a incursionar en la guitarra.
Luis, en la casa de Jaime, su tío hippie, encontró un emblema generacional de toda la sociedad Antioqueña; Una guitarra rota, colgada de un cordón en un escaparate, solamente con tres cuerdas. La pidió prestada y al tiempo, por cosas del destino ya era suya. En la etiqueta de este olvidado madero café claro, figuraba la imagen de Gerardo Arbeláez sosteniendo una de sus guitarras, vestido de suéter beige y camisa blanca, a su alrededor rombos rojos y amarillos, y en forma de portada, el nombre ´La Sonora´. Esta sería la primera adquisición musical de Luis. Con el paso de los años, el color madera de la tapa frontal de aquél instrumento perdería la ilusión; gracias a un par de temperas, se tornaría verde, rojo, negro y amarillo, como un tributo a Bob Marley, así él, no gustara en lo absoluto de la música reggae.
Luego de un tiempo su gusto adolescente cambiaría, como todo en la vida. En su subconsciente,  la guitarra eléctrica había sido su inspiración, su sueño de niño, la forma de su cuerpo macizo, los colores brillantes, pensados, los movimientos de estrellas del rock como Slash, Jimmy Page o Hendrix y el sonido brillante y acaparador de las cuerdas metálicas, lo atraparon sin posibilidad de escapatoria, como un video juego de moda.
La guitarra eléctrica nació como un experimento con la intención de de crear guitarras con mas volumen de sonido, para llegar a esto, se potenció el volumen de la ya existente guitarra electro acústica y nació un instrumento con personalidad y alma propia.
Las primeras guitarras eléctricas datan de los años treinta, y son fruto de los esfuerzos de compañías como Rickenbacker y Vivi Tone Company.
A Medellín y a Colombia, las primeras guitarras eléctricas, llegaron gracias a los viajeros, a quienes tenían la posibilidad de cruzar el Valle y dejarse deslumbrar por el primer mundo. Marcas como Fender, Ibanez, Rickenbacker, Jackson o Gibson, tocaron suelo colombiano para impresionar y  marcar una nueva tendencia exclusiva para unos pocos afortunados.
Para ese entonces, tener una eléctrica no era tan común como ahora. “Soy hijo de Gloria Blair y Luis García,  en ese momento la prioridad económica para mi familia era la casa y el estudio”, dice Blair a la vez que cuenta como pudo acercarse a la primera guitarra eléctrica de su vida, fuera de pararse enfrente del tv de su casa y ver a los grandes ejecutarlas en sus espectaculares shows.
“A uno de mis mejores amigos le mataron el hermano, quien era guitarrista; desde su muerte, la guitarra que usaba estaba guardada en un garaje, desarmada y empolvada. Para ganármela, el reto era armarla y ponerla a sonar…”, las sonrisas aparecen con el relato, el final concluye con una expresión de egocentrismo. Si, esa fue su primera guitarra eléctrica, y aún él, no sabía ni tocarla.
Blair, o El Flaco, como es conocido en el mundo musical, es modelo 78, como el Nissan Patrol o el imponente Chevrolet Camaro. Mide 1.94, sonríe sin querer y tiene más de 20 guitarras eléctricas colgadas en su habitación en Envigado, así siga soñando con una Gibson Les Paul Custom blanca como la de Randy Rhoads. Los sonidos que prefiere son el Glam y el hardrock, su guitarrista preferido es David Gilmour de Pink Floyd, es un enamorado de la música en general, del sonido eléctrico de sus guitarras, del chocorramo, con coca cola y cigarrillo Green.
Al preguntarle por la guitarra, suspiró, miro a su alrededor y quiso caer en el cliché. “Yo por la guitarra siento amor, también odio cuando no suena como quiero. Las guitarras son mis metas, son mis sueños”.
Este personaje tiene dos vidas, una que inicia a las 7 en punto de la mañana, cuando empieza su labor como comunicador social en una reconocida caja de compensación familiar, donde aplica sus 15 semestres de universidad y otra que se define de 5 de la tarde, hasta que el hambre haga de las suyas, o el reloj recuerde su deber de madrugar. “En el día llevo la vida de mi mamá, o la vida que la sociedad me pone a vivir y en la tarde llevo mi verdadera vida”, dice El Flaco.
