Al César lo que es de Balvin

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Imagen: Fulaleo

Hablar bien del reguetón es motivo de discusión, todos lo sabemos. Se hable del personaje que sea. Pero es momento de romper con esa idea, pues el género tiene argumentos para defenderse y más si hablamos de José Álvaro Osorio Balvin, J Balvin. Todos ustedes saben del éxito y conocen el proceso de este personaje que poco a poco se fue ganando no solo los números de la industria musical, sino el respeto de fanáticos, de intérpretes en todos los géneros y de toda la escena artística mundial.  Continuar leyendo

Chocquibtown, los queremos de vuelta

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Antes que nada. He respetado, recomendado, admirado y gozado de la música de Goyo, Slow y Tostao.

Para mí son un referente sonoro del arte colombiano de vanguardia. Cuando viajo, siempre los tengo en mis historias, hablo de su natal Chocó, muestro sus videoclips, cuento sobre su evolución y crecimiento, y créanme, me siento orgulloso de Chocquibtown. De su compromiso con las raíces, de su historia guerrera, de su amor por la raza, por el folclor, por la calle y el hip hop.

De sus historias sencillas, de su amor por la música, de esa gran familia que han construido con los años y las canciones, y sobre todo de su valentía para decidir salir adelante y vivir de hacer historias sonoras.

Por otro lado, en este espacio periodístico y de opinión, a través de las letras que siempre hablan de música, he sido también un defensor del respeto, la tolerancia y sobre todo la diversidad en la música, y precisamente por eso me siento en la necesidad de hablar del nuevo rumbo estético y artístico de los Chocquibtown.

Y por eso quiero hablar del nuevo lanzamiento de la banda, de la canción “No hay dinero”, que hacen en feat con Wisin, uno de los reggaetoneros reconocidos de esa industria. Todos ya conocemos los surcos que han recorrido los Chocquibtown, también que son defensores del sonido de su pacífico, y del rap que se abre al mundo, pero en esta canción exploran con el trap, muy popular por estos días.

Una música con cadencia lenta, con tresillos interminables y por lo general, con una lírica oscura, agresiva y ofensiva. En el caso de esta canción, invierten la perspectiva fuerte de la lírica y la hacen desde el respeto, la lucha, los sueños. Pero la música, ese trap, está más que presente ¿Por qué?

Quizá, la respuesta sea tan evidente que hasta dé risa, pues ahora en todos los discos de los nuevos artistas que hacen fusión o simplemente tienen ya una respuesta positiva en la industria, se hace necesario un pop o un reggaetón, y al parecer no es su propia iniciativa sino de la disquera.

“En tu disco, queremos mínimo dos canciones en reggaetón”. Y este fenómeno ya le ha ocurrido a varios artistas, no es un secreto que hasta a los mismos Chocquibtown lo han vivido con el pop y quizá, uno podría deducir que a Juanes, Carlos Vives, hasta Bomba Estéreo los tocó de manera obligada el dembow. Ahora, al parecer, le llegó el turno a Chocquibtown pero con el trap, qué triste.

Es entendible las nuevas búsquedas, los nuevos experimentos sonoros, el comercio y la viciada industria, yo no espero que una banda permanezca estática en el tiempo y en el sonido. Me encanta la exploración, pero la invitación para Los Chocquibtown es que piensen en el sonido con el que Colombia y el mundo entero los amó.

Y no porque odie el reggaetón y sus derivados, en lo absoluto, yo respeto a cualquier persona que se atreva a hacer música y que viva de ella. Que a mi me guste o no, es otra cosa muy diferente. Pero lo que sí siento es una incoherencia fuerte, frente a lo que hemos estado acostumbrados con esa raíz maravillosa y propositiva llamada Chocquibtown.

Dejémosle el reggaetón al reggaetón. Chocquibtown, los queremos de vuelta a las marimbas, al rap, al break, a las historias de la calle y del río que navega con ilusiones, de los amores humildes y de la música que de entrada sentimos no tiene pretensiones de pegar por pegar, queremos de vuelta su sinceridad. Con seguridad que sus ventas y nuestro respaldo no necesitan del reggaetón y menos del trap.

¿No le gusta el reggaetón? Entonces respete

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Ilustración por: Fulaleo

Hace pocos días leía un artículo donde una emisora prohibía la rotación del reggaetón dentro de su parrilla de programación. Esta situación es muy respetable, pues cada medio de comunicación tiene su filtro, su curaduría y estética sonora. Además de esto, es un proceso sano, pues son muchas las radio frecuencias que tienen como banda sonora este género.

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Reguetón, ¿el nuevo pop?

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El reguetón es el nuevo pop, esa afirmación me quedó sonando en la cabeza luego de varias situaciones que llegaron como un azar a mi vida. Ver varios titulares resaltados coloridamente en un par de revistas de entretenimiento en Colombia, conversar con un interprete en ascenso del mencionado género cadencioso, ver las novedades en youtube y los servidores musicales vía streaming y además de eso, escuchar las declaraciones, por un lado de un reguetonero colombiano y por el otro, de un cantante de pop puertorriqueño.

¡Qué grande es la música!¡Qué inmensos son los gustos! Y eso sí que me alegra, pues lo que nos hace grandes a los seres humanos es que tenemos la capacidad de ser universales, y sí, en la música también. Pero es necesario evidenciar claridades, más allá de establecer límites sonoros radicales. El tango nunca podrá ser cumbia, y el rock nunca podrá ser vallenato ¿Por qué? Pues porque el sonido y la tradición musical responden no solo a cómo se mueve el cuerpo o cómo las palmas se sincronizan con un tiempo, sino que también está un factor llamado territorio, y otro llamado historia que se ancla directamente con la memoria y la idiosincrasia.

