Estamos buscando #ElDiscoColombiano 2018 ¿Cuál es el tuyo?

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Se acerca el fin de año, y ya se hace costumbre en El Colombiano, el ejercicio editorial de @Elfanfatal por encontrar las historias musicales que han contado los músicos del país. La búsqueda discográfica tiene como propósito mostrar y resaltar las producciones sonoras de diversos artistas de todo el territorio, y lo queremos hacer con las propuestas que no están en el boca a boca de la industria mundial y que merecen estarlo. Más que una apuesta por lo independiente o alternativo, es una ventana que queremos se expanda a los nuevos universos sonoros, y una invitación para conocer discos completos, además, para deleitarnos con obras creadas acá en Colombia.

Esta es nuestra propuesta, nuestros 20 discos del año 2018 en Colombia ¿Para ustedes cuál de estos discos merece tener el número uno?

Hasta el 14 de diciembre estarán activas las votaciones, pueden compartir la información con el HT #ElDiscoColombiano

Para que ustedes puedan juzgar como se debe, les proponemos que antes de votar, escuchen las canciones los discos propuestos en la siguiente playlist.

¡Gracias banda!

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¿Han sentido que se les va la música? Es como si se fuera la vida.

Hoy acabé un libro de un gran amigo, Balsa de Fuego de Juan Carlos Garay; terminé de escuchar dos discos que me impactaron: La Síntesis O´Konor, la nueva placa de Él Mató un policía motorizado, y un clásico, El León, de Los Fabulosos Cadillacs, un gran regalo en forma de vinilo, de Humphrey Inzillo, periodista argentino que ahora es amigo de caminos y viajes sonoros.

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La nostalgia del melómano

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Recuerdo con especial cariño la rotación de casettes, vinilos y cds que viví. Recorría la ciudad sólo con la esperanza de conseguir una buena pieza sonora para regrabar, descubrir y vivir. De eso se trataba, de personas que tenían acceso a música internacional y nacional, y que rotaban exclusivamente, con un recelo precioso, a sus amigos, colegas o miembros de su ambiente musical. “Se lo presto, pero no lo rote”.

The Clash, G.p, Babes in Toyland, Parabellum, Frankie Ha Muerto, Sex Pistols, Rodrigo D no Futuro, Sonic Youth, Bajo Tierra, Anti Todo, Klamydia, 1280 Almas, Mudhoney, I.R.A, Masacre, Nirvana, Athanator y todo tipo de recopilas eran regrabadas sobre casettes robados de casa, que ya tenían dos o tres grabaciones de boleros, rancheras y hasta chistes. Las letras de las canciones también tenían su espacio, al igual que los recortes de prensa y las boletas de entradas a conciertos. Todo eso lo guardo con especial cariño, en un lado del corazón, como el más preciado de los tesoros.

El internet no llegaba aún a nuestras vidas, el celular era un lujo opulento y solo el beeper vibraba en los bolsillos, los conciertos se divulgaban voz a voz o con invitaciones hechas a mano y replicadas en fotocopias, las tiendas de discos sabían sobre música y no le vendían a cualquiera, la radio tenía un horario, un dial y se perdía con la rapidez de los días, el lápiz además de escribir servía como rebobinador, y los discos se escuchaban completos, desde la primera hasta la última canción. Quizá cada uno de estos elementos que recordamos con gracia y hasta con cariño, hicieron que pudiéramos vivir la música de una manera especial, romántica, celosa, como un ritual que lastimosamente se perdió con los kilobytes, youtube y el wetransfer.

Por eso yo aún creo en el romanticismo de las canciones, en sacar el vinilo, ponerlo y verlo girar, en organizar los discos, los recortes y en recordar que la música más allá de una industria, de un negocio, es también el alimento de la vida.

Y citando a mi gran amigo Juan Carlos Garay, “la nostalgia del melómano”, aún a pesar del tiempo y de las nuevas dinámicas sociales, vive más que nunca en algunos de nosotros, que usan parte de su sueldo para invertirlo en discos, conciertos y que tienen como eje fundamental de la vida la música, como una partitura que no tiene fin.

Cuando la música necesita más PLAY


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Tocar, reproducir y también JUGAR son las acepciones que le podríamos dar a play, esa palabra que también usamos de manera coloquial para referirnos a lo gomelo, o refinado. Pero acá vinimos fue a hablar de música, o ni siquiera de eso. Más bien, hablar de lo que le falta o le empezó a faltar a la música, a lo que perdió en su juego por sobrepasar el tiempo, las crisis económicas, los cambios de la industria, los relevos generacionales y el destructor y ruidoso ego.

