El fútbol colombiano genera lágrimas

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Dos situaciones me tienen impotente y llenos de lágrimas por estos días como amante de la pelota y periodista deportivo. Ambas tienen que ver con nuestro triste pero querido fútbol colombiano.
No puede ser que en pleno siglo 21, con buenos patrocinadores, un “negociazo” de la televisión según el mismo presidente de la Dimayor, Ramón Jesurún, aún no haya leyes claras ni una norma ejemplar que castigue a los equipos malas paga y defiende los derechos de los trabajadores, en este caso el jugador.

Deportivo Pereira perdió el reconocimiento deportivo, por no responderle a sus empleados en la seguridad social y situación laboral, y lo único que ha perdido es dos partidos en el Torneo Postobón y eso que sus directivos albergaban el descaro de que se los aplazaran los juegos ante América y Bogotá.
En otro país, caso Brasil, Argentina, Italia y España, el onceno matecaña no sólo hubiera quedado sin puntos, sino que estaría ya listo sin licencia para funcionar y si acá existiera la Primera C, que la hubo y hace mucha falta, hubiese bajado a esta categoría.

Por el mismo camino va el Cúcuta Deportivo, cuya crisis supera los 6.000 millones de pesos, según algunos allegados del club, y hace poco hubo intento de huelga entre sus jugadores, que de no ser por Jorge Bolaño, muchos no tuvieran ni los pasajes para ir a entrenar al estadio General Santander.

Antes fue América, el año pasado, el que dejó de entrenar unos días. El mismo Jorge Banguero, volante y entonces capitán, exigía un trato digno y el cumplimiento de los pagos porque tenían las neveras vacías.
Y para allá va el Independiente Medellín, elenco en el que de acuerdo con Acolfutpro, le deben 60 días de sueldo a los deportistas, tienen premios atrasados y existe una crisis económica que tiene en duda al técnico Bolillo Gómez para el próximo semestre y pensando a sus hinchas en un centenario en 2013 en la Primera B.

Todavía se juega sin delanteros
Este es el otro dolor de cabeza, el que me robó lágrimas el sábado pero de la tristeza, ya que antes había llorado pero de la emoción viendo la final del Mundial de Sudáfrica-2010 entre España 1-Holanda 0, en Johannesburgo.
Admiro a Pedro Sarmiento, porque sé que es un trabajador incansable, amante de la táctica, ordenado en defensa y le ha aportado mucho a nuestro fútbol.
Sin embargo, todavía no creo posible que un equipo necesitado de puntos para clasificar como Envigado juegue con seis volantes y cero delanteros, porque a uno lo dejó en el banco (Wilson Carpintero) y al otro lo mandó para la tribuna (Mauricio González) del frío estadio La Independencia de Tunja.


Es cierto que tocó bonito el balón y en el primer tiempo tuvo cuatro opciones claras, pero sienten tan poco la posición ofensiva los mediocampistas que desperdiciaron las situaciones frente al Chicó y cuando los contragolpearon terminaron cediendo tantos espacios que rápido el rival los vencía 2-0.
No me imagino al Barcelona sin un delantero definido, ni al Real Madrid mandando a Cristiano Ronaldo para la tribuna, porque con volantes es mejor el fútbol.
¿Entonces para qué existen los atacantes?
Así en vez de aportarle al club lo estamos castrando y mandándolo a la guerra privándolo de un mejor resultado. Ahí si que vale esa frase de cajón, aquel que sale a empatar termina perdiendo y eso le aconteció al elenco naranja, porque su técnico creyó más conveniente manejar el balón sin profundidad que buscar el partido aunque fuera con un hombre en punta que al menos preocupara al rival.

Pedro tiene el derecho a la réplica y seguramente si lee esta columna dirá que cambió para el segundo tiempo metiendo de entrada a Carpintero y a Fabio Burbano. Claro que también tendrá que aceptar que gracias a ello alcanzó a soñar con el empate por el tanto del Pájaro Carpintero, pero esta vez el fútbol lo castigó al dejar todo para última hora y terminó perdiendo 4-1 y esperando un milagro para avanzar a los cuadrangulares semifinales de la Liga Postobón-I.
Después del Pereira y Envigado, qué más se nos vendrá en este sorpresivo fútbol colombiano, en el que los dizque grandes no responden pese a miles de millones invertidos y los supuestamente chicos se meten en la pelea pero se conforman con muy poco.