Molina fue el director olímpico del Medellín

Mao Molina es añorado por los hinchas del DIM por sus goles para el título de 2002 y el tanto olímpico que le anotó a Nacional.

Mao Molina es añorado por los hinchas del DIM por sus goles para el título de 2002 y el tanto olímpico que le anotó a Nacional.

De pequeño en los semilleros del Envigado Fútbol Club Mauricio Molina cogió fama por la manera como le pegaba a los tiros libres y manejaba la pelota. A los 18 años ya era profesional con Envigado y marcaba diferencia en el rentado colombiano, razón por la cual las miradas de los técnicos de los principales clubes del país no lo perdían de vista y lo querían tener en sus filas.

Pacho Maturana notó desde el principio que le sobraba calidad y por ello lo convocó a la Selección de Colombia para la Copa América de 2001 con escasos 21 años de edad y no se equivocó, porque allí Mao también puso a prueba su potencial y aportó para que el país ganara por primera vez este torneo continental.

Se anhelaba que alguno de los clubes tradicionales de Antioquia se quedaran con los derechos de este volante zurdo que en sus inicios fue fundamentado por Francisco el Bogotano González, en Sajos, pero Independiente Santa Fe se adelantó y en ese 2001 se lo llevó a aguntar frío a Bogotá, donde una lesión lo sacó de circulación durante tres meses.

El presente de Mauricio no era claro y aún así Javier Velásquez, el mismo presidente que lo proyectó en Envigado, fue a Cali a echarle el cuento para que lo acompañara en su nuevo reto administrativo. Todavía lesionado y sin ritmo de competencia, Mao le dijo sí a su papá en el fútbol y se vino en 2002 para el conjunto escarlata, en el que con el número 20 en la espalda, un gol en la final ante Pasto y su técnica exquisita fue uno de los quijotes que se encargó de subir al cielo a los fieles rojos para recoger la tercera estrella.

Su figuración en el DIM fue de tantos picos altos que en 2003, después de ratificar su calidad en la Copa Libertadores, terminó en el Morelia de México para iniciar la carrera de trotamundos, porque a partir de ese año ha jugado en siete países (Argentina, Emiratos, Serbia, Brasil con Santos al lado de Neymar, y Corea del Sur). Claro que en 2005 tuvo otro paso por el Poderoso con un sello histórico: el gol olímpico que le convirtió al Nacional el 15 de junio en la derrota 2-1 de su equipo.

Su sello era la pelota quieta, la prueba está en que de los 44 goles que ha conseguido en el rentado colombiano 20 fueron de tiro libre. Por esa vía anotó 12 en Envigado (de los 26 que hizo), 2 en Santa Fe (de 5 que consiguió) y 5 en el Medellín, de los 13 que convirtió en sus dos períodos (también logró 4 internacionales con los escarlatas: tres en Libertadores y uno en la Copa Suramericana).

¿Cómo llegó al DIM?

“Estaba lesionado de una pubalgia, hacía la recuperación en Cali, estaba en el hotel y recibí la llamada de Javier Velásquez diciéndome que me quería contratar. Me sorprendí, porque vivía un momento difícil de mi carrera, no sabía cuándo volvía a jugar y él depositó, al igual que la institución roja, toda la confianza en mí y el arreglo fue muy fácil. ‘No olvido que don Javier, un verdadero padre para mí, me dijo: Quiubo mijito va a venir a jugar conmigo en el DIM, usted sabe que no tenemos problema para arreglar’ y así fue”.

¿El rojo lo flechó desde niño?

“Mi historia con DIM arrancó desde niño, ya que toda la familia paterna es roja, mi abuelo, mi padre era enfermo por el rojo y mis tíos. De pequeño siempre iba con mi papá al Atanasio a ver los juegos del rojo cuando jugaban Luis Octavio Ormeño Gómez, Luis Barbat, Petiso Zárate, Henry Zambrano, Carlos Castro, Panelo Valencia, Pelusa Pérez y Jorge Daniel Jara. Mi padre sólo me llevaba a ver al Medallo”.

¿Cómo fue el arranque en forma con el DIM?

“Empezamos el segundo semestre con el profe Reinaldo Rueda, después él se fue para las selecciones menores de Colombia y Víctor Luna se encargó del plantel con un manejo exitoso. A mi llegada estaba Juan José Peláez, quien dejó el equipo para Rueda, con quien fue duro porque estábamos casi de últimos y la hinchada estaba inconforme por el rendimiento. Luna asumió y empezó una historia inolvidable para nosotros. Arrancamos a ganar partidos, Víctor nos llenó de confianza, hizo que creyéramos en nosotros, nos convenció de que era posible cambiar el maleficio rojo de 45 años gracias. Alcanzar la estrella soñada no solamente fue un desahogo para los jugadores y directivos, sino también para los hinchas”.