¿Hace cuánto no juegan con la música? ¿Hace cuánto no le dan a los tambores, a las guitarras, al bajo y al piano, como un niño disfrutando de un caramelo interminable?

De eso se trata, de la música como un juego, como una diversión, como una alegría para la vida. De tocar por que sí, porque se siente, porque hace falta el sonido, porque las cuerdas llaman, porque las teclas gritan. Esas situaciones que parecen absurdas e infantiles solo las percibe quien de verdad vive la música. ¿Por qué ponerle nombre a una guitarra? ¿Por qué decir que nuestra vida puede resumirse en canciones? ¿Por qué gastar dinero en discos, en conciertos? ¿Para qué pasarse la vida componiendo? A eso juegan los que creen, los que sienten el sonido en cada poro, en cada cabello. Y eso de “jugar”, espero lo entiendan en el buen sentido de la palabra.

Play music, como una forma de incitar, de llamar, de vivirlo de manera divertida. Lastimosamente ahora eso poco se ve. Pero lo que sí se ve en muchos músicos, “no todos” para no entrar en generalidades polémicas, es el rimbombante destello efímero de crear música, de hacer una banda como si hiciera parte de una moda pasajera que nos vendieron las secciones de entretenimiento. Muchos ahora se dedicaron a crear bandas para figurar, para que la gente les pida fotos, autógrafos o los reconozcan en la calle, para conquistar a pretendientes deseosos de fama, para lucir sus mejores gafas, para reconocerse entre los demás como mejores, como intocables, como artistas en medio de las luces. Lo peor de todo es que mucha gente no nota eso, y sigue en ese círculo vicioso de una fama efímera y llena de vacíos artísticos; lastimosamente, la gente admira más la arrogancia que la sencillez, cuando de música se trata.

Play para vivir, play para disfrutar, play, play, P-L-A-Y para la música. Eso necesitamos. Pensar menos en la fama, menos en el dinero y más en la creación sincera de los sentimientos con la música. Necesitamos más músicos en escenario disfrutando su arte, sus canciones, su espectáculo frente al público. No se trata de cumplir horarios o compromisos, se trata de vivir de lo que se ama. Con seguridad que si se practica ese ideal de vida: “hacer por gusto”, todas esas cosas llegarán solas, y lo mejor, ya no importarán. Se sobreentiende que la música también significa sustento para muchos, pero eso no implica que el disfrute pase a un plano menos importante.

Cuando no existía una industria artística consolidada, la música se disfrutaba con las vísceras, con todo el amor, se gozaba; ahora que hay una gran industria que maneja mucho dinero, la música perdió brillo y se desvió por el lado fantasioso que legitimaron las cámaras y la fama en la actualidad, mucho maquillaje alrededor. Mucho excel, fotografías, redes sociales, fiestas y reuniones. El equilibrio es necesario, este asunto también requiere de ensayos, composición, escucha y mucha pasión por el sonido, así las dos visiones sean válidas. El disfrute, los conciertos y las canciones como la misma vida se convierten en un cuarto de hora, en un One Hit Wonder que no podemos desperdiciar.

“Sangre joven que hierve”, nuevo compilado de HagalaU

• Se abre la convocatoria para el tercer compilado del sello Discos HagalaU.

• Esta vez los invitados a participar son grupos y solistas de todo el país con máximo 5 años de formación.

• Recepción de material hasta el viernes 11 de abril a las 11:59p.m. Hora colombiana.

HagalaU como proyecto de comunicación musical urbana y en su apuesta de trascender con el circuito de música independiente, se acerca este 2014 a sus 14 años de actividades y lo hace presentando la tercera convocatoria de su sello Discos HagalaU.

El sello es una iniciativa que empezó en el 2012, ha presentado dos álbumes recopilatorios y tiene como objetivo principal aportar a la construcción de memoria con uno de los patrimonios inmateriales esenciales de la ciudad: Las canciones.  El primer compilado fue un trabajo temático divido en nueve capítulos (como “La piel o el amor” o “La ciudad y el barrio que caminas”) recopilando 18 canciones con propuestas sonoras distintas: grupos como Laberinto E.L.C, Nepentes, Los restos, Puerto Candelaria y solistas como Alejo García y La Fiera fueron los protagonistas de ese primer volumen.