Blair Guitars es su taller de construcción, reparación y mantenimiento de guitarras, allí se la pasa todas las noches desde hace 3 años. Luego de pulir muchas guitarras hasta literalmente poner a “oler la madera a cebolla”, consiguió la experiencia como lutier de guitarras eléctricas,  se independizó, y montó el taller que inició con setenta mil pesos y que ahora ahorra toda la cantaleta de su madre por el desorden, la basura, la herramienta, el aserrín, la pintura y el ruido en casa.
Al ingresar a Blair Guitars, puedo contar de inmediato más de 20 instrumentos, mientras Luis, con su camisa de cuadros rojos, blancos y negros me recibe en su espacio de trabajo, con un abrazo que por su altura me llega al pecho.
Antes de tocar guitarras, su afición fue destaparlas, repararlas, buscarle los rincones que no conocía, muchas veces no pudo volver a armarlas. “Siempre me le metía a las guitarras de los amiguitos a repararle los ruidos, yo esos ruidos los mataba poniéndole un cable de la guitarra al cuerpo del guitarrista, como un polo a tierra”, ríe y sigue encordando un bajo acústico mientras termina de apagar un cigarrillo.
Blair es uno de los pocos personajes que construye guitarras eléctricas en Colombia. Este aprendizaje lo adquirió durante años de intentar, pintar, fallar y volver a lijar. Cuando inició hace tres años, le decían que lo que quería hacer solo era para los gringos o los europeos, pero su sueño además de construirle una guitarra a Slash el guitarrista de Guns N´ Roses y Velvet Revolver, es darle la marca de guitarras eléctricas a Colombia, aportarle a la historia, ser parte de ella. Esto lo dice, sin desconocer que las guitarras acústicas son la esencia, y que el camino acertado para llegar a lo eléctrico, es pasar por la mística de lo acústico.
Hablar de lo acústico, es como hablar del apellido Arbeláez o del mismo Gerardo, sin embargo, él mismo piensa que para su marca de guitarras, una de las más populares en Colombia, el futuro es oscuro. “En el caso mío tengo cuatro hijos, dos hombres y dos mujeres, y ellos se fueron por otros negocios más productivos. Terminando o falleciendo yo, hasta ahí llega la tradición. El tiempo dirá todo”.
A pesar de esto, es una persona que vive tranquilamente, de lo que le gusta, como él mismo dice, “aunque pierda plata, me gusta”. Ha vivido más de 60 años por y con la guitarra, de su pasión,  de una manera sencilla, pero feliz.
Estos dos personajes transitan paisajes, sonidos, experiencias, cotidianidades y vidas circunstancialmente diferentes. Sus años disímiles han sido enteramente vividos al lado de la robusta de seis cuerdas. De ese madero, que a través de horas de lija, martillo, regla, pintura, conocimiento y amor, queda listo para emitir sonidos, sensaciones y personalidades; desde el bolero hasta el rock, pasando por el tango y la salsa.
Edades que se superan por el doble, pensamientos que llevan  más  de 30 años de diferencia, el rock y los boleros, las canas y la abundancia descuidada de cabello, las distorsiones, rapidez  y agilidad,  y el romanticismo de la dulzura pasada, hacen parte de sus cotidianidades…Blair y Arbeláez, dos personajes unidos por 6 cuerdas templadas cuidadosamente, que al tocarse, cuentan la historia de todos y a la vez de unos pocos. Cuerdas que pueden enamorar sutilmente o  hacer mover la cabeza a cualquier desprevenido.
Al final como conclusión, les pregunto sobre el significado que tiene la guitarra en su vida,  Blair, responde con rapidez y certeza, “me dicen guitarra y de inmediato es como si me estuvieran nombrando. Yo no me veo en ninguna parte de lo que me queda de vida, sin una guitarra…”, por su parte Gerardo, piensa un instante y no puede responder… no encuentra las palabras.

