Pareja fue el conductor elegido del DIM

Óscar Pareja y su socio John Wílmar Pérez se mantienen como ídolos del DIM y esperan que el centenario lo haga más grande.

Óscar Pareja y su socio John Wílmar Pérez se mantienen como ídolos del DIM y esperan que el centenario lo haga más grande.

El calendario marcaba el 15 de  noviembre de 1987 cuando un volante creativo sobresaliente en las selecciones antioqueñas recibió el voto de confianza del técn ico Herman Cuca Aceros, quien vio en Parejita -así le decían-, al hombre ideal para conducir al DIM esa temporada.

Óscar Alexánder Parejahabía pasado por las categorías menores de la Universidad Pontificia, al igual que Álvaro Santamaría y Ponciano Castro. “Alcanzamos a ganar dos veces nuestra categoría en la Liga con el técnico Rodrigo Berrío”.

Ese equipo tenía tanta calidad que una gestión del dirigente Gustavo López de Mesa lo acercó al conjunto escarlata para que Pareja iniciara una etapa que incluyó participación en un Suramericano juvenil y la unión al grupo base en el que estaban Germán Fernández, Javier Arango, Silvano Spíndola, William Night y Luis Octavio Ormeño Gómez.

Con ellos debuté en el profesionalismo, gracias al apoyo del profe Julio Comesaña, el 17 de noviembre de 1987 ante Millonarios con el que quedamos 1-1 con el gol de Spíndola”, recuerda el hoy entrenador del Colorado Rapids de Estados Unidos.

Mostrar calidad en su estreno, a los 19 años de edad, le sirvió a Pareja ser el capitán del equipo un año después. Fue jugador rojo por siete temporadas y colaboró para llevarlo, por primera vez, a la tercera ronda de la Copa Libertadores. Y hasta para llegar, en 1995, al Deportivo Cali, en el que se coronó campeón en 1996.

Para mí el Medellín es la casa, el primer amor, dura para siempre y terminás volviendo a él. De ahí que cada vez que voy a la ciudad trato de ver un partido del Poderoso y la gente me hace sentir nostalgia”.

Casi dos décadas después de dejar la casaca roja y con la serenidad y experiencia que le dan sus 44 años, admite que “Medellín no alcanzó el título en esa época, porque situaciones ajenas al juego no lo permitieron”. Además, piensa que jugar campeonatos de 60 fechas de duración para sacar un campeón “significaba que había que luchar contra todo”.

Hizo goles especiales                                                                                     Hoy, Óscar siente nostalgia al no retribuirle con un título a la hinchada el “inmenso cariño y la forma como acudía masivamente al estadio para vernos”. Igual, está tranquilo, porque cree que “hicimos un buen juego demostrando que el dinero nunca fue lo más importante para nosotros” y logró algunas actuaciones inolvidables como cuando le marcó dos goles al Junior, el 18 de julio de 1993, uno desde la mitad de cancha para vencer a los tiburones 5-0 en el Atanasio Girardot. En su carrera alcanzó 31 tantos en 470 juegos entre 1987 y 1998 jugando con DIM, Cali y en la MLS.

 

Entre las situaciones inolvidables con el DIM Óscar Alexánder también tiene presentes “el primer gol, el tanto olímpico que le metí al Cúcuta en 1992, mi amistad con John Wílmar Pelusa Pérez, haber jugado con Carlos Gambeta Estrada, Pibe Valderrama y Julio César Uribe. Y cómo no recordar el apoyo de la Putería Roja, la Danza del Sol, mis técnicos, los amigos y tantas cosas buenas que me dejó el paso por el club”.

Si bien muchos lo ubican en el equipo ideal del Poderoso, ese inolvidable jugador que jugó con la camiseta número ocho cree que la formación centenaria del Medellín debe estar conformada por “Caimán Sánchez (Aldo Bobadilla); Hugo Gallego, Rafael Villazán, Jorge Olaechea, Turrón Alvarez, Ponciano Castro, Mario Agudelo, Choronta Restrepo,  Pato Aguilera (Mao Molina), Charro Moreno y Osmar Oreste Corbatta.

Desde su debut en 1987, Pareja soñó con ser ídolo de esa afición sufrida e incondicional, especialmente a partir del día en que su padre le dijo “vas a jugar bien y vas a ser el capitán de ese equipo”. Esa idea la reforzó un domingo en la noche cuando un partido DIM-Cúcuta debió postergarse para el lunes debido a la lluvia y en la época en la que el uruguayo Carlos Pato Aguilera se robaba los aplausos y hacía su show.

El DIM nunca ha caminado solo, es el equipo del pueblo; sus planteles siempre han sido grandes, técnico o directivo que haya pasado por el club cuenta con una hinchada emprendedora, de casa pobre y corazón millonario, gente que todavía suda, se rompe las manos, se juega la vida y el pan de su familia sin hacerle mal a nadie”.

Parejita, ídolo rojo de todos los tiempos es consciente de que “al Medellín le faltado respaldo empresarial, estructura, inversiones sólidas y dinero para superar las crisis económicas que han atentado contra su estabilidad”.

Hoy espera que los nuevos propietarios “le impriman el manejo de empresa que necesita desde hace décadas”, pero recalca que él siempre verá a los hinchas como “únicos dueños del DIM”.