Mao Molina sueña con terminar en el Medellín

Mao Molina es uno de los hinchas fieles del Medellín, donde ha jugado en dos etapas.

Mao Molina es uno de los hinchas fieles del Medellín, donde ha jugado en dos etapas.

Entre los 70 campeones de la era moderna del Independiente Medellín hay uno que sobresale. Se llama Mauricio Molina, terminó ovacionado el miércoles en el Atanasio Girardot por la hinchada y fue el cerebro de la tercera estrella, ese que consiguió el equipo en 2002-2 luego de 45 años de búsqueda.

Mao ve la final de la Liga Postobón abierta, pareja y le recomienda a sus colegas del DIM “fortalecerse mentalmente para aprovechar el buen potencial que tienen apoyados en la técnica y el gran poder ofensivo que han mostrado en la temporada”.

Molina, quien aún tiene un año de contrato en el fútbol coreano con el Seúl Fútbol Club, sueña con terminar su carrera en el conjunto escarlata. Sin embargo, aclara que esa decisión no está en sus manos, porque aspira a salir por la puerta de adelante en el equipo asiático.

¿Cómo lograron el sufrido título de 2002?

Luego de estar en el puesto 17 con el profe Reinaldo Rueda, nos unimos y creímos en nosotros mismos para hacernos fuertes mentalmente y pensar sólo en la final”.

¿Y de los obstáculos qué?

El principal fue la furia de la hinchada y su presión, porque nos agredía verbalmente por estar en la cola, con decir que un día salimos en tanqueta. Por fortuna nos unimos y aprovechamos el talento de los muchachos, entre ellos Amaranto Perea, Andrés Orozco, Ricardo Calle, Roberto Carlos Cortés, JohnJavier Restrepo, Tressor Moreno y David Montoya. Todos teníamos nuestra especialidad y nos complementábamos bien”.

¿Cuándo se sintieron campeones hace 12 años?

Ni con el 2-0 en el Atanasio en el primer partido con Pasto, porque aún faltaba en el sur, donde la altura golpea, perdimos un penalti y terminamos con dos jugadores menos. Cuando el árbitro determinó el 1-1 final en el estadio Libertad, ahí sí no la creímos, porque fue una estrella bien sufrida, anhelada y necesitada por la afición roja en el torneo de la Dimayor”.

¿En qué influyó el técnico?

Víctor Luna fue determinante al creer en los jugadores. Nos convenció de que éramos los mejores y podíamos acabar con el peso de 45 años sin títulos para el Medellín. Fuera de eso, contamos con u motivador como el siquiatra Carlos Palacio, quien nos trabajó mentalmente para terminar con esa historia negativa”.

¿Cómo fue la fiesta?

En el estadio y en un cuarto del hotel de Pasto cantamos y gritamos llenos de pasión. Luego nos recibieron en carro de bomberos, recorrimos a Medellín y dimos la vuelta olímpica en el Atanasio. Fue una fiesta difícil de olvidar por la felicidad colectiva”.

¿Cómo analiza al DIM?

El miércoles vi a un Medellín de calidad, técnica y vocación ofensiva. También aprecié a un equipo que sufre mucho cuando recibe goles”.

¿Ve al Medellín con opción?

La final está abierta, más cuando Santa Fe es un equipo amarrado y defensivo que vino a especular a Medellín para llevarse el resultado con contragolpes. Si el Medellín se fortalece anímicamente, no comete los errores del primer partido y sigue siendo un buen visitante puede aspirar, porque el título aún no está definido pese al triunfo del Santa Fe”.

¿Está para volver al rojo?

Sería hacer realidad otro de mis sueños, pero vuelvo y digo que esa decisión no está en mi poder. Llevo casi 10 años por fuera y la idea es rematar mi carrera en la casa, pero aún tengo contrato con Seúl Fútbol Club hasta diciembre del 2015. Este año tuve muchas lesiones que no me permitieron jugar mucho, sin embargo, hice 6 goles y vine a mi tierra a recargar baterías para culminar mi último año en Corea del Sur”.