foto guitarras

La historia de dos vidas distintas, unidas por seis cuerdas templadas…

Por Diego Londoño

@elfanfatal

Fotografías por Esteban Cardona

@estebanpolite

Al llegar a Marinilla, municipio del oriente Antioqueño, y luego de un extravío descuidado en la carretera que conduce a la capital de Colombia desde Medellín, pregunto inocentemente dónde queda ubicado el taller de guitarras, me responden a punta de sonrisas marinillas con varias direcciones, al caminar más de 10 minutos me doy cuenta que son varios los talleres, varios los pioneros y representantes del instrumento en este municipio guitarrero por excelencia.

El día anterior había acordado encontrarme con un rostro que vi más de una vez en etiquetas de guitarras de amigos, maestros y hasta mías, un rostro conocido en mi adolescencia musical y rebelde.

-Entonces nos vemos a las ocho, acá en mi taller al lado de la autopista, por el cementerio de Marinilla. Dijo.

-Así será señor… nos vemos mañana, muchas gracias por todo.

Caminando me topé de repente con un letrero grande a la entrada de un jardín enlodado por la lluvia del alba, “Guitarras La Sonora. Gerardo Arbeláez, leyenda desde 1898”. A las ocho en punto de la mañana estaba pisando el botón que era avisado por un cartel que decía, ´fábrica, timbre aquí´.

Salió ese rostro que por tantos años había visto, para mí era casi familiar, como un viejo conocido.

-Don Gerardo como está, ayer hablamos para este encuentro, ¿se acuerda? Dije.

- Ahh, ¿Cómo está?

Fue el saludo simplón que recibí aquel jueves frio y húmedo de agosto.

De repente su rostro se transformó, parecía resistirse a que alguien ingresara a su mundo, el de las cuerdas, la madera inmunizada, el roble, el cedro, el colbón, la macilla, las prensas y los trastes.

-Hombre hoy estoy como ocupado, solo tengo un trabajador. Deberías pasarme esas pregunticas por escrito y yo las miro y nos sentamos más tranquilos en otra oportunidad.

Sentí por un momento que había perdido el trabajo, las llamadas y la ilusión, que la madrugada preparada para recorrer los 47 kilómetros de distancia en un microbús, y los 4.700 pesos del pasaje, se desvanecían entre la niebla oriental de Antioquia. Mi voz se quebró y mi ceño insistió- así quisiera- en no fruncirse.

-Don Gerardo, yo vengo desde Medellín solo para conversar con usted y verlo trabajar un rato. No es nada complicado, del resto me encargo yo. ¿Puedo ver su taller?

Después de todo pude ingresar tímidamente y ver el espacio artífice de toda una tradición cultural en Antioquia.

Doy unos pasos en las pequeñas baldosas coloridas de la casa de paredes amarillas. El olor a madera ya se entrometía en el ambiente, y el rostro de Don Gerardo seguía tan rígido como la madera de sus guitarras.

Gerardo Arbeláez se ubicó en la mesa central del patio, agarró el mástil de una guitarra en construcción que hacía parte de un cúmulo de maderos ubicados en el suelo, le dio dos golpes en la parte superior con la intención de revisar su encaje. Luego, inició a pegar los 18 trastes enumerados en la madera, con la experiencia que sólo dan los años y con la certeza de que algún día, eso que hasta el momento parecía tan sólo un madero insípido, emitiría toda clase de notas y melodías. Acordes, ritmos y canciones pegajosas desfilarían por las cuerdas cobrizas que más tarde pondría también con cuidado. Me distraje un rato mirando la grabadora Silver repleta de viruta de aserrín que teníamos enfrente, “Se va, se va la lancha, se va con el pescador y en esa lancha que cruza el mar, se va también mi amor”, sonaba de fondo en el 830 am de Radio reloj.

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Su labor matutina empezó a mi lado, de a poco empezamos a conversar, Gerardo Arbeláez, el creador de las guitarras La Sonora, que se construyen hace más de 50 años, ahora martilla mientras de reojo observa como tomo apuntes sobre lo que tímidamente me cuenta, mientras yo sutilmente trato de romper el hielo.

Él es un hombre tranquilo, que disfruta la vida mientras ella pasa a su lado. Sus días son llenos de madera, cuerdas y música, la que disfruta oyendo y con la que alimenta su alma. La música colombiana es su motor, los boleros su corazón. Admira y disfruta al maestro León Castaño, al Dueto de Antaño, Los Panchos y Los Diamantes. Su experiencia se nota en el hablar, y sus años llegaron cargados de serenidad y una modestia admirable.

