¿Ya no tenemos tiempo para la música?

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Me acomodo y preparo la rutina de ademanes para empezar a escribir; un café doble, las gafas limpias, la ventana abierta con vista a las montañas, e inserto el disco The Dark Side of the Moon de Pink Floyd. Transcurren algunos minutos de la inolvidable y maravillosa “Speak to Me” y mi mente, en vez de quedar en blanco como pasa muchas veces cuando me siento a escribir, empieza a generar imágenes que solo el sonido inconfundible de Pink Floyd puede generar. No escribo ni una palabra, me dedico a escuchar.

42 minutos y 45 segundos después, al terminar de escuchar el disco, abro el computador y empiezo. Lo primero que escribo son preguntas: ¿Ya no tenemos tiempo para la música?, ¿nos cansamos de escuchar discos? La respuesta lastimosa es SÍ.

Las nuevas dinámicas de la música ahora responden a los llamados “sencillos”, que son una respuesta inteligente y comercial al público que ya no tiene tiempo, que consume inmediatez, que es práctico, que tiene un mar de posibilidades y por eso selecciona de acá y de allá, como haciendo zapping, pasando desapercibido por historias sonoras completas.

También pienso en el disco que acabo de escuchar, y entiendo que no se puede dividir, que sería perder la comprensión de la obra artística, perder la magia y la idea real del compositor, sería como tratar de mirar una pintura a la mitad, leer un libro saltando palabras, o ver solo el final de una película.

El disco, en muchas ocasiones, no en todas, es creado como una pieza artística completa, de inicio a fin, para escucharse de esa manera. Pero es innegable, las cosas han cambiado y los oídos y la mente ya no funcionan igual. ¿Qué hacer?, ¿qué riesgos deberían tomar los creadores de música?, ¿qué hará falta? Quizá, pasar simplemente de hacer música y depositarla en un cd, y pensar en conceptos, en formas de llegar al oyente de maneras atractivas y distintas a las que todo el mundo usa. Si la dinámica cambió hay que cruzar la raya, transgredir y arriesgarse a nuevas cosas, ahí podría estar la respuesta. Es probable que se le muestre al oyente que no tiene tiempo, que es importante regalarse el rato, o al que busca solo lo que necesita, que hay otras opciones, pues es muy fácil encontrar contenido en el mar de posibilidades de la web, pero tal vez, posibilidades llenas de basura.

Si antes escuchábamos las piezas completas porque nos tocaba, y era una práctica maravillosa que pocos seguimos frecuentando, si antes observábamos los librillos porque era sentir que se atravesaba el umbral estético de la obra musical, si antes escuchábamos una canción, y ella misma nos arrastraba a querer saber qué más continuaba, ¿cómo será regresar a eso?, ¿se venderían y comprarían más discos?, o mejor, ¿se apreciarían más obras de arte? Éste solo es un llamado para quién lo quiera recibir, un llamado respetuoso y melancólico a los músicos para que piensen en su música como una obra de arte completa, y a los seguidores, para que regresen a la pasión mágica y verdadera de escuchar música.

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