Molina fue el director olímpico del Medellín

Mao Molina es añorado por los hinchas del DIM por sus goles para el título de 2002 y el tanto olímpico que le anotó a Nacional.

Mao Molina es añorado por los hinchas del DIM por sus goles para el título de 2002 y el tanto olímpico que le anotó a Nacional.

De pequeño en los semilleros del Envigado Fútbol Club Mauricio Molina cogió fama por la manera como le pegaba a los tiros libres y manejaba la pelota. A los 18 años ya era profesional con Envigado y marcaba diferencia en el rentado colombiano, razón por la cual las miradas de los técnicos de los principales clubes del país no lo perdían de vista y lo querían tener en sus filas.

Pacho Maturana notó desde el principio que le sobraba calidad y por ello lo convocó a la Selección de Colombia para la Copa América de 2001 con escasos 21 años de edad y no se equivocó, porque allí Mao también puso a prueba su potencial y aportó para que el país ganara por primera vez este torneo continental.

Se anhelaba que alguno de los clubes tradicionales de Antioquia se quedaran con los derechos de este volante zurdo que en sus inicios fue fundamentado por Francisco el Bogotano González, en Sajos, pero Independiente Santa Fe se adelantó y en ese 2001 se lo llevó a aguntar frío a Bogotá, donde una lesión lo sacó de circulación durante tres meses.

El presente de Mauricio no era claro y aún así Javier Velásquez, el mismo presidente que lo proyectó en Envigado, fue a Cali a echarle el cuento para que lo acompañara en su nuevo reto administrativo. Todavía lesionado y sin ritmo de competencia, Mao le dijo sí a su papá en el fútbol y se vino en 2002 para el conjunto escarlata, en el que con el número 20 en la espalda, un gol en la final ante Pasto y su técnica exquisita fue uno de los quijotes que se encargó de subir al cielo a los fieles rojos para recoger la tercera estrella.

Su figuración en el DIM fue de tantos picos altos que en 2003, después de ratificar su calidad en la Copa Libertadores, terminó en el Morelia de México para iniciar la carrera de trotamundos, porque a partir de ese año ha jugado en siete países (Argentina, Emiratos, Serbia, Brasil con Santos al lado de Neymar, y Corea del Sur). Claro que en 2005 tuvo otro paso por el Poderoso con un sello histórico: el gol olímpico que le convirtió al Nacional el 15 de junio en la derrota 2-1 de su equipo.

Su sello era la pelota quieta, la prueba está en que de los 44 goles que ha conseguido en el rentado colombiano 20 fueron de tiro libre. Por esa vía anotó 12 en Envigado (de los 26 que hizo), 2 en Santa Fe (de 5 que consiguió) y 5 en el Medellín, de los 13 que convirtió en sus dos períodos (también logró 4 internacionales con los escarlatas: tres en Libertadores y uno en la Copa Suramericana).

¿Cómo llegó al DIM?

“Estaba lesionado de una pubalgia, hacía la recuperación en Cali, estaba en el hotel y recibí la llamada de Javier Velásquez diciéndome que me quería contratar. Me sorprendí, porque vivía un momento difícil de mi carrera, no sabía cuándo volvía a jugar y él depositó, al igual que la institución roja, toda la confianza en mí y el arreglo fue muy fácil. ‘No olvido que don Javier, un verdadero padre para mí, me dijo: Quiubo mijito va a venir a jugar conmigo en el DIM, usted sabe que no tenemos problema para arreglar’ y así fue”.

¿El rojo lo flechó desde niño?

“Mi historia con DIM arrancó desde niño, ya que toda la familia paterna es roja, mi abuelo, mi padre era enfermo por el rojo y mis tíos. De pequeño siempre iba con mi papá al Atanasio a ver los juegos del rojo cuando jugaban Luis Octavio Ormeño Gómez, Luis Barbat, Petiso Zárate, Henry Zambrano, Carlos Castro, Panelo Valencia, Pelusa Pérez y Jorge Daniel Jara. Mi padre sólo me llevaba a ver al Medallo”.