Su historia con la amiga de pronunciadas curvas y caderas anchas, lleva tres generaciones encima, empezó hace más de un siglo con su abuelo Isaac Arbeláez nacido en la vereda Río Abajo de Rionegro. La leyenda, que tanto respeto y recelo genera para toda la familia Arbeláez, inicia en el  cercano municipio de San Vicente, cuando Isaac fue contratado como ayudante de ebanistería por un arquitecto español que llegó a la población a restaurar la iglesia de Nuestra Señora de Chiquinquirá. El abuelo resultó ser un buen aprendiz, el arquitecto empezó a quererlo mucho, se hicieron buenos amigos y en los tiempos de ocio y de poco trabajo, con los conocimientos que el jefe tenía no solo en maderas, construcción, sino también en música, quiso construir en compañía de Isaac una guitarra.

Gerardo Arbelaez en Música Somos

Luego de esa guitarra con errores, la segunda les salió más perfecta y ese fue el inicio de la tradición guitarrera del apellido Arbeláez que lleva más de 100 años. Esta práctica pasó de padre a hijos, como un azar hecho destino, de Isaac a Lázaro y luego a Gerardo y tres hermanos  más del batallón de diecisiete que tuvo don Lázaro.

“De ahí empezamos nosotros los hijos, a seguir los pasos de mi papá Lázaro, pues desde muy niños comenzamos a colaborar en cositas antes de salir para la escuela. Todo esto nos tocó en Marinilla. Mi papá había acabado de crear un taller de guitarras, que sería muy importante en toda la región”, dice Gerardo.

Según cuenta la reconocida pionera en etnomusicología en Colombia, María Eugenia Londoño, la guitarra apareció muy prontamente con la invasión europea.

En sus inicios era un instrumento utilizado popularmente en paseos familiares en los cuales se interpretaban cantos de fiesta y coplas tradicionales, aunque también gozaba de una minoría de altas influencias elitistas, de habitantes llegados en la época de colonización desde Francia, Alemania, Italia, Portugal y España.

La Iglesia, que por ese tiempo tenía el poder en el terreno cultural e intelectual en América, influyó de manera importante en la enseñanza de la música para ser utilizada en sus diferentes ceremonias religiosas, por esta razón, el instrumento a lo largo de los años fue enseñado de forma oral y generacional.

La guitarra fue utilizada en las celebraciones libertadoras de Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, interpretando obras de corte colombo – español como El Arias, La Vencedora, o La Libertadora.

En el año 1882 se fundó el Conservatorio Nacional de Colombia y fue allí donde se empezaron a crear nuevas escuelas de música en ciudades como Cartagena, Ibagué, Medellín, Cali, Tunja y Santa Marta, en donde se inician las clases oficiales de música con título universitario con los instrumentos sinfónicos y el piano, aunque hasta el año 1986 y gracias a la enorme labor del guitarrista y Pedagogo Ramiro Isaza Mejía padre de la escuela de guitarra en Colombia, se le otorgará al guitarrista el mismo título profesional que para los demás músicos.

Después de toda esa historia, los Arbeláez fueron pioneros en hacer instrumentos de cuerda, no solo guitarras sino también, tiples, bandolas, y cuatros. Su proceso como familia constructora y musical, empezó desde 1860, sin manuales, sin comunicación, sin profesores, sin internet, la única ruta era la prueba ensayo error.

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Gerardo Arbeláez aprendió fácil, se apasionó y lleva más de 50 años construyendo, reparando y tocando guitarras, “tocando así sea poquito, y muy a la brava. Así me enseñó mi papá. Yo me echo mis boleritos y mis tonadas de música colombiana. Lo hago muy en solitario. Yo me dediqué fue a construirlas”. Para consolidar sus guitarras, no solo en Medellín, sino en toda Colombia, tuvo la ayuda de muchos músicos importantes como Darío Garzón, de Garzón y Collazos, Virgilio Duque o Ángel María Camacho.

Una de esas guitarras, construidas por Gerardo en la fría Marinilla, la fundada por Juan Duque de Estrada y Francisco Manzueto Giraldo, llegó coincidencialmente a las manos de un joven curioso del municipio de Medellín. Luis García Blair, empezaría a incursionar en la guitarra.

Luis, en la casa de Jaime, su tío hippie, encontró un emblema generacional de toda la sociedad Antioqueña; Una guitarra rota, colgada de un cordón en un escaparate, solamente con tres cuerdas. La pidió prestada y al tiempo, por cosas del destino ya era suya. En la etiqueta de este olvidado madero café claro, figuraba la imagen de Gerardo Arbeláez sosteniendo una de sus guitarras, vestido de suéter beige y camisa blanca, a su alrededor rombos rojos y amarillos, y en forma de portada, el nombre ´La Sonora´. Esta sería la primera adquisición musical de Luis. Con el paso de los años, el color madera de la tapa frontal de aquél instrumento perdería la ilusión; gracias a un par de temperas, se tornaría verde, rojo, negro y amarillo, como un tributo a Bob Marley, así él, no gustara en lo absoluto de la música reggae.

