El clásico paisa afecta la economía de los comerciantes del estadio

Los vendedores aseguran que cuando hay clásico un domingo las ventas disminuyen un 90%

Los vendedores aseguran que cuando hay clásico un domingo las ventas disminuyen un 90%

Hace 10 años la palabra clásico para los comerciantes de la Unidad  Deportiva Atanasio Girardot era sinónimo de fiesta y muchos ingresos.

Hoy ocurre todo lo contrario, ya que cuando juegan Nacional y Medellín las ventas disminuyen y hasta su integridad corre riesgos, debido a las numerosas medidas de seguridad y a los distintos inconvenientes que se presentan entre las hinchadas.

En vez de alegrarse, porque el fútbol vuelve a la capital paisa un día domingo, casi dos años? después, Luis Aníbal Rúa anda preocupado por la presentación de verdes y rojos del 23 de septiembre en el máximo escenario de los paisas.

Él admite que “era lo mejor que nos podía pasar hace una década, pero actualmente genera más ingresos y mayor tranquilidad un encuentro entre Nacional y Quindío que un duelo entre los equipos tradicionales del departamento”.

Según este pequeño comerciante de camisetas, hace 15 años, en los alrededores del Atanasio el día del clásico “las ventas bajan 90 por ciento gracias a que la gente con capacidad adquisitiva se aleja por las medidas y temor a enfrentamientos entre barras”.

Algo similar piensa Nelson Cardona, quien vive hace 17 años de la venta de frutas y jugos en uno de los locales ubicados en la Unidad Deportiva. Para él los clásicos deben jugarse “los sábados en la noche” para que los comerciantes no se afecten social, laboral y económicamente.

Le preocupa que “debido a que nos cerrarán temprano la ciclovía y las familias se alejarán del sector por el partido, los ingresos bajarán un 70 por ciento y nos tendremos que ir temprano a la casa a esperar otra oportunidad para cuadrar la semana”.

Ni sabiendo que 1.400 policías estarán al tanto de la seguridad del encuentro correspondiente a la novena fecha de la Liga Postobón-II le genera tranquilidad a Dorian Galarzo.

Con algo de impotencia reconoce que para “no regresar con las manos vacías a la casa, donde me esperan con el sustento diario mis dos nietos y la esposa”, le tocará madrugar este domingo a vender sus dulces y helados a la ciclovía, porque “apenas empiece el clásico lo más seguro es que se venda poco y guardemos temprano para evitar molestias”.

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