¿A quiénes se encontró en el club?

“Me tocó con David González, Roberto Carlos Cortés, Ricardo Calle, John Javier Restrepo, Amaranto Perea, Alexánder Jaramillo, Andrés Orozco, Róbinson Muñoz, Tressor Moreno y David Montoya, entre otros”.

¿Cuál era el estilo del rojo en 2002?

“Teníamos un elenco con demasiada tenencia de pelota, pasábamos rápido de defensa a ataque, contábamos con dos voladores por las bandas (Roberto Carlos Cortés y William Vásquez Chacón o Ricardo Calle), Choronta era muy claro como manejador y lanzador, además de contener muy bien. Adelante jugábamos con un tridente que no tenía delanteros, pero sí jugadores de mucho gol como David Montoya, Tressor y yo. Éramos falsos delanteros y nos movíamos tanto por toda la cancha que a los defensores les costaba referenciarnos”.

¿Hubo un secreto especial para ganar después de 45 años?

“Ese DIM de 2002 era un excelente equipo, para mi gusto el mejor de los últimos 13 años, en juego, táctica, técnica y juego vistoso.Además contamos con un cuerpo técnico empeñado en hacernos creer que teníamos el mejor equipo del país. Antes de los partidos así no lo hacía saber Luna y el siquiatra Carlos Palacio gracias a las charlas motivacionales para fortalecer la parte mental.

Al principio nos chocaba tanta reunión, pero con el paso de los partidos, los triunfos y la superación de obstáculos nos convencimos de que eso sí servía. Nos metimos en el cuento, aceptamos todas las locuras de Luna y armamos un grupo de amigos fuerte, en la parte mental y futbolística, para terminar con esa maldición de 45 años sin alzar el trofeo de campeón”.

¿Cómo se adueñó de la titular?

“Cuando llegué fue duro por la lesión, venía de seis meses parado y me costó agarrar el ritmo de juego. A principio de 2002 me operaron y eso hizo más díficil alcanzar el nivel, más cuando con Rueda poco podía aportar individual y colectivamente. Con Luna aparecieron los minutos, las oportunidades y ese semestre del título logré 9 goles para ayudar en la estrella, incluyendo uno en la final en Pasto”.

¿Sus recuerdos de la final?

“Fue dramática, porque veníamos de un 2-0 a favor en el Atanasio, pero llegamos a Pasto y no pudimos conciliar el sueño debido a la bulla que nos hizo la hinchada nariñense en las afueras del hotel. Eran las 5:00 de la mañana y no me había dormido por la locura afuera y la ansiedad. Empezó el partido y Pasto nos arrolló, se perdió un gol en la línea de meta y todo indicaba que tendríamos problemas. Llegó un penalti a favor y al perderlo David Montoya nos pusimos más nerviosos y se prendieron las alarmas. 

Por fortuna a los cinco minutos de perder la pena máxima hice un lindo gol de tiro libre, eso nos dio aire, pero Nelson Rivas me metió una patada y fue expulsado. Luego, empezando el segundo tiempo, el juez Óscar Julián Ruiz me mostró la roja en una jugada ante Carlos Salazar para equilibrar. Eso le dio más dramatismo al encuentro, Pasto nos empató y las cosas parecían peor cuando ingresó Édgar Pánzer Carvajal y al minuto fue expulsado, porque en el primer contacto levantó a un rival por detrás. Por fortuna los compañeros supieron aguantar para dar la anhelada vuelta olímpica del Poderoso, luego de 45 años de sequía, ya que desde 1957 no ganaba en Colombia”.

¿Algún gol especial?

“Pienso que el hincha no olvida el gol olímpico que le marqué a Nacional, pero para mí el más especial fue el que logré en Pasto de tiro libre para asegurar el título del rentado”.

¿Anécdotas?

“Recuerdo la celebración en Pasto, los hinchas rojos eran pocos y nos metimos todos en una habitación a saltar, gritar y corear el nombre de cada uno de los integrantes del club. Fue un momento muy lindo, ya que cada uno se liberó de los prejuicios de los demás por ser mejores o tener otras cosas que uno no posee”.

¿Cómo fue lo de la Copa del 2003?