Luego de un tiempo su gusto adolescente cambiaría, como todo en la vida. En su subconsciente,  la guitarra eléctrica había sido su inspiración, su sueño de niño, la forma de su cuerpo macizo, los colores brillantes, pensados, los movimientos de estrellas del rock como Slash, Jimmy Page o Hendrix y el sonido brillante y acaparador de las cuerdas metálicas, lo atraparon sin posibilidad de escapatoria, como un video juego de moda.

La guitarra eléctrica nació como un experimento con la intención de de crear guitarras con mas volumen de sonido, para llegar a esto, se potenció el volumen de la ya existente guitarra electro acústica y nació un instrumento con personalidad y alma propia.

Las primeras guitarras eléctricas datan de los años treinta, y son fruto de los esfuerzos de compañías como Rickenbacker y Vivi Tone Company.

A Medellín y a Colombia, las primeras guitarras eléctricas, llegaron gracias a los viajeros, a quienes tenían la posibilidad de cruzar el Valle y dejarse deslumbrar por el primer mundo. Marcas como Fender, Ibanez, Rickenbacker, Jackson o Gibson, tocaron suelo colombiano para impresionar y  marcar una nueva tendencia exclusiva para unos pocos afortunados.

Para ese entonces, tener una eléctrica no era tan común como ahora. “Soy hijo de Gloria Blair y Luis García,  en ese momento la prioridad económica para mi familia era la casa y el estudio”, dice Blair a la vez que cuenta como pudo acercarse a la primera guitarra eléctrica de su vida, fuera de pararse enfrente del tv de su casa y ver a los grandes ejecutarlas en sus espectaculares shows.

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“A uno de mis mejores amigos le mataron el hermano, quien era guitarrista; desde su muerte, la guitarra que usaba estaba guardada en un garaje, desarmada y empolvada. Para ganármela, el reto era armarla y ponerla a sonar…”, las sonrisas aparecen con el relato, el final concluye con una expresión de egocentrismo. Si, esa fue su primera guitarra eléctrica, y aún él, no sabía ni tocarla.

Blair, o El Flaco, como es conocido en el mundo musical, es modelo 78, como el Nissan Patrol o el imponente Chevrolet Camaro. Mide 1.94, sonríe sin querer y tiene más de 20 guitarras eléctricas colgadas en su habitación en Envigado, así siga soñando con una Gibson Les Paul Custom blanca como la de Randy Rhoads. Los sonidos que prefiere son el Glam y el hardrock, su guitarrista preferido es David Gilmour de Pink Floyd, es un enamorado de la música en general, del sonido eléctrico de sus guitarras, del chocorramo, con coca cola y cigarrillo Green.

Al preguntarle por la guitarra, suspiró, miro a su alrededor y quiso caer en el cliché. “Yo por la guitarra siento amor, también odio cuando no suena como quiero. Las guitarras son mis metas, son mis sueños”.

Este personaje tiene dos vidas, una que inicia a las 7 en punto de la mañana, cuando empieza su labor como comunicador social en una reconocida caja de compensación familiar, donde aplica sus 15 semestres de universidad y otra que se define de 5 de la tarde, hasta que el hambre haga de las suyas, o el reloj recuerde su deber de madrugar. “En el día llevo la vida de mi mamá, o la vida que la sociedad me pone a vivir y en la tarde llevo mi verdadera vida”, dice El Flaco.

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Blair Guitars es su taller de construcción, reparación y mantenimiento de guitarras, allí se la pasa todas las noches desde hace 3 años. Luego de pulir muchas guitarras hasta literalmente poner a “oler la madera a cebolla”, consiguió la experiencia como lutier de guitarras eléctricas,  se independizó, y montó el taller que inició con setenta mil pesos y que ahora ahorra toda la cantaleta de su madre por el desorden, la basura, la herramienta, el aserrín, la pintura y el ruido en casa.