¿Cómo fue el arranque en forma con el DIM?

“Empezamos el segundo semestre con el profe Reinaldo Rueda, después él se fue para las selecciones menores de Colombia y Víctor Luna se encargó del plantel con un manejo exitoso. A mi llegada estaba Juan José Peláez, quien dejó el equipo para Rueda, con quien fue duro porque estábamos casi de últimos y la hinchada estaba inconforme por el rendimiento. Luna asumió y empezó una historia inolvidable para nosotros. Arrancamos a ganar partidos, Víctor nos llenó de confianza, hizo que creyéramos en nosotros, nos convenció de que era posible cambiar el maleficio rojo de 45 años gracias. Alcanzar la estrella soñada no solamente fue un desahogo para los jugadores y directivos, sino también para los hinchas”.

¿A quiénes se encontró en el club?

“Me tocó con David González, Roberto Carlos Cortés, Ricardo Calle, John Javier Restrepo, Amaranto Perea, Alexánder Jaramillo, Andrés Orozco, Róbinson Muñoz, Tressor Moreno y David Montoya, entre otros”.

¿Cuál era el estilo del rojo en 2002?

“Teníamos un elenco con demasiada tenencia de pelota, pasábamos rápido de defensa a ataque, contábamos con dos voladores por las bandas (Roberto Carlos Cortés y William Vásquez Chacón o Ricardo Calle), Choronta era muy claro como manejador y lanzador, además de contener muy bien. Adelante jugábamos con un tridente que no tenía delanteros, pero sí jugadores de mucho gol como David Montoya, Tressor y yo. Éramos falsos delanteros y nos movíamos tanto por toda la cancha que a los defensores les costaba referenciarnos”.

¿Hubo un secreto especial para ganar después de 45 años?

“Ese DIM de 2002 era un excelente equipo, para mi gusto el mejor de los últimos 13 años, en juego, táctica, técnica y juego vistoso.Además contamos con un cuerpo técnico empeñado en hacernos creer que teníamos el mejor equipo del país. Antes de los partidos así no lo hacía saber Luna y el siquiatra Carlos Palacio gracias a las charlas motivacionales para fortalecer la parte mental.

Al principio nos chocaba tanta reunión, pero con el paso de los partidos, los triunfos y la superación de obstáculos nos convencimos de que eso sí servía. Nos metimos en el cuento, aceptamos todas las locuras de Luna y armamos un grupo de amigos fuerte, en la parte mental y futbolística, para terminar con esa maldición de 45 años sin alzar el trofeo de campeón”.

¿Cómo se adueñó de la titular?

“Cuando llegué fue duro por la lesión, venía de seis meses parado y me costó agarrar el ritmo de juego. A principio de 2002 me operaron y eso hizo más díficil alcanzar el nivel, más cuando con Rueda poco podía aportar individual y colectivamente. Con Luna aparecieron los minutos, las oportunidades y ese semestre del título logré 9 goles para ayudar en la estrella, incluyendo uno en la final en Pasto”.

¿Sus recuerdos de la final?

“Fue dramática, porque veníamos de un 2-0 a favor en el Atanasio, pero llegamos a Pasto y no pudimos conciliar el sueño debido a la bulla que nos hizo la hinchada nariñense en las afueras del hotel. Eran las 5:00 de la mañana y no me había dormido por la locura afuera y la ansiedad. Empezó el partido y Pasto nos arrolló, se perdió un gol en la línea de meta y todo indicaba que tendríamos problemas. Llegó un penalti a favor y al perderlo David Montoya nos pusimos más nerviosos y se prendieron las alarmas. 

