Amaranto Perea fue un iluminado

Amaranto Perea es el ejemplo de superación en Currulao.

Amaranto Perea es el ejemplo de superación en Currulao.

De niño a Luis Amaranto Perea se rebuscaba la vida de garitero en Currulao ingresando a la “jungla” bananera cargado de almuerzos para los trabajadores y de joven tuvo que vender helados en Medellín para ganarse el sustento cuando vivió en La Iguaná.

A esa capacidad de superación se le sumó, lo que llama Leonardo Usuga, uno de sus primeros formadores en Urabá, una lluvia de “bendiciones celestiales que lo llevaron al éxito”.

Recuerda que Amaranto se defendía como lateral derecho en la cancha municipal de Currulao, pero no olvida que el que pintaba mejor e iba a llegar primero al profesionalismo era su hermano mayor Rodolfo Perea, quien murió en un accidente de tránsito cuando “era uno de los mejores delanteros de la región”.

Leos, como se hace llamar este descubridor de talentos hace dos décadas, está convencido de que “el difunto Rodolfo le pasó parte de su talento a su hermano desde el cielo, ya que a partir de ese suceso trágico las cosas empezaron a cambiarle para bien a Lucho”.

En esa época Amaranto tenía 14 años de edad, recogía elogios en los semilleros Cristal Caldas e Italia de Turbo y había hecho parte del Ponyfútbol con la selección de Urabá que montó Milton Cano en 1991.

Al verlo progresar de manera acelerada y sorprender con su saltabilidad y “capacidad de superación, que ha sido innata en él desde que le tocó ayudarle a su papá ayudarle a sostener la familia”, Leos le propuso a Amaranto jugar de zaguero por derecha.

Cumplido su ciclo en la cancha parroquial de Currulao-Sintrainagro, de donde también salieron Geiller Mosquera y Javier López (juegan en Itagüí Ditaires) y en el que hoy patrocina a los 120 niños, Amaranto se dio cuenta de que había cumplido su ciclo y emigró a la capital paisa, donde se probó en el Palacio de las Novias, conjunto en el que lo apreció Fernando Jiménez, responsable de su debut en Independiente Medellín en 2000.

Leos cree que Amaranto “traspasó las barreras de la superación”, porque “fue diferente desde que me dijo que quería ser profesional”. No duda que sus condiciones físicas, la fuerza, la velocidad y la potencia que lo caracteriza fueron claves para triunfar en el DIM, Boca Juniors de Argentina, Atlético de Madrid español y Cruz Azul de México.

Sin olvidar que “siempre ha tenido la bendición de Dios, porque Rodolfo le transmitió toda su calidad”, Leonardo Usuga también considera que la década que lleva en el exterior le ha servido a su pupilo para consolidarse en la Selección de Colombia y ser uno de los firmes aspirantes a la titular durante el Mundial de Brasil-2014.

Recordándole que “soy de los que no le gusta bajar los brazos, porque en el fútbol hay que reafirmar a diario el nivel”, Amaranto le contó a Leos que la consigna en la Copa Mundo será “partir de la seguridad, la motivación y el compromiso que nos clasificó”.

Leos no olvida que Luis (esta semana sufrió una contractura con el Cruz Azul) de niño siempre fue disciplinado y se puso metas así en Medellín le haya tocado rebuscarse la vida vendiendo helados.

Hoy que está a punto de jugar su primer Mundial también le echa flores, porque es testigo que no ha perdido la humildad, sigue pendiente de su familia y ayuda a construir sueños en la tierra que nació hace 35 años al llevarle cada años uniformes y guayos a 120 niños que en el semillero Currulao-Sintrainago quieren superarse y llegar lejos como él.

Teófilo Gutiérrez empezó como volante creativo

Teófilo Gutiérrez quería ser un crativo y terminó siendo un hombre gol.

Teófilo Gutiérrez quería ser un crativo y terminó siendo un hombre gol.

Hace 15 años llegó un chico introvertido acompañado de su padre al semillero los Magos de Barranquilla. Su propietario William Knight no olvida que “el viejo me dijo: Teíto es un 10”.