Al ingresar a Blair Guitars, puedo contar de inmediato más de 20 instrumentos, mientras Luis, con su camisa de cuadros blancos y azules me recibe en su espacio de trabajo, con un abrazo que por su altura me llega al pecho.

Antes de tocar guitarras, su afición fue destaparlas, repararlas, buscarle los rincones que no conocía, muchas veces no pudo volver a armarlas. “Siempre me le metía a las guitarras de los amiguitos a repararle los ruidos, yo esos ruidos los mataba poniéndole un cable de la guitarra al cuerpo del guitarrista, como un polo a tierra”, ríe y sigue encordando un bajo acústico mientras termina de apagar un cigarrillo.

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Blair es uno de los pocos personajes que construye guitarras eléctricas en Colombia. Este aprendizaje lo adquirió durante años de intentar, pintar, fallar y volver a lijar. Cuando inició hace tres años, le decían que lo que quería hacer solo era para los gringos o los europeos, pero su sueño además de construirle una guitarra a Slash el guitarrista de Guns N´ Roses y Velvet Revolver, es darle la marca de guitarras eléctricas a Colombia, aportarle a la historia, ser parte de ella. Esto lo dice, sin desconocer que las guitarras acústicas son la esencia, y que el camino acertado para llegar a lo eléctrico, es pasar por la mística de lo acústico.

Hablar de lo acústico, es como hablar del apellido Arbeláez o del mismo Gerardo, sin embargo, él mismo piensa que para su marca de guitarras, una de las más populares en Colombia, el futuro es oscuro. “En el caso mío tengo cuatro hijos, dos hombres y dos mujeres, y ellos se fueron por otros negocios más productivos. Terminando o falleciendo yo, hasta ahí llega la tradición. El tiempo dirá todo”.

A pesar de esto, es una persona que vive tranquilamente, de lo que le gusta, como él mismo dice, “aunque pierda plata, me gusta”. Ha vivido más de 60 años por y con la guitarra, de su pasión,  de una manera sencilla, pero feliz.

Estos dos personajes transitan paisajes, sonidos, experiencias, cotidianidades y vidas circunstancialmente diferentes. Sus años disímiles han sido enteramente vividos al lado de la robusta de seis cuerdas. De ese madero, que a través de horas de lija, martillo, regla, pintura, conocimiento y amor, queda listo para emitir sonidos, sensaciones y personalidades; desde el bolero hasta el rock, pasando por el tango y la salsa.

Edades que se superan por el doble, pensamientos que llevan  más  de 30 años de diferencia, el rock y los boleros, las canas y la abundancia descuidada de cabello, las distorsiones, rapidez  y agilidad,  y el romanticismo de la dulzura pasada, hacen parte de sus cotidianidades…Blair y Arbeláez, dos personajes unidos por 6 cuerdas templadas cuidadosamente, que al tocarse, cuentan la historia de todos y a la vez de unos pocos. Cuerdas que pueden enamorar sutilmente o  hacer mover la cabeza a cualquier desprevenido.

Al final como conclusión, les pregunto sobre el significado que tiene la guitarra en su vida,  Blair, responde con rapidez y certeza, “me dicen guitarra y de inmediato es como si me estuvieran nombrando. Yo no me veo en ninguna parte de lo que me queda de vida, sin una guitarra…”, por su parte Gerardo, piensa un instante y no puede responder… no encuentra las palabras.

Novalima visita Medellín

NOVALIMAbanner

Este viernes 30 de marzo a las 8 de la noche y por primera vez en Colombia, el Teatro Pablo Tobón Uribe presenta a Novalima. Esta innovadora propuesta rescata la cultura afroperuana, fusionando ritmos folclóricos, electrónica, jazz, reggae, salsa y hip hop.

Junto a ellos estará Puerto Candelaria, referente de la  fusión nacional de ritmos tradicionales y  modernos que dan vida a la nueva música colombiana con géneros como la Cumbia Underground.

Novalima, formado en 2001 por cuatro músicos peruanos radicados en diferentes partes del mundo, nace de una profunda investigación en la cultura afroperuana y latina. Su combinación de percusión  tradicional con sonidos electrónicos contemporáneos, genera una nueva lectura que da vigencia y renueva la música peruana.