Luego, en noviembre de 2013 fue lanzado el segundo compilado dedicado  a los sonidos liderados por “chicas” y que se tituló “Las mujeres y el universo”, placa en la que participaron artistas y proyectos como Resina Lalá, Magdalena, Le Muá, Lianna, Goli, Mary Hellen, Paula Ríos y Dosis; a diferencia del primero este abrió la convocatoria a todo el país y en el disco final participaron 5 artistas nacionales como Resina Lalá (participó en Loolapalloza Chile 2013), Lianna (invitada el Festival Estéreo Picnic 2014) y Lucía Vargas, rapera bogotana que ha girado por países como Alemania y Dinamarca.

El tercer compilado se enfoca en los proyectos auditivos nuevos (que no tengan más de cinco años de trayectoria) de todo el país, seleccionando 15 bandas o solistas que conformarán la tercera entrega del sello Discos HagalaU.

Estas son las pistas para participar:

– Enviar una canción propia en formato WAV.  La obra debe estar terminada.  No se aceptan covers.

– Adjuntar una reseña de la banda indicando la fecha de formación, integrantes y los 3 conciertos más importantes que han ofrecido.

– Adjuntar la letra de la canción y la temática de la misma.

– Datos: nombre y apellido del  contacto del grupo o solista, correo electrónico del grupo, twitter, facebook (u otros), número telefónico y dirección web.

– Foto para publicaciones.

– La información adjunta debe enviarse al correo info@hagalau.net

– Los discos son para libre distribución, no son para la venta y buscan ofrecer diferentes sonoridades.

– La convocatoria busca grupos de ska, reggae, dub, metal y punk (en sus diferentes vertientes), indie y afines, folclor experimental, rap, nueva música colombiana, electrojazz, salsa urbana, electrónica, rock, pop, world music…

– Cierre de convocatoria: viernes abril 11 de 2014.  11.59 p.m.

Medellín: no te vuelvas atroz

fk1Fotografías por Camilo Hernández para Música Somos

Por

Maria Isabel Naranjo – mnaranjo@musicasomos.net

Diego Londoño – diego@musicasomos.net

Hace veinte años, el sonido natural de Medellín eran las balas, las bombas, los rezos a la virgen de los sicarios y los llantos de las víctimas de la violencia. Mientras el fantasma del narcotráfico convertía en polvo la vida de todos y la ciudad se desangraba y jugaba a morirse, seis rockeros crearon con pedazos de la poca humanidad que quedaba un monstruo llamado Frankie; uno que simplemente caminaba por ahí y le cantaba a la ciudad para no hacerle más daño: “Medellín no me regales una oración, dame tu sangre ahora. Pero no regada, ni derramada por tus calles”.

Mezclando sonidos del punk, el metal y otras corrientes como el postpunk, el techno y el industrial, Frankie le creó una banda sonora a Medellín que sigue vigente, y sus letras siguen describiendo hoy la misma ciudad que no ha dejado de arder por las noches y a la que ahora le dedica su cuarto disco Extraños en este país: “Ahora que somos fantasmas, extraños en este país, nos han despojado de todo por eso no nos pueden sentir”. Y así, veinte años después, más extraños que nunca pero en la misma ciudad de siempre, y aunque no podríamos asegurar que en el mismo bar sí podemos decir que en el Bar El Guanábano, Fabio Garrido, vocalista del grupo, se toma una cerveza mientras lee las preguntas que le hemos traído, saca de su morral un cuaderno y un lápiz y comienza a escribir una a una las respuestas. ¡Oe Primos! bienvenidos al caos de ser “extraños en este país”, nos dice después de media hora, y la prosa que le sigue termina siendo un cadáver exquisito de composiciones que, con los acordes precisos, podría cantarse, corearse y hasta gritarse en un concierto dedicado a Medellín.

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¿Quién es Frankie?

Frankie ha muerto somos todos nosotros tratando de decir en medio de lo que nos asfixia: “yo soy”, “yo existo”, “no me vuelvas objeto”.
Es decir que Frankie no está muerto.
Frankie se está muriendo como el resto de muertos que atraviesan las calles buscando la subsistencia entre puntas, aristas, latidos, balas, bisagras, y ráfagas de esperanza.

Entonces… ¿es la ciudad la que lo está matando?