Y si bien el sentido estético, conceptual y musical del pop es supremamente amplio, también establece patrones rítmicos y conceptos desde ese “popular” tan usado por todos lados hoy en día. Hablar de pop es hablar de arte, de cultura popular, hablar de dance, también de rock, de rhythm and blues o de folk. El pop va más allá de la música. Así que históricamente el pop es un género ecléctico que puede ir desde Michael Jackson, Queen, Madonna, Britney Spears, Backstreet Boys, Camila, Alejandro Sanz, Santiago Cruz hasta Bruno Mars. Así como el reggaetón puede ir desde El general, pasando por El chombo y los Cuentos de la Cripta, Ivy Queen, Tego Calderón, llegando a la actualidad de J Balvin y Daddy Yanki. Los dos son géneros musicales bastos que han tenido su propia historia y desarrollo, y basta simplemente con disfrutarlos ¿Pero, tenemos que mezclarlos y etiquetarlos como la evolución de uno o el retroceso de otro? No creo.

Es claro que Luis Fonsi, Carlos Vives, Shakira, Piso 21, Ricky Martin entre muchos otros, además de ser referentes del pop en sus propuestas, ahora aparezcan como exponentes del reguetón en sus canciones, eso está bien, pero decir que el reguetón es el nuevo pop, significa también desconocer una carretera recorrida que ha dado surgimiento a muchos otros géneros musicales. Esa sería la reguetonización de estos artistas y la popetización de muchos otros (si me valen las expresiones).

Y bien, así el reguetón tenga derivaciones de otros géneros, en este punto del camino no se le puede relacionar ni con el reggae, ni con el dancehall, ni con la champeta, ni con el rap y mucho menos con el pop. Es reguetón, es lo que vende, es lo que suena en todo lugar, es la tendencia. Si vende, ahí está el resultado y es muy respetable, pero la esfera central de la industria musical no debería enfocarse solo en eso, simplemente es algo cíclico y solo debemos aceptar que el sol de este sistema solar actual, por más que muchos no quieran es el reguetón, como en algún momento pasó con el pop, así quisieran verlo como la nueva balada. Pero acá el llamado es otro y quizá ustedes ya lo entendieron. Música para todos. Sigan haciendo sus colaboraciones, sigan compartiendo el sonido, pero a las cosas por su nombre, para mejor claridad y mejor escucha. Una pregunta para finalizar, y más luego de tantos años, se han preguntado: ¿Qué es reguetón? .

¿No le gusta el reggaetón? Entonces respete

Por Diego Londoño
@Elfanfatal

Hace pocos días leía un artículo donde una emisora prohibía la rotación del reggaetón dentro de su parrilla de programación. Esta situación es muy respetable, pues cada medio de comunicación tiene su filtro, su curaduría y estética sonora. Además de esto, es un proceso sano, pues son muchas las radio frecuencias que tienen como banda sonora este género.

Pero a lo que en realidad quiero ir con este texto, es que esa misma columna generó diversas opiniones radicales e irrespetuosas en redes sociales en contra de quienes gustan del ritmo cadencioso. Sí, en pleno siglo XXI.

Por mi parte, y perdonen el yoísmo, no soy ni reggaetonero, ni vallenatero, ni nada que se le parezca. Soy amante de la música, me gusta el punk, el metal, el blues, el soul, el jazz, el rap, el rock y por mis gustos, no tengo por qué irrespetar al otro y menos sentirme potencialmente agredido por escuchar estos tipos de música. Lo curioso e impactante del asunto, es que esta intolerancia en la actualidad se da incluso dentro de las mismas familias. Sea lo que sea, cante lo que cante, báilese como se baile, es música y debería ser un motivo para entender que en la diferencia nos encontramos.

Algunos de los comentarios que he leído y escuchado son: “No más reggaetón en Colombia”, “necesitamos un golpe en contra del género” “debemos impulsar el hundimiento del reggaetón”. Comentarios que son iguales a los de un homofóbico o un xenófobo.

En los años cincuenta y sesenta, la sociedad colombiana no podía tolerar a un jovencito que escuchara rocanrol y que tuviera el cabello largo. En los ochenta, los metaleros y punkeros no se podían cruzar, pues sus diferencias estéticas y sonoras irremediablemente llevaban a la violencia.

De la misma manera, los amantes del tango fueron catalogados como malevos o putas, o en su defecto, los rockeros, punkeros o metaleros, eran ladrones, viciosos y peligrosos. Ahora vivimos una situación similar.

Creo poderosamente en la diferencia, y también tengo claro que una cosa es ser rígido con el criterio al no escuchar algo que se sale de los principios sonoros propios, y otra muy diferente es imponer con violencia verbal o física un gusto personal.

Por ejemplo: ¿sería justo que los reggaetoneros sacaran una campaña en contra del rock, el blues, la salsa o la música electrónica? Están en todo su derecho, sin embargo sería algo absurdo y anacrónico. O por otro lado ¿será que nos creemos de mejor familia y tenemos una condición de superioridad que nos permite a nosotros hacerlo?

No defiendo a ningún género musical, ni a los unos, ni a los otros. Soy un firme enamorado de la música en todas sus expresiones y con eso basta. Por eso mismo hago un llamado a la tolerancia, pues solo así demostraremos lo poco de humanidad que aún nos queda, y más en el arte, donde el único radicalismo que debería existir sería el del respeto.

En conclusión, deberíamos convivir con lo que lo que nos gusta y con lo que no, y más si se trata de música ¿Qué piensan ustedes?.