Por fortuna a los cinco minutos de perder la pena máxima hice un lindo gol de tiro libre, eso nos dio aire, pero Nelson Rivas me metió una patada y fue expulsado. Luego, empezando el segundo tiempo, el juez Óscar Julián Ruiz me mostró la roja en una jugada ante Carlos Salazar para equilibrar. Eso le dio más dramatismo al encuentro, Pasto nos empató y las cosas parecían peor cuando ingresó Édgar Pánzer Carvajal y al minuto fue expulsado, porque en el primer contacto levantó a un rival por detrás. Por fortuna los compañeros supieron aguantar para dar la anhelada vuelta olímpica del Poderoso, luego de 45 años de sequía, ya que desde 1957 no ganaba en Colombia”.

¿Algún gol especial?

“Pienso que el hincha no olvida el gol olímpico que le marqué a Nacional, pero para mí el más especial fue el que logré en Pasto de tiro libre para asegurar el título del rentado”.

¿Anécdotas?

“Recuerdo la celebración en Pasto, los hinchas rojos eran pocos y nos metimos todos en una habitación a saltar, gritar y corear el nombre de cada uno de los integrantes del club. Fue un momento muy lindo, ya que cada uno se liberó de los prejuicios de los demás por ser mejores o tener otras cosas que uno no posee”.

¿Cómo fue lo de la Copa del 2003?

“Fue una ilusión muy grande y al final un golpe duro, porque Medellín era un equipo que enamoró a toda Suramérica con su fútbol. Fuimos contundentes, tuvimos una forma vistosa de jugar, teníamos la base de 2002. Estuvimos a un paso de llegar a la final. No se me olvida que en el juego de vuelta de la semifinal ante Santos, Tressor Moreno igualó la serie con su gol y no olvido que Álex, el defensor central del club brasileño me decía: ‘No corrás más Mao que no podemos’ y era el primer tiempo. Teníamos buena presión, la cancha estaba pesada, había llovido y estábamos cerca del segundo gol, pero en una falta de mitad de cancha se fueron arriba con un autogol. Eso lo sentimos, además el rival contaba con Elano, Diego, Robinho, Renato, Fabio Costa. Faltando 15 minutos empaté 2-2 y estábamos cerca de los penaltis, pero en el minuto de adición ellos nos hicieron el 3-2 y con ello terminó la aventura de la primera final copera del Medallo”.

¿El gran nivel los proyectó?

El equipo rojo de 2002 y 2003 fue especial y generó tantos comentarios positivos por su estilo de juego y capacidad de los deportistas que Choronta salió para México, Amaranto emigró a Boca Juniors, Orozco pasó al Racing, yo fui al Morelia, David Montoya a Liga de Quito, Baloy para Gremio y Tressor volvió al exterior”.

¿Qué significó su paso por el club?

“Lo más importante es que dejamos una marca, le quitamos el peso a los demás jugadores, se terminó con ese lema de este año sí, este año sí. Lo cambiamos por este año también”.Me siento orgulloso, porque cambiamos para bien la historia del Medellín. Fue una hasta 2002 y otra después de ese diciembre”.

¿Tiene un once ideal?

“David González (dos veces campeón, era joven y seguro); Ricardo Calle (único en ganar tres títulos con el club), Amaranto Perea, Andrés Orozco, Roberto Carlos Cortés; John Javier Restrepo, John Wílmar Pérez, Óscar Pareja, Petiso Zárate, Mao Molina; Jackson Martínez (el de más goles en los torneos cortos de la Dimayor). El técnico debe ser Víctor Luna, quien ha sido de amores y odios en el rojo, pero lo que nos dio, enseñó y metió en la cabeza, le dan créditos de gran entrenador. Logró que creyéramos en nosotros”.

¿Quiénes han sido los grandes dirigentes?

“El gran dirigente rojo siempre será Javier Velásquez, el papá para todos nosotros, a quien la hinchada roja le debe agradecer toda la vida por el cambio que le dio al club. Cuando llegó lo salvó de la desaparición, fue un administrador exitoso en el Medellín, tuvo buen ojo para armar un equipo competitivo, lo saneó económicamente. Lejos es el mejor dirigente del plantel en sus 100 años por tantas cosas buenas que le entregó a la institución en todos los aspectos. Dejó atrás las épocas malas, negras, paró el equipo, nos mantuvo al día, superó todos los problemas”.