La ciudad nos aniquila y nos aliena al punto de la demencia. La ciudad nos está convirtiendo en cosas con rostro casi humano, bailando entre ratas, y en estos términos la ciudad solo se puede habitar desde una borrachera perpetua, no habría otra forma. Lo que vendría luego es la locura y eso es lo que ya está ocurriendo: campañas de exterminio masivo en manos de personas que no saben qué es lo que está pasando, ni por qué hacen lo que hacen.

¿Si Medellín está matando a Frankie, por qué Frankie le canta a Medellín?

No nos interesa cantar y ya, nos interesa proponer sentidos para transformar esa realidad, porque sino la transformamos entonces el arte no tiene sentido.

¿Y cómo describe Frankie a Medellín?

La imagen que se me vino a la mente es la del tren de carga: tan rápido y qué, tan monótono y qué… todos somos extraños en esta ciudad y cada vez nos reconocemos menos, nos respetamos menos.

¿Cuál es esa diferencia con la ciudad que recuerda?

Estamos frente a un modelo de política económica y social que busca crear solos y solas, uno en el que la gente ni siquiera tiene nada qué decirle al otro.

¿Cree que esa tendencia se puede revertir?

No, porque la mentalidad ya cambió. No, porque ya tenemos una especie de maldad implícita. En cambio lo que sí podemos hacer es transformarla en una Medellín que no se vuelva más atroz.

¿Por qué huir no es una opción?

Es una pregunta lamentable porque lo hemos pensado muchas veces. Y la respuesta de no huir es que la única manera de transformar las cosas es transformándose uno mismo. Por eso preferimos luchar, resistir, gritar, y decirle a todos: lucha, resiste, no corras, no huyas, no te tortures si nada resulta.

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¿Por qué dicen que Medellín arde de noche?

Hay dos formas de arder: cuando el señor que va en su motocicleta, con un arma escondida en el cinto, llega al destino final para hacer lo que le han ordenado; y arde también cuando nosotros mismos no somos capaces de salir del aturdimiento. Estamos tan entumecidos, tan abstraídos, tan ensimismados, tan perplejos, que lo único que podemos hacer es salir a caminar por ahí, cantando para olvidar, y eso no es mucho, pero es mejor que hacerle más daño a la ciudad.

¿Medellín está enferma de qué?

De falta de solidaridad y de una especie de dogma ultraconservador que la hace pacata y, al mismo tiempo, miserable.

¿De dónde salió la “identidad desde el caos”?

Desde la música tratamos de encontrar nuestras raíces indígenas y cortar con una parte del gótico que no nos representaba. Sin embargo, fue un poco vana esta búsqueda porque ya no tenemos ninguna raíz real, nada a lo que podamos aferrarnos que sea nuestro. Lo único que tenemos es lo que podemos hacer por nosotros mismos, y como no hacemos casi nada, entonces no tenemos nada.

¡Oe primo! ¿qué significa?

Primo es más real que decirnos hermano y más próximo y cálido que decirnos prójimo.

¿Quiénes son los extraños en este país?

Son las víctimas de ese concierto para delinquir que han construido los políticos de nuestra miserable clase dirigente. Las víctimas de nosotros mismos porque no hemos sido capaces de intentar, por una fracción de segundo, sentir lo que ellos sienten después de que han tenido familiares desaparecidos, de que los han desplazado, y los más grave, después de que quieren hacerlos ver como fantasmas que asustan.

En Medellín ¿queda alguna persona que escuche?

Ojalá los rockeros, que son los que históricamente han tomado esas banderas y las han elevado. No necesitan hacer mucho para constatar que la ciudad se está volviendo mierda.

A quemarropa

Una regla: Obligación
Un cielo: El pasado con mi familia y con mis hermanos
Un recuerdo: El sueño que refresca
Un señor X: Un héroe fantasma que sufre de asma
Una culpa: La religión
Un extraño: La actitud crítica en esta ciudad
Medellín: No te vuelvas atroz

Música Somos Radio con La Música.FM

Hoy en en el programa de radio conversamos con uno de los proyectos más ambiciosos en la industria musical en Medellín, Colombia, incluso en toda Latinoamérica. Hablamos con Sara Delgado de La Música.Fm un proyecto que vende pines a través de los puntos Gana, Paga Todo y Via, además de constituirse en una red social importante para todos los músicos de Medellín y Colombia. Un buen proyecto que nació de una necesidad latente en la distribución musical en el país.

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