Gracias a que conocía los rasgos de un atacante, ya que el hoy entrenador paisa jugó en esa posición en los ochenta, le contestó “de 10 a 12 de la noche y si sabe tanto entonces entrénelo usted”.

Le dijo así, admite tres lustros después, porque “ya había visto al pelao y sabía que tenía condiciones para ser un gran delantero, aunque al principio lo puse varios meses de creativo para empezar a encontrarle el perfil y saber cómo lo podíamos potencializar”.

A los quince años de ese suceso, Teófilo Gutiérrez es un atacante internacional, pasó por el fútbol turco, se destacó en México y es un referente del River Plate.

Gracias a la orientación que le dio Knight, el mismo que lo regañó y le dio un puntapié en la cadera por venirse del Trabzonspor, Teo se convirtió en uno de los hombres importantes de la Selección en la pasada Eliminatoria y aparece como el máximo aspirante a quedarse con el puesto de titular que dejó vacante Falcao García para Brasil-2014.

William fue el que le corrigió la forma de centrar, ya que driblaba bien pero “al ubicarlo de puntero derecho lanzaba mal la pelota en un grupo del cual también hacían parte Daniel Machacón, Macnelly Torres y César Fawcett”.

Después se juntó con Carlos Bacca y Luis Carlos Ruiz en el Barranquilla Fútbol Club y ahí arrancó, cree Knight, el camino hacia la consolidación que inició con su estreno en el Junior en 2007.

Siempre ha sido hombre gol

William asegura que Teo siempre fue sinónimo de gol y es un convencido de que “hará diferencia en Brasil”, porque tiene potencia, es serio en la cancha y ha evolucionado gracias a sus diferentes experiencias en el fútbol internacional.

En la Eliminatoria lo demostró gracias a la confianza del técnico José Pekerman. Pese a que se ha convertido en un jugador polémico, cualidad que no le conocía Knight, porque “con nosotros hasta le costaba hablar”, estuvo en 11 partidos de la Eliminatoria y aportó seis goles.

Por esa razón Pekerman resalta que en la Selección de Colombia “Teófilo siempre ha cumplido, nunca dijo no a una orden ni ha tenido problemas con el grupo; hubo momentos futbolísticos en los que tuve que dejarlo fuera de la titular y siempre se le vio entrega”.

En eso también coincide Knight cuando le toca hablar de la pasión con la que Gutiérrez afrontaba los entrenamientos de Los Magos, el Barranquilla Fútbol Club y el Junior, al que llegó gracias a la recomendación que él le hizo al entrenador Miguel Ángel el Zurdo López.

Es más, William, a quien no le caben dudas de que Teo y los demás atacantes de Colombia tienen “con qué remplazar muy bien a Falcao”, les recuerda a los colombianos que “Teíto no ha dejado de ser ese joven afectivo y humilde que cada que nos vemos me pide consejos”.

El último que le dio fue antes de irse a River y le dijo que “me hubiera quedado en Cruz Azul, porque el equipo argentino sufre una transformación y le exigirá más de la cuenta por ser un grande en apuros”.

Esas voces de aliento de personas que influyeron en su formación son las que motivan a diario a Teófilo para asumir el reto de liderar al ataque del combinado patrio en Brasil, donde él espera aprovechar “el privilegio de ser cabeza de grupo para seguir haciendo las cosas bien, gracias al compromiso de todos los que soñamos con hacer un gran Mundial.

Amaranto Perea todavía se siente del DIM

Luis Amaranto Perea jugó con Jorge Horacio Serna en el DIM.

Luis Amaranto Perea jugó con Jorge Horacio Serna en el DIM.

Luis Amaranto Perea es un ejemplo único de superación, de esos que se dan hoy de vez en cuando en la vida y que generan envidia de la buena, porque pocos pueden contar tranquilamente que pasó de vender helados por las principales calles de la capital antioqueña a ser campeón con Independiente Medellín, monarca intercontinental con Boca Juniors, leyenda del Atlético de Madrid, subcampeón con Cruz Azul de México y referente de la defensa de la Selección de Colombia durante una década.

