Alexánder Zuluaga es un ejemplo de superación en el arbitraje

carmen

Eran las 2:00 de la tarde del 24 de agosto de 2013, cuando Alexánder Zuluaga Ramírez, que estaba de día de pesca, se montó a un árbol y se tiró un clavado en el Río Claro. Al instante flotó, intentó hablar y no pudo, mientras sus amigos alarmados vieron que su cabeza estaba reventada.

Resultó que este árbitro de fútbol de salón, con experiencia en Juegos Departamentales, que vive en la vereda La Hermosa de El Carmen de Viboral, impactó su cabeza contra el fondo y sólo en el hospital vino a saber la gravedad de su accidente durante el paseo con los amigos.

A la llegada a la clínica Somer los médicos le preguntaron “¿qué te pasó?” y la respuesta fue: “no siento nada de la cabeza hacia abajo, pero estoy tranquilo”.

Consciente de que la vida le podría cambiar y que si no le conseguían, en 48 horas, unos tornillos especiales que le aseguraran la cabeza para que no se le cayera, Alexánder le dijo adiós a la angustia y le pidió a su madre María Epifania Ramírez ayuda para demostrar que “con fe, voluntad y la bendición de Dios no hay recuperación imposible”.

Luego de pensar en lo peor, el fundador de Cafesor (Colegio de Árbitros de Futsal del Oriente) y estudiante de la Normal de Marinilla y la Universidad Católica recibió la noticia milagrosa que esperaba.

Los médicos me contaron que la fractura fue en las vértebras C5 y C6, pero que mi médula espinal sólo estaba inflamada, lo que me devolvió el alma y la vida, porque sabía que podía, así fuera lejana la posibilidad, volver a caminar”.

El presupuesto inicial era de cuatro años en una silla de ruedas sin movilidad en sus piernas y brazos. Apenas van 13 meses del accidente y Álex chicanea porque “ya puedo mover 9 dedos de las manos e intenté pararme en tres ocasiones; todavía falta, pero antes de que termine este año debo estar caminando”.

Con la ayuda de su madre, quien dejó su trabajo en la flota de transporte de El Carmen para “ser testigo del milagro de volver a ver caminar a mi hijo”, el respaldo de su padre Héctor, y la inspiración de su hermana Valentina arrancó la rehabilitación.

Y gracias a la mano que le tendió su tío Albeiro (lo cuidó los primeros siete meses), la colaboración de varias entidades y al apoyo que le viene brindando Angellot Caro, el mejor jugador de fútbol sala de Colombia, Alexánder superó los momentos más críticos y se fortaleció para convertirse en un ejemplo de superación en el microfútbol.

Este antioqueño del signo Tauro y 27 años de edad no paró sus clases en la Universidad Católica y pese a sus limitaciones de movilidad, actualmente realiza su práctica con estudiantes de 1° a 5° de primaria todos los miércoles entre 8:00 y 12:00 del día.

Mi plan de vida es pararme este año y sé que en dos más dejaré esta silla de ruedas para volver a pitar Departamentales y otros torneos del futsal”.

Para ello Alexánder Zuluaga necesita incrementar sus fisioterapias en su casa, porque cada salida al casco urbano de El Carmen le puede costar unos 50.000 pesos que no tiene.

Admite que conseguir un multifuncional “con la leche que producen las tres vaquitas de mi papá y las hortalizas de mi madre, que a veces ni alcanzan para el consumo doméstico es una misión casi imposible”.

Sin embargo, con la fe en Dios y la generosidad de los amigos del deporte espera recaudar los fondos necesarios para comprar el aparato que le ayudará a “dar pasos más firmes, porque de verdad que a mis 27 años estoy aprendiendo otra vez a caminar”.

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