En Diciembre del 2006 fueron reconocidos por el IMA Awards en la categoría Mejor Álbum de World Fusion por su disco “Afro”, y en 2009 su álbum “Coba Coba” fue nominado al Latin Grammy en la categoría Mejor Álbum Alternativo Latino.Este proceso de reivindicación de la cultura a través de la música ha sido comparado con la tendencia de grupos como Orishas en Cuba ó Bajofondo en Argentina.

Novalima presentará en Medellín su cuarto álbum Karimba, que  encabeza el ranking de ventas de iTunes en la categoría World Music.  Esta gira se extenderá a Bogotá en el marco del Festival Iberoamericano de Teatro para después viajar a Estados Unidos y Europa.

Después del espectáculo que brindarán las dos bandas, Latina Stereo continuará la fiesta con su proyectoAfronautas, una iniciativa que explora las experimentaciones y vivencias de la música afrocaribeña. Los dj de de Latina harán un recorrido por las diferentes variaciones de estos sonidos que se acercan a las fronteras del funk, el soul, el afro-beat,  el jazz y la salsa.

Información general:

Fecha: Viernes 30 de marzo 2012

Hora: 8:00 PM.

BOLETERÍA: $30.000 y $40.000

Descuentos: 20% con tarjeta Comfama

INFO: 2397500

Música Somos y El Fan Fatal regalarán 5 pases para quienes escriban al correo contacto@musicasomos.net, contando de qué manera se acercaron a Música Somos o El Fan Fatal y por qué quieren ir al concierto.  Los primeros mensajes se llevan los pases.


Andrés Correa en Viva La Canción 2011, Madrid España

El festival «Viva la Canción» apuesta por aquellos compositores iberoamericanos que con su trabajo intentan renovar el significado de la palabra «canción», los que se atreven a innovar y a utilizar distintos conceptos y herramientas en su búsqueda creativa, y que en su propuesta marcan una identidad musical y cultural. Algunos quizás alcanzarán su cenit y en unos años serán leyendas. Otros, en cambio, seguirán vagando por sus universos particulares. Pero en cada caso destacará un afán por expresar sentimientos nobles que siempre merece la pena escuchar.

De esta manera «Viva la Canción» es una plataforma moderna, alternativa y vanguardista dedicada a artistas que hacen grandes canciones, y se convertirá en un evento de referencia del panorama musical iberoamericano.

La primera edición de «Viva la Canción» se llevó a cabo en Casa de América de Madrid entre el 20 y el 23 de mayo de 2010 y la segunda se realizará del 18 al 22 de mayo de 2011.

Andrés Correa, músico, gestor, integrande de la Corporación Barrio Colombia y gran amigo se nos va para España a representar la música no solo de Bogotá, Medellín o Cali, sino de todo el país. Luego de saber sobre la invitación que le hacen, hablé con él y muy felíz, me contó varias cosas.

Andrés hermano ¡felicidades!

pero contá, ¿Cómo conociste este festival?

Conocí el festival investigando por internet y supe de él el año pasado, no solo lo busqué como músico si no como referente para nuestro festival de cantautores. Acá nos quieren hacer creer que afuera solo hay oídos para la música folclórica y no es cierto!

¿Cómo participaste de la convocatoria o como fue el proceso?

El año pasado fui invitado a otro evento en España, La Caravana Americana de Xoel López http://www.xoel.com/ al que no pude asistir porque la visa no salió a tiempo. Casamérica nos ayudó mucho desde allá con la gestión de las visas y así conocieron mi trabajo. Este año me invitaron a participar.

¿Qué significa para vos tocar ahí y estar al lado de tantos grandes como Jorge Drexler, Martín Buscaglia, Lisandro Aristimuño?

Es mas que nada un reto personal porque debo estar a la altura del festival, del público y de los otros músicos (todos son increíbles). Por supuesto también es una oportunidad para aprender, hacer contactos, acercarme a un nuevo público, prensa, etc. También siento que es un indicador de que el trabajo que hacemos en música y gestión está rindiendo frutos.

¿Qué puede significar esto para la música de cantautor en Colombia?

Uno de los objetivos de Barrio Colombia es poner el mapa a los cantautores colombianos pues en otros países no saben mucho de lo que pasa acá, mas allá de los músicos ultra famosos. Como representante de Barrio Colombia una de mis labores es llevar material y contarle a todo el mundo lo que está pasando en este país.

Toda la buena energía para Andrés Correa, que sin duda va a mostrar lo mejor del trabajo de los cantautores en nuestro país.

¡Más Fatalidades para este país!

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