Con su buen estado físico, comportamiento de señor, capacidad deportiva y mente soñadora, Perea llegó tan lejos que fue uno de los pocos jugadores hechos en Independiente Medellín que figuraron en Europa y se sostienen en el exterior por sus condiciones (entre los otros aparecen César Quintero y Jackson Martínez). Su velocidad le dio un lugar especial en el Atlético, donde entre 2004 y 2012 se codeó contra los oncenos de mayor alcurnia del Viejo Continente como Milán, Barcelona y Real Madrid, y midió sus fuerzas ante los principales jugadores del planeta, caso del argentino Lionel Messi, el portugués Cristiano Ronaldo y el ibérico Andrés Iniesta por citar sólo a los que ocuparon los tres primeros lugares en las últimas elecciones del Mejor Jugador del Mundo.

Este zaguero central, que hizo sus pinitos en los elencos Cristal Caldas e Italia de Turbo y que se mostró oficialmente en el Palacio de las Novias, no se cansa de agradecerle a Dios “por todas las bendiciones que me ha brindado; con su ayuda y mi capacidad he conseguido cosas muy importantes como jugar una gran Copa Libertadores con el DIM, ser campeón con Boca Juniors, estar en la Copa América y la Eliminatoria con Colombia, sostenerme en España ganando una Intertoto, dos veces la Europa League y una Supercopa de Europa”.

A sus 34 años de edad conserva la humildad que se le conoció en 1998 cuando vendía helados en la capital paisa y se paseaba por las canchas Marte tratando de impresionar con su estado atlético y condiciones a los estrategas. Y lo consiguió porque entre 2000 y 2003 fue irremplazable en el Poderoso.

Así los dirigentes de la escuadra colchonera valorizaran sus derechos derechos deportivos en más de 30 millones de euros en 2008, su familia (su esposa es la atleta Digna Luz Murillo y tiene dos hijos varones con la misma figura del papá) y él hayan recibido la nacionalidad española, Amaranto no cambió y conservó esa personalidad firme que lo mantiene como uno de los hombres de confianza del entrenador José Pekerman para el sueño mundialista de Brasil-2014.

El señorío adquirido lo llevó a ser campeón con el Poderoso en 2002, le sirvió para ser una de las figuras de la Copa Libertadores de 2003 y le significó el voto de  confianza del reconocido técnico argentino Carlos Bianchi, quien apenas fue testigo de sus condiciones en el Poderoso de hace 10 años, le hizo señas a los directivos del Boca Juniors para que adquirieran sus derechos deportivos.

La velocidad, propia de atletas mundialistas, sus 1.81 metros de estatura, seguridad en la marca, capacidad para jugar de central o lateral y la responsabilidad que muestra en cada compromiso fueron los argumentos que exhibió Perea en el cuadro xeneize y los que lo convirtieron en estandarde del elenco colchonero que apenas en 2012 le culminó el contrato para que se quedara con sus derechos deportivos y terminara en el mexicano Cruz Azul, club con el que hizo sus primeros dos goles como profesional apenas en 2013 y en el que a los tres meses consiguió el título de la Copa de México.

Su consigna siempre ha sido “Mi responsabilidad es sostenerme en el fútbol internacional, porque si hago las cosas bien podrán llegar más colombianos. Con esfuerzo, convencimiento en mis condiciones y manteniendo siempre la calma en los momentos difíciles, que han sido muchos, cumplí muchas metas trazadas. Ser campeón con el DIM después de 45 años de tristezas del cuadro escarlata, triunfar con Boca Juniors, ser un referente del Atlético, tener el privilegio de jugar en uno de los grandes de México como Cruz Azul y mantenerme en la Selección es algo que genera orgullo y lo compromete a uno como profesional y persona, ya que los más jóvenes quieren aprender de uno”.

A diferencia de otros deportistas en el país, esos logros y tantos elogios no han “mareado” a Luis. Al contrario, lo han revitalizado. Él sabe de lo que significa para sus cuatro hermanos, su papá Amaranto, su madre Feliciana, sus dos hijos Juan David y Daniel, y su esposa Digna Luz Murillo, quien representó a Colombia en los Juegos Olímpicos de Atenas-2004.