¿Qué significan 100 años para el DIM?

“Es demasiada historia, son muchas historias por contar. No se necesita ser el más ganador y el más exitoso para sentir la pasión de la hinchada roja. Hay que estar adentro para sentirla y conocer el amor incondicional que se genera. Los 100 años se quedan cortos para tantas sensaciones especiales”.

¿Un hecho inolvidable con el Medallo?

“Un día me llamaron al lobby del hotel, concentrado con el DIM, llegó un hincha invidente que vino de Nueva York y me quería conocer. No podía ver mis goles ni mi rostro y sí que menos el color rojo del plantel, pero me tocó y me hizo sentir la verdadera pasión que significa esta institución agradeciéndome por las cosas lindas que habíamos hecho con el conjunto. Me robó muchas lágrimas y me puso la piel de gallina”.

¿Qué le ha faltado al equipo?

“El club ha pasado por muchos momentos difíciles y malas administraciones que no lo han dejado ser más grande. Con su hinchada, fuerza y sentimiento debería ser más exitoso, contar con su sede y proyectarse mejor. Ojalá este centenario sirva para que se consolide como empresa y fortalezca su base”.

¿Y de la hinchada del DIM qué?

“Hay un fenómeno extraño con el rojo. El hincha continúa fiel, pero antes iban 30.000 por juego y eran incondicionales pese al sufrimiento y a los fracasos. Y apenas empezó a ganar se volvió más exigente y eso que el equipo lleva seis finales en una década. No se puede criticar y juzgar a la hinchada, porque las malas administraciones la han hecho desistir, se acomodó un poco en los últimos años cansada de las malas administraciones. Claro que el amor por el equipo sigue intacto y muy vivo”.

 

Campero Álvarez se siente partícipe del centenario del Medellín

Pedro Alvarez le ve futuro al DIM moderno luego de verlo hace 15 días cuando estuvo de visita en la capital antioqueña.

Pedro Alvarez le ve futuro al DIM moderno luego de verlo hace 15 días cuando estuvo de visita en la capital antioqueña.

Ver a Pedro Campero Álvarez con el DIM era apreciar en escena a esos volantes recuperadores recios, temperamentales y seguros en el quite. Era de la corte de los Chicho Pérez, Barrabás Gómez, Eduardo Pimentel y Choronta Restrepo.Por dichas cualidades fue que el dirigente Fredy Pineda aprovechó su ascendencia para acercarlo de Arco Zaragoza al Independiente Medellín en 1988. Lo recibió el formador Arturo Villegas y en dos años, con la ventaja de su participación en las selecciones de Antioquia, ya lo tenía listo para que Óscar Aristizábal le corrigiera los últimos detalles antes de que Jaime Rodríguez diera el visto bueno para su debut con el conjunto escarlata en la Copa Mustang hoy Liga Postobón.

Eso fue en 1991 cuando apenas tenía 21 años y la primera condición para aspirar al profesionalismo era pasar por una Selección de Antioquia. Por fortuna estuve con Jairo Ríos en la Juvenil y después fui campeón con la Sub23; era una época linda en la que la camiseta del departamento representaba un momento sublime”.

Tuvo varias palomitas hasta que llegó el Día de la Madre y en esa ocasión Campero le dedicó el partido a su progenitora Carmen Vargas, quien con su padre Hernando, un hincha enfermo del DIM, lo mantienen al tanto del acontecer del club y fueron claves en la consolidación como futbolista en una década fructífera que incluyó cinco años con el Medellín, cuatro en Nacional y el paso por Junior, Once Caldas y la MLS de Estados Unidos.

Cuando el Campero llegó al Medallo se encontró con jugadores que venían de los procesos formativos del departamento y tuvieron peso. Óscar Pareja, Pelusa Pérez, Carlos Jiménez, Diego Osorio, Óscar Restrepo, Danobis Muñoz y Carlos Castro fueron algunos de los encargados de respaldar al volante que hoy considera que la falta de experiencia fue uno de los elementos que incidió en que no fueran campeones, ya que el talento les sobraba.

