Medellín: no te vuelvas atroz

fk1Fotografías por Camilo Hernández para Música Somos

Por

Maria Isabel Naranjo – mnaranjo@musicasomos.net

Diego Londoño – diego@musicasomos.net

Hace veinte años, el sonido natural de Medellín eran las balas, las bombas, los rezos a la virgen de los sicarios y los llantos de las víctimas de la violencia. Mientras el fantasma del narcotráfico convertía en polvo la vida de todos y la ciudad se desangraba y jugaba a morirse, seis rockeros crearon con pedazos de la poca humanidad que quedaba un monstruo llamado Frankie; uno que simplemente caminaba por ahí y le cantaba a la ciudad para no hacerle más daño: “Medellín no me regales una oración, dame tu sangre ahora. Pero no regada, ni derramada por tus calles”.

Mezclando sonidos del punk, el metal y otras corrientes como el postpunk, el techno y el industrial, Frankie le creó una banda sonora a Medellín que sigue vigente, y sus letras siguen describiendo hoy la misma ciudad que no ha dejado de arder por las noches y a la que ahora le dedica su cuarto disco Extraños en este país: “Ahora que somos fantasmas, extraños en este país, nos han despojado de todo por eso no nos pueden sentir”. Y así, veinte años después, más extraños que nunca pero en la misma ciudad de siempre, y aunque no podríamos asegurar que en el mismo bar sí podemos decir que en el Bar El Guanábano, Fabio Garrido, vocalista del grupo, se toma una cerveza mientras lee las preguntas que le hemos traído, saca de su morral un cuaderno y un lápiz y comienza a escribir una a una las respuestas. ¡Oe Primos! bienvenidos al caos de ser “extraños en este país”, nos dice después de media hora, y la prosa que le sigue termina siendo un cadáver exquisito de composiciones que, con los acordes precisos, podría cantarse, corearse y hasta gritarse en un concierto dedicado a Medellín.

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¿Quién es Frankie?

Frankie ha muerto somos todos nosotros tratando de decir en medio de lo que nos asfixia: “yo soy”, “yo existo”, “no me vuelvas objeto”.
Es decir que Frankie no está muerto.
Frankie se está muriendo como el resto de muertos que atraviesan las calles buscando la subsistencia entre puntas, aristas, latidos, balas, bisagras, y ráfagas de esperanza.

Entonces… ¿es la ciudad la que lo está matando?

La ciudad nos aniquila y nos aliena al punto de la demencia. La ciudad nos está convirtiendo en cosas con rostro casi humano, bailando entre ratas, y en estos términos la ciudad solo se puede habitar desde una borrachera perpetua, no habría otra forma. Lo que vendría luego es la locura y eso es lo que ya está ocurriendo: campañas de exterminio masivo en manos de personas que no saben qué es lo que está pasando, ni por qué hacen lo que hacen.

¿Si Medellín está matando a Frankie, por qué Frankie le canta a Medellín?

No nos interesa cantar y ya, nos interesa proponer sentidos para transformar esa realidad, porque sino la transformamos entonces el arte no tiene sentido.

¿Y cómo describe Frankie a Medellín?

La imagen que se me vino a la mente es la del tren de carga: tan rápido y qué, tan monótono y qué… todos somos extraños en esta ciudad y cada vez nos reconocemos menos, nos respetamos menos.

¿Cuál es esa diferencia con la ciudad que recuerda?

Estamos frente a un modelo de política económica y social que busca crear solos y solas, uno en el que la gente ni siquiera tiene nada qué decirle al otro.

¿Cree que esa tendencia se puede revertir?

No, porque la mentalidad ya cambió. No, porque ya tenemos una especie de maldad implícita. En cambio lo que sí podemos hacer es transformarla en una Medellín que no se vuelva más atroz.

¿Por qué huir no es una opción?

Es una pregunta lamentable porque lo hemos pensado muchas veces. Y la respuesta de no huir es que la única manera de transformar las cosas es transformándose uno mismo. Por eso preferimos luchar, resistir, gritar, y decirle a todos: lucha, resiste, no corras, no huyas, no te tortures si nada resulta.

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¿Por qué dicen que Medellín arde de noche?

Hay dos formas de arder: cuando el señor que va en su motocicleta, con un arma escondida en el cinto, llega al destino final para hacer lo que le han ordenado; y arde también cuando nosotros mismos no somos capaces de salir del aturdimiento. Estamos tan entumecidos, tan abstraídos, tan ensimismados, tan perplejos, que lo único que podemos hacer es salir a caminar por ahí, cantando para olvidar, y eso no es mucho, pero es mejor que hacerle más daño a la ciudad.

¿Medellín está enferma de qué?

De falta de solidaridad y de una especie de dogma ultraconservador que la hace pacata y, al mismo tiempo, miserable.

¿De dónde salió la “identidad desde el caos”?

Desde la música tratamos de encontrar nuestras raíces indígenas y cortar con una parte del gótico que no nos representaba. Sin embargo, fue un poco vana esta búsqueda porque ya no tenemos ninguna raíz real, nada a lo que podamos aferrarnos que sea nuestro. Lo único que tenemos es lo que podemos hacer por nosotros mismos, y como no hacemos casi nada, entonces no tenemos nada.

¡Oe primo! ¿qué significa?

Primo es más real que decirnos hermano y más próximo y cálido que decirnos prójimo.

¿Quiénes son los extraños en este país?

Son las víctimas de ese concierto para delinquir que han construido los políticos de nuestra miserable clase dirigente. Las víctimas de nosotros mismos porque no hemos sido capaces de intentar, por una fracción de segundo, sentir lo que ellos sienten después de que han tenido familiares desaparecidos, de que los han desplazado, y los más grave, después de que quieren hacerlos ver como fantasmas que asustan.

En Medellín ¿queda alguna persona que escuche?

Ojalá los rockeros, que son los que históricamente han tomado esas banderas y las han elevado. No necesitan hacer mucho para constatar que la ciudad se está volviendo mierda.

A quemarropa

Una regla: Obligación
Un cielo: El pasado con mi familia y con mis hermanos
Un recuerdo: El sueño que refresca
Un señor X: Un héroe fantasma que sufre de asma
Una culpa: La religión
Un extraño: La actitud crítica en esta ciudad
Medellín: No te vuelvas atroz