Lo positivo de Amaranto es que no se ha conformado con triunfar. Sus logros y ganancias las ha compartido con los menos favorecidos, especialmente en Urabá, donde es tildado de héroe. La demostración de ese cariño ganado a pulso fue cuando en 2003 quedó campeón argentino e intercontinental con Boca Juniors: lo recibieron en caravana desde el aeropuerto de Carepa y generó una locura colectiva por las calles.

Los niños de la escuela de fútbol de Currulao, corregimiento de Turbo, reciben la colaboración económica en implementación e indumentaria para que participen en los torneos regionales y construyan ese castillo de sueños que nunca se le derrumbó a Amaranto.

Su padre Amaranto Perea Pestaña maneja los cerca de 200 pequeños de la escuelita municipal. “Cada fin de año Lucho viene y le colabora a los niños con muchas donaciones y no solo su gratitud y generosidad me mantienen orgulloso, es su personalidad y caballerosidad; mi hijo sigue siendo humilde y el mismo que un día se fue a buscar otros rumbos a Medellín y tuvo que vender helados para empezar a sobresalir”.

Uno de los sueños de Luis Amaranto Perea era jugar en Europa y es de los pocos que se mantuvo en la Liga ibérica casi una década, en la que compartió el éxito con Falcao García (jugaron en el mismo Atlético) y Aquivaldo Mosquera, y por donde también pasaron sus compatriotas Carlos el Pibe Valderrama, René Higuita, Leonel Álvarez, Freddy Rincón, Edwin Congo y Harold Lozano.

Amaranto era un ser más que normal antes de surgir en ese DIM de 2002, que dio la vuelta olímpica en Pasto y que enloqueció a la sufrida afición escarlata con la tercera estrella que estaba en espera desde 1957 cuando se alcanzó la segunda. Once años después de esa gesta admite que “el Medellín siempre estará en mi corazón, porque fue en el que me dí a conocer internacionalmente; todos los recuerdos rojos son inolvidables al igual que sus grandes dirigentes como Fernando Jiménez y Javier Velásquez, ojalá este centenario le sirva al equipo para ganar más grandeza y consolidarse como la gran institución que ha sido”.

En las páginas del DIM tiene su espacio ganado como uno de los grandes, por su temple y seguridad entre 2000 y 2003, pero a Amaranto le falta algo para que su consagración sea total: un Mundial. Esa posibilidad la buscaba desde la eliminatoria de Alemania-2006 con los técnicos Pacho Maturana, Reinaldo Rueda, Jorge Luis Pinto, Leonel Álvarez. La alcanzó en octubre con José Pekerman.

En el fútbol es de reafirmar a diario el buen momento. Esto es lo que intento con Cruz Azul y en el combinado patrio preparándome a tope para actuar, porque soy de los que no gusta bajar los brazos y siempre desea venir de atrás hacia delante, como ha sido mi vida. En esta Eliminatoria partimos de la seguridad, la motivación y el compromiso en todas las líneas y de no repetir los mismos errores anteriores para alcanzar la clasificación que nos permita devolverle la alegría al país con la vuelta a los mundiales”.

Esa seguridad que se le nota a Amaranto en la conversación es la misma que se tiene en su función de padre. Le  gustaría que sus hijos siguieran el mundo del deporte que los ha acompañado en familia; sin embargo, está preparado para apoyarlos en caso de que tomen otro camino y decidan emprender aventuras como las que tuvo que protagonizar él desde Currulao para sobresalir y convertirse en uno de los jugadores insignias en los 100 años del Independiente Medellín.

Este centenario nos pone orgullosos a todos los que pasamos por el rojo y a los que lo seguimos a la distancia; hay que disfrutarlo y aprovecharlo para que el Poderoso alcance otra dimensión y continué siendo el motivo de satisfacción y la principal alegría de esa gran hinchada que acude a cada uno de sus compromisos a alentarlo para que siga siendo una fábrica de alegrías y uno de los más importantes en el fútbol colombiano. Ojalá la pasen bien y espero estar en la celebración, porque el Medellín siempre será mi casa”.