Los técnicos nos inculcaban el juego frontal, poco por los costados y mucha velocidad. No fuimos campeones por no manejar los ritmos del campeonato, ya que hacíamos un gran desgaste en la primera etapa del año y al final se nos acababa la gasolina; venían las lesiones, carecíamos de una nómina extensa y los de mayor fondo dosificaban sus fuerzas y nos marcaban diferencia en el remate del año”.

Durante los cinco años que estuvo en el conjunto rojo de Antioquia su familia no dejó de acompañarlo. Sin embargo, asegura que su papá prendió empujado, porque “cuando escuchó en la radio que un muchacho iba a debutar me dijo: ‘usted es el Álvarez del que están hablando esos periodistas’. Le respondí que sí y a partir de ahí siempre estuvo pendiente de mi carrera”.

Jamás olvidará a sus técnicos rojos, por ello cree que Óscar Aristizábal, Jaime Rodríguez, Hugo Gallego, Nelson Gallego y Luis Agusto García también tienen que ver con el éxito del Medellín. Según él, están al mismo nivel de Juan José Peláez, Víctor Luna, Pedro Sarmiento y Leonel Álvarez, a los que considera los más exitosos de la institución. “Todos ellos tienen dos cualidades que los hace más especiales: saben formar jugadores y le dieron grandeza al DIM”.

Pedro Álvarez todavía se lamenta de “no haber conseguido la estrella en 1993, cuando nos bañábamos de gloria dando la vuelta olímpica en el Atanasio; esa fue una anécdota dolorosa que jamás se olvidará por lo extraño que fue el juego en Barranquilla”.

Aún piensa que fueron más las vivencias positivas que las negativas, ya que “así muchas veces nos haya faltado cinco para el peso”, el Medellín de su tiempo puso en aprietos al América, Millonarios, Santa Fe, Cali y a muchos elencos que hacían más inversiones.

En este centenario siento demasiado orgullo al ser recordado por la hinchada del equipo, por lo que viví, eso fue importante para mi vida. Gracias al fútbol me quedaron grandes amigos como Gustavo Gallo Jaramillo, quien me mantiene al tanto de la evolución del elenco y de la manera cariñosa como 20 años de mi experiencia en el DIM todavía hablan maravillas de lo que hicimos para que el club generara alegrías y reforzara su estructura para llegar como un grande de Colombia a sus 100 años de vida”.

Hace poco habló con su otro amigo, Édgar Pánzer Carvajal, asistente técnico del plantel hasta abril de 2013, y coincidieron en que con la hinchada “fiel, apasionada, masiva, incondicional y exigente” el Medellín tendrá razones para seguir buscando más estrellas que lo ratifiquen como uno de los históricos en Colombia. Para ello le sugiere a los nuevos directivos no “cometer los errores del pasado para que tengamos más participación internacional y jugadores de élite como Luis Amaranto Perea y Mauricio Molina”.

Campero se hizo hincha del Medallo escuchando por radio las proezas de Ponciano Castro, Jorge Olaechea y Eduardo Malásquez; tampoco olvida el “toque de balón que tenían Carlos Pibe Valderrama, Óscar Pareja y Julio César Uribe” y sí que menos los goles de Rubén Darío Hernández, la seguridad en el arco de Luis Barbat y la agresividad de Eduardo Pimentel y Chicho Pérez. La fogosidad, gambeta y velocidad de Carlos Castro Castro y Henry Zambrano también las mantiene al día.

Superar las adversidades no ha sido fácil para el DIM, pero la pujanza de los paisas fue fundamental para que se mantenga. Eso es lo que cree Pedro Álvarez, quien hoy desde Orlando (allá vive desde 2003) sueña con dirigir algún día al conjunto escarlata para que sus hijos Andrés, Felipe y Nicolás aprecien de cerca el “sentimiento y el corazón que mueven a esta institución hace 100 años”.