“Fue una ilusión muy grande y al final un golpe duro, porque Medellín era un equipo que enamoró a toda Suramérica con su fútbol. Fuimos contundentes, tuvimos una forma vistosa de jugar, teníamos la base de 2002. Estuvimos a un paso de llegar a la final. No se me olvida que en el juego de vuelta de la semifinal ante Santos, Tressor Moreno igualó la serie con su gol y no olvido que Álex, el defensor central del club brasileño me decía: ‘No corrás más Mao que no podemos’ y era el primer tiempo. Teníamos buena presión, la cancha estaba pesada, había llovido y estábamos cerca del segundo gol, pero en una falta de mitad de cancha se fueron arriba con un autogol. Eso lo sentimos, además el rival contaba con Elano, Diego, Robinho, Renato, Fabio Costa. Faltando 15 minutos empaté 2-2 y estábamos cerca de los penaltis, pero en el minuto de adición ellos nos hicieron el 3-2 y con ello terminó la aventura de la primera final copera del Medallo”.

¿El gran nivel los proyectó?

El equipo rojo de 2002 y 2003 fue especial y generó tantos comentarios positivos por su estilo de juego y capacidad de los deportistas que Choronta salió para México, Amaranto emigró a Boca Juniors, Orozco pasó al Racing, yo fui al Morelia, David Montoya a Liga de Quito, Baloy para Gremio y Tressor volvió al exterior”.

¿Qué significó su paso por el club?

“Lo más importante es que dejamos una marca, le quitamos el peso a los demás jugadores, se terminó con ese lema de este año sí, este año sí. Lo cambiamos por este año también”.Me siento orgulloso, porque cambiamos para bien la historia del Medellín. Fue una hasta 2002 y otra después de ese diciembre”.

¿Tiene un once ideal?

“David González (dos veces campeón, era joven y seguro); Ricardo Calle (único en ganar tres títulos con el club), Amaranto Perea, Andrés Orozco, Roberto Carlos Cortés; John Javier Restrepo, John Wílmar Pérez, Óscar Pareja, Petiso Zárate, Mao Molina; Jackson Martínez (el de más goles en los torneos cortos de la Dimayor). El técnico debe ser Víctor Luna, quien ha sido de amores y odios en el rojo, pero lo que nos dio, enseñó y metió en la cabeza, le dan créditos de gran entrenador. Logró que creyéramos en nosotros”.

¿Quiénes han sido los grandes dirigentes?

“El gran dirigente rojo siempre será Javier Velásquez, el papá para todos nosotros, a quien la hinchada roja le debe agradecer toda la vida por el cambio que le dio al club. Cuando llegó lo salvó de la desaparición, fue un administrador exitoso en el Medellín, tuvo buen ojo para armar un equipo competitivo, lo saneó económicamente. Lejos es el mejor dirigente del plantel en sus 100 años por tantas cosas buenas que le entregó a la institución en todos los aspectos. Dejó atrás las épocas malas, negras, paró el equipo, nos mantuvo al día, superó todos los problemas”.

¿Qué significan 100 años para el DIM?

“Es demasiada historia, son muchas historias por contar. No se necesita ser el más ganador y el más exitoso para sentir la pasión de la hinchada roja. Hay que estar adentro para sentirla y conocer el amor incondicional que se genera. Los 100 años se quedan cortos para tantas sensaciones especiales”.

¿Un hecho inolvidable con el Medallo?

“Un día me llamaron al lobby del hotel, concentrado con el DIM, llegó un hincha invidente que vino de Nueva York y me quería conocer. No podía ver mis goles ni mi rostro y sí que menos el color rojo del plantel, pero me tocó y me hizo sentir la verdadera pasión que significa esta institución agradeciéndome por las cosas lindas que habíamos hecho con el conjunto. Me robó muchas lágrimas y me puso la piel de gallina”.

¿Qué le ha faltado al equipo?

“El club ha pasado por muchos momentos difíciles y malas administraciones que no lo han dejado ser más grande. Con su hinchada, fuerza y sentimiento debería ser más exitoso, contar con su sede y proyectarse mejor. Ojalá este centenario sirva para que se consolide como empresa y fortalezca su base”.

¿Y de la hinchada del DIM qué?

“Hay un fenómeno extraño con el rojo. El hincha continúa fiel, pero antes iban 30.000 por juego y eran incondicionales pese al sufrimiento y a los fracasos. Y apenas empezó a ganar se volvió más exigente y eso que el equipo lleva seis finales en una década. No se puede criticar y juzgar a la hinchada, porque las malas administraciones la han hecho desistir, se acomodó un poco en los últimos años cansada de las malas administraciones. Claro que el amor por el equipo sigue intacto y muy vivo”.

 

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